6 formas con las que puedes hacer más atractivo el mensaje de Dios
     

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6 formas con las que puedes hacer más atractivo el mensaje de Dios

 
 
   
 
 
 

Para hacer atractiva nuestra fe debemos hacer atractivo también nuestro lenguaje, hacerlo cercano, dinámico, cautivador y esperanzador

 

Atraer, cautivar e influir... son intenciones, más o menos conscientes, que dan forma a la mayoría de nuestras conversaciones en grupo o a solas con otro. Tanto el lenguaje verbal, mediante la retórica, como el no verbal, a través del "saber estar" dependiendo del contexto y del ambiente, juegan un papel fundamental a la hora de despertar el interés de los demás cuando hablamos de cualquier tema, e igualmente para hablar sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre lo gratificante del mensaje de salvación en el que creemos con firmeza. No solo vale querer transmitir, hay que SABER transmitir, poner entusiasmo.

Convencerlos de nuestros puntos de vista o, simplemente, agradarlos y conseguir que se lleven una buena idea del mensaje cristiano son metas que, siguiendo una serie de estrategias, se podrán alcanzar más fácilmente y nos podrán ayudar a transmitir: ideas, sentimientos, valores, comportamientos, actitudes cercanas a nuestra fe, a nuestras creencias, a nuestro estilo de vida, siguiendo las huellas de Jesús.

Ha continuación presentamos algunas claves enfocadas a atraer a nuestros oyentes, cosa importante para que nuestro mensaje llegue a los demás.

1.- Evitar aburrir identificando los signos que denotan falta de interés.

Si uno lleva varios minutos hablando y nadie realiza preguntas, la conversación se convertirá en un monólogo, que quizás no fascine tanto a sus oyentes.

Cuando esto ocurre, lo más recomendable es interpelar a alguno de los oyentes o formularles alguna pregunta para que tomen el relevo en la conversación. Para hacer atractivo el Cristianismo debemos hacer atractivo también nuestro lenguaje, hacerlo cercano, dinámico, cautivador y vitalista.

Para no resultar pesados, la brevedad es una garantía de éxito. Si, además, las intervenciones van acompañadas de simpatía, optimismo y positivismo, entonces será mucho más sencillo generar empatía.

2.- Mantén una escucha activa para lograr cautivar.

Sorprendentemente, las personas que mejor impresión suelen causar son aquellas que no copan las conversaciones, pero que son claras y cautivadoras en sus intervenciones.

Para ello, es imprescindible saber escuchar, dejar que los demás se expresen, y recoger pistas sobre cómo son ellos, para adaptar el discurso propio al tipo de persona y estado de ánimo.

El simple hecho de dejar a los demás hablar de sí mismos, de expresarse, genera una placentera sensación que los implicados agradecerán a su oyente. Muy importante por lo tanto es dejar hablar, mostrar nuestra preocupación: por sus problemas, por sus dificultades, por su trabajo, por su familia, por su salud…

Y ahondando en lo anterior es muy importante generar empatía interesándote por lo que hacen los demás para de esta manera mostrarle nuestra cercanía, nuestro cariño, nuestro deseo de ayudar y darle a conocer el atractivo y cautivador mensaje de Cristo que es el primero que se interesa ellos.

Si no somos lo suficientemente sociables como para emprender conversaciones relajadas con desconocidos, la mejor y más sencilla estrategia consiste, simplemente, en preguntar.

Empezar por interesarse en el otro: por sus aficiones, por sus hobbies y a qué se dedican, hará que tengamos hecho el 80% del camino, pues se podrá orientar la conversación hacia esos aspectos, buscando elementos en común y generando así empatía.

De esta forma también sabremos que elementos de nuestra fe pueden ser más necesarios en sus vidas, para empezar por esos temas al momento de evangelizar.

3.- Las buenas historias no son fruto de la improvisación

Para despertar interés en nuestras conversación sobre nuestras creencias hay que tener buenas historias, buenas anécdotas que levanten expectación, algo que no suele lograrse mediante la improvisación.

Generalmente, las historias que más entretienen son aquellas que ya han sido contadas en ocasiones anteriores, pero que podemos completar, ampliar; es esto una experiencia que ayuda a mejorar la dramatización, sabiendo, por ejemplo, dónde colocar las pausa o discernir qué aspectos resaltar y cuáles obviar.

Suelen triunfar más las historias que tienen a personas como protagonistas y se basan en cuestiones del comportamiento humano, con cuyos protagonistas los oyentes podrían sentirse identificados también.

4.- La clave del carisma reside en el lenguaje no verbal

Las palabras en sí mismas sólo representan el 10% de todo lo que se trasmite a una persona desconocida durante una conversación. Todo el resto depende del lenguaje corporal, del tono de voz, la estética, la seguridad y la relevancia del mensaje para el oyente.

La parte emocional cuenta mucho más que la meramente informativa, por lo que sonreír, mostrarse apasionado, gesticular y modular adecuadamente el tono de la voz serán claves.

El carisma, más que mediante el discurso en sí mismo, se trasmite a través de la actitud con la que nos expresamos. Si hablamos con apatía, desgana, tristeza, poco podremos transmitir.

El mensaje cristiano es un mensaje de esperanza y hay que hablar con esperanza, con ilusión, intentando transmitir nuestra alegría y el motivo de nuestra alegría. Tenemos que hablar de la doctrina revelada del Dios que nos ama con paz, pero con garra, con gancho; uniendo lo humano con lo divino en una sintonía perfecta, en un entramado armónico que llegue al corazón y remueva nuestras entrañas dirigiéndolas hacia el bien.

5.- El tipo de ubicación estimula diferentes sensaciones

El entorno determina nuestro comportamiento. El espacio estimula unas u otras emociones, por lo que si somos nosotros quienes lo elegimos.

Debemos tener en cuenta qué tipo de sensaciones queremos generar y si son sensaciones: de paz, de sosiego, de ambiente relajado, de transmitir el sentido de la vida, de equilibrio emocional, busquemos lugares aptos para la reflexión, para que podamos meternos con facilidad en las realidades del espíritu.

6.- Sé coherente y empápate del mensaje que quieres transmitir

Si uno quiere ser una persona cristiana debe vivir y actuar como tal, creérselo, asumirlo y orientar su vida personal hacia este fin.

Debemos ser cristianos en todo lo que hacemos, y la fe debe orientar todas nuestras decisiones, desde las más pequeñas hasta las más importantes.

El camino más sencillo para mejorar nuestro apostolado personal consiste en pasar tiempo con las personas. Si uno no actúa, piensa y vive de manera acorde a lo que quiere proyectar, a su fe, la credibilidad será mínima.

Si uno quiere ser apóstol para los demás, la forma más fiable es tener una vida ejemplar. Caminar para hacerse camino.

Publicado originalmente en: Forum Libertas, autor: Rafael Gutierrez Amaro
 
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