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HOMILÍAS DEL PAPA

Papa Francisco: Sé misericordioso, no juzgues a nadie, no condenes a nadie

 
 
   
 
 
 

Papa Francisco: El Señor nos pide: ser misericordiosos, no juzgar a nadie, no condenar a nadie, ser generosos con los demás

 

"El primer paso para avanzar en la vida cristiana es la capacidad de acusarse a sí mismo. Y es ciertamente bueno hacerlo con el sacerdote en la confesión. Pero antes y después de la confesión, en tu vida, en tu oración, ¿eres capaz de acusarte a tí mismo? ¿O es más fácil acusar a los demás?" Estas fueron las palbras que expresó el Papa Francisco durante la homilía realizada en la misa que celebró en la capilla de la Casa Santa Marta. A continuación las palabras del Papa Francisco

Pedir perdón de corazón

En el libro de Daniel (9, 4-10) está el pueblo de Dios que pide perdón, pero no es un perdón de palabra: este pedir perdón es un perdón que viene del corazón porque el pueblo se siente pecador.

Y el pueblo no se siente pecador en teoría, porque todos nosotros podemos decir "somos todos pecadores", es verdad, es una verdad: todos aquí, pero ante el Señor dice las cosas malas que hizo y lo que no hizo de bueno.

[...] En este momento, el pueblo se acusa a sí mismo. Y no se descarga con los que nos persiguen, con los enemigos. Más bien se mira a sí mismo y dice:

"Me acuso a mí mismo ante ti, Señor, y me avergüenzo".

Palabras claras, que encontramos también en el pasaje de Daniel:

"Señor, a nosotros nos abruma la vergüenza"

Ser un verdadero cristiano

Este pasaje de la Biblia nos hace reflexionar sobre una virtud cristiana, es más, en más de una virtud. En efecto, la capacidad de acusarse a sí mismo, la acusación de sí mismo es el primer paso para encaminarse como cristiano.

En cambio, todos nosotros somos maestros, somos doctores en justificarnos a nosotros mismos con expresiones como:

"Yo no fui, no, no es culpa mía; pues sí, pero no era tanto... Las cosas no son así..."

En definitiva, todos encontramos una excusa para justificarnos de nuestras faltas, de nuestros pecados. Es más, muchas veces somos capaces de poner esa cara de "¡yo no lo sé!", cara de "yo no lo hice, tal vez será otro". En pocas palabras, estamos siempre listos para pasar por inocente. Pero así no se avanza en la vida cristiana.

Por lo tanto, el primer paso es la capacidad de acusarse a sí mismo. Y es ciertamente bueno hacerlo con el sacerdote en la confesión. Pero antes y después de la confesión, en tu vida, en tu oración, ¿eres capaz de acusarte a tí mismo? ¿O es más fácil acusar a los demás?.

Esta experiencia, suscita algo un poco extraño pero que, al final, nos da paz y salud. En efecto, cuando comenzamos a mirar todo aquello de lo que somos capaces, nos sentimos mal, sentimos repugnancia y llegamos a preguntarnos: "¿Pero yo soy capaz de hacer esto?".

Por ejemplo, cuando encuentro en mi corazón una envidia y sé que esa envidia es capaz de hablar mal del otro y matarlo moralmente, me tengo que preguntar: "¿Soy capaz de ello?" Sí, yo soy capaz. Y precisamente así comienza esta sabiduría, esta sabiduría de acusarse a sí mismo.

Por consiguiente, si no aprendemos este primer paso de la vida jamás daremos pasos hacia adelante por el camino de la vida cristiana, de la vida espiritual. Porque, precisamente, el primer paso es siempre el de acusarse a sí mismo, incluso sin decirlo: yo y mi conciencia.

Acusarse siempre a sí mismo

Cuando vamos por la calle y pasamos ante una prisión, podríamos pensar que los detenidos se lo merecen. Pero ¿sabes que si no hubiese sido por la gracia de Dios, tú estarías allí? ¿Has pensado que eres capaz de hacer las cosas que ellos hicieron, incluso peores?.

Esto, precisamente, es acusarse a sí mismo, no esconder a uno mismo las raíces de pecado que están en nosotros, las tantas cosas que somos capaces de hacer, aunque no se vean.

Es una actitud que nos lleva a la vergüenza delante de Dios, y esta es una virtud: la vergüenza delante de Dios. Para avergonzarse hay que decir:

"Mira, Señor, siento repugnancia de mí mismo, pero Tú eres grande: a mí la vergüenza, a ti, y la pido, la misericordia".

Precisamente como dice la Escritura:

"Señor, nos abruma la vergüenza, porque hemos pecado contra ti".

Y lo podemos decir, porque soy capaz de pecar y hacer muchas cosas malas:

"A ti, Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón. La vergüenza para mí y a ti la misericordia y el perdón".

Es un diálogo con el Señor que nos hará bien en esta Cuaresma: la acusación de nosotros mismos.

No juzgues a los demás

Jesús es claro: sean misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso. Por lo demás, cuando uno aprende a acusarse a sí mismo es misericordioso con los demás. Y puede decir:

"¿Pero quién soy yo para juzgarlo, si soy capaz de hacer cosas peores?".

Esta  es una frase muy importante:

"¿Quién soy yo para juzgar al otro?".

Esto se comprende a la luz de la palabra de Jesús: "sean misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso" y con su invitación a no juzgar.

En cambio, cómo nos gusta juzgar a los demás, hablar mal de ellos. Sin embargo, el Señor es claro:

"No juzgues y no serás juzgados; no condenes y no serás condenados; perdona y serás perdonado".

Es un camino ciertamente que no es fácil, que inicia con la acusación de uno mismo, inicia con esa vergüenza delante de Dios y con la petición de perdón a Él: pedir misericordia.

Precisamente de ese primer paso se llega a esto que el Señor nos pide: ser misericordiosos, no juzgar a nadie, no condenar a nadie, ser generosos con los demás.

Oremos para que el Señor nos dé la gracia de aprender a acusarnos a nosotros mismos, cada uno en su soledad, preguntándose uno mismo:

"¿Soy capaz de hacer esto? ¿Con este sentimiento soy capaz de hacer esto? ¿Con este sentir que tengo en mi interior soy capaz de las cosas más perversas?".

Y también, oremos así:

"Ten piedad de mí, Señor, ayúdame a avergonzarme y dame tu misericordia, así podré ser misericordioso con los demás".

Papa Francisco. Homilía en Santa Marta. Vaticano, 02 de marzo de 2015
 
 
Adaptación y traducción por Qriswell Quero, del artículo publicado en: Vatican News, autor: Vatican News

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, esposo fiel y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

 
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