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VIRGEN MARÍA

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LA VIRGEN

Mayo, mes de María. Día 24: Querida Madre mía, cómo te quiero

 
 
   
 
 
 

Los Católicos, amamos, veneramos y rendimos homenaje a nuestra amada María. Le rezamos esperando que acerque nuestras peticiones a Jesús

 

María es llamada Madre de la Iglesia, porque es la Madre de Cristo, y la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo. Así que la Madre de Cristo también puede ser llamada la Madre de su Cuerpo Místico.

Este título místico significa que la Iglesia es más que una organización, una estructura y una institución externas,sino que también y sobre todo, es una unión de todos los miembros que forman un cuerpo

Los Católicos, amamos, veneramos y rendimos homenaje a nuestra Santa Madre la Virgen María. Nosotros le rezamos amorosamente esperando que acerque nuestras peticiones a los pies de Jesús.

La oración más común a nuestra Santísima Madre se llama "Ave María". ¿Por qué no rezas un Avemaría antes de iniciar esta meditación?

1.- Háblale a Jesús sobre María.

Jesús mío, me gusta orar a María, tu Santa Madre, ella me enseña con su manera de vivir, a ser dócil a tu Palabra, a tomarla en serio, y a dejarse guiar por ella; pero también María se presenta como una servidora, como una que sale a ayudar a su prima Isabel, cuando esta la necesita.

Así quiero ser yo, mi Señor y mi Dios, quiero ser uno que es dócil a tu Palabra y que sale de sí a servir a los hermanos que tanto necesitan de Ti.

Gracias por darme la oportunidad de ver a María y de aprender de ella, gracias por su amor de Madre y por todas las bendiciones que a través de ella, nos has dado a nosotros que la amamos y la descubrimos como modelo de discípulo que Tú nos has llamado a seguir.

Confío en tu compañía y en tu Bendición Señor, gracias por todo lo bueno que me das por ayudarme a ser cada día un mejor ser humanos.

Cómo mi madre María, me uno a sus eternas palabras de entrega que hacen y harán eco en nuestra historia de salvación: Hágase en mí según tu Palabra.

Amén

2.- Oración inicial.

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

  • "No tienen vino": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
  • "Hágan lo que Él les diga": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.
  • "He aquí la esclava del Señor": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.

3.- Día 24: Querida Madre mía, como te quiero.

Ojeando papeles viejos encuentro la fotocopia de una carta que leí no sé dónde. Te la transcribo:

"María: no sé cómo empezar esta carta. Me había hecho muy feliz que con toda sinceridad hubiese podido decir:

Querida Madre Mía, pero siento que no alcanzo a decirlo porque no sé si te quiero lo suficiente para ello. El querer a alguien es dar y hacer por el otro "el todo".

Yo sé que Tú lo eres todo eso para mí: ¡eres mi Madre!; pero por mi parte no confío lo suficiente, no amo lo suficiente, no me entrego lo suficiente. ¿Será por todo eso por lo que no recibo respuesta a mis peticiones?

Diariamente te cuento mis temores, mis inquietudes, mis preocupaciones, incluso mis alegrías, y Tú callas. ( ... ).

¿Es, como te decía antes, mi falta de amor y confianza, en definitiva mi falta de fe, la que no me deja entenderte del todo? Yo te espero todos los días. Gracias".

¿Puedes tú decirle con sinceridad Querida Madre mía?; ¿Das y haces "el todo" por Ella y por Dios?

4.- Oración final.

Amado Jesús, al igual que María, tu Santa Madre, quiero estar abierto siempre a la acción del Espíritu Santo, configurarme completamente a tu amor y tu misericordia.

Como ella, acepto también ser tu esclavo, tu siervo, atento siempre a escuchar tu Palabra y hacerla una acción de vida.

Deseo responderte siempre con generosidad y sencillez, como lo hizo María, quien supo escucharte y obedecerte desde siempre.

Y a ti, Oh María, amada universal del Verbo, la nueva Eva escogida, auxilio de los pecadores y de los que buscan tu intercesión, acógeme siempre bajo tu manto protector, soy también tu hijo y sé que te preocupas por mí.

Te ruego que poses tu mano sobre mis hombros y me guíes por el camino de tu hijo Jesús.

Como tú, quiero poder decir y sentir con toda la pasión de mi alma: "Mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador".

Amén.

 
 
Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con aportes de: Padre José Pedro Manglano

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

 
 
 
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