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Categoría: Testimonios

Él preparó sus maletas para el divorcio, pero un encuentro cambió su vida: Descubre cómo restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios y recuperar la paz

La expansión de su empresa de maquinaria agrícola situada en Monterrey (México) comenzó a tomar no solo cada vez más horas de trabajo, sino que también a desdibujar las prioridades en la vida de José Luis Carretero. La familia que formaba con su esposa Patricia y sus tres hijos estaba en un riesgo inminente que amenazaba con destruir años de unión. Todos lo veían con claridad, menos José Luis, quien se encontraba sumergido en la ambición laboral, descuidando el pilar fundamental de su hogar y alejándose de la posibilidad de restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios antes de que fuera demasiado tarde.

A menudo, el éxito profesional oculta una crisis silenciosa que carcome los cimientos del hogar y la paz espiritual. José Luis Carretero experimentó cómo la ambición laboral nublaba su juicio, llevándolo a contemplar el divorcio como única salida. Sin embargo, un viaje inesperado revelaría que para restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios, primero es necesario rendirse.

Terremoto en el matrimonio

En 1984 yo trabajaba para la Ford Motor Company en Ciudad de México, cuando me propusieron tomar un entrenamiento de tres meses en Estados Unidos para una inmersión total en el idioma inglés. Un compañero de trabajo me recomendó la Universidad de Michigan, en la ciudad Ann Arbor. En aquel entonces, llevaba cuatro años de casado y nuestra vida matrimonial dejaba mucho que desear. Creía en Dios, pero era una relación totalmente distante, al punto de que ni siquiera iba a misa.

Patricia, mi esposa, fue siempre practicante, muy creyente, pero estaba triste y decepcionada por mi resistencia a buscar a Dios. En realidad, yo estaba en el peor momento de mi existencia y matrimonio. En esa época, mi hijo Rodrigo tenía dos años y Mónica acababa de nacer. En esas circunstancias, relata a la revista mexicana La Palabra entre nosotros, preparó sus maletas con el corazón dividido y viajó a Estados Unidos, con la sombra del divorcio planeando en su mente.

Recuerda que el primer día de clases les dieron un tour por la ciudad y que en el autobús escuchó algunas conversaciones en español, algunos asientos detrás de él. Cuando nos detuvimos en un centro comercial para un descanso, bajé y esperé a que descendieran los dos jóvenes que hablaban español. Los saludé y extrañamente uno de ellos, que se llamaba David, no entró al centro comercial, sino que se quedó conversando conmigo. Empezamos a caminar y de inmediato me empezó a predicar de Dios. Para mí fue muy extraño todo aquello. Cuando terminó el tour, nos despedimos, y me dio un papelito con su teléfono, ofreciéndome que lo llamara si tenía cualquier necesidad, a lo que asentí.

Que Dios te bendiga

Lo más extraño de aquella conversación se produjo segundos después, puntualiza José Luis… Al despedirse me dio un abrazo diciendo "Que Dios te bendiga". Palabras que quedaron resonando en mis oídos, ya que no recordaba que nadie más que mi propia madre me las hubiera dicho antes. A los dos días me llamó al hotel para invitarme a cenar con una familia nicaragüense, lo cual acepté.

El improvisado encuentro estaba dando fruto a una experiencia que transformaría su vida y le enseñaría a restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios. Cuando llegó al lugar de la cena, los dueños de casa y su hija me recibieron muy amablemente, de abrazo y beso, me llamaron por mi nombre, como si me conocieran de toda la vida. Al empezar a cenar, el dueño de casa bendijo los alimentos y oró por mis necesidades. Después de la cena, nos despidieron con mucho afecto y cariño y de nuevo con la consabida frase: "Que Dios te bendiga".

Fraternidad y testimonio que educan

Días después, David lo invitó a cenar nuevamente, pero con otros jóvenes y a jugar fútbol. "Naturalmente acepté porque me encanta el fútbol. Los otros jóvenes se veían todos alegres, felices, con una profunda paz y transparencia. Nos sentamos a la mesa, bendijeron los alimentos y cada uno hizo una oración por mí… yo quería meterme debajo de la mesa. Luego, nos trasladamos al campo de juego, en donde ya nos esperaban otros muchos jóvenes. Nos reunimos en el centro del campo, uno de ellos tomó la palabra y bendijo el momento; yo estaba impresionado".

Pero aquel partido de fútbol que disfrutó no solo por su afición, sino por el grato ambiente, sería apenas un peldaño más. Al término del partido, volvimos a la casa y David me preguntó: "¿Nos quieres acompañar a la oración de la noche que hacemos en la casa?". Aunque no estaba tan convencido, dije que sí. Bajamos a un sótano pequeño y cada uno tomó uno de los libritos rojos que había en una mesita; me pusieron uno en las manos y, todos de pie mirando al crucifijo, oraron con el canto de Simeón y leyeron el Salmo 4 en voz alta, perfectamente armonizados.

Vida Nueva en Cristo

Fue en aquella oración que sus resistencias comenzaron a desmoronarse. Aquella noche me fui impresionado; había sido una experiencia maravillosa, ver ahí a esos hombres, todos más jóvenes que yo, alabando y orando al Señor. Pasaron apenas tres días y David, quien tenía claro su norte de apóstol, le llamó invitándole a participar en un curso llamado: "La vida nueva en Cristo". La propuesta consistía en pequeñas reuniones donde se meditaba sobre la Sagrada Escritura y los sacramentos durante las tardes de los martes, miércoles y jueves. Accedí de inmediato, sin saber bien de qué se trataría. Escuché las pláticas con interés, pero al mismo tiempo con cierto escepticismo.

Asistió a los cursos, pero confiesa que tenía una tibia actitud. Recuerdo incluso que algunos oraron por los cuatro latinos que tomábamos el curso, y nos impusieron las manos, pero no experimenté nada diferente... Pocos días después vino a buscarme David, conversamos y me preguntó cómo me había ido en la oración y en los días siguientes a la misma. Le dije que bien, pero que realmente tenía una gran duda:

—¿Qué es lo que tienes tú y tus amigos que yo no tengo y que se te ve en los ojos y en tu manera de vivir?
—Le hemos entregado nuestra vida a Cristo —me respondió.
- Le volví a consultar: ¿Y cómo se hace eso?
—Entrega tu vida a Cristo en un acto voluntario y sincero —me respondió.

Aquella frase resonó en el corazón de José Luis y, durante el retorno al hotel, hizo memoria de las razones por las que había emprendido el hacer familia con Patricia: el amor de sus hijos y cómo estos imprevistos encuentros desde que había llegado a Estados Unidos, solo, estaban generando cambios en él. Esa noche en mi habitación, me dirigí a las ventanas, las abrí y alzando los ojos al cielo, oré con todo mi corazón diciendo:

"Señor Jesús, esta noche te entrego todo cuanto tengo y cuanto soy. No puedo seguir viviendo de esta manera. Ven a mi vida y toma autoridad de ella".

Nada más terminar, debo haberme desmayado porque no supe más de mí y al día siguiente desperté acostado sobre la cama, vestido. El proceso para restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios había comenzado de forma sobrenatural.

El retorno y la fuerza de la oración

No transcurrieron muchos días más para que sintiera que necesitaba volver a México y reencontrarse con su esposa para juntos restaurar sus vidas.

"En todo el tiempo que había pasado por allá nunca sentí algo parecido. Necesitaba conocer el plan de Dios, según su palabra. Obviamente, ya le había platicado a Patricia por teléfono de las cosas que estaban ocurriendo, aunque yo tampoco las entendía. Era algo a lo que yo había llegado después de cuatro años de matrimonio, de una vida bastante desordenada y tras un matrimonio muy deteriorado, con una gran necesidad por encontrar la verdad".

Finalmente volvió a México, lleno del Espíritu Santo, dice, para reconciliarse con su esposa. A partir de ese momento reconocí que Cristo es lo más importante en mi vida, dejé mis vicios e inicié mi gran aventura de vivir en el Señor. Hasta hoy se mantiene agradecido de David, quien fue instrumento para mi salvación, puntualiza. Al cabo de algunos meses, José Luis y su esposa se integraron en una comunidad de vida para familias en su parroquia. También sus hijos siguen hoy los sanos pasos de sus padres en materia de fe.

"Aunque implica ir contra la corriente del mundo, nos esforzamos por vivir según el Evangelio… con nuestras debilidades, pecados y limitaciones, pero lo más cercano posible a la enseñanza de Cristo".

🌟 Reflexión Final: El poder de la rendición

El testimonio de José Luis nos revela que, para restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios, es imperativo primero restaurar el altar personal de nuestra propia alma. Muchas veces intentamos salvar una relación con estrategias humanas, pero descuidamos que la verdadera unión matrimonial es un misterio de tres: el hombre, la mujer y Dios.

Cuando uno de los pilares se rinde ante el Señor, la estructura completa comienza a recibir una fuerza sobrenatural que permite perdonar lo imperdonable y reconstruir lo que parecía perdido.

La historia de David y José Luis nos recuerda que todos podemos ser instrumentos de salvación con gestos tan simples como un abrazo o una oración sincera. No importa cuán deteriorado esté tu matrimonio hoy; si te atreves a abrir la ventana de tu corazón y entregarle la autoridad de tu vida a Cristo, Él hará el resto.

La restauración no es solo volver al pasado, sino avanzar hacia una vida nueva donde el Evangelio sea la brújula que guíe cada decisión familiar, permitiendo que la paz de Cristo reine en el hogar.

Oración por la Restauración del Hogar

Amado Señor, hoy me postro ante Tu presencia reconociendo que solo Tú tienes palabras de vida eterna y el poder de reconstruir lo que el pecado y el egoísmo han destruido. Te entrego mi matrimonio, mis heridas y cada una de las razones que me han llevado a pensar en el divorcio. Toma autoridad sobre mi vida y derriba las murallas de orgullo que nos separan. Te pido que inundes nuestro hogar con Tu Espíritu Santo, para que podamos restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios y vivir según Tu santa voluntad.

Señor, haznos dóciles a Tu Palabra, enséñanos a perdonar de corazón y permítenos ser un testimonio vivo de Tu misericordia para el mundo. Confiamos en que para Ti no hay nada imposible y que, bajo Tu guía, nuestro amor florecerá de nuevo para Tu mayor gloria. Amén.

❓ FAQ: Preguntas frecuentes sobre restaurar el matrimonio

Sí, es totalmente posible. Como vimos en el caso de José Luis, Dios puede intervenir incluso cuando la decisión de separarse ya está en marcha. La clave reside en la rendición personal a Cristo y en la disposición de permitir que Su gracia sane las heridas que la soberbia y el desorden han causado.

La comunidad de fe es fundamental porque ofrece un entorno de transparencia y apoyo. Estar rodeado de personas que viven el Evangelio con alegría, como los amigos de David, sirve como estímulo y espejo para la pareja. La fraternidad cristiana educa y sostiene cuando las fuerzas propias flaquean ante las crisis.

Debe ser un acto voluntario y sincero. Tal como lo hizo José Luis, basta con reconocer que no puedes seguir viviendo de esa manera y pedirle a Jesús que tome autoridad sobre tu vida. Esa rendición total permite que el Espíritu Santo comience a ordenar tus prioridades y sane tu relación de pareja.

La oración de intercesión de un solo cónyuge tiene un poder inmenso. Dios siempre escucha la súplica humilde. Al cambiar uno, el entorno cambia. La conversión personal suele ser el detonante que abre la puerta para que el otro cónyuge también experimente el deseo de restaurar el matrimonio con la ayuda de Dios.

Adaptación y contenido agregado: Qriswell Quero, con información de extraída de: Portaluz.org

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

Contenido publicado originalmente en Píldoras de fe, bajo el Link: https://www.pildorasdefe.net/testimonios/Queria-divorciarme-pero-Cristo-restauro-mi-vida-y-mi-matrimonio - Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales - Pildorasdefe.net
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