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Conoce tu fe / Defiende tu fe

Los católicos debemos defender nuestros símbolos e imágenes religiosas

 
 
   
 
 
 

Debemos defender los símbolos religiosos y resistir los esfuerzos de algunos de verlos como emblemas políticos o meramente culturales.

 

Nadie duda de la importancia de las estatuas. Cuando son derribadas, esto tiene un gran significado. ¿Recuerdan las tropas norteamericanas que llegaron a Bagdad y la caída de la estatua de Saddam Hussein?

También podemos relacionar lo anterior con la manera en la que la mayor parte de las estatuas de Lenin y Karl Marx fueron enviadas a parques especiales dedicados al arte soviético en todo el antiguo bloque soviético una vez que se llegó a la liberación.

He visitado uno de estos parques en Sofía, Bulgaria, que era un punto culminante de mi viaje de ese encantador país. El arte soviético es un arte que vale mucho la pena presenciar, claro, una vez que ya se encuentra con seguridad en un museo. Lo mismo ocurre con las películas de publicidad soviética, también expuestas en el mismo museo:

Vivir en una ciudad dominada por estatuas de Lenin y tener que ver sin elección las propagandas de televisión, eso sería bastante diferente.

Remover estatuas: Señal de ideología derrotada.

El hecho de que estas figuras estén ahora en los museos es una señal de que la ideología que representan ha sido derrotada, y eso es algo muy bueno.

Al igual que con el arte soviético (el cual es bastante bueno) como con los monumentos confederados en varias ciudades americanas, de los cuales podemos nombrar las estatuas del General Lee, que datan del siglo XX, y representan una aspiración, plenamente realizada en los años previos al movimiento de los Derechos Civiles en algunos lugares, que expresan que los antiguos esclavos debían mantener su lugar inferior debidamente asignado en la sociedad. Representan marcadores dispuestos en mármol y bronce que dicen:

"Este es nuestro territorio y no el tuyo".

Estatuas como marcadores territoriales.

Este tipo de marcado territorial era, o tal vez todavía es, común en Irlanda del Norte, y fue ciertamente la regla en Líbano cuando estuve allí hace un par de décadas:

En los barrios cristianos de Beirut se veían pinturas murales de Nuestra Señora de Lourdes, imágenes que glorificaban a las diversas milicias cristianas, junto con un montón de vallas publicitarias de salami.

Llegabas al aeropuerto, y en cada farola podías ver una enorme foto del agonizante ayatolá Jomeini. Te aventurabas en el valle de Beka´a, y el lugar estaba adornado con lemas de Hezbollah. Nunca estuviste ni cerca de olvidar en el territorio de quien estabas parado mientras visitabas Líbano.

Entonces, sucede que una escuela católica en California ha decidido remover varias estatuas católicas porque estas pueden ser interpretadas como de alguna manera molesta y atacante a personas que no son católicas. Esto ha conseguido un comentario interesante en el Washington Times, que una conexión con las estatuas del General Lee.

Pero mi pregunta es simple: ¿Son los símbolos religiosos católicos marcadores territoriales de la misma manera que las estatuas confederadas lo han sido?

Asunto de inclusividad, no exclusividad.

Sé (porque me han dicho) que a ciertos no católicos no les gustan la parafernalia del catolicismo y los diversos sacramentales como los crucifijos y las estatuas de Nuestra Señora.

Esto verdaderamente es una vergüenza, pero no es razón suficiente para removerlos. Después de todo, las personas que no les gustan pueden seguir adelante e ignorarlos, y estas cosas usualmente se encuentran en sitios dedicados a propósitos católicos, pero hay un punto más profundo aquí: Los símbolos católicos no son símbolos de exclusividad, sino de inclusividad:

Cualquier imagen de la Madonna, de la Madre y del Niño, debe ser una imagen con la que cualquier ser humano pueda relacionarse, pues todos tenemos madres.

María representa algo que es universal. Ella no está de un lado de una disputa, como el General Lee. Las opiniones se dividen con respecto al General Lee. No puedes tener dos opiniones sobre María.

Una vez más, el crucifijo: La imagen de Cristo con los brazos extendidos para abrazar a toda la humanidad es un símbolo que no excluye a nadie. Cristo murió por todos, si no fuera verdad no tendríamos crucifijos en primer lugar.

En cuanto a San Junípero Serra, cuya estatua ha sido recientemente desfigurada, ¿con qué motivo se puede objetar a este fraile franciscano? La acusación de genocidio simplemente no es cierta. ¿O es esto un ataque a un monumento cristiano simplemente porque es cristiano? ¿Es el cristianismo, una religión que no obliga a nadie, para demonizar junto con todas las otras cosas malas de nuestro pasado?

Defender nuestras imágenes sagradas.

Hemos estado aquí antes, no en América, sino en Italia. En 2006, el difunto Adel Smith, un musulmán italiano de ascendencia escocesa y egipcia, emprendió una larga campaña legal contra la exhibición de crucifijos en edificios públicos, campaña la cual perdió.

Por suerte para el sentido común y la paz pública, los tribunales italianos vieron su campaña como exactamente lo que era: Una campaña contra la cultura cristiana, a diferencia de una campaña positiva para el secularismo.

Debemos defender los símbolos religiosos, precisamente como símbolos religiosos, y resistir los esfuerzos de algunos de verlos como emblemas políticos o meramente culturales, como las estatuas de Robert Lee.

Ningún símbolo católico intimida a nadie, pues la fe deja a uno libre para responder positiva o negativamente (los emblemas, que sólo representan una cosa, son una cuestión diferente).

Si cedemos a este principio esencial, estamos perdidos. Esas estatuas en la escuela de California necesitan ser devueltas inmediatamente. Su eliminación, junto con la admisión de que podrían ser molestos, representa la altura de la indiferencia y el establecimiento de un lamentable precedente

Te invitamos a leer:

 
 
 
Adaptación y traducción por Mariel Parra, del artículo publicado en: Catholic Herald, autor: Catholic Herald

pildorasdefe woman mujer silueta logo firmaMariel Parra, Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré. Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro (Salmo 16,8-9)

 
 
 
 
 
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