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Categoría: Caminando en la fe
consejos para mostrar amor al nino jesus

Para prepararse para la Navidad con el Niño Jesús, podemos adorar cada pequeño rasgo, cada parte preciosa de la Palabra de Dios

"No todos podemos hacer grandes cosas, pero todos podemos hacer pequeñas cosas con gran amor". (Madre Teresa de Calcuta)

Muchos de nosotros queremos hacer grandes cosas durante el Adviento. Yo, por ejemplo, podría listar cientos (o miles) de maneras en que quisiera llegar a ser más santa en esta Navidad.

Pero realmente sé que no soy lo suficientemente fuerte para llevarlas todas a cabo.

Esto es lo que la Madre Teresa, en su humilde enfoque, rescata para ayudarnos: Realizar pequeñas cosas, pero con gran amor.

"Asimismo, el que dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, porque es discípulo, no quedará sin recompensa: soy yo quien se lo digo". (Mateo 10,42)

Un vaso de agua fresca parece ser una cosa pequeña, pero si es dado con gran amor por Jesús, esta pequeña cosa puede ayudarnos a alcanzar el cielo.

Hace dos mil años, José y María debieron realizar grandes esfuerzos para celebrar el nacimiento de Jesús, pero finalmente ellos lo recibieron con algo que seguramente sintieron que era muy poco.

Materialmente, ellos no tenían prácticamente nada en Belén, ¿qué le podrían ofrecer al Divino Niño? Ni siquiera una casa en la cual pudiera descansar Su preciosa cabeza. Al menos, no todavía.

Pero ellos pudieron darle pequeñas cosas: La luz de sus sonrisas. La mirada en sus ojos. El calor de sus brazos. El confort de sus voces. Su absorta adoración. Estas son pequeñas cosas con gran amor.

Sin embargo, si realizamos estas pequeñas cosas con gran amor en este Adviento, éstas pueden ayudarnos a preparar nuestros corazones para recibir a Jesús tal como María y José lo hicieron en Belén.

1.- Sonreírle al Niño Jesús

Imagina las sonrisas que María y José le regalaron al bebé Jesús al momento de su llegada – las primeras dos personas que admiraron el adorable rostro de Dios encarnado.

"Cada sonrisa que le das a alguien, es una acción de amor, un regalo a esa persona, un regalo hermoso", dijo la Madre Teresa. Ella también admitió que algunas veces tenía momentos de dificultad para sonreír a Jesús, ¡porque él podía ser muy demandante!

Algunas veces una sonrisa llega espontánea, otras veces se requiere de un inmenso esfuerzo; pero cada sonrisa puede ser un signo de amor para el dulce e inocente Niño en el pesebre. Así como la Madre Teresa proclamaba frecuentemente: "lo que hacemos por otros, lo hacemos para El".

Oración:

María y José, ayúdenme a sonreírle a los demás en este Adviento y Navidad de la misma forma en que ustedes sonrieron al Divino Niño. Amén

2.- Mirar con amor al Niño Jesús

Si sus sonrisas fueron radiantes, las miradas de amor en los ojos de María y José debieron reflejar las profundidades del océano en su interior.

En el afán de cada día, es fácil perder de vista el rostro de Dios en los demás. Es fácil olvidarse de hacer contacto visual, tener una conversación en lugar de perderse frente a una pantalla, pues más bien dirigimos la mirada lejos de nuestros seres queridos.

Jesús conocía el poder de una mirada. En el Evangelio de Marcos, cuando se narra la historia del hombre con muchas posesiones que dijo a Jesús que había obedecido los mandamientos desde joven, (Mc 10, 21) dice: "Jesús fijando su mirada en él, le amó".

Al leer este versículo, me puedo imaginar esa mirada, y puedo además sentir la potencia de tan divina mirada.

Este adviento, quiero tener la virtud de ser intencional en la forma en que miro a las personas que están ante a mí. Sé que no siempre me voy a acordar, pero tendré toda la intención de hacerlo.

Oración:

María y José, ayúdenme a ver a la persona frente a mí como Jesús, y así poderla mirar con gran amor. Amén

3.- Sostener al Niño Jesús

En Belén, María y José tuvieron la increíble bendición de arrullar al Hijo de Dios recién nacido en sus brazos, manteniéndolo cálido y sosteniéndolo cerca de su corazón.

La Madre Teresa muy frecuentemente hablaba de cómo podemos aliviar los sufrimientos de otros con el simple acto de ofrecerles contacto humano.

Por ejemplo una persona mayor en un hogar de ancianos que sufre por no tener contacto con alguien; un compañero que atraviesa por situación de duelo y necesita una mano amiga, o un niño llorando que necesita un abrazo para aliviar su necesidad.

Si extiendo mis brazos a cualquiera de estas personas, también estoy abrazando al Niño Jesús.

Oración:

María y José, ayúdenme a abrazar a otros con la calidez y ternura con que ustedes mismos lo hicieron con el bebé Jesús. Amén

4.- Cantarle al Niño Jesús

¿Qué canciones de cuna le cantaron María y José a Jesús? ¿Con cuales himnos de alabanza y adoración hicieron levantar sus voces a Dios? ¡Cómo me gustaría poder escucharlos!

En Efesios 5,19, San Pablo recomienda dirigirse unos a otros "Intercambiando salmos, himnos y cánticos espirituales. Que el Señor pueda oír el canto y la música de sus corazones".

Con un viejo himno, una dulce canción de cuna, o una oración espontánea que brote desde dentro de nosotros, podemos cantar al Señor y preparar nuestras voces para confortar al Santo Recién Nacido en el pesebre.

Oración:

María y José, ayúdenme a hacer bellas melodías para Dios. Amén

5.- Adorar al Niño Jesús

"Deténganse y reconozcan que Yo soy Dios" (Salmo 46,11).

He escuchado este versículo muchas veces, pero tomó un nuevo significado para mí cuando un sacerdote santo me enseñó a orar así:

Deténganse y reconozcan que Yo soy Dios
Deténganse y reconozcan que Yo soy
Deténganse y reconozcan
Deténganse

Esta sigue siendo una de mis meditaciones favoritas, y pone de relieve algo muy importante acerca de la Escritura: Cada palabra cuenta. Cada Palabra tiene un mensaje de Dios.

En la encarnación, el Dios infinito se convirtió en un pequeño bebé. En su nacimiento, María y José deben haber adorado cada característica por pequeña que pareciera, cada parte preciosa de la Palabra hecha carne.

Así mismo, en la Sagrada Escritura, el Dios Infinito está presente en cada pequeño verso. Para prepararse para su nacimiento, podemos adorar cada pequeño rasgo, cada parte preciosa de la Palabra de Dios.

Si leemos y meditamos un solo versículo de la escritura cada día (ya sea de la historia de la Natividad o de las lecturas de la misa), nuestra meditación nos puede llevar a adorar al pequeño Niño en el pesebre con una comprensión más profunda de cómo Dios está presente incluso en las cosas más pequeñas.

Un versículo, una pequeña cosa que contiene al gran Dios. Una pequeña cosa con gran amor.

Oración:

María y José, ayúdenme a adorar a Jesús, el Verbo, en cada versículo de la Escritura, de modo que mi corazón le reconozca en Su pequeñez y en Su grandeza, con amor, cuando Él llegue esta Navidad. Amén.

Adaptación por Rafael Ruíz Stirk, PildorasdeFe.net. Con información de: Catholic Exchange
Mexicano, psicoterapeuta, casado, padre de tres hijos; catequista y defensor de la vida intrauterina. Amar a Dios es mi tesoro escondido, tocar los corazones es mi vocación y evangelizar es mi deber
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