El paso de esta vida al más allá plantea grandes dudas: Descubre consejos espirituales para vencer el miedo y estar preparado para la muerte con paz y esperanza.
¿Te has sentido alguna vez paralizado por esa gélida incertidumbre que brota al pensar en el último suspiro, como si el abismo de lo desconocido amenazara con devorar cada uno de tus afectos y conquistas terrenales? Es una realidad innegable: el instinto de supervivencia nos aferra con fuerza a esta vida que tanto amamos, pero comprender cómo superar el miedo a morir es, paradójicamente, el secreto para comenzar a vivir con una plenitud que trasciende los límites del tiempo. Dios no desea que caminemos hacia la otra orilla bajo el peso del terror, sino con la serena confianza de quien regresa a casa tras una larga jornada. Al cultivar hoy una mirada de fe profunda, el tránsito hacia la eternidad deja de ser un final trágico para revelarse como el abrazo definitivo de un Padre que ha estado llamando a tu puerta en cada pequeño detalle de tu existencia.
El paso de esta vida al más allá nos plantea siempre interrogantes y, aun con el don de la fe, el instinto de supervivencia nos tumba.
Todos tememos morir
Además, la gran mayoría de nosotros ama esta tierra que tanto nos ha dado y en donde tanto hemos disfrutado, incluso en medio de los dolores que hemos pasado. Pero no obstante, es inevitable que, tarde o temprano, todos dejaremos de existir y pasaremos a la otra orilla, la de la eternidad. La incógnita, pues, no radica en el llegar, sino en el cómo llegar y estar preparados para cuando llegue el momento.
"La vida eterna consiste esencialmente en poseer lo que desea la voluntad. Y que ella se sacia en verme y conocerme a mí. Gustan ya en esta vida las primicias de la vida eterna, gustando esto mismo que yo te he dicho que los sacia. ¿Cómo tienen esta garantía de la felicidad futura en la vida presente? La tienen en mi Bondad, que ven en sí mismos; la tienen en el conocimiento de mi Verdad. La pupila de la fe les hace discernir, conocer y seguir el camino y la doctrina de mi Verdad, Jesucristo, Verbo encarnado. Sin la pupila de la fe, ninguna alma podría ver, tal como estaría ciego el hombre cuyas pupilas estuviesen cubiertas por cataratas. La fe es la pupila de los ojos del alma" (Santa Catalina de Siena, El Diálogo, Cap. III, art. 2).
Santa Catalina de Siena parece darnos la clave para ello cuando Dios, a través de ella, nos invita en su escrito a gozar, ya desde ahora, de lo que será el cielo; a apreciar el lenguaje de Dios ya en esta tierra.
Aprender a ver lo invisible
Recuerdo que, siendo niño, mis padres nos compraron una vez un libro particular. Se trataba de imágenes que, si uno se quedaba viendo fijamente durante un rato, descubría, en tercera dimensión, una figura escondida detrás. Técnicamente, se llaman autoestereogramas. Aquí un ejemplo:

Y he pensado que algo así nos debe suceder cuando vemos con la fe. Vivimos aquí en la tierra como en un mundo de autoestereogramas, en donde Dios nos habla continuamente, pero en el que tenemos que fijarnos con detenimiento, acostumbrarnos a las cosas de Dios para así poder escucharle y descubrirle con más facilidad.
¿Cómo lograr esta visión de fe?
La respuesta, según mi parecer, es clara: con la asiduidad. Y me explico. Si a mí me gusta un cierto tipo de música (pongamos, por ejemplo, la música clásica), cuanto más la escucho, más la voy entendiendo: llego a diferenciar el estilo de Mozart del de Bach, admiro las composiciones para violín de Vivaldi o las melancólicas sonatas de Chopin.
Entrenar el alma para la eternidad requiere una disciplina amorosa similar a la de un músico con su instrumento. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda con unción que "la esperanza cristiana se manifiesta desde el comienzo de la predicación de Jesús en la proclamación de las bienaventuranzas" (CIC 1820). Si no frecuentamos las cosas del Espíritu, nuestra capacidad de asombro ante lo divino se atrofia irremediablemente.
Pero si a mí lo que me gusta es el Gangnam Style, Maroon 5 o Shakira y no tengo idea de qué es una obertura, un soneto o una sinfonía, ¿cómo llegaré a apreciar la música clásica?
De igual manera, si yo no entro en contacto con Dios de modo asiduo, es evidente que no voy a entenderle ni a escucharle. Más aún: todo lo que tenga un sabor a Dios me sabrá extraño o, Él no lo quiera, incluso amargo.
El gusto por lo sagrado
Y tal vez por eso la misa me resulte aburrida o no encuentre un sentido a orar de vez en cuando: no estoy acostumbrado a descubrir a Dios, no tengo la pupila de la fe
Una consideración
Cuando uno logra adquirir ese gusto por la fe, uno es capaz de ver todo bajo esta óptica, incluso lo más superfluo.
Y aunque se prefiera mil veces las cosas de Dios, uno aprende a ver el cielo en las cosas de la tierra; y a disfrutarlas en su justa medida. Como quien, incluso sabiendo lo que es la música clásica, también disfruta con una buena canción de pop, rock o hip hop… ¡Que sí se puede!
¿Cómo prepararnos para la muerte?
Estas líneas intentan dar una respuesta a este interrogante. Acostumbremos nuestro corazón a Dios y sus cosas. "La vida eterna consiste esencialmente en poseer lo que desea la voluntad", empieza el texto de la Santa de Siena. Y es en la oración principalmente en donde vamos moviendo nuestra voluntad hacia Dios:
"Cuando el alma fija su mirada en el Creador y considera tanta bondad infinita como en Él encuentra, no puede menos de amar... E inmediatamente ama lo que Él ama, y odia lo que Él odia, ya que por amor ha sido hecho otro Él" (Santa Catalina de Siena, Carta 72).
La oración nos identifica con el Corazón de Cristo, con su querer, con su amor. Y entonces podremos decir que, llegue cuando nos llegue la muerte, la veremos con entusiasmo… ¡Incluso en medio del miedo natural que podamos sentir!
Para el cristiano, la muerte no es una caída en el vacío, sino un paso pascual hacia la plenitud. San Francisco de Asís llegaba a llamarla "hermana muerte", pues sabía que era el umbral necesario para el abrazo final con el Amado. "Dichosos los muertos que mueren en el Señor" (Apocalipsis 14,13), porque sus obras les acompañan a la gloria.
La muerte como el nacimiento definitivo a la luz
Estar preparado para el tránsito final no consiste en una espera sombría, sino en una vivencia radiante del presente bajo la mirada del Padre. La verdadera preparación es el amor cotidiano, ese que nos va despojando de lo caduco para revestirnos de lo eterno. Vivamos hoy de tal manera que el cielo ya habite en nuestro interior. Como afirma la Sagrada Escritura:
"Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia" (Filipenses 1,21).
Oración para mirar la muerte de forma cristiana
Señor Jesús, vencedor de la muerte y soberano de la vida eterna, te pedimos que derrames tu unción sobre nuestros miedos y ansiedades terrenales. Concédenos la gracia de una santa preparación para el momento de nuestro encuentro definitivo contigo. Por la intercesión de la Virgen María, que nos acompañe ahora y en la hora de nuestra muerte, enséñanos a vivir con los ojos fijos en el cielo mientras servimos con amor en la tierra. Que el pensamiento de nuestra partida no nos llene de angustia, sino de un deseo ferviente de contemplar tu rostro y descansar para siempre en tu paz. Amén.
¡Sana tu mirada y abraza la promesa del cielo hoy!
No permitas que el temor al más allá te impida disfrutar de la maravillosa presencia de Dios en cada instante de tu vida presente; la eternidad comienza en el amor que entregas ahora.
¡Anímate a cultivar la visión de la fe cotidianamente, sumérgete en la oración que transforma el miedo en esperanza y deja que el Espíritu Santo sea el guía seguro de tu paso hacia la gloria eterna!
¿Conoces a alguien que necesite consuelo frente al misterio de la partida y busque una luz de esperanza hoy? ¡Comparte este mensaje ahora mismo!
Reconciliarse con nuestra finitud bajo el amparo de la divina misericordia es el acto de mayor libertad que puede realizar un corazón creyente. ¿Estás dispuesto a entrenar hoy tu voluntad en el amor para recibir el mañana con una sonrisa de paz? ¡Dios te acompaña siempre!
❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre cómo superar el miedo a morir
Sí, es una reacción humana y natural. El instinto de supervivencia es un don de Dios para preservar la vida. Incluso Jesús, en el huerto de Getsemaní, experimentó angustia ante Su pasión. El miedo no anula la fe, sino que es la oportunidad para ejercitar la confianza absoluta en las promesas de Cristo sobre la resurrección.
Significa partir de este mundo en amistad con Dios, sin tener conciencia de pecado mortal no confesado. El Catecismo enseña que morir en gracia es la condición necesaria para entrar en la felicidad eterna (CIC 1023). Por ello, la confesión frecuente y la vida de oración son las mejores herramientas de preparación.
La oración habitual nos familiariza con la presencia de Dios. Al hablar con Él cada día, el cielo deja de ser un lugar extraño para convertirse en el hogar del Amigo que ya conocemos. Como dice la Escritura: "En la paz me acuesto y enseguida me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir tranquilo" (Salmo 4,9).
La Iglesia ofrece la Unción de los Enfermos, el Viático (la última Comunión) y la Penitencia como auxilios poderosos. Estos sacramentos otorgan fortaleza, paz y ánimo para superar las tentaciones finales, uniendo el sufrimiento del enfermo al de Cristo y asegurando el perdón de las faltas para entrar purificados a la eternidad.
Porque la fe nos permite descubrir la huella de Dios en lo cotidiano, como en un autoestereograma espiritual. Ver con fe significa reconocer que todo lo creado es un signo del amor del Padre y una invitación a la unión definitiva con Él. Quien vive así, no ve la muerte como una pérdida, sino como la ganancia total.
Venezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.