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Categoría: Caminando en la fe
mano de hombre y mujer sosteniendo un corazon rojo

Jesús nos enseña que seremos medidos en el amor y que, al final de nuestra vida, no nos van a preguntar por nuestras posesiones o títulos

Me crié en un mundo en donde me forjaron una mala idea de que los mandamientos de Dios eran una imposición religiosa o alguna forma de dominación. Mucho después en mi proceso de conversión descubrí que los mandamientos en realidad son la senda para encontrar el sentido y el gozo en la vida, dicho por Aquel que sabe más que nosotros y nos ama mucho, y también nos quiere enseñar a amar.

He descubierto que todos los caminos contrarios, o que se oponen a estos divinos mandatos, solo conducen a muchas desdichas, a sendas de dolor o sufrimiento que tarde o temprano abarrotan al alma sin dejarle una salida visible.

Todo lo que Dios nos ha enseñado es para que encontremos vida en abundancia, para que encontremos el amor y la mejor forma de amar.

El camino del mal siempre tiene su atractivo, y se disfraza de lujos, placeres y bondades superficiales para presentarse como si, solo a través de él, lograremos alcanzar la felicidad Pero dista mucho de ser así.

El que vive como Jesús, practicando las virtudes cristianas y haciéndolas parte de su vida, tiene mucha más felicidad en su corazón que el que va por otras vías "rápidas".

Jesús es el Camino, la Verdad que nos lleva a la vida, a disfrutarla. Él nos enseña el verdadero amor y que seremos medidos en este amor.

Al final de nuestra vida, no nos van a preguntar por nuestras posesiones o títulos, sino cuánto amor entregamos a los demás, cuánto amor dimos. La única pregunta será sobre el amor concreto a nuestros hermanos, porque en cada uno de ellos está Jesús mismo queriendo ser amado.

Oración

Señor, hoy vengo ante Ti y me rindo a tus pies para que guíes mis pasos e ilumines todos mis senderos con tu luz poderosa.

Enséñame a recorrer tus caminos, no quiero vivir lejos de Ti, de tu amor, de tu abrazo consolador, pues solo Tú traes consuelo al alma.

Ven y transforma mi corazón. Aleja de él todo vestigio de oscuridad, límpialo y sánalo para que aprenda amar sin límites.

Reconozco que en mucho te he fallado, pero tu amor puede levantarme, puede sanarme y puede transformarme.

Ven y enséñame a amar, a entender que sólo en Ti encontraré la verdadera felicidad, que sólo Tú puedes cambiar mi vida y mostrarme lo que mejor me conviene.

Deseo abrir la puerta de mi corazón a tu presencia renovadora, al manantial de gracias que derramas a través de tus Sacramentos.

Concédeme el don de la alegría. Sana las heridas de mi corazón que han sembrado miedo y dolor, para poder así actuar con todas las capacidades que me has regalado.

Confío en tu amor, en que eres Tú eres el dueño de mi vida y que me das las fuerzas que necesito para alcanzar mi propia felicidad.

Amén.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net
Venezolano, esposo y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.
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