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VIRGEN MARÍA

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SANTA MARÍA

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LA VIRGEN

Mayo, mes de María. Día 26: Qué guapa eres María

 
 
   
 
 
 

La Virgen María tiene un papel único en el plan de salvación de Dios. Ella consintió a la venida del Salvador y cooperó con la Gracia

 

La temporada de Pascua es un momento apropiado para recordar el inmenso gozo de María por la Resurrección de su Hijo y redescubrir su papel de madre y maestra en nuestras vidas.

La Virgen María tiene un papel único en el plan de salvación de Dios y en la Iglesia. Ella consintió a la venida del Salvador y cooperó en el desarrollo de Su misión. Ella lo trajo al mundo, lo crió y amorosamente estuvo a su lado durante los años de Su vida oculta.

María apoyó a si Hijo Jesús durante su ministerio público de una manera tranquila, comenzando en Caná, donde por su intercesión Jesús realizó su primer milagro (Juan 2,1-12).

Nuestra Madre cooperó en Su obra, aun uniendo su propio sufrimiento con el de su Hijo, al pie de Su cruz. María fue la primera discípula de Jesús, humildemente lo siguió durante cada paso de Su viaje y misión.Ella confió completamente en Dios y vivió por Su gracia.

La virgen María es nuestro modelo de verdadero discipulado y de fe completa.

Durante la Pascua somos más conscientes de la presencia y amor maternal de María. Es quizás por esta razón que la tradición popular ha dedicado el mes de mayo, que cae durante esta temporada litúrgica, a Nuestra Santísima Madre

1.- Háblale a Jesús sobre María.

Jesús mío, me gusta orar a María, tu Santa Madre, ella me enseña con su manera de vivir, a ser dócil a tu Palabra, a tomarla en serio, y a dejarse guiar por ella; pero también María se presenta como una servidora, como una que sale a ayudar a su prima Isabel, cuando esta la necesita.

Así quiero ser yo, mi Señor y mi Dios, quiero ser uno que es dócil a tu Palabra y que sale de sí a servir a los hermanos que tanto necesitan de Ti.

Gracias por darme la oportunidad de ver a María y de aprender de ella, gracias por su amor de Madre y por todas las bendiciones que a través de ella, nos has dado a nosotros que la amamos y la descubrimos como modelo de discípulo que Tú nos has llamado a seguir.

Confío en tu compañía y en tu Bendición Señor, gracias por todo lo bueno que me das por ayudarme a ser cada día un mejor ser humanos.

Cómo mi madre María, me uno a sus eternas palabras de entrega que hacen y harán eco en nuestra historia de salvación: Hágase en mí según tu Palabra.

Amén

2.- Oración inicial.

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

  • "No tienen vino": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
  • "Hágan lo que Él les diga": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.
  • "He aquí la esclava del Señor": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.

3.- Día 26: ¡Qué guapa eres María!

Me viene a la cabeza el fervor con que tanta gente, en la Semana Santa de Sevilla, gritaba al paso de la Macarena: ¡guapa, guapa y guapa!

Con lo femenina que es nuestra Madre, podemos estar seguros de que le gustarán los piropos que le lancemos.

Madre mía, procuraré decirte algo -aunque sólo sea: ¡guapa!- cada vez que vea una imagen tuya.

¡Ah! y qué buena idea la de aquél que siempre que veía una chica guapa decía a María en su interior: ¡Tú sí que eres guapa!

4.- Oración final.

Amado Jesús, al igual que María, tu Santa Madre, quiero estar abierto siempre a la acción del Espíritu Santo, configurarme completamente a tu amor y tu misericordia.

Como ella, acepto también ser tu esclavo, tu siervo, atento siempre a escuchar tu Palabra y hacerla una acción de vida.

Deseo responderte siempre con generosidad y sencillez, como lo hizo María, quien supo escucharte y obedecerte desde siempre.

Y a ti, Oh María, amada universal del Verbo, la nueva Eva escogida, auxilio de los pecadores y de los que buscan tu intercesión, acógeme siempre bajo tu manto protector, soy también tu hijo y sé que te preocupas por mí.

Te ruego que poses tu mano sobre mis hombros y me guíes por el camino de tu hijo Jesús.

Como tú, quiero poder decir y sentir con toda la pasión de mi alma: "Mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador".

Amén.

 
 
Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con aportes de: Padre José Pedro Manglano

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, esposo fiel y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

 
 
 
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