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Categoría: Aprende a orar
consejos para mejorar tu relacion con Dios

A partir de las dificultades que se tiene en la vida de oración, aquí tienes algunos consejos para mejorar tu relación con Dios

Mejorar tu relación con Dios es un proceso que depende de cada persona. Es un proceso muy distinto para cada uno de nosotros los que buscamos a Dios y queremos que nuestra relación con Él vaya siempre en aumento.

Pero, para serte sincero, el hecho de ores todas las mañanas al despertar, todas las noches antes de ir a domir o ir a misa todos los domingos, no es una garantía de que tengas una relación fuerte con Dios. Por supuesto que tus oraciones, adoración y comunión, pueden ayudarte a conectarte y reconectarte con Dios. Sin embargo, si se mezclan con una vida poco coherente, con las inseguridades, miedos, deshonestidad de la vida diaria falta de acciones concretas que reflejen el amor de Dios, puede que termines teniendo una relación muy debilitada con Dios.

Una gran relación con Dios no se trata de charlas y ceremonias, sino de obras y sacrificios que realimos por amor a Él y a su Reino

Dios debe ser el centro de nuestras vidas, el eje fundamental por el que deben estar fijas todas nuestras acciones. Si Dios es nuestra meta definitiva, entonces el camino que lleva hacia tiene mucho que ver en cómo es nuestra relación con Dios.

10 consejos para mejorar tu relación con Dios.

A continuación, te menciono ahora algunos medios que pueden ayudar a mejorar tu relación con Dios. No es una lista extensa, así que puedes ir meditando paso a paso por cada uno de estos consejos.

En temas como el de la oración no hay elencos perfectos ni completos. No se puede decir: estos son los 10 medios, ni uno más ni uno menos... Comparto sólo algunos que considero importantes:

1. Traza un plan de vida.

"¿A dónde vas? ¿Qué pretendes?"

Al final de la vida ¿a dónde quieres llegar? ¿Quieres una vida feliz y una eternidad más feliz todavía junto a Dios en el cielo? Esto requiere tener visión y elegir los medios que te permitirán alcanzar tu objetivo final.

No te empeñes en vivir en miopía, sino disfruta tu capacidad de mirar a lo lejos. Tienes que saber a dónde quieres llegar y luego avanzar paso a paso hacia esa meta, haciendo las opciones y las renuncias que se requieran y corrigiendo la ruta cuantas veces sea necesario.

2. Practica la virtud de la humildad.

"Pregúntate quién eres y obra en consecuencia".

Hazte preguntas profundas y acepta la verdad sobre ti mismo. Date cuenta de que es absurdo vivir bajo la arrogancia de la autosuficiencia, que eres frágil, que tu vida no depende de ti, que tus cualidades las recibiste gratuitamente del Creador, que tu liderazgo debe estar fundado en el servicio y no centrado en ti mismo.

Podríamos decir que el hombre soberbio tiene tapadas las coronarias, es un sarmiento que no deja pasar la savia de la Vid y por tanto corre un grave riesgo de infarto, de muerte espiritual.

El hombre es más hombre cuando se pone de rodillas ante su Creador y Padre.

3. Busca la paz interior.

La paz interior se construye con medios naturales como pueden ser el silencio exterior e interior, la disciplina mental, el orden, la quietud.

Evita conflictos, pide perdón, perdónate, perdona y olvida. No ambiciones nada, no tengas envidia. La paz interior está dentro de ti.

Y sobre todo con medios sobrenaturales: descubre y cuida la presencia de Dios en tu alma por la vida de gracia, verdadera fuente de paz. Cimienta tu vida sobre las certezas de la fe, pon tu confianza en el Señor, ama siempre y a todos.

4. Cultiva la vida de gracia.

"Vida Eucarística y confesión frecuente".

Eucaristía: Comunión, visitas a Cristo Eucaristía, adoración eucarística. La Eucaristía es el alimento del orante. Como laico caminas en la selva y en el desierto, navegas en mares agresivos, tienes la responsabilidad de confesar tu fe en ambientes difíciles: necesitas audacia y fortaleza.

Confesión frecuente, conversión continua: Estar en gracia de Dios es valorar su amistad, cultivar la fidelidad en el amor, consciente de la propia debilidad y miseria que te lleva a hacer lo que no quieres (cfr. Romanos 7,19)

5. Pide a Dios el don de la intimidad.

El trato de amistad con Dios es un regalo que tenemos que pedir. Puedes esforzarte mucho remando contra corriente sin avanzar; hay que alzar las velas para captar el viento del Espíritu y avanzar bajo el impulso de sus alas.

"Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán". (Isaías 40,31)

Suplícale a María que Ella, como buena madre y como maestra de oración, interceda por ti y te obtenga de Su Hijo la gracia de la intimidad con Dios.

Pídele a la Virgen María que cada día le diga a Jesús: "No tiene vino" (cfr. Jn 2, 3) y espera que Jesús te haga el milagro de convertir el agua o el vinagre de la vida ordinaria en vino de amistad con Él.

6. Crece en el conocimiento de Cristo, sobre todo a través de la Escritura.

"La Iglesia recomienda insistentemente a todos sus fieles... la lectura asidua de la Escritura para que adquieran «la ciencia suprema de Jesucristo» (Filipenses 3,8).

Recuerden que, a la lectura de la Sagrada Escritura, debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre, pues "a Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras". (Catecismo 2653)

Cuando más se conoce a Jesucristo más se gusta su presencia, más le amas, más cerca quieres estar de Él. Para esto son de gran utilidad buenos comentarios de la Palabra de Dios, la lectura de los padres de la Iglesia, las catequesis del Papa, para comprender mejor su mensaje y aprender a desentrañarlo.

7. Detrás de un buen cristiano hay un buen Pastor.

Detrás de un buen deportista hay un buen entrenador, detrás de un buen pintor hay un buen maestro, detrás de un buen líder hay un buen mentor, detrás de un buen empresario hay un buen consejero...

Considerando las dificultades que tiene el laico en su vida de oración, creo que algunas cosas que debe cuidar el director espiritual son las siguientes:

  • Conocer profundamente a cada persona que atiende, escucharla, comprenderla, respetarla, buscar descubrir qué le pide el Espíritu Santo a cada uno, ayudarle a encontrar su camino de vida espiritual, su estilo propio de oración. Aquí la gradualidad y la flexibilidad son claves.

  • Compartir su experiencia del amor de Dios y ser reflejo de la misericordia de Dios.

  • Hablarles en un lenguaje que entiendan, sin dar por supuesto conocimientos básicos de la vida y de la doctrina cristiana (sacramento del bautismo, gracia, virtudes teologales, revelación, etc.). Corregir conceptos erróneos sobre la vida de oración y aclarar términos que hoy día se han deformado (como el mismo concepto de oración y de meditación).

  • Ayudarles a valorar, gustar, proteger, cultivar su vida de gracia.

  • Llevarles de la mano, orar con ellos, acompañarles, con sentido práctico y pedagógico, paciencia, comprensión, exigencia.

  • Enseñar con el ejemplo: sin poses. Que sus dirigidos gusten la vida de oración sobre todo a través de su testimonio.

8. Busca experiencias fuertes de encuentro contigo mismo y con Dios.

Hay quienes están satisfechos en los chapoteaderos porque no han hecho la experiencia de la belleza y la inmensidad del mar.

Un trampolín o rampa de lanzamiento en la vida de oración suelen ser las experiencias fuertes de encuentro con Dios, como son los ejercicios espirituales de conversión, las peregrinaciones, los talleres de oración, etc. Son actividades en las que se aprende mucho sobre la oración por el conocimiento de la doctrina de la Iglesia, el estudio de las escuelas de espiritualidad, el contenido de la vida espiritual, la explicación y la aplicación de diversos métodos y modalidades de oración, el intercambio de experiencias, la oración en común, etc. Experiencias a partir de las cuales dices: he probado y quiero más.

9. Cultiva el orden, la disciplina, la constancia.

La vida de oración es exigente y requiere disciplina. Si te propones un objetivo que sabes que es arduo y necesario, no puedes pretender que resulte solo.

Sabes que necesitas espacios de silencio y soledad, reservar tiempos de calidad para el encuentro personal con Dios, perseverar en tus resoluciones, como puede ser la de no dejar por nada la práctica de la meditación personal diaria una vez que la has comenzado. Esto requiere determinación, constancia, mortificación.

Tienes que quererlo: Si quieres perseverar en la lucha tienes que amar aquello que buscas, tener pasión por lo que haces.

Cada día renovar tu ilusión por llevar a Jesús a todas partes, tener una mejor comunicación con Él, decirle a Él y decirte a ti mismo: ¡quiero! ¡te quiero!

10. Sé práctico.

Pon medios prácticos que sabes que te ayudan. Por ejemplo:

  • Haz el hábito de descubrir en todo las huellas del Creador. Ten contacto con la naturaleza, asómbrate de su belleza y armonía, date tiempo para contemplar el cielo estrellado, para sentarte junto al río, para escuchar los pájaros por la mañana, y en todo eso descubrir las huellas del Creador.

  • Camina con los lentes de la fe, con atención, para descubrir la presencia providente de la misericordia de Dios en tantos acontecimientos, ordinarios y extraordinarios; reconoce al Espíritu Santo que te sale al encuentro y te ayuda de manera inesperada, que sabe sacar bien del mal y que suavemente te va modelando.

  • Trata con personas sencillas, de fe: los ancianos, los niños, los pobres; aprende de su nobleza, escúchales y descubre a Cristo en su mirada.

  • Participa en un grupo de oración: El Papa ha hablado de las "comunidades creativas" donde los laicos se apoyan entre sí y se ayudan a crecer y perseverar en la fe. Ellos se convierten en sal de la tierra, levadura en la masa, y desbordan y comparten el amor de Dios del que han sido testigos en la oración personal y comunitaria.

  • Busca un lugar que sea inspirador para ti: una capilla silenciosa, una ermita, un monasterio, un jardín…

  • Consigue libros de meditación cristiana, suscríbete a servicios que envían por correo puntos de meditación, suscríbete al blog de la oración para seguir nuestras publicaciones, etc.

Conclusión.

Construye tu relación con Dios que dure para siempre. Continúa trabajando en tu regalo de salvación. Persevera, No apagues el Espíritu Santo dentro de ti. Deja que tu fe trabaje a través del amor perfecto para que puedas tener confianza en todo momento y dirigirte a Dios como con un amigo.

"Por eso, queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido, trabajen por su salvación con temor y temblor, no solamente cuando estoy entre ustedes, sino mucho más ahora que estoy ausente. Porque Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor." (Filipenses 2:12-13)

Como habrás visto, estos han sido consejos sencillos que pueden llevarse a la práctica de la vida diaria si quieres mejorar tu relación con Dios.

Publicado originalmente en: La-oracion.com
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