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Categoría: Aprende a orar

Tu atención debe estar centrada en Dios. A continuación te damos algunos consejos para concentrarte mejor en el rezo del Rosario.

Cuando rezo el Rosario mi atención debe estar centrada en el amor de Dios, en su misericordia fiel, en su queres bajar a mi encuentro a través de la inmaculada Concepción de María, en su doloroso camino al calvaria derramando cada gota de su sangre por mí y por ti, para que encontraramos salvación. Estas son solo algunas cosas en las que deberís centrar tu atención cuando rezas el Rosario con fe y devoción.

¿Es poderoso rezar el Rosario?

El Rosario es una oración muy poderosa que siempre debemos tener en nuestros pensamientos. Buscar un momento adecuado para rezarlo se ha convertido en piedra de tranca para muchos, debido al gran nivel de estrés a las que nos vemos sometido en este mundo actual. Pero, el Rosario en sí, apacigua todos estos tormentos que vienen a nuestra mente para perturbarnos, solo tenemos que centrar nuestra atención en Dios.

Un rosario incluye cinco décadas, cada una precedida por una cuenta grande y seguida por un espacio. Después de decir el Padrenuestro al principio de cada década, la persona que reza el Rosario anuncia el misterio de la meditación y pausa unos segundos para reflexionar. Luego, mientras repite diez Ave Marías, centra su atención en una de las 20 escenas de la vida Cristo, pasando al siguiente misterio cuando llegue la próxima década.

Para cuando termine el círculo del Rosario, la persona habrá meditado en cinco episodios la vida de Jesús.

¿En qué debería centrar mi atención cuando rezo el Rosario?

En una publicación realizada en la-oracion.com, el Padre Dan Burke describe la respuesta a esta gran pregunta "¿En qué debería centrar mi atención cuando rezo el Rosario?". A continuación su explicación:

La respuesta es sencilla: tu atención debe estar centrada en Dios. Te invito a repasar lo que dice el Catecismo al hablar de la oración vocal (n. 2700):

"Por medio de su Palabra, Dios habla al hombre. Por medio de palabras, mentales o vocales, nuestra oración toma cuerpo. Pero lo más importante es la presencia del corazón ante Aquel a quien hablamos en la oración: «Que nuestra oración se oiga no depende de la cantidad de palabras, sino del fervor de nuestras almas».

Si tu corazón de alguna manera está enfocado o se siente atraído hacia Dios, estás caminando en la dirección correcta. Para ser mas específico, en cuanto al Rosario te recomiendo leer la Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae del Papa San Juan Pablo II en la que entre otras cosas escribió:

«María propone continuamente a los creyentes los "misterios" de su Hijo, con el deseo que sean contemplados, para que puedan derramar todas su fuerza salvadora. Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana está en sintonía con el recuerdo y con la mirada de María».

Por eso, cuando rezamos el Rosario, lo rezamos con María y a través de los ojos de María, centrando nuestra atención, al igual que ella, en Jesús mismo

Nuestra primera tarea al rezar el Rosario es unirnos a María en cada escena (misterio) que se presenta. Al hacerlo, le pedimos su ayuda y sus oraciones mientras contemplamos a Cristo.

Para traer esta realidad más cerca de nuestro corazón, podemos imaginarnos que estamos de pie al lado de María. Los dos miramos a Cristo en su agonía en el Getsemaní. Le susurramos a nuestra Madre que ruegue por nosotros mientras consideramos lo que Cristo sufre. Le repetimos nuestra petición mientras los dos continuamos penetrando más profundamente el misterio.

Principios para mantener la paz.

Sin importar dónde nos encontremos después de nuestro esfuerzo inicial por centrar nuestra oración en Cristo, hay varios principios que pueden ayudarnos a mantener la paz cuando nos distraemos:

  • Las distracciones son normales: Nuestro trabajo consiste en rechazar la distracción de manera apacible, ejercitando nuestra voluntad, y regresar nuestra atención a Dios. Si pasamos todo nuestro tiempo de oración volviéndonos hacia Él, la hemos hecho bien.

  • Cristo es la clave: Cada vez que nuestros corazones se sientan atraídos hacia Cristo, debemos procurar dejarnos atraer. Algunas veces, debemos seguir esta atracción hasta la contemplación silenciosa en la que dejamos de lado la oración vocal o discursiva para simplemente contemplarlo a Él. Si no estamos obligados por algún compromiso religioso a rezar oraciones de alguna forma específica, tenemos la libertad de dejar estas oraciones formales, una vez que ellas nos han llevado a la verdadera razón y al más alto objetivo de nuestro esfuerzo en la oración: adorarlo a Él.

Al final, lo importante es que tu alma descanse en Él y en la obra que Él realiza en ti. Sí, debes esforzarte en aumentar tu devoción y atención a Él en la oración.

Sin embargo, cuando nuestros corazones fervientes se topan con la frustración, es buena señal que el enfoque en nuestra oración está mal encaminado.

Se anima a los católicos a meditar en una serie de misterios cada día: los misterios gozosos los lunes y sábados, los misterios dolorosos los martes y viernes, los misterios gloriosos los miércoles y domingos, y los misterios luminosos los jueves.

Conclusión sobre el rezo del Rosario.

Cuando rezamos el Rosario de forma auténtica y con verdadera devoción a través de María, estamos alabando a su hijo Jesucristo, nuestro Señor.

El rosario ayuda a los creyentes a enfocarse en la vida de Cristo  a través de María, a través de su mirada tierna quien fue testigo de lo acontecido por nuestro Salvador.

Alice Camille, una educadora católica, afirma lo siguiente:

"Cuando rezamos el Rosario, buscamos el compromiso del pensamiento, la imaginación, la emoción y el deseo para pasar del estado de simple reflexión a la unión con Cristo. Puesto que María fue la primera persona en experimentar esa unión, ¿quién puede mostrarnos más perfectamente el camino?".

Santa María, Madre de Dios, Reina del Rosario, ruega por nosotros para que podamos centrar nuestra atención en el corazón de Dios.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con información de: La-oracion.com
Venezolano, esposo y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.
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