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Categoría: Evangelio dominical
milagro de la multiplicacion panes peces vasija

En el milagro de la multiplicación de los panes sucedieron cosas que quizás no te hayas dado cuenta. Conoce y entiende su significado

5 claves para conocer el milagro de la multiplicación de los panes.

El milagro de la multiplicación de los panes es uno de los milagros más hermoso que Jesús realiza a su pueblo, pues en este milagro de la multiplicación, Jesús revela un poderoso signo de su amor para con todos los que le siguen.

En este milagro de la multiplicación de los panes, Jesús involucra a sus discípulos para que brinden su ayude y colaboren con el Reino de Dios. Los panes y los peces los ofrece un muchacho, como signo de lo que ofrece el pueblo a Dios. De aquí, es que sabemos que Dios actúa en medio de nosotros, para nosotros, y con nosotros.

Miles de personas que presenciaron este milagro no entendieron completamente el propósito de Jesús de realizarlo, pues, luego de que la gente vio la señal que Jesús había hecho, comenzaron a decir: "Ciertamente éste es el Profeta que ha de venir al mundo". Jesús, sabiendo que tenían la intención de venir y hacerlo rey por la fuerza, se retiró de nuevo a una montaña por su cuenta. 

Las personas no entendían el propósito de Jesús con este milagro. Jesús no estaba interesado en impresionarlos para que pudiera convertirse en su rey y derrocar el antiguo gobierno romano bajo el cual vivían. Jesús quería mostrarles la riqueza y la abundancia del Reino de Dios.

Lo que podemos apreciar del milagro de la multiplicación.

En muchos de los milagros que obró Jesús, pedía que las personas pusieran algo de su parte, aunque sea algo pequeño:

  • Para dar de comer a las multitudes pidió unos pocos panes y peces, con eso multiplicó y hasta quedó de sobra. (Mateo 14,17-21)
  • Para curar al ciego de nacimiento le pidió que fuese a lavarse la cara en el pozo, aún estando ciego. (Juan 9,1-7)
  • Para curar al tullido le pidió que se levantara el sólo y que tomara su camilla. (Juan 5,6-9)
  • Para proporcionar el vino en Caná, pidió a los sirvientes que llenaran los cántaros con agua. (Juan 2,3-10)
  • Cuando Jesús pasaba a través de Samaria y Galilea entró en un pueblo, le salieron diez leprosos, se detuvieron a distancia y le gritaron: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!" Al verlos, Jesús, les pide algo: "Vayan y preséntense con los sacerdotes". (Lucas 17, 11-19)

En cada milagro, Jesús pedía la manifestación de la fe en algún acto concreto por parte de quien esperaba el milagro.

5 claves para entender el milagro de la multiplicación de los panes y peces.

A continuación, te invitamos a conocer esta cinco claves para entender el milagro de la multiplicación de los panes.

1. En la actualidad ¿ocurre este milagro?

Quiero contarte esta hermosa historia que quizás pueda abrirnos a todos el entendimiento un poco más:

Teresa tenía 8 años. Su hermanito Andrés estaba muy enfermo y no tenían dinero para la operación. Teresa oyó decir a su padre: "Sólo un milagro puede salvar a Andrés". Teresa tomó sus ahorros, se fue a la farmacia y le dijo al farmacéutico:

- "Mi hermano está muy enfermo. ¿Cuánto cuesta un milagro?"

El farmacéutico se agachó y le preguntó a la niña:

- "¿Cuánto dinero tienes?". Ella respondió: "Un dólar y cinco centavos".

- "Estupendo, eso es exactamente lo que cuesta un milagro para los hermanitos".

Cogió el dinero de la niña y le dijo:

"Llévame a tu casa. Veamos si tengo la clase de milagro que necesitas".

Aquel hombre era un cirujano. Operó al niño y quedó bien. Su madre decía:

- "Esa operación ha sido un verdadero milagro. ¿Cuánto habrá costado".

Teresa sonreía. Ella sí lo sabía: costó un dólar y cinco centavos, más la fe de una niña". (Félix Jiménez, escolapio)

Para dar vida, hacer feliz, ayudar, amar, perdonar, no se necesita mucho: basta una sonrisa, una buena palabra, un abrazo sincero, una cálida acogida, estar ahí. Pero además, Jesús podía multiplicar los panes.

2. Cómo ocurrió el milagro de la multiplicación.

En realidad la historia comienza con Herodes, que encarcela y decapita al Bautista. Y Jesús sabe que puede correr la misma suerte, porque actúa como Juan el Bautista.

Por eso Él decide prudentemente desaparecer de escena por unos días, y se montó en una barca para ir a un sitio tranquilo y apartado.

Pero la gente se entera adónde irá, y llega por tierra antes que Él. Total: Jesús desembarca y se encuentra frente a una gran multitud, que lo está esperando. La gente estaba asombrada y curiosa:

"¿Quién es este Jesús, que se preocupa tanto por los enfermos y tiene tanto poder, que hasta sana a muchos de ellos? ¿Qué sorpresas nos trae?"

Aquel día especialmente Jesús, viendo tanta gente, sintió compasión. Ve aquella multitud agobiada y enferma. La observa, la mira con profundidad, lee en sus rostros el dolor, la enfermedad, el agobio, y se pone en seguida a curarlos de sus enfermedades, a enseñarles muchas cosas y a atender con cariño a cada persona que se acercaba a Él. Era una gran multitud: 5.000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Jesús les alimenta primero con la Palabra de vida y después con el pan multiplicado. Ni siquiera espera a que se lo pidan. Él se adelanta. Va cayendo la tarde, y los discípulos le dicen que despida a la multitud. Pero Jesús les reta: "Dénles ustedes de comer". Ellos se excusan diciendo: "Sólo tenemos cinco panes y dos peces."

Eran de un muchacho previsor. También en la Patagonia (Argentina), una de las características del así llamado "hombre del desierto" es que siempre lleva algo de comida, cuando sale de casa. (Miguel Petty, sj)

Jesús los tomó, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, y ellos a la gente. Y comieron todos hasta saciarse, y recogieron doce cestos llenos de sobras.

3. El milagro de la multiplicación de los panes en otras épocas.

¡Así es! En otro momento de la historia también se realizó otro milagro de la multiplicación de los panes. En el segundo Libro de Reyes (4,42-44) se narra cómo el profeta Eliseo alimentó a 100 personas con un poco de pan de cebada. La historia fue así:

"Llegó un hombre de Baal Salisá, trayendo al hombre de Dios pan de los primeros frutos: veinte panes de cebada y grano recién cortado, en una alforja. Eliseo dijo: "Dáselo a la gente para que coman". Pero su servidor respondió: "¿Cómo voy a servir esto a cien personas?" "Dáselo a la gente para que coman, replicó él, porque así habla el Señor: Comerán y sobrará". El servidor se lo sirvió; todos comieron y sobró, conforme a la palabra del Señor" (2 Reyes 4,42-44)

Ambas historias se parecen bastante. Estas alimentaciones también recuerdan al maná en el desierto (Exodo 16; Números 11) Así lo recuerda el evangelista Juan (Juan 6,31-51), después de contar la multiplicación de los panes.

4. Los frutos de este milagro.

  • El humanismo del Hijo de Dios. Es una historia de compasión.
  • La iniciativa de alimentar a la muchedumbre es de Jesús. Nadie se lo pide.
  • Pide la colaboración de los hombres: "Denles ustedes de comer". Y comienza con aquellos cinco panes y dos peces del muchacho.
  • Es un milagro, fruto de la oración.
  • Generosidad y abundancia. "Y fueron saciados" (v. 12). Pero sin derroche. No se bota nada. Recogieron doce cestas de pedazos de pan de cebada (v. 13). Es decir, una cesta por cada tribu de Israel.

5. El Milagro de la multiplicación y la Eucaristía.

Dice el evangelio: "Jesús tomó, bendijo, partió y dio". Son las mismas palabras de Jesús en la Última Cena, cuando instituyó la Eucaristía (Leer Mateo 26). Es la única historia milagrosa que se encuentra en los cuatro Evangelios. La Eucaristía es el significado principal en ellos.

Asimismo la posición arreglada de la gente sentada en grupos sobre la hierba, la oración de invocación y bendición, el acto litúrgico de partir el pan, el paralelo inmediato a la muerte de Juan Bautista, todas estas acciones son pistas inequívocas que señalan a la celebración de la Última Cena del Señor.

Más aún, Jesús poco después hablará a la misma gente del Pan de vida, que es su Cuerpo inmolado. Curiosamente, sólo son los panes (y no los peces) los que son específicamente repartidos a los discípulos para distribuirlos (14,19)

Hoy en día también Jesús espera de nosotros que pongamos algo de nuestra parte para confirmar así nuestro desprendimiento.

Estoy seguro de que Dios, así como realizó el milagro de la multiplicación de los panes y peces, Él también multiplicará lo que le damos hasta setenta veces siete, pero tenemos que entregarle algo, tenemos que dar todo nuestro esfuerzo, pues Jesús, estará siempre dispuesto a darnos lo que pedimos si lo hacemos con absoluta fe y entrega. ¿Que estás dispuesto a darle a Jesús?

Redacción: Padre José Martínez de Toda, S.J., PildorasdeFe.net
Coordinador del Sector Comunicación de la CPAL (Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina) Venezuela
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