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3 formas de ayudar a los hijos para que aprendan a perdonar

 
 
   
 
 
 

Como amamos mucho a nuestros hijos y queremos que vayan al cielo, debemos ayudarles para que aprendan a perdonar y pedir perdón

 

"Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes". (Mateo 6,14-15)

Cuando pensamos en cómo llegar al cielo, muchos de nosotros recordamos la importancia del arrepentimiento.

Sabemos que es necesario decir "Lo siento" y tratamos de enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo. A veces, aunque, nos enfoquemos en el arrepentimiento, podemos olvidarnos de ser enfáticos en darle vuelta a la moneda-el perdonar.

Como nos lo señala la cita al inicio de este artículo, no debemos solo sentirnos arrepentidos por nuestros propios pecados; sino que debemos también perdonar a los demás si queremos que Dios nos perdone a nosotros.

Y como amamos mucho a nuestros niños y queremos que vayan al cielo, debemos ayudarles para que aprendan, no solo a sentir contrición en sus propios corazones, pero también a que puedan perdonar a otros.

¿Cómo ayudar a los hijos para que aprendan a perdonar?

Enseñarles a amarrar las cintas de sus zapatos, abotonarse la camisa o a cepillarse los dientes es fácil- estas lecciones practicas tienen pasos bien claros. Una vez que los niños aprenden el proceso, no necesitamos estar enseñándoles nuevamente a hacerlo.

Pero, aprender a perdonar es diferente. El proceso nunca termina. Incluso nosotros, como adultos, necesitamos aprender una y otra vez. La lección continua de por vida.

Sin embargo, hay algunas cosas concretas que podemos hacer para ayudar a nuestros niños a aprender a perdonar. El sacramento de la confesión esta al inicio de la lista; nada nos da mayor entendimiento de la misericordia que el efecto real de la gracia en nuestras vidas.

Adicionalmente a obtener gracia sacramental, aquí hay algunas otras ideas para que los niños aprendan a perdonar:

1.- Enseñarles a decir "TE PERDONO"

A los niños, hay que enseñarles a decir "Te perdono" cuando alguien dice "Lo siento".

Las palabras importan. Jesús es la Palabra de Dios, y tenemos la oportunidad de reflejarlo en las palabras que pronunciamos.

He notado que nuestra cultura tiende a resaltar ciertos términos de cortesía, como gracias y de nada, pero no siempre la respuesta. Cuando decimos "gracias" por ejemplo, podemos recibir respuestas como: "claro", "no hay problema", "ya sabes" o "m-hum".

Estas respuestas han reemplazado el "por nada" en el vocabulario diario, pero es cierto que no expresan el mismo sentimiento o que signifiquen lo mismo.

Los mismo sucede cuando nos disculpamos. Cuando alguien nos dice "Lo siento", nuestra respuesta es muchas veces, "está bien", o incluso solo asentimos con la cabeza.

En muchos casos, omitimos la respuesta que significa más: "te perdono". Ninguna otra respuesta se acerca más profundamente al significado que estas dos palabras encierran.

Es una simple, pero poderosa, lección el enseñar a nuestros niños a decir, "Te perdono", cuando alguien nos dice "Lo siento".

No podemos forzarlos a decir algo que no sienten, (de lo contrario les estaríamos pidiendo que mientan), así que por ultimo están en la libertad de decir lo que sientan, pero podemos motivarlos y explicarles que tan importante es arrepentirse y también que tan importante es perdonar.

Podemos compartir las palabras de Jesús acerca del perdón con ellos, y podemos orar porque nuestros niños tengan un corazón que pueda perdonar. Podemos decirles que no siempre es fácil pronunciar estas palabras, pero que ganamos importantes batallas contra el enemigo de las almas cuando podemos vencer la tentación de retener el perdón, y que podemos lograr decir las palabras, aunque sean tan difíciles de pronunciar.

También podemos ser nosotros mismos, modelos de estas palabras, utilizándolas con nuestros niños y con nuestros conyugues cada vez que la oportunidad se presente.

2.- Darles oportunidades.

Hay que darles una segunda oportunidad (y tercera, y cuarta y setenta veces siete oportunidades)

Hace unos meses, mis hijos y yo nos sentamos en Misa detrás de una madre y sus hijos. Ella estaba visiblemente cansada y exasperada por el comportamiento de su hijo más pequeño.

En un momento de la misa, ella lo reprendió fuertemente por subirse en el respaldo de la banca y le dijo que no tendría una dona después de la Misa.

"¡Por favor mama!" rogo el niño en un suspiro desesperado:

"¿Por favor?" "¡me portaré mejor! ¡Seré bueno! ¡Por favor!"

Estaba verdaderamente arrepentido, pero su madre estaba muy seria. Le dijo molesta que no había forma que obtuviera su dona de regreso; se había comportado muy mal.

No era mi intención ser entrometida, hubiese preferido poner atención a lo que sucedía en el altar, pero esta escena estaba ocurriendo justo frente a mí, y no era posible no verlo. Tampoco es mi intención juzgar a la madre cuando era evidente su cansancio y molestia. Ser padres puede ser algo muy difícil, y puede haber un sinnúmero de circunstancias que uno desconoce.

Pero viéndolo a la distancia, el niño tampoco estaba siendo terrible, sino siendo un niño, y no puedo dejar de pensar en lo mejor que pudo haber sido para ambos si ella lo hubiese perdonado y le hubiese dado una segunda oportunidad.

Eso los hubiese hecho muy felices a ambos. En mi mente rogaba porque ella lo hiciera y pensaba:

"¡Dale una segunda oportunidad!".

No solo por el bien del niño, sino por el de mamá también. Ella pudo haber tenido mucha más paz al ofrecerle misericordia en lugar de regañarlo enojada.

Dios nos da a nosotros una y otra oportunidad para que hagamos las cosas mejor, luego de ofenderlo. El también nos da la habilidad de alcanzar con esa misma misericordia a nuestros hijos, especialmente en Misa, donde es tan importante desarrollar esos sentimientos buenos.

En nuestra familia, cuando le doy a alguien una segunda oportunidad, muchas veces le digo algo como:

"Bueno como es domingo, que es un día de misericordia, tendré misericordia contigo y te daré una segunda oportunidad".

O también:

"Dios siempre es misericordioso con nosotros, así que yo te mostraré misericordia a ti".

Uno de mis cuatro hijos, luego de descubrir este patrón de comportamiento, comenzó a decirme:

"¿Me das otra oportunidad ya que también hoy es un día de misericordia?".

Eso nos hizo reír a ambos. Cuando el perdón y la gracia fluyen con libertad, todo se siente más ligero (y los niños deben aceptar el reto de comportarse mejor también.)

3.- Que te vean perdonando a otros.

Es una lección de humildad, saber que los niños no aprenden solo por lo que decimos, pero también (e incluso mas) por lo que hacemos.

Puede que no tengamos muchas oportunidades de mostrar a los niños como perdonamos grandes ofensas, pero la vida nos presenta oportunidades a diario para mostrar como perdonar a otras cosas pequeñas.

Hace unos meses, conducía con mis hijos en nuestra camioneta cuando otro conductor se nos cruzó sin precaución, su forma de conducir era descuidada y parecía que podía generar un accidente en cualquier momento. Logre evadirlo y se salió rápidamente un comentario de "conducir como un idiota".

En medio de mi enojo con el otro conductor por exponer nuestra integridad, el Espíritu Santo me recordó que tenía una oportunidad de mostrar a los niños como responder mejor.

Respiré profundamente y dije algo como:

"...Estoy realmente molesta con ese conductor por ponernos en peligro y manejar de manera imprudente, pero no debí llamarlo así. Lo que debo hacer es orar por él. Así que eso haré. Señor, ayuda a esa persona a conducir mejor. Lo perdono y te pido que lo protejas a él y a cualquier otra persona en la carretera".

No siempre recuerdo a tiempo como aprovechar estas oportunidades, pero cuando lo hago, puedo darme cuenta que los niños están prestando atención.

Cuando un cajero es pesado, cuando se meten en la fila, o cuando un amigo nos hace daño: todos estos momentos difíciles pueden convertirse en recordatorios que nuestros hijos lleven con ellos, memorias que, si respondemos bien, les pueden ayudar a poder perdonar cuando se encuentren en situaciones similares en sus propias vidas.

Si los niños aprenden, de nuestro ejemplo, a decir "te perdono", a dar segundas oportunidades y a perdonar y orar por una persona que los haya ofendido, entonces ellos pueden compartir esto con otros.

Cada esfuerzo que hagamos para ser ejemplos de perdón para ellos, puede tener fruto, no solo en el presente, pero por años y generaciones venideras, para que todos hagamos un esfuerzo por perdonar a otros sus ofensas y orar porque Dios perdone las nuestras.

"Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo". (Efesios 4,32)

 
 
Adaptación y traducción por Manuel Rivas, del artículo publicado en: Catholic Exchange, autor: Maura Roan Mckeegan

pildorasdefe manuel rivasManuel Rivas, Salvadoreño, feliz esposo y padre de familia. Testimonio fiel de como Dios puede tocar nuestras vidas. A través de estos medios quiero ayudar a llevar el mensaje de Jesús a todo el que lo necesite y poner mi vida a trabajar para su obra

 
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