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Categoría: Familia

El perdón es sanador. Perdonar significa renunciar a la venganza. Perdonar es abandonar la ira y rencor. Perdonar es recordar sin sufrir

Perdonar significa renunciar a la venganza. Se puede perdonar; pero en distintas situaciones, sufrimos ofensas, decepciones, tristezas o dolor provocados por otras personas. Esas sensaciones suelen ser difíciles de sobrellevar y nos cuesta perdonar. En ocasiones nos encerramos en ellas, y en otras, renunciamos al orgullo y buscamos la paz. ¿Cómo saber perdonar?

El perdón en la Biblia.

Como lo define la Biblia, el perdón es un acto de liberación. El perdón que tenemos en Cristo implica la liberación de los pecadores del castigo y de la completa desestimación de todos los cargos contra nosotros

"Por lo tanto, ya no hay condenación para aquellos que viven unidos a Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu, que da la Vida, te ha librado, en Cristo Jesús, de la ley del pecado y de la muerte". (Romanos 8,1-2)

San Pablo, en su carta a los Colosenses (1,14) nos dice

"Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados". (Colosenses 1,13-14)

El perdón misericordioso de Dios de nuestros pecados debe ser la medida de nuestro perdón misericordioso para con los demás. No podemos recibir un perdón que no somos capaces de dar.

"Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo". (Efesios 4,32)

Ante esto, también surge la pregunta que todos nos hacemos, si perdonar es lo mismo que olvidar.

El padre Sebastián García, de la Congregación Sagrado Corazón de Jesús en Capital Federal, dialogó con Radio María y reflexionó al respecto. El Padre Sebastián indicó lo siguiente:

3 dimensiones sobre el perdonar.

  1. La primera es que perdonar no es igual a olvidar.
  2. La segunda es tratar de no responder de la misma manera con el mal que me causaron.
  3. La tercera, es mirar la historia y dar gracias por las ofensas que sufrí, porque esconden un sentido redentor.

El desafío al que nos invita Jesús es el de vivir reconciliados. En primer lugar, perdonar significa renunciar a la venganza. Es no devolver al mal que me han causado con otro mal mayor.

Que una persona pueda perdonar de corazón no significa que vaya a olvidar el daño causado. Cuando vemos situaciones de personas que nos han herido o lastimado, es muy difícil olvidar, pero la no capacidad de olvido no hace imposible el perdón, sino al contrario. Con esa herida en el corazón y en el alma, puedo ofrecer una primera instancia de perdón

Ante el recuerdo doloroso, está la opción de perdonar

Muchas veces no nos vamos a olvidar del mal que nos causaron o que causamos, pero podemos perdonar, que es la capacidad de recrear un vínculo y renunciar a pagar el mal con el mal.

Desde la mirada creyente, esas situaciones en que me han ofendido o lastimado son ocasión y posibilidad de nueva vida. Yo le puedo dar gracias a Dios por las heridas de mi vida, por esta posibilidad de nueva vida, de ver desde una nueva perspectiva.

Si uno lee el Evangelio, ve que Jesús sufre las opresiones y las carga en su propia cruz. Si uno lo ve fríamente, perdonar no sirve. Pero si lo ves de una perspectiva de fe, perdonar es el acto en el que más nos asemejamos a Dios.

Nos hacemos más seres humanos y cristianos en la medida en que más perdonamos. A veces tenemos que perdonarnos a nosotros mismos, porque Dios perdona todo.

¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado?

El Padre Ignacio Larrañaga nos dejó una meditación sobre el perdón que vale la pena dejar como aporte en este espacio:

Pocas veces somos ofendidos; muchas veces nos sentimos ofendidos.

Perdonar es abandonar o eliminar un sentimiento adverso contra el hermano.

¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado? 

El que es odiado vive feliz, generalmente, en su mundo. El que cultiva el rencor se parece a aquel que agarra una brasa ardiente o al que atiza una llama. Pareciera que la llama quemara al enemigo; pero no, se quema uno mismo.

El resentimiento solo destruye al resentido.

El amor propio es ciego y suicida: prefiere la satisfacción de la venganza al alivio del perdón. Pero es locura odiar: es como almacenar veneno en las entrañas.

El rencoroso vive en una eterna agonía.

No hay en el mundo fruta más sabrosa que la sensación de descanso y alivio que se siente al perdonar, así como no hay fatiga mas desagradable que la que produce el rencor. Vale la pena perdonar, así como no hay fatiga más desagradable que la que produce el rencor. Vale la pena perdonar, aunque sea solo por interés, porque no hay terapia mas liberadora que el perdón.

No es necesario pedir perdón o perdonar con palabras. Muchas veces basta un saludo, una mirada benevolente, una aproximación, una conversación. Son los mejores signos de perdón.

A veces sucede esto: la gente perdona y siente el perdón; pero después de un tiempo, renace la aversión. No asustarse. Una herida profunda necesita muchas curaciones.

Vuelve a perdonar una y otra vez hasta que la herida quede curada por completo. (Padre Ignacio Larrañaga)

Una oración para perdonar.

Nuestro Señor Jesucristo vino a liberarnos  de la esclavitud del pecado, otorgándonos a todos la gracia del Perdón a través de su sacrificio de amor ¿Estás listo para perdonar?

Padre, perdóname porque no he sabido perdonar. He almacenado recuerdos dolorosos en mi corazón con los culaes he cosechado la ira, el rencor, el deseo de vengarme y todo lo relacionado con el odio. Sé que nada de eso proviene de Ti y te pido perdón.

Sana mi corazón de esos malos sentimientos que me carcomen por dentro. Ayúdame a saber perdonar, a desterrar todo rencor anidado en lo profundo de mi interior. Solo con tu gracia podré hacerlo. Me confío a ti, a tu Sagrado Corazón. Amén.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con información de: Radio María Argentina

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, esposo fiel y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

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