Este sitio web utiliza Cookies para mejorar la experiencia de usuario
Respetamos tu privacidad. Tus datos son guardados de forma segura. Consulta nuestra política de privacidad
     
CONOCE TU FE - CAMINANDO EN LA FE - FE CATÓLICA - AUMENTA MI FE

¿Comulgar sin confesarse? Ten mucho cuidado.

 
 
   
 
 
 

Cuidado con comulgar sin confesarse. Muchos de los que se acercan a comulgar no reúnen las condiciones necesarias. Confesarse es esencial

 

Comulgar sin confesarse parece ser un hábito de muchos, pero hay que tener cuidado porque comulgar sin confesarse es peligroso, ya que es requisito previo el confesarse para comulgar y recibir al Señor en estado de gracia.

Participar en la comunión es compartir y recordar tu alianza con Dios. El pacto hecho posible por el sacrificio de Cristo.

¿Que es comulgar?

La Sagrada Eucaristía es el más importante de los siete sacramentos porque, en éste y en ningún otro sacramento, recibimos el mismo cuerpo y sangre, alma y divinidad de Jesucristo. Innumerables y preciosas gracias nos llegan a través de la recepción de la Sagrada Comunión.

La Sagrada Comunión es un encuentro íntimo con Cristo, en el cual recibimos sacramentalmente a Cristo en nuestros cuerpos, para que podamos ser asimilados más completamente en los suyos. "La Eucaristía construye la Iglesia", como dijo el San Juan Pablo II (Redemptor Hominis 20). Profundiza la unidad con la Iglesia, asimilándonos más plenamente a Cristo.

Cristo en la Eucaristía también fortalece al individuo porque en ella Jesús mismo, el Verbo hecho carne, nos da la fuerza para resistir al pecado mortal. Es también el canal mismo de la vida eterna: Jesús mismo.

Comulgar sin confesarse.

La Iglesia Católica establece pautas específicas con respecto a cómo debemos prepararnos para recibir el cuerpo y la sangre del Señor en la Comunión.

1. Estar en estado de gracia

"Por lo tanto, quienquiera que coma el pan o beba la copa del Señor de una manera indigna, será culpable de profanar el cuerpo y la sangre del Señor. Examínese a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa" (1 Cor. 11, 27-28).

Este es un requisito absoluto que nunca se puede dispensar. Recibir la Eucaristía sin gracia santificante en tu alma profana la Eucaristía de la manera más dolorosa.

Un pecado mortal es cualquier pecado cuya materia es grave y que ha sido cometido voluntariamente y con conocimiento de su gravedad. La materia grave incluye, pero no se limita a, asesinar, recibir o participar en un aborto, actos homosexuales, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio o en un matrimonio inválido, y deliberadamente participar en pensamientos impuros (Mat. 5,28-29).

Las Escrituras contienen listas de pecados mortales (por ejemplo, 1 Corintios 6,9-10 y Gálatas 5,19-21). Para más información sobre lo que constituye un pecado mortal, vea el Catecismo de la Iglesia Católica.

2. Haberse confesado desde tu último pecado mortal.

"Pero primero confiesa tus faltas, para que tu sacrificio sea puro" (Didaché 14).

El Código de Derecho Canónico de 1983 indica que el mismo requisito se aplica hoy en día.

"La persona que es consciente de un pecado grave no debe... recibir el cuerpo del Señor sin confesión sacramental previa, a menos que exista una razón grave y no haya oportunidad de confesarse; en este caso, la persona debe ser consciente de la obligación de hacer un acto de contrición perfecta, incluyendo la intención de confesarse tan pronto como sea posible" (CIC 916).

El requisito de la confesión sacramental puede dispensarse si se cumplen cuatro condiciones:

1. Debe haber una razón grave para recibir la Comunión (por ejemplo, peligro de muerte),

2. Debe ser física o moralmente imposible confesarse primero,

3. La persona debe estar ya en estado de gracia por medio de la contrición perfecta, y

4. Debe resolverse a confesarse tan pronto como sea posible.

Para comulgar hay que confesarse.

En una publicación realizada en el Blog Periodimo Católico, le traemos algunas observaciones a considerar para antes de comulgar.

Cualquier observador atento de las celebraciones litúrgicas habrá constatado un fenómeno generalizado que se está convirtiendo en algo normal. A saber:

  • Ha disminuido alarmantemente, el número de fieles que acceden al sacramento del perdón.

  • Ha aumentado considerablemente, el número de fieles que se acercan a comulgar.

  • Bastantes celebraciones sacramentales (bautizos, bodas, funerales... ), para muchos asistentes, son meros actos sociales.

La enseñanza de la Iglesia, basada en la Palabra de Dios, ha sido constante a lo largo de los siglos. Siempre ha enseñado que para comulgar, se precisa estar en gracia de Dios, sin pecado grave en la conciencia, y guardar el ayuno pertinente.

En la preciosa encíclica del Papa San Juan Pablo II sobre la Iglesia y la Eucaristía en su nº 36c, el Papa ha dejado clara la enseñanza oficial de la Iglesia expuesta en el Catecismo, en el Código de Derecho canónico y la vigencia de la norma del Concilio de Trento concretando la severa exhortación del apóstol San Pablo, al afirmar que, para recibir dignamente la Eucaristía, "debe preceder la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado mortal".

No trivializar la Comunión

No es exagerado afirmar que muchos de los que se acercan a comulgar no reúnen las condiciones necesarias para ello; sea por ignorancia, por falta de fe, por rutina o mimetismo (¿dónde va Vicente?..) o por estar en pecado grave, incluso años sin confesarse etc...

Esta praxis está llevando a una trivialización del sacramento principal de la Iglesia y a un falseamiento de la conciencia de muchos bautizados.

Los responsables directos de cada celebración eucarística (abusos, sacrilegios, etc...) son los ministros ordenados, obispos y sacerdotes, que presiden las mismas.

A falta de una catequesis adecuada y previa ¿No cabría una advertencia hecha con todo respeto a los presentes, antes de dar la comunión?. Verbi gratia. No hay obligación de acercarse a comulgar... Los que vayan a hacerlo, examinen su conciencia ante Dios y vean si están en su santa gracia.

El tomar conciencia de este fenómeno es urgente, muy grave y de la máxima responsabilidad.

Comulgar y dar gracias.

Después de recibir la Comunión, es apropiado quedarse después de la Misa y agradecer a Jesús por venir a tu corazón en la Sagrada Eucaristía. La Iglesia así lo ordena:

"Se recomienda a los fieles que no dejen de dar gracias después de la Comunión. Pueden hacerlo durante la celebración con un período de silencio, con un himno, un salmo u otro canto de alabanza, o también después de la celebración, si es posible quedándose atrás para rezar por un tiempo adecuado". (Inaestimabile Donum 17).

Después de recibir a Jesús en toda su totalidad y de internalizarlo en el suyo, ¿no podrías agradecer esto?

Más sobre comulgar y confesarse

 

 
 
Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con aportes de: Periodismo Católico

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, esposo fiel y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

 
¿Te gustó lo que leíste? Compártelo en tus redes sociales
 
 
  Facebook      Twitter       WhatsApp   
 

Déjanos tus comentarios

Artículos de interés

 
 
santa barbara no es chango santeria martir de la iglesia
 
chica abraza familiar hombre perdon
 
papa francisco rostro preocupado cosas que llevan a la soledad
 
esposos recien casados en boda sostiene ramo de flores matrimonio
 
novena a la inmaculada concepcion de maria dia  mujer pura y de virtudes
 
 
virgen de guadalupe novena en honor a maria nuestra senora de guadalupe
 
 

Twitter del Papa Francisco

 

Noticias del Papa Francisco y la Iglesia

 
 
papa francisco sonrie rostro jesucristo rey
 
- Lo más leído -
 

Oración de liberación del miedo, la angustia y el dolor emocional

El poderoso significado liberador de la Cruz y Medalla de San Benito

¿Comulgar sin confesarse? Ten mucho cuidado.

La poderosa oración que está transformando los matrimonios

Oración para vencer el miedo y aumentar la confianza

San Miguel Arcángel: nuestro gran defensor en el combate espiritual