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Categoría: Caminando en la fe
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La enseñanza que nos deja Nuestro amado Señor Jesucristo a través de El Camino de Emaús, revela 7 formas de Acompañamiento Espiritual para sanar el corazón

7 formas de Acompañamiento Espiritual con el Camino de EMAÚS.

El acompañamiento espiritual tiene como objetivo final fomentar y estrechar ese vínculo que tenemos con Dios. El viaje espiritual, por así decirlo, consiste en propiciar un acercamiento íntimo moviéndonos en la dirección de nuestra relación con Dios, el movimiento hacia la plenitud (santidad). El Acompañamiento Espiritual es un proceso de reconocimiento y sanación mediante el cual, interviene un acompañante, un acompañado y el Espíritu Santo de Dios, que nos ayuda a acercarnos más a Dios. A través de la conversación con un acompañante espiritual, en un clima de confianza y empatía, se pretende ayudar al acompañado a que pueda llegar a tener una conciencia más profunda de la presencia de Dios en su vida cotidiana.

Un acompañante espiritual te ayuda a responder a la Presencia de Dios, a saber adentrarte en ese camino espiritual que te hará crecer en la fe y cómo aplicarla en todos los ámbitos de tu vida. El acompañante es una persona que te escucha y te apoya y que crea un entorno favorable en el que puedes examinar con honestidad tu relación con Dios.

Acompañamiento Espiritual al Estilo del Camino de Emaús.

En la experiencia vivida por los discípulos de Emaús con el Señor, encontramos a unos hombres que habían experimentado una pérdida, que han visto quebrada su esperanza, incluso, que no reconocían al Maestro como Mesías e hijo de Dios en ese momento, sino que más bien lo asumen como un profeta poderoso que ha sido asesinado. Hombres que, aunque ya conocían al Maestro, no le conocían a profundidad, no estaban plenamente seguros de sus promesas. Es por ello que, sumado al dolor de la pérdida, experimentaban confusión, e incluso se alejaban de aquel lugar donde habían visto perecer su esperanza. Y en más de una ocasión he estado yo misma en esa posición y escuchado el dolor de personas que experimentan lo mismo: "haber puesto todas mis expectativas en algo que se ha perdido".

Ellos, hombres sumergidos en la visión de las circunstancias, de los acontecimientos dolorosos, de sus sentimientos y del pasado, no tienen capacidad de ver y discernir quién camina con ellos, pero esto no es un obstáculo para el Señor, quien siempre acompaña de manera respetuosa e incansable. Como buen Pastor, consuela y sostiene nuestros dolores.

7 formas de Acompañamiento Espiritual con el Camino de EMAÚS

En la labor de acompañamiento espiritual del Señor, podemos observar muchos aspectos interesantes que nos deja la enseñanza de Jesús en el Camino de Emaús. He podido interpretar 7, seguro que hay muchas más. Pero estas me parecen que tienen el enfoque central de un Acompañamiento.

1. Tomar la iniciativa.

Jesús toma la iniciativa, se acerca, camina con ellos. Jesús va por quien lo necesita, toma la iniciativa, está disponible, no está en lugares inaccesibles donde no se pueda llegar.

El acompañante espiritual debe ser alguien que se interesa por el dolor del otro, se acerca y está accesible, disponible.

2. Acercamiento progresivo.

Jesús se acerca incluso cuando ellos no son capaces de reconocerlo. Él no espera circunstancia perfectas, sino que se dispone a revelarse en medio de lo que hay, progresivamente, sin afán.

Esta es una indicación clara de que nosotros, como acompañantes, debemos ser capaces de reconocer el momento en el cual se encuentra el otro, acogerle sin exigencias, tal como es, en su realidad, e ir dando pasos progresivos para el descubrimiento de la verdad.

3. Practicar la Escucha.

Jesús no les dice quién es Él, no se anticipa, no apura el resultado, no les quita la aflicción de golpe. Por el contrario, quiere escuchar, le interesa que el otro pueda expresarse. No revela verdades antes de tiempo. Primero escucha, y para fomentar que el diálogo se dé, hace preguntas. Incluso sabiendo lo que aflige sus corazones, se manifiesta como uno más y quiere escucharlos. Escuchar es un acto de amor, y el Señor no se quiere ahorrar ningún acto de amor hacia los suyos, así que es capaz de ser paciente y dejarles expresarse. Les permite manifestar su pesar y su falta de esperanza.

Como acompañantes espirituales, nuestra labor implicará facilitar las condiciones para un diálogo abierto, hacer preguntas que permitan que el otro se exprese, manifieste su mundo interior y pueda ver aquello que hay dentro de sí, mientras nos permite verlo a nosotros. La escucha será esencial y precederá cualquier intento de transmitir alguna idea que podamos tener. En el Acompañamiento Espiritual es necesario tomarse el tiempo necesario de escuchar sin apurar al otro, sin intentar revelarle cosas para las cuales aún no está preparado, sin buscar anticipar tiempos que no son nuestros.

4. Facilitar el Desahogo.

Aun cuando Jesús escucha atento, su labor de acompañante no es solo facilitar el desahogo. Él reconoce la necesidad que ellos tienen de exteriorizar lo que les aqueja, pero no los deja en ese estado. Luego de escuchar, es tiempo de revelarles lo que está observando en ellos: falta de comprensión y lentitud para creer. Jesús no quiere dejarlos en el estado de pesadumbre y tristeza, sino mostrarles una esperanza aún mayor.

Como acompañantes, hemos de propiciar que el otro sea capaz de reconocer sus "puntos ciegos", esas cosas que están obstaculizando y limitando su vida cristiana, que no le permiten vivir como un creyente maduro. No solo escucharemos como quien escucha un cuento, sino que escucharemos para facilitar el crecimiento del otro.

5. Las Escrituras: Palabras que sanan.

Jesús les instruye, les explica las Escrituras. Abre para ellos la verdad y se las revela. Sin dejar por fuera ningún aspecto relevante para facilitar su comprensión. Va ayudándoles a superar las limitaciones que previamente les ha señalado que tenían: la incomprensión y la falta de fe.

Es interesante ver cómo se asemeja todo este episodio de los discípulos de Emaús a la Santa Misa. Para mí, este momento es análogo a cuando nos encontramos en la Liturgia de la Palabra y se nos explican las Escrituras, para que crezca nuestra comprensión y aumente nuestra fe.

Un acompañante no solo debe ayudar a que el acompañado reconozca sus limitaciones y cegueras, también debe apoyarle a encontrar el camino para superarlas. No podemos olvidar la labor educativa que forma parte del acompañamiento.

En un Acompañamiento Espiritual, el acompañante ha de mostrar a quien acompaña LA VERDAD, la cual ha sido revelada en la Palabra. Necesitamos que el Espíritu Santo nos guíe en todo el proceso, y de manera especial, en mostrar la Palabra a quienes acompañamos y ayudarles a comprender cómo llevarla a su propia vida. Pues fue el encuentro de la Palabra quien avivó en los discípulos el deseo de permanecer con el Señor.

6. Libertad de decidir.

Jesús respeta los planes que los discípulos traían. Ellos llegan al pueblo al cual se dirigían y Jesús no intenta cambiar sus planes, Él respeta la libertad de ellos para decidir sus propios pasos. Pero lo vivido con Él, ha generado en ellos apertura, un cambio de actitud que les motiva a querer seguir teniéndolo cerca, especialmente en su noche, esa que también representa la noche oscura en el alma de cada uno de ellos, que estaban confundidos. Ante la petición del hombre, Jesús permanece, se adentra aún más. Cuando observa la apertura de ellos, es capaz de llevarlos a un nuevo nivel de comunión con Él, sabiendo que esto será un bálsamo para sus corazones atribulados.

Como acompañantes, debemos aprender a respetar la libertad de la persona que acompañamos. Nosotros no decidimos su camino, presentamos la verdad de Cristo, pero será la persona quien decida si quiere acoger esa verdad y vivir según ella. También debemos reconocer que, si en el otro hay apertura y deseo de seguir avanzando, nuestra labor será apoyar para que recorra ese camino.

7. Eucaristía: culmen de la Sanación.

Jesús es pan que se parte y se comparte. Él agradece al Padre y se dona, se parte una y otra vez para ser recibido por ellos y por nosotros. De la misma manera que hoy lo hace en la Eucaristía. Es a través de la acción de gracias y el pan que se parte y se comparte, que los discípulos lo reconocen plenamente, donde se dan cuenta del fuego que ardía en sus corazones.

Como acompañantes, considero que hemos de ser personas enamoradas de la Eucaristía, empezar primeramente nosotros a reconocer el poder incomparable que está presente en el Santísimo Sacramento, enamorarnos de Él, para poder transmitir tal grandeza de Cristo en nuestros acompañamientos.

En el Acompañamiento Espiritual, nuestra labor ha de buscar llevar a las personas a los pies de Cristo realmente vivo y presente en el pan Eucarístico, para que reconozcan allí todo ese amor que nos salva, que se dona y que se ha hecho pan para alimentarnos, sanarnos y darnos vida eterna. Que quienes acompañamos puedan sentir ese deseo ardiente de tener una vida sacramental activa que nutra su espíritu y les permita ponerse en camino.

Finalmente, el Acompañamiento Espiritual del Señor a sus discípulos, los convierte también a ellos en testigos, les hace salir inmediatamente de su autorreferencialidad para transmitir lo que han vivido. Su esperanza ha sido renovada, y les impulsa a renovar la de sus hermanos. Que nuestra meta como acompañantes sea que nuestros acompañados sean también sembradores del amor de Dios en sus entornos y que se pongan en camino, como cristianos maduros, para dar frutos abundantes para el Reino de los cielos.

Para que pueda darse un Acompañamiento espiritual exitoso, los acompañantes espirituales deben responder a una vida congruente con los mandatos el Señor. Deben ser personas de oración, pues pasan a formar parte de ese llamado de Dios de participar en esa búsqueda de las ovejas perdidas, a extender su misericordia y buen acogida al que lo necesita. Una de las principales responsabilidades del acompañante espiritual son, la oración por los acompañados y la apertura a la acción del Espíritu Santo en todos aquellos que realmente se quieren volver a encontrar con Él.

Redacción: Andrea Pérez, PildorasdeFe.net
Venezolana viviendo en Ecuador, hija de Dios, mujer de fe, madre y esposa. De profesión ingeniera, y de corazón misionera. Trabajando día a día en mi crecimiento espiritual y buscando la coherencia, tomando como guía la frase de San Pablo: Cambia tu manera de pensar y cambiará tu manera de vivir (Ro 12,2)
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