Mayo, mes de María. Día 16: Madre, quien confía en ti jamás queda desamparado
     

Conoce tu fe / Virgen María

Mayo, mes de María. Día 16: Madre, quien confía en ti jamás queda desamparado

 
 
   
 
 
 

Muchos afirman que, en los últimos tiempo, la Virgen María conducirá al ejército de ángeles en la batalla final contra el mal

 

La veneración y adoración de la Virgen María es tan antigua como la Iglesia misma. Los inicios de la veneración de María probablemente provienen del Tercer Concilio Ecuménico en Éfeso en el 431. Allí los padres de la iglesia afirmaron a María como Theotokos, o portadora de Dios. Hoy nos referimos a ella como la Madre de Dios.

Esta designación de María, madre de Dios está realmente en la raíz de la veneración católica. María es el vínculo entre nuestra humanidad rota y la divinidad ilimitada presente en el Dios trino.

María es redimida, como ella es humana, pero también se considera que tiene una relación especial y única con Dios. La Madre Teresa de Calcuta dijo una vez:

"Ella le dio a Jesús su cuerpo, y su cuerpo es lo que nos salvó".

En los muchos años transcurridos desde el 431, la Virgen María ha venido a ocupar un lugar poderoso en la espiritualidad católica. Ella tiene muchos rostros e innumerables nombres, entre ellos Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de los Ángeles, Estrella de la mañana.

Se dice que aparece en la ocasión, sobre todo a los niños u otros que son débiles, o los más humildes de la sociedad. Muchos afirman que, en los últimos tiempo, la Virgen María conducirá al ejército de ángeles en la batalla final contra el mal.

1.- Háblale a Jesús sobre María.

Jesús mío, me gusta orar a María, tu Santa Madre, ella me enseña con su manera de vivir, a ser dócil a tu Palabra, a tomarla en serio, y a dejarse guiar por ella; pero también María se presenta como una servidora, como una que sale a ayudar a su prima Isabel, cuando esta la necesita.

Así quiero ser yo, mi Señor y mi Dios, quiero ser uno que es dócil a tu Palabra y que sale de sí a servir a los hermanos que tanto necesitan de Ti.

Gracias por darme la oportunidad de ver a María y de aprender de ella, gracias por su amor de Madre y por todas las bendiciones que a través de ella, nos has dado a nosotros que la amamos y la descubrimos como modelo de discípulo que Tú nos has llamado a seguir.

Confío en tu compañía y en tu Bendición Señor, gracias por todo lo bueno que me das por ayudarme a ser cada día un mejor ser humanos.

Cómo mi madre María, me uno a sus eternas palabras de entrega que hacen y harán eco en nuestra historia de salvación: Hágase en mí según tu Palabra.

Amén

2.- Oración inicial.

Santa María, ¡Madre de Dios y Madre mía! Eres más madre que todas las madres juntas: cuídame como Tú sabes. Grábame, por favor, estas tres cosas que dijiste:

  • "No tienen vino": presenta siempre a tu Hijo mis necesidades y las de todos tus hijos.
  • "Hágan lo que Él les diga": dame luz para saber lo que Jesús me dice, y amor grande para hacerlo fielmente.
  • "He aquí la esclava del Señor": que yo no tenga otra respuesta ante todo lo que Él me insinúe.

3.- Día 16: Este hombre está chiflado.

San Juan Bosco necesitaba construir una Iglesia en honor de María Auxiliadora, pero no tenía nada de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él.

Para conseguir dinero en un momento en que no podía retrasar más los pagos, un día le dijo a la Virgen:

- ¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido... ¿Consentirás en hacer hoy lo que yo te voy a pedir?

Con la sensación de que la Virgen se ha puesto en sus manos, don Bosco penetra en el palacio de un enfermo que tenía bastante dinero pero que también era bastante tacaño.

Este enfermo, que hace tres años vive crucificado por los dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a don Bosco le dijo:

- Si yo pudiera sentirme aliviado, haría algo por usted.

- Muchas gracias; su deseo llega en el momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras.

- Está bien; obténgame siquiera un alivio, y a fin de año se las daré.

- Es que yo las necesito ahora mismo.

El enfermo cambia con mucho dolor de postura, y mirando fijamente a don Bosco, le dice:

- ¿Ahora? Tendría que salir, ir yo mismo al Banco Nacional, negociar unas cédulas... ¡Ya ve!, es imposible.

No, señor, es muy posible, replica Don Bosco mirando su reloj. Son las dos de la tarde... Levántese, vístase y vamos allá dando gracias a María Auxiliadora.

- Este hombre está chiflado. Protesta el viejo entre las cobijas.

- Hace tres años que no me muevo en la cama sin dar gritos de dolor ¿y usted dice que me levante? Imposible.

- Imposible para usted, pero no para Dios... ¡Ánimo! Haga la prueba...

Al rumor de las voces han acudido varios parientes, la habitación está llena. Todos piensan de don Bosco lo mismo que el enfermo: que está chiflado.

Traigan la ropa del señor, que va a vestirse, dice Don Bosco, y hagan preparar el coche, porque va a salir. Entretanto, nosotros, recemos. Llega el médico.

- ¿Qué imprudencia está por cometer, señor mío?

Pero ya el enfermo no escuchaba más que a don Bosco; se arroja de la cama y empieza a vestirse solo, y solo, ante los ojos maravillados de sus parientes, sale de la habitación y baja las escaleras y sube al coche. Detrás de él, don Bosco.

- "Cochero, al Banco Nacional"... Ya la gente no se acuerda de él: llevaba tres años sin salir a la calle. Vende sus cédulas y entrega a don Bosco sus tres mil liras.

Quien confía en Ti, Madre, jamás queda desamparado. Pero no estoy seguro de poderte decir lo que te dijo don Bosco:

"Madre mía, yo he hecho tantas veces lo que Tú me has pedido. Sí, a partir de ahora, sí que podré decírtelo. Pero ayúdame: quiero, sinceramente, saber lo que me pides".

4.- Oración final.

Amado Jesús, al igual que María, tu Santa Madre, quiero estar abierto siempre a la acción del Espíritu Santo, configurarme completamente a tu amor y tu misericordia.

Como ella, acepto también ser tu esclavo, tu siervo, atento siempre a escuchar tu Palabra y hacerla una acción de vida.

Deseo responderte siempre con generosidad y sencillez, como lo hizo María, quien supo escucharte y obedecerte desde siempre.

Y a ti, Oh María, amada universal del Verbo, la nueva Eva escogida, auxilio de los pecadores y de los que buscan tu intercesión, acógeme siempre bajo tu manto protector, soy también tu hijo y sé que te preocupas por mí.

Te ruego que poses tu mano sobre mis hombros y me guíes por el camino de tu hijo Jesús.

Como tú, quiero poder decir y sentir con toda la pasión de mi alma: "Mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador".

Amén.

 
 
Redacción: Qriswell Quero de Pérez, PildorasdeFe.net | Con aportes de: Padre José Pedro Manglano

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero de Pérez, venezolano, casado, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con anunciar el Evangelio. Entregado al servicio en todos los aspectos de mi vida. Mi lema es: Quien a Dios tiene nada lo detiene

 
 
 
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