Categoría: Caminando en la fe

Cómo el demonio intenta alejarnos de los gestos y signos de la liturgia

Necesitamos señales, símbolos y gestos en nuestras relaciones humanas, entonces ¿por qué no debe ser igual en nuestra relación con Dios?

A continuación, examinaremos cómo el demonio nos tienta con la falsa noción de que nuestra alma no se ve afectada por las acciones de nuestro cuerpo, especialmente cuando se trata de la oración y la alabanza a Dios en la liturgia.

Satanás conoce nuestra naturaleza. Él sabe que somos humanos y que éste es un hecho que nosotros olvidamos o negamos.

Cuerpo y Alma

Nosotros somos humanos y eso significa que somos un conjunto de cuerpo y alma. Durante nuestra vida terrenal, nuestros cuerpos y almas están unidos. Al momento de la muerte, nuestro cuerpo es separado de nuestra alma, pero serán rejuntados en el Juicio Final. Pudiera parecer una lista de hechos que todos conocemos, pero muchos de nosotros vivimos como si no tuviésemos ni el uno ni el otro. O, vivimos como si nuestro cuerpo no tuviese relación con nuestra alma.

Una herejía muy común es la creencia de que nuestra alma está – de alguna manera – “atrapada” dentro de nuestro cuerpo. Ésta es una herejía que ha tomado diferentes formas a lo largo de los años, pero todo se reduce a “el cuerpo es malo” y nuestra “alma es buena”. Pon esta herejía en práctica y cualquier cosa “espiritual” (como una oración) deberá estar enteramente divorciada del cuerpo (pues éste está manchado y es malo).

Escrutopo, el demonio protagonista del libro "Cartas del diablo a su sobrino", nos pone un ejemplo para esta herejía mientras aconseja a su sobrino:

"Como mínimo, [los humanos] pueden ser persuadidos de que la posición corporal no hace ninguna diferencia durante la oración; porque ellos constantemente olvidan, lo que tú siempre debes recordar, que ellos son animales y que cualquier cosa que afecte sus cuerpos, afecta sus almas” (N° 16)

De acuerdo a Escrutopo, él preferiría tener al “paciente” orando de una forma espiritual pero incorpórea, a que se arrodillara ante Dios, ofreciendo una oración que utiliza los sentidos de su cuerpo. Vemos al demonio buscando separar eso que está unido. Él busca alejarnos de la alabanza que compromete todos nuestros sentidos, pues él sabe que nuestro cuerpo tiene gran influencia sobre nuestra alma.

A como hablamos anteriormente, somos una unidad de cuerpo y alma. Lo que hacemos con nuestro cuerpo tiene un impacto directo sobre nuestra alma. Esta unión permite que todos nuestros sentidos se comprometan en la oración (vista, audición, gusto, olfato y tacto) y ayuden a nuestra alma a elevarse a Dios.

Símbolos Litúrgicos, Señales y Gestos

Desafortunadamente, debido a esta inteligente táctica del demonio, es muy fácil para nosotros obviar la belleza de todos los gestos, el agua bendita, la música, el incienso y las vestiduras que son usadas en la oración pública de la Iglesia. Puede que seamos tentados a deshacernos de todos ellos a favor de un tipo de oración más “espiritual” que es más “santa”. Puede que veamos incluso estos aspectos de la liturgia de la Iglesia como “distracciones”. O, puede que veamos todos estos requerimientos externos y nos veamos confundidos, pensando que pareciera que tenemos que saltar todos estos aros para que nuestra oración “funcione”.

Estas falsas nociones han conducido a innumerables hombres y mujeres de todas las edades a deshacerse de los aspectos visibles de la liturgia.

Todos los movimientos y cosas materiales usadas en la oración pública aparentan ser inútiles; no sirven el propósito “espiritual” y de hecho obstaculizan la “verdadera” oración. (Como nota aclaratoria, sí hay ciertas acciones exteriores que obstaculizan nuestra oración y dependerá del Magisterio de la Iglesia discernir la forma adecuada de alabanza).

Esto no es algo nuevo para la Iglesia y todas estas tentaciones han estado rondando durante siglos. La clave es luchar en contra de ellas y estudiar porqué la Iglesia ha mantenido todas estas ayudas externas para la oración.

Primero que todo, el Catecismo nos recuerda que la oración incluye mucho más que nuestra alma:

“Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre.” (2562)

Acerca de esta unidad, las formas públicas de alabanza de la Iglesia contienen numerosos elementos que son visibles y que incluyen nuestros sentidos corporales. El Catecismo nos enseña:

“Una celebración sacramental esta tejida de signos y de símbolos. Según la pedagogía divina de la salvación, su significación tiene su raíz en la obra de la creación y en la cultura humana, se perfila en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la persona y la obra de Cristo. (1145, énfasis añadido)

Signos del mundo de los hombres. En la vida humana, signos y símbolos ocupan un lugar importante.

"El hombre, siendo un ser a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de signos y de símbolos materiales. Como ser social, el hombre necesita signos y símbolos para comunicarse con los demás, mediante el lenguaje, gestos y acciones. Lo mismo sucede en su relación con Dios". (1146)

Dios habla al hombre a través de la creación visible.

El cosmos material se presenta a la inteligencia del hombre para que vea en él las huellas de su Creador (cf Sb 13,1; Rm 1,19-20; Hch 14,17). La luz y la noche, el viento y el fuego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su grandeza y su proximidad. (1147, énfasis añadido)

"En cuanto creaturas, estas realidades sensibles pueden llegar a ser lugar de expresión de la acción de Dios que santifica a los hombres, y de la acción de los hombres que rinden su culto a Dios. Lo mismo sucede con los signos y símbolos de la vida social de los hombres: lavar y ungir, partir el pan y compartir la copa pueden expresar la presencia santificante de Dios y la gratitud del hombre hacia su Creador". (1148, énfasis añadido)

Como podemos observar, la Iglesia Católica no tiene “rituales vacíos”. Todos y cada uno de los rituales tiene un significado y propósito específico que está diseñado para llevarnos a alabar a nuestro Creador. En cambio, la Iglesia tiene “rituales completos” que llenan el alma de la persona hasta el borde. Nosotros necesitamos estos signos y símbolos para que nos ayuden a orar; eso pertenece al centro de nuestro ser.

Se trata de una Relación

Usemos un matrimonio como analogía. En un matrimonio, necesitamos expresar nuestro amor y gratitud de forma verbal y física. Las esposas conocen esto mejor que los esposos. Las esposas quieren saber que sus esposos las aman. Gritar “¡te quiero!” mientras salen por la puerta o añadir un emoticon con un beso al final del mensaje no es suficiente. La excusa “ella sabe que la amo, no necesito decírselo” termina usualmente en divorcio un año después o resulta en un matrimonio que lucha por mantenerse a flote durante décadas.

Todos tenemos esas ansias de ser amados y de experimentar el amor en una forma real y tangible. Por otro lado, también tenemos este deseo de expresar nuestro amor por otra persona en una forma real y tangible. Cualquiera que ha estado en una relación conoce esto. Ciertamente es muy bueno y agradable pasar tiempo chateando con una persona por internet, pero es mucho más deseable conocerlos en persona, hablar por teléfono o tomarse de las manos.

A medida que pasa el tiempo, se pasa de “gustar” a “amar” a esa persona y a declarar tu amor verbalmente. El día de San Valentín se acerca y tu novia realmente quiere que le compres una docena de rosas y una caja de chocolates. No se trata tanto de las cosas materiales que le das sino de lo que simbolizan. Entonces, llega el día en que te das cuenta que ella es la indicada y decides escoger un anillo. Organizas un muy elaborado plan para proponerle matrimonio mientras estás de rodilla frente a ella. Al final, estás casado y usas ese anillo por el resto de tu vida, sabiendo que es un constante símbolo de su amor. Durante la relación entera, estás expresando amor en formas visibles que involucran todos tus sentidos.

Necesitamos señales, símbolos y gestos en nuestras relaciones humanas, entonces, ¿por qué no debe ser igual en nuestra relación con Dios?

Nuestra alma no puede resistirse a expresar sus sentimientos a Dios, esperanzas y sueños en una forma física. Ya sea arrodillándonos, haciendo la señal de la Cruz, encendiendo velas o elevando nuestras manos al Cielo, necesitamos preservar estas acciones exteriores porque ellas son expresiones de nuestra alma. El demonio intentará fuertemente alejarnos de ellas porque sabe cuánto las necesitamos. Recuerda, tenemos cuerpos y almas que no deberían ser separados.

Conclusión:

“El hombre, siendo un ser a la vez corporal y espiritual, expresa y percibe las realidades espirituales a través de signos y de símbolos materiales. Como ser social, el hombre necesita signos y símbolos para comunicarse con los demás, mediante el lenguaje, gestos y acciones. Lo mismo sucede en su relación con Dios.” (CIC 1146)

¡Estemos atentos!

Adaptación y traducción al español por María Vanegas, para PildorasdeFe.net, del artículo publicado en: PhilipKosloski.com, autor: Philip Kosloski

María Mercedes Vanegas rostro perfil NicaraguaMaría Mercedes Vanegas, es nicaragüense viviendo en Alemania, soltera, ingeniera y -a ejemplo de San Francisco Javier- misionera en esta era tecnológica. Identificación evangelizadora: «Y es que "Ay de mí si no predico el Evangelio", pues "muchos cristianos se dejan de hacer…, por no haber personas que se ocupen en la evangelización"»

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