Cómo el demonio se enfoca en los pecadores para crear decepción
El demonio toma la realidad y la distorsiona para su propio beneficio. El demonio disfruta que la gente de Iglesia parezca hipócrita
Una de las tácticas que usa el demonio para crear desesperanzas es enfocarse en los pecadores de la Iglesia y mostrarlos al mundi para así crear decepción en los corazones de los Cristianos y de los no-Cristianos.
Mientras el hecho de que todos somos pecadores puede ser atractivo, especialmente para quienes se sienten indignos de ser Cristianos, el demonio toma la realidad y la distorsiona para su propio beneficio.
Museo de Santos.
A menudo tenemos esta falsa noción de que la Iglesia es de alguna manera un museo de santos. Es como si la pertenencia a la Iglesia nos diera automáticamente la gracia suficiente para ser más santos que los demás e hiciera de todos nosotros santos canonizados.
Ésta es, de hecho, una de las tácticas del demonio. Él aprovecha esta falsa noción y la infla.
Lo que sucede después es que cuando una persona dentro de la Iglesia es encontrado pecador, esto crea una sensación de decepción. Todos quieren creer que hay gente buena en el mundo, especialmente cuando se trata de la Iglesia. Queremos ser santos, vivos y verdaderos, porque eso nos da esperanza de que realmente hay bien en el mundo.
Sin embargo, cuando alguien que conocemos tropieza y cae, puede crear una sensación de desesperación debido a nuestro propio deseo de que todos en la Iglesia deberían ser santos. Escrutopo explica el escenario así:
"Haz que su mente divague durante expresiones como "el cuerpo de Cristo" y las caras reales en la siguiente banca… En esta etapa, verás, él tiene una idea de "Cristianos" en su mente que supone es espiritual, pero, en realidad, es grandemente pictórica. Su mente está llena de togas y sandalias y armaduras y piernas desnudas y el simple hecho de que la demás personas en la iglesia usen ropas modernas es una real – aunque inconsciente – dificultad para él". (Cartas del diablo a su sobrino, N° 7)
Escrutopo (un demonio de este libro) anima a su aprendiz a enfocarse en este aspecto y crear una sensación de anticlímax.
Él escribe posteriormente que es ventajoso si "el paciente conoce que la mujer con el sombrero absurdo es una jugadora fanática de cartas o si el hombre con los libros chirriantes es un mísero y un extorsionador" (N° 8).
Podemos ver ciertamente esta tentación activa y viva en el mundo hoy. Uno sólo necesita encender el televisor y ver los programas de noticias o incluso un programa de comedias donde se menciona algo acerca del "escándalo sacerdotal" que continuamente martiriza a la Iglesia.
Lo que el demonio disfruta es hacer que aquéllos en la Iglesia parezcan hipócritas que dicen una cosa pero hacen otra. Esto crea una decepción grande en los corazones de aquéllos que querían que la Iglesia fuese un "museo de santos".
Muchos han dejado la Iglesia o continuamente la descartan basados en el hecho de que hay pecadores dentro de sus paredes.
La Iglesia es un Hospital de pecadores.
Sin embargo, hay una manera de combatir este "anticlímax". En lugar de ver a la Iglesia como un "museo de santos" deberíamos verla realmente como un "hospital de pecadores".
La Iglesia es un refugio para nosotros donde podemos ir y ser sanados de nuestros pecados. En lugar de decepcionarnos porque todos en la Iglesia son pecadores, deberíamos regocijarnos en este hecho e invitar a más pecadores a entrar en nuestra Iglesia. Vemos la Iglesia como un lugar de salvación que nos provee de un remedio sanador disponible para todo el que lo busque.
Vemos esto especialmente en la vida y enseñanzas de Jesucristo. Mientras Él estaba en la tierra, constantemente cenó con pecadores públicos y recolectores de impuestos. Él quería atraerlos a Sus brazos y no apartarlos porque no eran "suficientemente santos". Jesús dijo:
"No he venido para llamar a los buenos, sino para invitar a los pecadores a que se arrepientan." (Lucas 5,32)
Jesús incluso utiliza la misma analogía al referirse a la Iglesia como un hospital. Él le dice a los Fariseos:
"No son las personas sanas las que necesitan médico, sino las enfermas." (Lucas 5,31)
Esto trae a casa la realidad de que sí, todos somos pecadores y eso significa que estamos en el lugar indicado. Pertenecer a la Iglesia no nos canoniza automáticamente haciéndonos santos, pero nos provee la oportunidad de ser sanados de nuestras muchas heridas.
Es por esto que cuando vemos pecadores en la Iglesia, deberíamos de sentirnos reconfortados. No hace darnos cuenta de que no estamos solos.
Sí, hay "Santos" en la Iglesia, pero ellos solamente fueron canonizados porque tuvieron la humildad de reconocerse pecadores y necesitados de sanación.
Los santos son simplemente aquellos que fueron al médico a diario a pedir ser sanados. Ellos sabían que eran débiles y que necesitaban la gracia de Dios para curarlos y darles fuerzas para resistir la tentación.
Todos somos pecadores pero Dios nos lleva a la santidad.
Ahora que ya sabemos que el demonio se enfoca en los pecadores para crear decepción, no nos crucemos de brazos. Pongámonos en acción en la oración.
No se preocupen por los pecadores en la Iglesia. Todos somos pecadores y parte de la Iglesia gracias a nuestro deseo de ser sanados por el Único y Verdadero Médico que nos puede llevar a la Vida Eterna.
Nicaragüense viviendo en Alemania, soltera, ingeniera y - a ejemplo de San Francisco Javier - misionera en esta era tecnológica. Identificación evangelizadora: Ay de mí si no predico el Evangelio, pues muchos cristianos se dejan de hacer, por no haber personas que se ocupen en la evangelización





