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Categoría: Celebración del día
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La Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, fue la primera fiesta mariana que se festejó en la Iglesia occidental. María es la Madre del Dios vivo encarnado

Santa María, Madre de Dios. Solemnidad.

Santa María, Madre de Dios, es una fiesta de la Iglesia en honor a la Santísima Virgen María en su rol de la maternidad de Jesucristo el Señor, Hijo de Dios. María juega un rol muy importante en el Misterio de la Encarnación, convirtiéndose en madre de la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, nos lleva a meditar en el misterio divino de la Encarnación, en el que el Dios vivo quiso venir al mundo a través de una mujer.

Fiesta: 1 de enero.

Martirologio romano: Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Navidad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como la Theotokos, porque en ella la Palabra se hizo carne y acampó entre los hombres el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre.

Santa María, Madre de Dios.

La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. Y la fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente es la de "María Madre de Dios".

Ya en las Catacumbas, o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma, y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este nombre: "María, Madre de Dios".

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

Abrir el año con la solemnidad de la Maternidad divina de María es el mejor principio del año. Ella está a la cabeza de todos los santos, es la mayor, la llena de Gracia por la bondad, sabiduría, amor y poder de Dios; ella es el culmen de toda posible fidelidad a Dios, amor humano en plenitud. Santa María, Madre de Dios, nos enseña que Dios quiso sentir nuestra humanidad encarnándose para siempre en nuestra historia.

En su capítulo sobre el papel de la Santísima Virgen María en la Iglesia, la Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia del Vaticano II, llama a María "Madre de Dios" en 16 ocasiones.

No extraña el calificativo superlativo de "santísima" del pueblo entero cristiano y es que no hay en la lengua mayor potencia de expresión. Madre de Dios y también nuestra, y siempre atendida su oración.

En la Liturgia de la Solemnidad de María, Madre de Dios, la segunda lectura (Gálatas 4,4-7) nos dice: "Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción como hijos". Así que Dios entró en la humanidad a través de María, la Madre de Dios. Dios hace un supremo regalo de sí mismo a toda la humanidad, e interviene en nuestra historia de manera encarnada a través de María. Tenemos a un Dios que se identifica tan completamente con su creación al tomar carne humana y hacer que formemos parte de su intimidad Divina.

Si nosotros hubiéramos podido formar a nuestra madre, ¿qué cualidades no le habríamos dado? Pues Cristo, que es Dios, sí formó a su propia madre. Santa María, Madre de Dios, llega a convertirse en la madre de toda la humanidad. Y ya podemos imaginar que la dotó de las mejores cualidades que una criatura humana puede tener. Pero, ¿es que Dios ha tenido principio? No. Dios nunca tuvo principio, y la Virgen no formó a Dios. Pero Ella es Madre de uno que es Dios, y por eso es Madre de Dios.

María es la Theotokos: Madre de Dios.

María no era solo la madre de Jesús. También era la Madre de Dios, ya que Jesús es verdaderamente Dios. Así entonces, la Virgen María fue llamada como la Theotokos. Esta es una palabra griega que significa "portadora de Dios" o "Madre de Dios". Este término se utiliza en toda la liturgia de la Iglesia oriental, tanto ortodoxa como católica. Se encuentra en el corazón de la devoción mariana del rito latino. Este título fue una respuesta a las primeras amenazas a la "ortodoxia", la preservación de la auténtica enseñanza cristiana.

El Concilio de Éfeso (431), basando sus argumentos en la unidad de la persona de Cristo, afirmó que María era realmente la madre de Dios. E insistió en que "si alguien no confiesa que Dios es verdaderamente el Emmanuel, y que por ello la Santa Virgen es la "Theotokos" (pues según la carne dio a luz al Verbo de Dios hecho carne por el nacimiento) que sea anatema". Al final de esta sesión en particular, multitudes de personas marcharon por la calle gritando: "¡Alabada sea la Theotokos!".

Además de esto, el Concilio de Calcedonia (451) empleó el término Theotokos al formular la definición de la unión hipostática (de las naturalezas humana y divina de Cristo).

Qué hermoso repetir lo que decía San Estanislao de Kostka: "La Madre de Dios es también madre mía". Quien nos dio a su Madre santísima como madre nuestra, en la cruz al decir al discípulo que nos representaba a nosotros: "He ahí a tu madre", ¿será capaz de negarnos algún favor si se lo pedimos en nombre de la Madre Santísima?

Al saber que nuestra Madre Celestial es también Madre de Dios, sentimos brotar en nuestro corazón una gran confianza hacia Ella.

Cuando profesamos el Credo en la Santa Misa, afirmamos que Jesús, la segunda persona de la Santísima Trinidad Divina se "encarnó de la Virgen María y se hizo hombre". Si dijéramos que María fue madre solo de la naturaleza humana de Jesús, esto dividiría a Jesús en dos personas. Pero eso es completamente falso. Jesús es una sola persona, humana y divina actuando juntas. Y es que tanto amó Dios al mundo que para expresar plenamente su amor por nosotros, y para que nosotros podamos recibir plenamente su amor, se encarnó y se ofreció a sí mismo en sacrificio. Unió su divinidad a nuestra humanidad.

Dogma de María, Madre de Dios.

Cuando en el año 431 el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años) e iluminados por el Espíritu Santo declararon:

"La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios". Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

El título "Madre de Dios" es el principal y el más importante de la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos y cualidades y privilegios que Ella tiene. Los santos muy antiguos dicen que en Oriente y Occidente, el nombre más generalizado con el que los cristianos llamaban a la Virgen era el de "María, Madre de Dios".

San Atanasio, Doctor y Padre de la Iglesia, dijo en una oportunidad: "Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera convertirse en Dios". Pero debemos entender bien estas palabras, pues esto no significa que nos convirtamos en Dioses (D mayúscula) en igualdad de condiciones con Dios Padre, gobernando nuestro propio universo. Al contrario, Dios se hizo uno con nuestra humanidad para que pudiéramos hacernos uno con su divinidad.

En su encíclica de 1984 sobre el Espíritu Santo (Dominum et vivificantem), nuestro querido Papa San Juan Pablo II, escribió estas palabras: "La concepción y el nacimiento de Jesucristo son, de hecho, la obra más grande realizada por el Espíritu Santo en la historia de la creación y de la salvación: la gracia suprema "la gracia de la unión... fuente de toda otra gracia".

Cuando la Santísima Virgen María dijo "Sí" al San Gabriel Arcángel, dijo "Sí" a la mayor acción del Espíritu Santo en toda la creación: la unión en una sola carne de la divinidad y la humanidad en su seno.

María es Madre de Dios para siempre.

Dios se hizo hombre en el vientre de María. María dio a luz a Dios. Dios Hijo se unió a una naturaleza humana por completo y para siempre. Y esa unión no puede separarse nunca.

María, nuestra Santísima Madre y Madre de Dios, era sólo una niña cuando supo que iba a ser una parte importante del plan de Dios para el mundo entero. Ella se convirtió así en la Madre del Amor, del servicio, de la caridad, fidelidad, alegría, santidad y pureza. La Madre de Dios contempla en sus brazos la belleza, la bondad, la verdad con gozoso asombro y en la certeza del impenetrable misterio. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros que acudimos a ti. Amén.

Bajo tu amparo (Oración a María, Madre de Dios)

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros. Oh Virgen gloriosa y bendita. Amén.

Oración a Santa María, Madre de Dios.

Dios te Salve María, Madre de Dios, Virgen Santa llena de gracia, el Señor es contigo por siempre y para siempre. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Llegaste a ser la Madre de Dios porque has dado a luz a El Salvador de nuestras almas. Eres la Inmaculada, mujer Santa que llevó en su seno al Rey que nos devolvió la esperanza. Oh Madre de las Divinas gracia, Madre de Dios, apiádate de esta humanidad herida, ten compasión por todos tus hijos, e interviene con tu dulce mano para que tu Hijo derrame sus misericordias. Mira los corazones afligidos, Tú que eres Madre y sientes el dolor de los hijos, acude en nuestro rescate. Oh Madre de Dios, cuna del Espíritu Santo viviente, tú eres la esperanza de los desesperados, jamás se ha oído decir que ninguno de los que haya acudido a tu protección, implorando tu auxilio, haya sido desamparado por ti. Eres el refugio de los cristianos; la Estrella de la Mañana. No desprecies nuestras súplicas, Oh Madre de Dios. Recibe nuestras humildes súplicas y preséntalas a tu hijo y Dios nuestro, para que Él, movido por tu ternura de Madre, ilumine y salve nuestras almas. Amén.

Sobre María, Madre de Dios.

Santos de la semana

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net
Biografía de Santos - Celebraciones y Fiestas de la Iglesia
Venezolano, esposo y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.
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