Utilizamos Cookies para mejorar la experiencia de usuario. Lee la política de privacidad
FACEBOOK
TWITTER
TELEGRAM
Categoría: Caminando en la fe

No podemos controlar cuando nos sentimos enojados. Pero si podemos controlar lo que hacemos con ese sentimiento. Cuando es pecado enojarse

Reconociendo el enojo pecaminoso y expresarlo de forma racional.

"El enojo descontrolado, o la ira, como pecado mortal es una descontrolada explosión de emoción conectada con el desordenado deseo de venganza. Es probable que vaya acompañada de aspereza de corazón, premeditación y sobre todo por la determinación de tomar venganza". El Catecismo de la Iglesia Católica contiene una descripción similar:

La ira es un deseo de venganza.

"Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito"; pero es loable imponer una reparación "para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia" (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 158, a. 1, ad 3).

Si la ira llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice:

"Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal" (Mt 5, 22). (No. 2302)

Esto es diferente del sentimiento de enojo, el cual no es pecado como tal. El enojo está definido como un sentimiento fuerte de disgusto o hostilidad. No podemos controlar cuando nos sentimos enojados, ya que esto depende de eventos que ocurren fuera de nosotros. Pero si podemos controlar lo que hacemos con ese sentimiento.

Como nos lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, el sentimiento de enojo es una de las pasiones.

"En las pasiones, en cuanto impulsos de la sensibilidad, no hay ni bien ni mal moral. Pero según dependan o no de la razón y de la voluntad, hay en ellas bien o mal moral." (1773).

Así que en realidad es cómo actuamos bajo este sentimiento lo que determina si esto es o no pecado. También encontramos en el Catecismo que deberíamos movernos a hacer el bien no solo por nuestra propia voluntad pero también por nuestro corazón. En otras palabras, debemos tratar de convertir nuestros sentimientos para ser verdaderamente llenos de virtud (No. 1775).

San Pablo menciona exabruptos de enojo así como algunos otros pecados, que incluyen fornicación, celos, rivalidad y contiendas. El concluye advirtiéndonos: "Que los que practican estas cosas no heredaran el Reino de Dios".

¿Qué podría estar más lejos de lo que nos mandó Cristo en el Sermón de la Montaña? "Ama a tus enemigos y ora por aquellos que os persiguen"". (Mateo 5:43). Él dijo

"Pero Yo les digo que todo aquél que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: ‘Insensato (Inútil) a su hermano, será culpable ante la corte suprema (el Sanedrín); y cualquiera que diga: ‘Idiota,’ será merecedor del infierno de fuego" (Mateo 5,22).

Podemos contener nuestro enojo, o podemos expresarlo al sabotear los esfuerzos de aquellos que los causaron; o podemos expresarlos con una sarta de irracionales malas palabras e insultos; o podemos expresar nuestro enojo de manera racional- o al menos procesarlo de manera racional. Si solo contenemos nuestro sentimiento de enojo, esto llegara a nuestro subconsciente esperando el momento adecuado para explotar. Y en algún momento explotará. Es mejor hacer algo constructivo con él. Primero vamos a considerar las formas disfuncionales de manejar estos sentimientos de enojo, las formas pecaminosas de hacerlo.

Comportamiento Pasivo-Agresivo

La primera táctica de la gente enojada es a menudo un comportamiento pasivo-agresivo. Esta es la forma en la que un saboteador opera. Está molesto pero no lo demuestra abiertamente. En lugar de eso, se desconecta. Él está de acuerdo en hacer algo, pero no lo hace nunca.

De acuerdo al Dr. Daniel K. Hall-Flavin de Clínica Mayo, en USA, algunas señales especificas del comportamiento pasivo-agresivo son: resentimiento y oposición a las demandas de otros, quejarse acerca de sentirse no apreciado o engañado, posponer las cosas, obstinación, bufonería, ineficiencia, olvido voluntario, irritabilidad y una actitud cínica y hostil.

Otra expresión pasivo-agresiva de enojo, muchas veces mencionada por los psicólogos es la ley del hielo o del silencio. La idea básica es "No voy a enojarme, pero me las van a pagar". La ley del hielo o del silencio es algo que todos hemos observado. "No le hablo porque estoy molesto con su comportamiento". Puede ser por un día, una semana o incluso varias semanas antes de que la persona enojada deje salir su molestia.

Un esposo se rehusaba a hablar a su esposa durante semanas sin decirle porque, finalmente el admitió que estaba molesto porque la mesa de la cocina estaba manchada. Él pensaba que su esposa debió haberla limpiado.

El tratamiento del silencio es un síntoma de malas habilidades de comunicación e inmadurez. Usualmente no resuelve nada.

Otra forma de comportamiento pasivo agresivo es hacer cosas que sabemos que van a irritar a la persona que nos hizo enojar a nosotros. Cuando era joven, tenía un compañero que me hacía molestar. Yo sabía que si yo hacía ciertas cosas, yo podía de alguna manera, molestarlo tanto que lo podía llevar a las lágrimas. Como sea, cuando fui creciendo y me sentía tentado a reaccionar así, debía detenerme: "No puedes seguir haciendo esto, eres Cristiano".

Yo antes había pensado que siendo un Cristiano, la venganza no podía ser parte de mi identidad, así que tuve que tomar una decisión: podía tomar venganza o ser un Cristiano. Suena como algo difícil, claro que lo es. Jesús nos prometió que era una cruz la que debíamos cargar (Mateo 16,24).

El deseo de vengarse es un acto pecaminoso. Así que un primer paso en sobrellevar el enojo pasivo-agresivo es recordar constantemente que quieres ser un Cristiano y que por lo tanto no puedes ser vengativo nunca más.

Explotar con enojo.

Todos hemos conocido a gente que explota cuando se sienten enojados. Me desconcierta cuan a menudo este tipo de enojo asoma su horrible cara en los matrimonios-incluso en matrimonios que se hacen llamar Cristianos. El daño que hace este tipo de comportamiento es enorme. Un padre o madre o hijo colérico es una tortura para todos los miembros de la familia, incluso para el mismo. Esto es otro comportamiento que no es compatible con la vida Cristiana.

Muchas veces me sorprende descubrir Cristianos que oran ardientemente, que reciben los sacramentos regularmente, que incluso son de misa diaria y aun así tienen problemas de manejo del enojo.

"Si alguien se cree religioso y nos refrena su lengua, sino que engaña su propio corazón, la religión de tal es vana." (Santiago 1,26)

Hay quienes incluso dicen, "Si tú eres de (X nacionalidad), debes de ser muy enojado". Nada más equivocado que eso, si eres Cristiano tu buscarás afanosamente la forma de controlar tu carácter y manejar tu enojo. Para el Cristiano de verdad, no importa de dónde vienes, pero a donde iras algún día. El enojo explosivo no es algo que quieres tener contigo cuando abandones este planeta. Esto disminuirá profundamente tus habilidades para entrar al Reino de los cielos.

Sin tienes un problema con el enojo explosivo y te quieres comportar como un Cristiano, debes trabajar afanosamente para sobrellevarlo. No puedes solo decir, "bueno así soy yo" si quieres tener una amistad con Dios.

Estamos de acuerdo cuando decimos que no todos los ataques de enojo son pecados mortales, porque muchos de ellos los hacemos sin pensar. Pero cuando decidimos no luchar ardientemente para sobrellevar estas explosiones de enojo, lo hacemos normalmente después de mucha reflexión y deliberación con conocimiento de causa, lo cual si lo convierte en pecado mortal. Así como con muchos pecados graves, si tratamos de sobrellevarlos, podemos estar cerca de Dios. Si no lo hacemos, entonces no podremos.

Algunos parece que piensan que todas las familias tienen estos ataques a menudo. Esto no es verdad. No recuerdo a mis padres enojarse con el otro. Ellos resolvían sus problemas sin enojo. Claro, mi madre se molestaba con nosotros sus hijos, pero nunca perdía el control. Ella nunca perdió su temperamento del todo, y ella nunca nos dijo nada cruel. (A veces se tenía que molestar con nosotros- pero siempre manteniendo su temperamento- porque, como ella decía, ella tenía "solo tres hijos"). Conozco a muchas familias en las que el enojo descontrolado es algo raro o inexistente.

El enojo perpetuo

Otra expresión disfuncional del enojo la podemos ver en aquellos que, llenos de amargura, continuamente están recordando los pecados de los demás. Ellos pueden no explotar, pero parace ser que siempre están a punto de hacerlo.

Una esposa que pretendía dejar a su marido, lo lleno de correos enumerando todas sus faltas del pasado. Esto lo hacía en cada una de las pocas ocasiones en las que se comunicaba con él. Que forma más triste de vivir. Es el típico caso de quienes están sacando temas del pasado, algo que todos los libros de consejería matrimonial nos advierten. "Tú me hiciste sufrir en el pasado, así que te hare pagar por ello por el resto de tu vida", así suelen pensar.

"¿Perdonar? ¿No sé qué es eso?, parece decirnos la vida de esta mujer. De forma extraña ella parece aferrarse a este constante comportamiento de enojo aún mientras ora y asiste a Misa diaria y recibe la Sagrada Comunión. ¡Qué actitud más distante de la Religión Cristiana!

Yo motivaba a su esposo (convertido, reformado y devoto de la oración) a recodarle que Dios lo había perdonado. Y no debemos dejar de pensar que si quiere que Dios lo perdone, también debe perdonarlo ella.

Una persona como ella haría bien en meditar larga y tendidamente en estas palabras del libro de Efesios:

"Sea quitada de ustedes toda amargura, enojo, ira, gritos, insultos, así como toda malicia. Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo" (Efesios 4,31-32).

Es aún más motivante escuchar las palabras del Apóstol Juan: "Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna permanente en El" (1ª de Juan 3,14-15). Aquellos que persisten en su rencor no pueden esperar nada sino miseria. Esto incluso puede llevarlos a enfermarse.

Redacción: Manuel Rivas, PildorasdeFe.net | Con información de: Catholic Exchange

pildorasdefe manuel rivasManuel Rivas, Salvadoreño, feliz esposo y padre de familia. Testimonio fiel de como Dios puede tocar nuestras vidas. A través de estos medios quiero ayudar a llevar el mensaje de Jesús a todo el que lo necesite y poner mi vida a trabajar para su obra

Apoya a Píldoras de Fe Nuestro portal se sostiene de tu generosidad. Ayúdanos a seguir llegando a más personas. Dona ahora
Déjanos tus comentarios
Tus palabras importan, te invitamos a dejar tus comentarios sobre este tema, los leemos contínuamente. (Espera un momento que se cargue el sistema de comentarios)

RECURSOS DE UTILIDAD