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Sacerdote renuncia al alcohol por 33 días y esto fue lo que sucedió...

 
 
   
 
 
 

Ellos sabían que yo era un sacerdote. Sosteníamos conversaciones serias. Pero se convirtió en una justificación para seguir tomando alcohol

 

La primera noche que llegué a mi nueva asignación, el pastor y yo salimos a un establecimiento de la zona: un Pub Irlandés. Me encantó el ambiente del lugar y estaba a tan solo kilómetro y medio de la casa. Me imaginé que esto se volvería una rutina. Y estaba en lo correcto.

Era un lugar conveniente al que ir para comer un pescado frito los viernes o por un buen plato de costillas los sábados. Podía caminar hasta allá y aprovechar el ejercicio también. Durante mis visitas, me di cuenta de su Club de Cerveceros Regulares (CCR) y como si bebías 50 cervezas, colocarían tu nombre grabado en una placa en la pared del lugar. Reto aceptado... Reto alcanzado en un año y medio.

Estadísticamente, eso es un promedio de una cerveza cada semana. Más recientemente, experimenté una pérdida en mi vida y estaba sufriendo por ello. Experimenté una variedad de emociones: enojo y tristeza. Me sentía solo y abandonado. Mientras procesaba todo esto, se volvió fácil pasar por mi Pub favorito y tomar uno o dos tragos.

Lo justificaba de muchas maneras. Ya no tenía cable, así que iba al pub a mirar la Serie Mundial, los resultados de las elecciones y los juegos de fútbol. Esa era mi excusa.

El pub esta convenientemente ubicado a la derecha de la calle que me lleva a casa y pasaba justo frente a él todos los días. A menudo, me detenía y tomaba una cerveza:

"Yo solo quiero una cerveza y no tengo ni una en casa"

Mis cada vez más frecuentes visitas me ganaron el título de cliente regular y era conocido en el lugar por mi nombre de pila. Comencé a considerar esto un ministerio. Ellos sabían que yo era un sacerdote. Y sosteníamos conversaciones serias. Pero esto se convirtió en solo otra justificación, permitiéndome que de manera no muy sana lidiara con mis emociones.

Insatisfecho con la dirección que todo en mi vida había tomado, volví a la Santísima Virgen María, la mujer a la que había dedicado mi vida por años y sobre quien yo estudio y escribo de manera profesional.

Sabía que faltaba un poco más de un mes para el 1º de Enero, así que decidí que renovaría mi consagración mariana. Mientras me abarcaba en esta tarea, pensé, que tal vez debía dejar de tomar por los 33 días de preparación a la consagración como sacrificio.

Poco podía imaginarme que al día 3 de la consagración, me sentiría motivado a entregar algo más mientras continuaba mi preparación. Lo tomé como una confirmación de Dios.

En los días iniciales de mi preparación, muchas referencias al espíritu del mundo pertenecían a la embriaguez. Ver todas esas referencias afirmó mi resolución de renunciar al alcohol por la duración de la renovación de mi consagración.

Esto fue lo que aprendí durante mis 33 días sin alcohol:

Mis noches eran Diferentes.

¿A qué horas se reúne la gente en un pub para tomarse una cerveza? Generalmente en la noche. Mientras algunos pasan solamente por unos minutos, yo solía convertir esto en un compromiso más largo.

Si llegaba a las 8:00 a ver el partido de los domingos y lunes por la noche, no llegaba a la casa sino hasta las 10:00 o 10:30. Prácticamente mi noche estaba concluida.

Si bien es cierto que un par de cervezas no emborrachan a nadie, algunas capacidades mentales disminuían, así que leer o escribir era algo que no sucedía luego. Al no ir al Pub, liberé mis noches para hacer cosas más productivas. Iba a esquiar, leía libros y veía películas completas (como Un cuento de Navidad o Las Campanas de Santa María).

Mi vida de oración mejoró.

Después de unos cuantos tragos e irme a casa por la noche, hacia una oración a la carrera, ya sea que fuera una oración meditada o cualquier otra.

Al estar en casa, oraba más devotamente desde el corazón antes de irme a la cama, en lugar de solo cumplir con un compromiso o hacer unos rezos para El Señor. Hacía más lectura espiritual especialmente con respecto al tema del Adviento. Todo esto me permite decir sinceramente que viví el mejor Adviento de mi vida.

Como beneficio, ya que me encontraba en casa y no afuera, me iba a la cama antes y dormía más tiempo, lo que me permitía despertarme más temprano y orar más antes de iniciar el día.

Aprendí la Templanza y a negarme a mí mismo

Durante mis 33 días, me forcé a negarme a tomar. En las fiestas navideñas, me restringí de tomar bebidas alcohólicas y solo tomaba agua o sodas claras.

Si, fui un par de veces al Pub para cenar con algunos amigos, y ya que no tengo cable, para mirar los juegos de mí equipo favorito los domingos por la tarde. Pero cada vez que iba, ordenaba Sprite o Agua. No era algo incómodo, y me enseñaba que realmente puedo negarme a mí mismo.

Me volví consciente de lo que le pasa a otros cuando beben. Por primera vez, asistía a las festividades y me refrenaba de tomar. Eso me permitió vivir estos eventos de manera distinta, pero también de observar a otros luego de algunos tragos. Nunca pude observar esto de esta forma antes, ya que usualmente también me tomaba una cerveza o un trago.

Esto me ayudó a darme cuenta que el beber te hace una persona distinta. Incluso cuando solo te tomas un trago, me sentí convencido de que actúas de manera diferente.

Ver las acciones y comportamientos de otros luego de tomar me inspiró a mantenerme firme en mi resolución.

Me volví más generoso.

Imagina ir a un lugar a tomar una cerveza y que el costo asociado de la misma sea de $4.00 (al menos), tal vez sean dos en la noche; entonces ya estás en ocho dólares más la propina.

Y no vas al Pub sin ordenar algo de comer, incluso si es solo algo de picar. Entonces la cuenta es de unos 15 o 20 dólares. Hazlo tres o cuatro veces a la semana, y es un monto significativo en tu presupuesto.

Me di cuenta que mi cuenta bancaria tenía un poco más de fondos este mes, lo que me permitió ser más generoso para apoyar a personas necesitadas durante las festividades. No solo ahorre dinero al no tomar, sino que me di cuenta que también ya no comía tanto afuera también. A veces salía a comer algo afuera y me tomaba una cerveza para acompañar la cena.

Si quitas la cerveza y optas por quedarte en casa, terminaras ahorrando dinero en comidas innecesarias, lo cual te permitirá ayudar más a personas necesitadas.

Ya no lo deseaba.

Para el día 21 de mis 33 días de abstinencia que llevaba, ya no deseaba el alcohol. Los primeros días, especialmente luego de una larga noche en la oficina, todo lo que quería hacer era tomarme un trago.

Me convencí a mí mismo de que no valía la pena. Ya no lo deseaba. Me siento feliz de cómo están las cosas en este momento.

En mis observancias de la Cuaresma anteriores, traté de dejar el alcohol, pero siempre llegaba y decía: "los domingos no son días de Cuaresma realmente" y satisfacía mi sed con una cerveza.

Usualmente para la tercera o cuarta semana, abandonaba mi ayuno de alcohol en favor de algo más sencillo. Nunca logre llegar a los 33 días. Pero esta vez lo hice. Tal vez porque tuve la ayuda de Santa María que inspiró mi ayuno o tal vez porque me di cuenta que necesitaba de esto para mi vida en este momento.

No dejé de tomar porque pensara que tenía un problema. Pero si creía que si no tomaba ese lapso de 33 días, rápidamente me encontraría en problemas al iniciar el 2017.

Ahora, ya que ha disminuido mi deseo por el alcohol, este ayuno continuará porque me he dado cuenta que, sin tomar, encontré paz, felicidad y contentamiento.

Debo agradecer a la Santísima Virgen María, que como madre, ha mirado por su hijo y me ha inspirado a vivir mejor, de manera más sana y santa.

¡Gracias mamá!

 
 
Adaptación y traducción por Manuel Rivas, del artículo publicado en: Catholic Exchange, autor: Fr. Edward Looney

pildorasdefe manuel rivasManuel Rivas, Salvadoreño, feliz esposo y padre de familia. Testimonio fiel de como Dios puede tocar nuestras vidas. A través de estos medios quiero ayudar a llevar el mensaje de Jesús a todo el que lo necesite y poner mi vida a trabajar para su obra

 
 
 
 
 
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