Categoría: Evangelio dominical
Tiempo de lectura: 4 minutos

Jesús viene a recordarnos que lo importante no es lo que dicen los labios, sino lo que dice el corazón. Todas las tradiciones tienen un fin

Nos narra el Evangelio de Marcos que un día los Fariseos vieron que los discípulos de Jesús no se lavaban las manos para comer, cuestión que para ellos era una tradición que venía de épocas antiguas y no hacerlo significaba que estaban comiendo con manos impuras. Se le acercaron a Jesús y le preguntaban porque ellos no lo hacía, y por qué no guardaban esta tradición, produciéndose un exhortación de Jesús hacia ellos donde los invitaba a dejar a un lado la hipocresía.

1.- ¿Cuál era este problema de no lavarse las manos antes de comer?

Los fariseos acostumbraban a lavarse las manos antes y durante las comidas. Pero no era sólo una medida higiénica. Ellos querían hacer como los sacerdotes, que estaban obligados a estos lavatorios cuando se acercaban al altar. (Éxodo 30:18-21 y 40:31). Era una manera de demostrar su devoción a Dios – y de tener como un marcador que los diferenciara de sus vecinos paganos, considerándose los predilectos de Dios y «los santos». Por ejemplo:

  • La mayoría de las casas de Jerusalén tenían un espacio destinado a los baños y lavatorios rituales.
  • Usaban agua de lluvia, que no fuera transportada.
  • Preferían recipientes de metal, piedra y vidrio, porque no son materiales absorbentes, y así no necesitan de la limpieza ritual después de ser usados.
  • “Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen.”
  • Lavaban la ropa u otros objetos que habían tenido contacto con animales (Levítico 11:28-38).
  • No mezclaban “carne” y “leche” (Éxodo 23:19).

Otros ejemplos de ritualismo y rigorismo: 39 normas para el sábado y 613 mandatos derivados de la Ley Mosaica (Shökel, Lc 6, 1-5 y Lc 6, 6-11). Fueron acusados los discípulos de triturar espigas en sábado para comerlas, y Jesús fue acusado de curar en sábado

Los fariseos y los maestros de la ley se dieron cuenta de que algunos discípulos de Jesús comían sin haberse lavado las manos, y le preguntan a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de los ancianos, sino que comen con las manos impuras?"

2.- ¿Qué responde Jesús?

Él los llama “hipócritas”. En la literatura clásica griega, la palabra “hipócrita” (hypokriton) se aplica a los que actúan en el escenario de un teatro.

Jesús continúa diciendo: "Enseñan como doctrinas de Dios lo que son mandamientos de hombres" (vv. 6b-7). Es decir, los fariseos habían inventado cosas que no venían de Dios. Ya lo advirtió Isaías: "El día de ayuno buscáis vuestro interés; ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad." (Is 58, 3b-4).

Y Jesús, para desenredar los errores de los fariseos, hace dos aclaratorias.

Primera aclaratoria: Recomienda no actuar por rutina y costumbre, sino pensar por qué se hacen las cosas. Hacemos muchas cosas simplemente porque así se han hecho siempre, sin preguntarnos por qué lo hacemos así.

Jesús dice: «Está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos". Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres»

Los fariseos le daban más importancia a las tradiciones de los hombres que a los mandatos de Dios (o la Torá). Lo que realmente importa es hacer la voluntad de Dios, aumentar nuestra fe, esperanza y caridad.

Segunda aclaratoria: Jesús añade: “Lo que hace al hombre malo es lo que viene del corazón”. 

Lo que viene de fuera, no afecta al hombre, no lo hace malo, no lo mancha. Lo malo es lo que viene de su corazón y consiente a ello. Es decir, los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, el narco, la droga, los asesinatos, la avaricia, la corrupción, los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo, la falta de juicio. Todas estas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre.

Lo demás es pura hipocresía: De nada sirve vestirse elegantemente e ir así a la Iglesia, si la conducta es mala, perversa e impura. “Aunque el mono se vista de seda, mono se queda”. Lo que importa es purificar el interior. De nada sirve rezar muchas oraciones, asistir a muchas procesiones, si mis obras no siguen los mandatos de Dios.

Jesús viene a recordarnos que lo importante no es lo que dicen los labios, sino lo que dice el corazón.

3.- ¿Condena Jesús las tradiciones, como inventos humanos? 

Jesús no condena toda tradición. Condena el ponerlas al mismo nivel o por encima de lo mandado por Dios. Hemos heredado procesiones, novenas, celebraciones, fiestas. Todas son hermosas y buenas, pero… no hay que confundirlas con lo esencial. Todas esas tradiciones son medios para un fin.

Y el fin es dar gloria a Dios, y formar la iglesia de Cristo, que es vivir juntos el amor y compartirlo con los hermanos. Somos una sola familia, unida en lo esencial que es buscar la salvación para todos. El fin siempre será caminar juntos hacia Dios.

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Reflexión por el Padre José Martínez de Toda, S.J, PildorasdeFe.net
Coordinador del Sector Comunicación de la CPAL (Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina) Venezuela

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