Categoría: Evangelio dominical

¿Quienes fueron los primeros y grandes desertores de la Eucaristía?

Las Escrituras no siempre son fáciles de entender y aplicar a nuestra vida. La verdad es algo difícil de asimilar y no queremos escucharla

Las Escrituras no siempre son fáciles de entender y aplicar en nuestra vida actual. Un ejemplo de ello es cuando Jesús dice a sus discípulos "quien coma mi cuerpo y beba mi sangre tendrá vida eterna" (Jn 6,54), y muchos fueron los que lo abandonaron de inmediato, ya que eran palabras duras y poco entendibles.

¿Qué importancia tiene el Evangelio para nuestras vidas hoy en día, para el mundo en que vivimos?

A veces la verdad es algo muy difícil de asimilar y no queremos escucharla. Son muchos lo que se retiran, dejan de asistir a la Iglesia, de participar en las Misas, porque encuentran palabras "duras" de Jesús y no se identifican con ellas, no caminan por la senda por la que debe ir un seguidor de Jesús, sino que encuentran caminos a su medida. Te invito a que profundicemos en estas Palabras y nos vayamos analizando interiormente si somos capaces de seguir a Jesús

1.- ¿Quiénes son los primeros desertores de Jesús?

  • Los primeros desertores fueron el gran conglomerado de personas que estuvo presente en la multiplicación de los panes. Lo quieren proclamar rey. Pero Jesús no acepta ser rey. Más bien, se esconde. Y aquella multitud, que no ha entendido bien su misión, se dispersa.

  • Los segundos desertores son algunos de sus seguidores que son porfiados. Entonces Jesús aprovechó para hablarles claramente de su identidad y de su misión. Él les ofrece el Pan del cielo, que es su carne como único alimento verdadero para el camino hacia el Padre. Al oir esto, muchos comienzan a dudar, inclusive los que se consideraban discípulos suyos (Lc 10,1) y se alejan de Jesús.

Tantos se fueron, que Jesús tuvo que preguntarles a sus 12 Apóstoles: "¿También ustedes quieren irse?" y Simón Pedro, siempre entusiasta y de buen corazón le contesta: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros ya hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios"

Y se quedó con Él. Así responden los leales. Y así respondemos también nosotros. En los momentos más difíciles de nuestra propia vida, necesitaremos llenarnos de valor para responder, como Pedro. O como hicieron los compañeros de luchas del ex-esclavo Espartaco después de su derrota. Cuando fueron capturados, el militar romano les preguntó: "¿Quién es Espartaco?". Y todos se levantaron gritando "Yo soy Espartaco", para protegerle.

Hay muchos otros casos de lealtad ante el peligro del líder. Y nosotros, ¿somos leales o desertores con Jesús?

Un autor anónimo escribió estos versos, en los que habla Jesús:

Me llamas Señor y no me obedeces.
Me llamas Luz y no me ves.
Me llamas Camino y no lo andas.
Me llamas Vida y no me deseas.
Me llamas Sabio y no me sigues.
Me llamas Justo y no me amas.
Me llamas Rico y no me pides.
Me llamas Bondad y no confías en mí.
Me llamas Noble y no me sirves.
Me llamas Poderoso y no me honras.
Me llamas Justo y no me temes.
Si te condenas, no me eches la culpa.

Aquí se ve que uno es muchas veces leal de palabra, pero desertor en la práctica.

2.- ¿Hay momentos difíciles en nuestro seguimiento a Jesús?

Hay momentos en que nos tenemos que definir. Te contaré esta historia:

«Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis enterraron en una fosa común a un grupo de judíos. Pero un muchacho de unos doce años quedó vivo, y poco a poco logró salir de la tumba poco profunda. Fue a su pueblo y llamó a las puertas de sus vecinos, que lo conocían; pero al verlo cubierto de tierra, le cerraron las puertas. Una mujer estaba a punto de hacer lo mismo, cuando el muchacho le dijo: "Señora, ¿no me reconoce? Soy ese Jesús que ustedes los cristianos dicen que aman”.

La mujer empezó a llorar y lo recibió en su casa. En ese momento aquella mujer hizo la mejor decisión de su vida» (Félix Jiménez, escolapio)

Amar a Jesús es ayudar al necesitado, aun a riesgo de la propia vida.

3.- ¿Cuál es el significado que le da Jesús aquí a la «carne»?

Dice Jesús: “El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada”.

a) La carne: Simboliza aquí todas las tendencias naturales o afecciones desordenadas (como las llamaría S. Ignacio). Ellas no son malas de suyo, pues han sido creadas por Dios. Pero han sido corrompidas por el pecado original, y hay que tener cuidado con ellas. En ellas predomina el instinto animal, que muchas veces es egoísta, y sólo se interesa por lo de uno mismo de una forma excesiva, sin preocuparse de los demás.

Se pueden resumir en «las tres P»: Plata (el dinero), Placer y Poder. Las tres se pueden tener de una forma inocente y sabia, pero son muy peligrosas, si ellas mandan en nosotros. José Luis Vethencourt decía que en Venezuela mandaba otra P, la del Prestigio.

b) El espíritu: Proviene de Dios, que es amor, generosidad, solidaridad. Dice San Pablo: "Ustedes, hermanos, han sido llamados a vivir en libertad; pero no la libertad que da rienda suelta a sus bajos instintos; más bien, háganse servidores los unos de los otros por medio del amor" (Gálatas 5,13)

El espíritu nos da ilusión, alegría. En la vida hay que caminar con los ojos abiertos del espíritu, que ve más lejos, y de pronto podemos encontrar tesoros.

La persona superficial mira con los ojos de la rutina, del simple mirón, del curioso, del que se convierte en desertor ante la primera dificultad, es decir con los ojos de la carne.

La persona profunda mira con los ojos de la superación, de la fe, de los leales, del espíritu, del «Magis» ignaciano, siempre listo para buscar lo mejor.

4.- ¿Hay alguna crisis parecida en el Antiguo Testamento?

En el libro de Josué nos habla de una crisis en el pueblo hebreo.

"Los israelitas comenzaron a adorar muchos dioses falsos cuando iban hacia la Tierra Prometida. Josué les obligó a definirse en Siquén. Y ellos, siguiendo su ejemplo, gritaron: “¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! Porque Él es quien nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto" (Jos 24,16-17).

Así debemos reaccionar ante las crisis de hoy contra lo religioso y la Iglesia. El problema hoy en muchos no es el ataque frontal contra Dios, sino el prescindir de Él, no dar importancia a lo cristiano, serle indiferente, pensar que hay cosas más importantes que Jesús.

Reflexión

Una de las maneras en que, como Pedro, declaramos a Jesús como el Mesías, es cuando profesamos el Credo.

El Credo es una profesión escrita que resume la búsqueda de la comunión con Dios para comprender cada vez más y profundamente a Jesús y su mensaje de salvación

A veces damos por sentado nuestra identidad cristiana sin someterla al juicio de una decisión de seguir a Cristo o llevar una vida sin él. Puede ser una meditación dolorosa, pero ¿por qué no hacerlo?,así veremos si podemos aceptar a Jesús siguiéndolo con la confianza expresada por Pedro: "Señor, ¿a quién iremos?"

Oremos por todos los temen seguir a Jesús y se enfrentan a la discriminación o la persecución a causa de su fe cristiana; y por aquellos que tienen dudas acerca de las exigencias que conlleva en su vocación en particular: para que todos reciban la fuerza que necesitan de Jesús, el pan de vida.

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Redacción y reflexión: Qriswell J. Quero. Reflexión por el Padre José Martínez de Toda, S.J, PildorasdeFe.net
El Padre José Martínez de Toda, S.J., es Coordinador del Sector Comunicación de la CPAL (Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina) Venezuela

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