Categoría: Evangelio del día

Evangelio de hoy Miércoles y Lecturas de Hoy 22 de Julio 2026 - San Juan 20,1-2.11-18

Evangelio del día Miércoles 22 de julio 2026 🙌 Medita las lecturas de hoy, Juan 20,1-2.11-18: ¿El dolor te paraliza? Escucha la voz sanadora de Cristo hoy

"Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?" es la frase del evangelio de hoy Miércoles 22 de julio de 2026, con las lecturas del día y la reflexión católica que inspira en el Miércoles de la Fiesta de Santa María Magdalena. La Palabra diaria en San Juan 20,1-2.11-18 nos muestra a Jesús resucitado consolando a María Magdalena junto al sepulcro. El Maestro la llama dulcemente por su nombre, revelándole su victoria triunfal sobre la muerte para transformar su llanto en esperanza. Explora las lecturas del día con la reflexión de hoy explicada.

Índice lecturas de hoy

Santo del día

Santa María Magdalena, la gran apóstol de los apóstoles, acompañó a Jesús hasta la cruz y fue el primer testigo de la resurrección: Conoce su asombrosa vida

Mensaje del Evangelio

Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? (Cf. Juan 20,1-2.11-18)

Evangelio de hoy Miércoles, Juan 20,1-2.11-18: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

Oración de serenidad: Jesús, Luz y Verdad

Jesús, Luz de mi amanecer, me rindo ante Ti con el espíritu quebrantado por las tristezas que aún albergo en mi corazón. Muchas veces el desánimo nubla mi entendimiento, haciéndome llorar frente a los sepulcros de mis ilusiones perdidas. Perdona mi ceguera espiritual y mi incapacidad para reconocerte vivo a mi lado. Pronuncia mi nombre con esa inmensa ternura celestial que disipa las dudas, para que despierte de esta profunda desesperanza. Enjuga mis lágrimas, restaura mi alegría y otórgame la fortaleza necesaria para anunciar con inmensa valentía que estás vivo, reinando eternamente en mi corazón. Amén.

Lecturas del día Miércoles

Cantar de los Cantares 3,1-4: Encontré al amor de mi alma

En mi lecho, por las noches, busqué al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma. Lo busqué y no lo encontré. Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: "¿Han visto al amor de mi alma?". Apenas los había pasado, encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo soltaré, hasta que lo haya introducido en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me concibió. Palabra de Dios.

Salmo del día

Salmo 63(62), 2. 3-4. 5-6: Mi alma está sedienta de ti, Señor, mi Dios (R)

Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; mi alma está sedienta de ti; mi carne te añora, como tierra seca, sedienta y sin agua. /R.

Cómo te contemplaba en el santuario para ver tu fuerza y tu gloria. Tu amor vale más que la vida, mis labios te alabarán. /R.

Así te bendeciré mientras viva, levantaré mis manos en tu nombre. Me saciaré de manjares exquisitos, y mis labios te alabarán jubilosos. /R.

Evangelio del día Miércoles

Lectura del día: Juan 20,1-2.11-18: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra había sido quitada del sepulcro. Entonces fue corriendo a buscar a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: "¡Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto!".

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, en el lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". Ella les respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".

Al decir esto, se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le dijo: "Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".

Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", que significa "¡Maestro!".

Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre y al Padre de ustedes, a mi Dios y al Dios de ustedes'".

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: "¡He visto al Señor!", y les contó lo que él le había dicho. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentarios al Evangelio de hoy

El Evangelio de hoy nos introduce en la inmensa ternura del Resucitado hacia quienes lo buscan con perseverancia. A veces lloramos buscando algo que parece estar sin vida, pero encontramos al Dueño absoluto de la eternidad. A través de este pasaje, comprendemos que Cristo nunca ignora nuestras lágrimas ni nuestro profundo sufrimiento. Como creyentes modernos, estamos llamados a dejar de buscar la paz en las cosas que perecen. Debemos afinar nuestro oído espiritual para escuchar cómo el Maestro nos llama en medio de las grandes crisis, convirtiendo nuestra angustia en salvación.

Cristo vive. Esta es la gran certeza que llena de gozo el corazón de la Iglesia. María Magdalena, en medio de sus lágrimas, representa a la humanidad que busca ansiosamente el sentido de la vida frente a la tumba de sus esperanzas terrenales. Pero Jesús no la abandona en su llanto; la llama por su nombre, demostrando que la fe nace del encuentro personal con el Señor vivo. La Resurrección no es un mito ni un simple símbolo, sino la realidad suprema que transforma el dolor en victoria. Nosotros también somos llamados por nuestro nombre, invitados a salir de las sombras de la tristeza para convertirnos en mensajeros de esta buena nueva. La alegría de la Pascua debe impregnar cada rincón de nuestra existencia, recordando siempre que Aquel que venció a la muerte camina a nuestro lado, enjugando nuestras lágrimas y abriendo las puertas de la eternidad.

- Papa San Pablo VI, Audiencia General, 14 de abril de 1976.

Evangelio del día: video

¿Qué mensaje tiene Dios para mí en el día de hoy? Escucha la meditación en audio del Evangelio de hoy Miércoles, según San Juan 20,1-2.11-18: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?".

Pidamos ayuda al Espíritu Santo, para que nos ayude a meditar la reflexión de las lecturas de hoy Miércoles.

Oración al Espíritu Santo

Une las enseñanzas del Evangelio con una meditación y oración del día al Espíritu Santo, y permite que sus inspiraciones sean fuerza y paz para tu vida.

Oración del día al Espíritu Santo: Miércoles 22 de julio de 2026: El Dador de Vida te sostiene en las deudas y en la providencia para tu familia. ¡Invoca con fe!

Intenciones del día: peticiones de oración

En el evangelio del día Miércoles 22 de julio de 2026, con las lecturas del día en San Juan 20,1-2.11-18, reflexiona sobre "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". La resurrección del Señor nos exige abandonar la desesperanza profunda y proclamar con gran valentía que la muerte y el sufrimiento han sido derrotados. Debemos ser testigos vivos del poder sanador que ilumina incluso las noches más densas.

¿En qué necesidad te habló Jesús hoy a través del Evangelio de hoy miércoles? No dejes que las tristezas del mundo marchiten tu inmensa fe. Seca tus lágrimas, escucha la dulce voz del Redentor y avanza con profunda serenidad, sabiendo que su amor inquebrantable te acompaña y protege por la eternidad. Dinos en los comentarios, y estaremos orando por tus intenciones. Comparte esta reflexión del día con alguien que necesite esperanza hoy. Suscríbete gratis y recibe tu bendición diaria cada mañana directamente en tu correo, con su reflexión católica.

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❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre el Evangelio del día y María Magdalena

Las profundas lágrimas de dolor y la desesperanza suelen nublar por completo nuestra visión espiritual. A menudo, cuando el sufrimiento nos embarga, nuestra mente se cierra y no logramos percibir las bendiciones que tenemos frente a nosotros. Sin embargo, basta que el Señor pronuncie nuestro nombre para que la fe despierte. El Papa San Juan Pablo II afirmaba que el amor verdadero siempre ilumina nuestra mirada oscurecida.

Significa que el Creador mantiene una relación intensamente personal, íntima e intransferible con cada una de sus criaturas. Dios no nos ama en masa, sino individualmente, conociendo nuestras heridas y temores más secretos. Como declara la profunda promesa bíblica: "No temas, porque yo te he redimido; te he llamado por tu nombre, tú eres mío" (Isaías 43,1). Esta certeza inquebrantable nos devuelve la dignidad humana y disipa toda angustia existencial.

Podemos ser mensajeros cultivando la caridad constante y la alegría inquebrantable frente a las pruebas cotidianas. Significa no quedarnos estancados en el lamento o la queja, sino levantarnos rápidamente para ayudar a otros a cargar sus pesadas cruces. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que todo cristiano, por virtud del bautismo, participa de la misión apostólica, convirtiéndose en un testimonio vivo y pacífico de la inmensa misericordia del Cristo resucitado.

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