Categoría: Celebración del día

San Juan Crisóstomo, Doctor de la Iglesia, boca de oro y patrono de predicadores

San Juan Crisóstomo, santo patrono de los predicadores y Doctor de la Iglesia: vida, homilías, destierro y cómo anunciar el Evangelio con valentía cristiana

Cuando una voz se vuelve tan clara que molesta, algo serio está pasando. Así le ocurrió a San Juan Crisóstomo, nuestro santo del día 13 de septiembre. Él no buscaba aplausos: quería que la gente sencilla entendiera el Evangelio y lo viviera de verdad. En Antioquía y luego en Constantinopla habló del pobre, del matrimonio, de la Eucaristía y del pecado sin rodeos. Le llamaron “boca de oro”, y ese oro le costó el destierro y una muerte lejos de su sede. Quien hoy predica, enseña catequesis o solo intenta decir la verdad en casa, encuentra en este Doctor un hermano mayor. No es figura de vitrina. Es el santo patrono de los predicadores, y su vida pregunta si nuestra palabra sirve a Cristo o solo nos acomoda.

Fiesta: 13 de septiembre

Martirologio romano: Memoria de san Juan, obispo de Constantinopla y doctor de la Iglesia, antioqueño de nacimiento, que, ordenado presbítero, llegó a ser llamado "Crisóstomo" por su gran elocuencia. Gran pastor y maestro de la fe en la sede constantinopolitana, sufrió el destierro por la facción de sus enemigos y, al volver del exilio por decreto del papa san Inocencio I, como consecuencia de los maltratos recibidos de sus guardas durante el camino de regreso, entregó su alma a Dios en Comana, localidad del Ponto, el catorce de septiembre (407).

Biografía de San Juan Crisóstomo

San Juan Crisóstomo nació en Antioquía, probablemente en el año 347. Era hijo de un militar y de Antusa, mujer cristiana de carácter firme, que enviudó muy joven y ha sido venerada como santa. La casa era acomodada, pero no blanda: allí aprendió a tomar en serio la fe antes de subir a un púlpito.

En su juventud estudió filosofía y retórica en la misma Antioquía. A los veintiún años, después de un tiempo junto al obispo Melecio, recibió el bautismo y fue hecho lector. Quiso la soledad. Vivió como monje en casa y luego como ermitaño. El poco sueño y el estudio intenso le quebraron la salud y tuvo que volver a la ciudad.

No dejó las Escrituras. Melecio lo ordenó diácono en el 381 y Flaviano lo ordenó sacerdote en el 386. Flaviano le encargó predicar en la iglesia principal. Lo hizo con puntualidad durante doce años, hasta 397. Pedía a Dios que le guiara los pasos, no que le diera frases bonitas.

"Dios todopoderoso, nos has dado gracia en este momento de común acuerdo para hacerte nuestra común súplica; y has prometido, a través de tu bienamado Hijo, que cuando dos o tres se reúnan en su Nombre, estarás en medio de ellos: Cumple ahora, Señor, nuestros deseos y peticiones, como mejor nos convenga; danos, por en este mundo, el conocimiento de tu verdad, y en el siglo venidero la vida eterna. Amén". (San Juan Crisóstomo)

Su especialidad pastoral era la predicación. De ahí el sobrenombre de Crisóstomo, “boca de oro”, que le dieron más tarde los bizantinos. La fuente no era solo la retórica aprendida de joven. Era la oración. Solía decir: "La oración es el lugar de refugio para cada preocupación, una base para la alegría, una fuente de constante felicidad, una protección contra la tristeza."

Al morir el patriarca Nectario, lo llamaron a la cátedra de Constantinopla. Empezó una reforma que admiró a unos y desconcertó a otros. Recortó lujos de la sede, atendió a pobres y no suavizó el tono para quedar bien en palacio.

San Juan Crisóstomo, obispo predicador

Fue predicador, teólogo y pastor de pueblo. Cada homilía llevaba un peso social: no se puede honrar el altar y despreciar al que pasa hambre. Una de sus piezas más conocidas es la llamada Homilía Pascual, que en muchas Iglesias de Oriente se lee todavía en la liturgia de Pascua.

Entre sus series hay 55 homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 59 sobre los Salmos, 67 sobre el Génesis, 88 sobre el Evangelio de Juan y 90 sobre el Evangelio de Mateo. También escribió contra quienes despreciaban la vida monástica, pensando en padres que no querían dejar ir a un hijo al claustro.

No era diplomático. Decía lo que veía: el contraste entre el derroche y la miseria, la tibieza del clero, las costumbres que vaciaban el bautismo. Esa franqueza le hizo querido en la nave y peligroso en la corte.

Sus prédicas sobre el matrimonio y la familia

Habló mucho de la familia, y todavía más de la educación de los hijos. Esos temas asoman en casi cualquier homilía suya. Para él el matrimonio no era un contrato frío. Era misterio.

¿De qué forma es el matrimonio un misterio? Los dos se han convertido en uno; no es este un símbolo vacío, no se han convertido en imagen de nada en la tierra, sino de Dios mismo. Llegan a ser un solo cuerpo. ¡Vean el misterio del amor! Si los dos no se convierten en uno, no pueden crecer; ¡solo pueden crecer decreciendo! ¡Qué grande es el poder de la unidad! (homilía de San Juan Crisóstomo sobre el matrimonio y la vida en familia)

Animaba a las parejas a rezar juntas en casa y a ir a la iglesia. Les decía: "Me gustaría que ustedes rezaran siempre; y si no siempre, al menos muy a menudo, y si no muy a menudo, por lo menos de vez en cuando, por la mañana o por la tarde." (Homilía XXII sobre Hebreos).

Sobre la armonía del hogar afirmaba que consistía en mirar lo que convenía a todos, no solo a uno.

"Cuando prevalece la armonía, los hijos salen bien criados, el hogar se mantiene ordenado y los vecinos, los amigos y los parientes elogian el resultado."

Enseñó que un matrimonio fundado en Cristo se vuelve como una pequeña iglesia: el mismo Jesús, los ángeles y los arcángeles vienen a morar allí y alumbran la casa. A los laicos les aplicaba cada parábola a la vida común: el sueldo, la mesa, la paciencia y el perdón.

"Avergüénzate cuando peques, no te avergüences cuando te arrepientas [Arrepentirse significa tener un cambio de corazón y de mente. No es simplemente un sentimiento de pena, sino un crecimiento psicoespiritual lejos del mal/muerte y un giro hacia Dios/vida]. El pecado es la herida, el arrepentimiento es la medicina. El pecado es seguido por la vergüenza; el arrepentimiento es seguido por la audacia [La audacia significa rogar a Dios por una misericordia inmerecida]. Satanás ha revocado esta orden y ha dado audacia al pecado y vergüenza al arrepentimiento". San Juan Crisóstomo.

El Doctor era insuperable en el púlpito y torpe para las intrigas. Un grupo de obispos dirigido por Teófilo de Alejandría lo depuso de modo irregular, con la complicidad de la emperatriz Eudoxia. El emperador Arcadio lo llamó de vuelta y, a los dos meses, lo desterró otra vez.

Muerte de San Juan Crisóstomo

En ese último traslado, el 14 de septiembre del año 407, murió en Comana, en el Ponto. La tradición recoge sus últimas palabras: “Gloria a Dios por todo”. De sus escritos se conserva, entre muchos otros, un tratado sobre el sacerdocio que sigue siendo clásico para quien sirve al altar. Lo honraron como santo muy pronto. Su sucesor, san Proclo, lo alabó en Santa Sofía.

Más tarde, el pueblo de Constantinopla salió a recibir su cuerpo cantando. Las homilías en su honor ayudaron a lograr que el emperador permitiera traer las reliquias. En 438 las colocaron en la Iglesia de los Santos Apóstoles. El papa san Pío X lo nombró patrono de todos los predicadores católicos del mundo.

Que, por la palabra y el ejemplo de San Juan Crisóstomo, tengamos el mismo valor para anunciar la fe y señalar el mal sin teatralidad. Él pagó el ministerio con el exilio. No se escondió. La verdad fue su bandera, no su adorno.

4 datos sobre San Juan Crisóstomo

1. Lo formó una viuda joven, no una corte

No todos recuerdan que su madre enviudó muy joven y lo educó con una fe seria, sin teatro. Antusa ha sido venerada como santa. Aquella casa cristiana acomodada no crió a un niño mimado de palacio, sino a un hombre que después vendería lujos episcopales para atender necesitados. La primera escuela de su predicación no fue el púlpito de Constantinopla: fue el hogar de una viuda que no quiso que el Evangelio se quedara en palabras bonitas.

2. Doce años de púlpito en Antioquía

Durante doce años, en Antioquía, el obispo Flaviano le encargó predicar en la iglesia principal. Allí nacieron series enteras: decenas de homilías sobre Mateo, Juan, Génesis, los Salmos y los Hechos. El pueblo lo escuchaba porque hablaba claro. No disfrazaba el texto. Aplicaba cada parábola a la vida de una familia ordinaria, al sueldo, a la mesa y a la pelea de cada día.

3. El lujo de palacio le salió caro

En Constantinopla recortó gastos de la sede, denunció el lujo indiferente y organizó ayuda para pobres y enfermos. Eso le ganó el cariño del pueblo y la irritación de la emperatriz Eudoxia y de obispos celosos, entre ellos Teófilo de Alejandría. Lo depusieron de forma irregular y lo mandaron al exilio más de una vez. El precio de su honestidad no fue un título: fue el camino.

4. Reliquias que cruzaron Roma y volvieron a Oriente

Sus últimas palabras, según la tradición, fueron: “Gloria a Dios por todo”. En 438 llevaron sus reliquias a Constantinopla entre cantos. Más tarde, en 1204, parte de ellas viajó a Roma. En 2004, san Juan Pablo II restituyó algunas al patriarcado ortodoxo en Estambul. El cráneo se venera en el monasterio de Vatopedi, en el Monte Athos, y muchos fieles le piden salud y valentía para hablar.

Una palabra que no se esconde

Una palabra verdadera no siempre consuela al instante. A veces despierta. San Juan Crisóstomo nos deja esa lección sin adorno: predicar es servir, no lucirse. "Predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo", pide la Carta a Timoteo.

Hoy esa insistencia cabe en una conversación de cocina, en un aula o en un púlpito. Lo que no cabe es callar por miedo cuando Cristo pide ser anunciado.

Oración a San Juan Crisóstomo

Padre Todopoderoso y eterno, por la fuerza de todos los que confían en ti, has hecho famoso a San Juan Crisóstomo por su predicación, elocuencia y heroísmo en sus sufrimientos. Que podamos aprender de sus enseñanzas y ganemos valor con su paciente resistencia. Todo esto lo pedimos en nombre de Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en unidad con el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

San Juan Crisóstomo, obispo y Doctor, pide para nosotros una lengua limpia y un corazón firme. Enséñanos a rezar antes de hablar, a defender al pobre y a no vender la verdad por quedar bien. Que tu última alabanza, Gloria a Dios por todo, nos acompañe en el trabajo, en la familia y en la Iglesia. Ruega por los predicadores y por quienes callamos de más. San Juan Crisóstomo, santo patrono de los predicadores, ruega por nosotros.

Que tu boca sirva a Cristo, no al miedo

Si Dios te pide una palabra honesta esta semana, no la guardes por miedo al qué dirán. Pide a San Juan Crisóstomo esa claridad que nace de rezar antes de hablar.

Comparte esta memoria con quien predica, enseña catequesis o se queda callado por miedo. Una boca al servicio del Evangelio todavía puede consolar y corregir.

Hay santos que nos dejan ideas. Este nos deja una pregunta incómoda: ¿mi palabra acerca a Cristo o solo me protege? Si hoy 13 de septiembre recuerdas a la boca de oro, deja que te examine el silencio de tu casa. ¿A quién le debes una verdad dicha con caridad?

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre San Juan Crisóstomo, boca de oro

Se celebra el 13 de septiembre. El Martirologio recuerda que entregó el alma en Comana, en el Ponto, el 14 de septiembre del año 407, agotado por el destierro. La memoria se anticipa un día para no coincidir con la Exaltación de la Santa Cruz. En Oriente se le honra el 13 de noviembre y el 27 de enero, fecha de la traslación de sus reliquias a Constantinopla.

Crisóstomo viene del griego y significa “boca de oro”. No fue un apodo de juventud: lo usaron generaciones posteriores, asombradas por su elocuencia al explicar la Escritura. El papa san Pío X lo declaró patrono de los predicadores. San Pablo pide predicar a tiempo y a destiempo; este obispo lo hizo hasta el final, aunque le costara la sede y la salud. Su boca de oro no era adorno: era servicio a la Palabra.

Nació en Antioquía hacia el año 347. Quedó huérfano de padre muy pronto y lo formó su madre, santa Antusa. Estudió retórica, se bautizó de adulto, vivió como monje y ermitaño y, por enfermedad, volvió a la ciudad. Fue diácono, sacerdote predicador doce años y, en 398, obispo de Constantinopla. Allí reformó costumbres, cuidó a los pobres y chocó con la corte. Murió desterrado, diciendo: “Gloria a Dios por todo”.

Sí. El Catecismo recuerda que el pueblo de Dios se alimenta de la Palabra y de la Eucaristía. San Juan insistió en ambas. Dejó homilías sobre Mateo, Juan, Génesis, los Hechos y los Salmos, y un tratado sobre el sacerdocio que sigue formando clero. También se le honra por su testimonio de la Presencia Real. Quien quiera predicar con sustancia, no con ruido, tiene en él un maestro concreto y exigente.

Santos de la semana

Redacción y edición: Qriswell Quero,
Biografía, celebraciones y Fiestas de la Iglesia

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

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