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Santa Inés de Montepulciano vistió el hábito a os 9 años y a los 15 ya era Superiora del monasterio que fundó bajo la regla de Santo Domingo Guzmán. Biografía

Santa Inés de Montepulciano. Mística. Vidente del Niño Jesús..

Santa Inés de Montepulciano, o Inés Segni (Sant´ Agnese di Montepulciano en italiano)  fue una joven religiosa proveniente de una familia noble, quien, desde su nacimiento, tuvo manifestaciones divinas de lo que sería su vocación. En su cuna aparecieron luminarias milagrosamente encendidas. A la edad de nueve años se retiró al monasterio de Montepulciano y vistió el hábito de las monjas. Fue tanto su progreso espiritual, que a la corta edad de quince años es elegida superiora del monasterio en Procena, que ella misma había promovido. El significado de Inés es: "la que se mantiene pura". Santa Inés llegó a convertirse en Abadesa de la orden de Santo Domingo Guzmán.

Fiesta: 20 de abril.

Martirologio romano: En Montepulciano, en la Toscana, Santa Inés, virgen, que cuando tenía tan solo nueve años vistió el hábito de las santas vírgenes y a los quince años fue elegida, en contra de su voluntad, como superiora de las monjas de Proceno en Tuscia, fundando más tarde un monasterio que rigió bajo la disciplina de Santo Domingo, dando un maravilloso ejemplo de verdadera humildad.

Biografía de Santa Inés de Montepulciano.

Santa Inés nació en Montepulciano, (Italia) en 1268 y fue una de las figuras más brillantes de la Orden de Santo Domingo Guzmán.

A los 9 años obtuvo que sus padres (que eran de una de las principales familias de la ciudad) la dejaran irse a vivir a un convento de religiosas. Allí su seriedad y su comportamiento tan inteligente le atrajeron de tal manera la confianza de las superioras que cuando apenas tenía catorce años la encargaron ya de la portería del convento y de recibir las visitas.

Cuando Santa Inés de Montepulciano tenía 15 años, la superiora de aquella comunidad fue trasladada a fundar un convento en otra ciudad, y pidió que le dejaran llevar como principal colaboradora a Inés, porque era una joven de una extraordinaria responsabilidad en todo lo que hacía.

Y sucedió por aquellos tiempos que las gentes de Montepulciano dispusieron crear unas casas para religiosas. Pidieron que les fuera enviada como superiora del nuevo convento la joven Inés, cuya santidad ya era notoria en todos los alrededores.

Santa Inés siendo tan joven, aceptó el cargo porque confiaba en que Dios le iba a ayudar de maneras sorprendentes. Y así sucedió.

Estaba Santa Inés de Montepulciano pensando a qué comunidad religiosa debía ella confiar a las monjitas de su nuevo convento, cuando una noche en una visión se le aparecieron en el mar muchas barcas con distintos patronos, invitándola a navegar en ellas. Pero una barca tenía por piloto a Santo Domingo de Guzmán y este santo le decía: "Es voluntad de Dios que tú viajes en la barca de la Comunidad Dominicana".

Desde entonces, Santa Inés se propuso afiliar a sus religiosas a la Comunidad de padres Dominicos. Y así ella llegará a ser una de las glorias de esta comunidad, y lo mismo lo será su gran devota, Santa Catalina de Siena.

Penitencias de Santa Inés.

Desde muy joven, Santa Inés de Montepulciano ayunaba casi todos los días y dormía en el duro suelo y tenía por almohada una piedra. Después la salud se le resintió y por orden del médico tuvo que suavizar esas mortificaciones. San Raimundo cuenta que Dios le permitía visiones celestiales, que un día logró ver cómo era Jesús cuando era Niño.

Otra vez estando la despensa del convento desprovista y no habiendo alimentos para las monjas, ella rezó con fe y la despensa apareció llena de comestibles.

A Santa Inés de Montepulciano la veían levantada por los aires mientras le llegaban los éxtasis de la oración. Un ángel se le apareció ofreciéndole un cáliz de amargura y le dijo: "Como Jesús, en esta tierra tendrás que beber el cáliz de la amargura, pero para la eternidad te espera la corona de gloria que nunca se marchita".

Santa Catalina de Siena que fue a Montepulciano a visitar el cadáver de Santa Inés, el cual después de 30 años, todavía se encontraba incorrupto, profesaba una gran veneración a esta santa y en una carta que escribió a las religiosas de esa comunidad les dice:

"Les recomiendo que sigan las enseñanzas de la hermana Inés y traten de imitar su santa vida, porque dio verdaderos ejemplos de caridad y humildad. Ella tenía en su corazón un gran fuego de caridad, regalado por el mismo Dios, y este fuego le producía un inmenso deseo de salvar almas y de santificarse por conseguir la salvación de muchos. Y después de la caridad lo que más admiraba en ella era su profunda humildad. Siempre oraba y se esforzaba por conservar y aumentar estas dos virtudes. Y lo que le ayudaba mucho a crecer en santidad era que se había despojado de todo deseo de poseer bienes materiales o de darle gusto a sus inclinaciones sensuales, y el dominar continuamente su amor propio. Su corazón estaba totalmente lleno de amor a Cristo Crucificado, y este amor echaba fuera los amores mundanos y los apegos indebidos a lo que es terrenal. Ella ofrecía en sacrificio a Dios su propia sensualidad. Para esta buena religiosa el mejor tesoro era Cristo crucificado, en quien meditaba siempre y a quien tanto amaba".

Hermoso relato redactado por una gran santa, acerca de otra santa también muy admirable.

San Raimundo cuenta que muchos testigos le declararon haber presenciado hechos milagrosos en la vida de Santa Inés.

Muerte de Santo Inés.

Cuando Santa Inés de Montepulciano estaba moribunda, oyó que sus religiosas lloraban y les dijo emocionada: "Si en verdad me aman, alégrense de que voy al Padre Dios a recibir su herencia eterna. No se afanen que desde la eternidad las encomendaré siempre".

Santa Inés de Montepulciano murió en el mes de abril del año 1317 a la edad de 49 años, y en su sepulcro se han obrado muchos milagros. El Papa Clemente VIII beatificó a Inés en el año 1608. Fue canonizada por el Papa emérito Benedicto XIII el 10 de diciembre de 1726.

Oración a Santa Inés de Montepulciano.

Oh Dios, que te complaciste a menudo en derramar un rocío celestial sobre la bendita Santa Inés, tu apreciada virgen, y en adornar con varias flores recién cortadas los lugares donde ella rezaba; concédenos misericordiosamente, por su intercesión, que seamos rociados con tu bendición y seamos aptos para recibir el regalo de la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén. San Inés de Montepulciano, ruega por nosotros.

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Biografía de Santos - Celebraciones y Fiestas de la Iglesia
Venezolano, esposo y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.
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