La Ascensión del Señor Jesús al Cielo: El triunfo final de nuestra redención
La Ascensión del Señor marca el acto final de la redención: Cuarenta días tras la Pascua, Jesús subió al Cielo corporalmente para sentarse a la derecha del Padre.
La mirada de los Once quedó cautiva en el azul infinito, suspendida en ese instante eterno donde la gravedad de la tierra cedió ante la gloria del cielo. La Solemnidad de la Ascensión del Señor no representa una despedida melancólica, sino el triunfo absoluto de nuestra redención, donde el Verbo encarnado eleva nuestra propia humanidad hasta el trono mismo de la Trinidad. Al cruzar el umbral de la nube de la Shekinah, Jesús no se despoja de su carne, sino que la entroniza para siempre en la luz inaccesible del Padre. Esta festividad monumental, celebrada cuarenta días después de la Pascua, marca el prefacio de nuestra esperanza y la condición necesaria para el envío del Espíritu Santo, recordándonos que nuestra verdadera patria no es el polvo, sino la inmensidad de la morada divina.
Fecha: VII Domingo de Pascua
Martirologio romano: Solemnidad de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, en la que, cuarenta días después de la resurrección, Jesús se elevó al cielo ante sus discípulos, para sentarse a la diestra del Padre, hasta que nuevamente, vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.
La Ascensión gloriosa del Redentor
La festividad de la Ascensión del Señor Jesús representa un pilar tan inamovible que el Credo de la Iglesia custodia esta verdad con celo eterno, profesando que el Salvador subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Esta afirmación no es un dato histórico accesorio; negar la Ascensión corporal de Nuestro Señor es tan grave como rechazar la Resurrección misma, pues ambas constituyen el acto final de la victoria sobre la muerte y el pecado iniciada el Viernes Santo.

Este acontecimiento prefigura nuestra propia entrada en el Reino, no como seres incorpóreos, sino como personas íntegras que recibirán cuerpos glorificados tras el Juicio Final. En su humanidad redentora, Cristo no solo rescató nuestras almas de la perdición, sino que inauguró la restauración del universo material, elevando lo creado a la dignidad original que Dios proyectó antes de la caída de Adán.
- "Lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista" (Hechos 1,9).
- "Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas" (Salmos 46,6).
- "Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza sobre todo" (Efesios 1,22).
- "Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios" (Marcos 16,19).
El misterio de la humanidad entronizada
En el día de la Ascensión, Jesús regresó al lugar de donde, en su divinidad, nunca se había ausentado. Sin embargo, lo hizo portando una novedad asombrosa: nuestra propia carne. Al tomar la naturaleza humana, el Hijo eterno asumió también la finitud y el peso de la tierra para transformarlos. Ahora, lo celeste y lo terreno conviven en una comunión indisoluble en la persona de Jesucristo, garantizando que toda persona humana reciba una altura de cielo e inmortalidad eterna.
Este recorrido divino, del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, asegura que Cristo no se ausente jamás de nuestra realidad cotidiana. Al sentarse a la derecha del Padre, Cristo llega al destino final para el cual fue creada la humanidad, arrastrando consigo a toda la creación. La fiesta celebra que la misión del Hijo ha culminado con éxito, preparando el sitio donde los hijos de Dios estamos llamados a participar de su misma gloria por los siglos.
La Ascensión permite nuestra madurez espiritual
La partida física del Maestro permite que los discípulos asuman sus responsabilidades desde una vivencia madura de la fe. Una presencia visible perpetua habría interrumpido el crecimiento de nuestra propia misión. Al elevarse, Jesús nos confía la tarea de ser sus pies y su voz en el mundo, asegurándonos que Él está donde nosotros tendremos que estar, tirando de nosotros con la fuerza de la esperanza para que progresemos hacia la consumación final.
Esta solemnidad no implica un desapego de los problemas del mundo; al contrario, la elevación de Jesucristo es el motor necesario para que todo lo creado ascienda con Él. Trabajar en la tierra con la mirada puesta en las alturas permite que nuestras acciones adquieran un valor eterno. La Ascensión es, en esencia, la condición indispensable para que el Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos capacite para hollar cada parcela de la creación con la unción de la alegría cristiana.
Misión evangelizadora y señales del Espíritu
El mandato de Cristo en el Evangelio de Marcos es tajante: "Id". Esta buena noticia debe ser sostenida por pies humanos robustecidos por el Paráclito. Solo quien ha tenido un encuentro personal con el Resucitado puede ser testigo creíble de este misterio. La misión no conoce fronteras y se dirige a toda la creación, exigiendo que cada discípulo camine en la parcela que Dios le ha asignado, sin pereza y con la confianza puesta en la protección divina.
A pesar de las dudas iniciales de los Once, Jesús se fía de ellos hasta el punto de encomendarles la continuación de su labor redentora. Las señales que acompañan a los que creen, como la expulsión de demonios o el don de lenguas, son manifestaciones de la facilitación de la misión por parte del Espíritu Santo. En la Ascensión, Cristo no nos deja solitarios, sino que confirma nuestra palabra con señales y nos envía al compañero imprescindible para que nuestra labor dé frutos de salvación.
🌟 4 datos curiosos sobre la Ascensión del Señor
1. Las huellas en el Monte de los Olivos
La tradición más antigua señala que en el lugar exacto desde donde Jesús ascendió, en la cima del Monte de los Olivos, quedaron impresas sus huellas sobre la piedra. Los peregrinos que visitan la Capilla de la Ascensión en Jerusalén todavía hoy pueden contemplar esta roca venerada, que recuerda el último contacto físico del Salvador con el polvo de nuestra tierra antes de entrar en la gloria.
2. La nube como símbolo de la Shekinah
La nube mencionada en los Hechos de los Apóstoles no es un simple fenómeno meteorológico. En la teología bíblica, representa la "Shekinah" o la Gloria de Dios que llenaba el Templo. Cuando la Escritura dice que una nube lo ocultó, está indicando que Jesús entró directamente en el misterio de la presencia divina, siendo envuelto por la misma gloria que guio al pueblo de Israel en el desierto.
3. Una liturgia de triunfo antiguo
En los primeros siglos, la Ascensión se celebraba conjuntamente con Pentecostés en una gran fiesta de cincuenta días. Fue a partir del siglo IV cuando la Iglesia comenzó a distinguirla como una solemnidad propia a los cuarenta días del ciclo pascual, basándose estrictamente en la cronología proporcionada por San Lucas. Es una de las festividades más antiguas y universales del calendario litúrgico católico.
4. El significado del número cuarenta
El intervalo de cuarenta días entre la Resurrección y la Ascensión posee un profundo simbolismo bíblico de preparación y transición. Al igual que el diluvio duró cuarenta días o Jesús ayunó cuarenta días en el desierto, este tiempo fue el periodo necesario para instruir definitivamente a los apóstoles, consolidar su fe en el Resucitado y prepararlos para recibir el bautismo del Espíritu Santo.
Nuestra humanidad descansa hoy en el trono divino
La Ascensión no es el alejamiento de Cristo, sino el modo en que Él asume la soberanía total sobre el cosmos. Al elevarse, Jesús no nos abandona, sino que abre el camino para que nosotros, sus miembros, lleguemos a donde Él, nuestra Cabeza, ya ha triunfado. San Agustín afirmaba con unción:
"Así como Él ascendió y no se apartó de nosotros, así también nosotros estamos ya con Él en el cielo".
Oración por la Ascensión del Señor
Señor Jesucristo, Rey de la gloria y vencedor del pecado, te adoramos en este día bendito en que elevas nuestra propia carne a la diestra del Padre. Te suplicamos que, al contemplar tu triunfo celestial, no permitas que nuestros corazones se queden pegados a las vanidades de la tierra, sino que busquen siempre las cosas de arriba, donde Tú reinas eternamente. Concédenos la fuerza del Espíritu Santo para cumplir con la misión que nos has encomendado, siendo testigos valientes de tu amor en cada rincón del mundo. Que la esperanza de tu regreso glorioso sea nuestra luz en la oscuridad y nuestra paz en la tribulación. Amén.
Eleva tu mirada hacia la Patria Celestial
La Ascensión del Señor es el recordatorio definitivo de que no fuiste creado para la mediocridad de este mundo, sino para la inmensidad del cielo.
Hoy, Jesús te invita a soltar las pesadas cargas del miedo y la desesperanza, recordándote que Él ya ha conquistado el trono para ti.
Comparte esta esperanza con quien se sienta derrotado. ¡Miremos hacia lo alto, confiando en que el Señor siempre estará con nosotros hasta el fin del mundo!
La Ascensión es el misterio donde la ausencia física se convierte en presencia espiritual universal. Jesús sube para estar más cerca de cada alma que lo invoca. ¿Estás listo para dejar que Él eleve tus preocupaciones hoy mismo hacia el corazón del Padre?
❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre la Solemnidad de la Ascensión del Señor
Este periodo fue fundamental para confirmar la realidad de la Resurrección del Señor ante los discípulos mediante múltiples apariciones. Durante este tiempo, Jesús completó la instrucción de los apóstoles sobre el Reino de Dios, preparándolos espiritualmente para su misión universal. Como indica el Catecismo: "Jesucristo, cabeza de la Iglesia, nos precede en el Reino" (CIC 666).
Sentarse a la derecha del Padre simboliza la inauguración del Reino del Mesías. Significa que Cristo, como Dios y como hombre, posee ahora la soberanía y el honor supremo sobre toda la creación. Es el cumplimiento de la visión profética de Daniel sobre el Hijo del Hombre que recibe el poder eterno.
La nube es el signo bíblico de la presencia divina y la gloria de Dios. Al ser envuelto por ella, se indica que Jesús ha entrado plenamente en la esfera de Dios. Hechos 1,9 narra: "Lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista", revelando su entronización celestial.
La Ascensión nos otorga una esperanza inquebrantable, recordándonos que nuestro destino final es la comunión con la Santísima Trinidad. Nos motiva a trabajar en la tierra con la mirada en el cielo, sabiendo que Cristo intercede constantemente por nosotros. Él prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
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Venezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.





