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Categoría: Matrimonio y noviazgo

J.R.R. Tolkien fue un romántico, durante toda su vida escribió poemas de amor a su esposa. Él fue sepultado a su lado bajo una sola lápida

El secreto de un matrimonio feliz de Tolkien, Señor de los anillos.

J.R.R. Tolkien fue un romántico. Cuando conoció a su futura esposa, Edith, a la edad de 16 años, se enamoró instantáneamente de ella, e inmediatamente comenzó a cortejarla. Era muy frecuente que la invitara a casas de té. Pero cuando el sacerdote que era guardián de Tolkien se enteró de ese interés, le prohibió tener contacto con Edith hasta que tuviera 21 años para que no se distrajera de sus estudios. Tolkien no quería obedecer pero lo hizo. Por cinco largos años esperó y esperó, por aquella que él sabía que era su alma gemela. En la tarde de su cumpleaños número 21, Tolkien escribió a Edith, declarándole su amor y pidiéndole su mano en matrimonio. Una semana después, ya estaban comprometidos para casarse.

Durante toda su vida, Tolkien escribió poemas de amor a su esposa, y en las cartas que enviaba a sus amigos, escribió elogios sobre ella. Tal vez el tributo más memorable a su amada esposa fue plasmar su romance en la mitología de Tierra Media en la historia de Beren y Luthien. Un tributo más conmovedor sería difícil de encontrar. Esto escribió a su hijo Christopher:

"Nunca llamé Luthien a Edith, pero ella fue la fuente de la historia que se plasmó principalmente en Silmarillion. La concebí en primera instancia en el pequeño claro de bosque lleno de abetos, ubicado en Roos, Yorkshire (Inglaterra; donde él estuvo brevemente como comandante en un puesto de la base militar Humber Garrison en 1917). En esos días, su cabello era negro, clara su piel, y sus ojos más brillantes de lo que los hayas visto, y ella cantaba y bailaba también."

Incluso en su muerte, Tolkien no quiso dejar a su Edith. Él se encuentra sepultado a su lado bajo una sola lápida que contiene los nombres Beren y Luthien. Como popularmente decimos, Tolkien siempre estuvo muy enamorado de su esposa.

El verdadero amor duele.

J.R.R. Tolkien estuvo felizmente casado por 55 años. En contraste, estos días existe una alta tasa de divorcios y algunas personas ya ni siquiera creen en el matrimonio ni en la monogamia; dicen que la fidelidad no es posible o no es saludable. ¿Qué tenía Tolkien que muchos matrimonios no tienen en estos tiempos? ¿Cómo lo hacía posible? La respuesta es simple: Entendía que el verdadero amor requiere abnegación.

La idea moderna del amor se limita al sentimiento y se enfoca solo en lo que la persona piensa para sí misma. Si alguien te excita, si sientes que tu pulso se acelera, si esa persona reafirma tus deseos, puedes decir que estás enamorado. Esa es la definición moderna.

Mientras que estaba muy encariñado con su esposa, Tolkien rechazó la idea de ese amor superficial. Y a su vez adoptó la idea del catolicismo sobre el amor verdadero, de enfocarse en el otro, que requiere sacrificio de los instintos naturales y un acto de voluntad.

Para ilustrar el profundo punto de vista de Tolkien acerca del matrimonio, quiero compartir un fragmento de una carta que él dirigió a su hijo, Michael Tolkien. Es un lado poco conocido de Tolkien y algunos podrían percibirlo como escandaloso o incluso ofensivo. Sin embargo, él escribe verdades que si se entienden y se ponen en práctica, pueden llevar al matrimonio a una felicidad verdadera y duradera.  He aquí un fragmento de su carta.

"No hay escapatoria".

Los hombres no son monógamos. No pueden pretender serlo. Los hombres no pueden ser monógamos por naturaleza. La monogamia (aunque haya sido fundamental en nuestras ideas heredadas) es para nosotros los hombres, una ética "revelada" de acuerdo a la fe y no de acuerdo a la carne.

La caída de este mundo se debe a que lo mejor no puede obtenerse a través de la libertad del placer, o por lo que se llama "realización personal" (típicamente es solo un nombre bonito con el que se refiere a la autoindulgencia, que siempre es hostil a la realización del otro), sino que  se obtiene a través de la negación de uno mismo y del sufrimiento. La fidelidad en los matrimonios cristianos implica gran mortificación.

Para un hombre cristiano no hay escapatoria. El matrimonio puede ayudar a santificar y dirigir los deseos sexuales. Su gracia puede ayudarle en su lucha pero la lucha siempre continúa. No encontrará satisfacción, al igual que el hambre puede saciarse solo entre comida y comida. Ello le ofrecerá tantas dificultades a la pureza como incomodidades.

Ningún hombre, por más que ame a su esposa como cuando era joven, puede serle fiel en su mente y en su carne, sin ejercitar la voluntad consciente, o sin negarse a sí mismo. Pocos han sido instruidos en esta verdad, incluso aquellos que crecieron "en la Iglesia". Como vemos que se encuentra el mundo actualmente, pareciera que poco se ha sabido de esto.

Cuando se acaba el glamour o se desgasta, ellos piensan que han cometido un error y que a su verdadera alma gemela aún la tienen que encontrar. Usualmente la hallan en la siguiente persona que encuentran sexualmente atractiva, alguien con quien piensan que realmente debieron haberse casado tan solo sí. Por lo tanto, el divorcio es esa respuesta perfecta para justificar este "tan solo si".

Por supuesto, están en lo correcto al pensar que sí cometieron un error. ¡Solo un hombre muy sabio al final de su vida puede decir con certeza, quien, entre todas las posibilidades, pudo haber sido la mejor decisión para elegir como pareja! Casi todos los matrimonios, incluso hasta los más felices, son un error, en el sentido en que siempre puede existir la posibilidad de que ambos pudieran haber encontrado una mejor pareja.

Pero la verdadera "alma gemela" es aquella con la que te casaste. En este mundo caído, solo tenemos como guías para tomar mejores decisiones, a la prudencia, sabiduría (es rara en la juventud y llega tarde en la vejez), pureza de corazón, fidelidad y voluntad. (Cartas de J.R.R. Tolkien, pp. 51-52)

El amor es una guerra.

Como dije, muchos pudieran ofenderse con la sinceridad con la que Tolkien habla del matrimonio. Si realmente amas a alguien, dirían, "no debe ser difícil amarla". "No debe ser una guerra. ¿Matrimonio como mortificación?  ¡Qué ofensivo! Usted realmente no ama a su esposa".

Esta manera de pensar difiere de lo que hemos expuesto en este artículo, porque el verdadero amor se defiende en contra del amor a uno mismo. Es una lucha en contra de nuestra naturaleza egoísta. Es un morir que da vida. Cualquier hombre que sea honesto consigo mismo, puede admitir que Tolkien estaba en lo correcto. La lucha por la castidad y la fidelidad nunca termina, no importa cuánto ame usted a su esposa.

La esencia del amor es un acto de la voluntad. Los sentimientos van y vienen dentro de un matrimonio. Los matrimonios felices son de quienes escogen amar a sus esposas más que a sí mismos, de quienes sacrifican sus deseos a corto plazo por una felicidad a largo plazo, de quienes escogen dar en vez de recibir.

Y cuando se escoge ser fiel, la felicidad inevitablemente se obtiene. Muchos tiran la toalla cuando aparecen las dificultades; en ese momento en el que, si tan solo se decide luchar y ser fiel, encontrarían la verdadera felicidad al final de la batalla.

Otro católico felizmente casado, G.K. Chesterton, una vez escribió:

"He conocido muchos matrimonios felices, pero nunca uno compatible. El propósito de un matrimonio es luchar y sobrevivir en el instante en que la incompatibilidad aparece. Porque un hombre y una mujer siempre serán incompatible."

La verdadera alegría y felicidad en un matrimonio es posible. Muchos matrimonios, incluyendo el de Tolkien, lo prueban. Pero nunca encontraremos esta alegría si seguimos enfocados en nosotros mismos. La paradoja es que uno debe olvidarse de sí mismo para encontrar la felicidad que uno quiere tener.

Señores, si ustedes quieren un matrimonio feliz, tendrán que morir a sí mismos. Tienen que poner a su esposa o esposo en primer lugar. Tienen que amarla hasta el sacrificio y olvido de uno mismo. De la misma manera en que Cristo ama a su esposa, la Iglesia. Es un secreto tan simple que muchos se lo pierden.

Redacción: Patricia Rocha, PildorasdeFe.net | Con información de: Catholic Gentleman

pildorasdefe patricia rochaPatricia Rocha, Mexicana, madre de tres hijos jóvenes. Administradora de profesión. Guía del apostolado Talleres de Oración y Vida, fundados por el P. Ignacio Larrañaga OFM (QEPD). Consagrada al Inmaculado Corazón de María y comprometida en dar testimonio del Amor de Dios a través de la alegría y el servicio

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