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Categoría: Familia

El perdón es sanador: Perdonar no es olvidar, es renunciar a la venganza y abandonar el rencor: Aprende a recordar sin sufrir y sana tu corazón hoy mismo. 🙏✨🌟

¿Te han herido tan profundamente que el solo hecho de recordar duele, y perdonar parece una tarea imposible? ¿Has sentido alguna vez que el peso de una traición te impide respirar, como si el pasado fuera un ancla que te hunde en un mar de amargura? En el complejo camino de la sanación interior, surge una pregunta que a menudo nos paraliza: ¿Perdonar es igual a olvidar? Descubrir que perdonar es, en realidad, el arte divino de recordar sin sufrir, es la llave maestra que desata las cadenas del rencor. No permitas que el dolor de ayer te robe el milagro de hoy; aprende a transformar tus cicatrices en medallas de victoria espiritual y recupera la paz que solo la verdadera misericordia puede otorgarte.

Perdonar significa renunciar a la venganza. Se puede perdonar; pero en distintas situaciones, sufrimos ofensas, decepciones, tristezas o dolor provocados por otras personas. Esas sensaciones suelen ser difíciles de sobrellevar y nos cuesta perdonar. En ocasiones nos encerramos en ellas, y en otras, renunciamos al orgullo y buscamos la paz. ¿Cómo saber perdonar?

El perdón según la Biblia

Como lo define la Biblia, el perdón es un acto de liberación. El perdón que tenemos en Cristo implica la liberación de los pecadores del castigo y de la completa desestimación de todos los cargos contra nosotros.

"Por lo tanto, ya no hay condenación para aquellos que viven unidos a Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu, que da la vida, te ha librado, en Cristo Jesús, de la ley del pecado y de la muerte". (Romanos 8,1-2)

San Pablo, en su carta a los Colosenses (1,14) nos dice:

"Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados". (Colosenses 1,13-14)

El perdón misericordioso de Dios de nuestros pecados debe ser la medida de nuestro perdón misericordioso para con los demás. No podemos recibir un perdón que no somos capaces de dar.

"Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo". (Efesios 4,32)

Ante esto, también surge la pregunta que todos nos hacemos, si perdonar es lo mismo que olvidar.

El padre Sebastián García, de la Congregación Sagrado Corazón de Jesús en Capital Federal, dialogó con Radio María y reflexionó al respecto. El Padre Sebastián indicó lo siguiente.

3 dimensiones sobre el perdonar

  1. La primera es que perdonar no es igual a olvidar.
  2. La segunda es tratar de no responder de la misma manera con el mal que me causaron.
  3. La tercera es mirar la historia y dar gracias por las ofensas que sufrí, porque esconden un sentido redentor.

El desafío al que nos invita Jesús es el de vivir reconciliados. En primer lugar, perdonar significa renunciar a la venganza. Es no devolver al mal que me han causado con otro mal mayor.

Que una persona pueda perdonar de corazón no significa que vaya a olvidar el daño causado. Cuando vemos situaciones de personas que nos han herido o lastimado, es muy difícil olvidar, pero la incapacidad de olvido no hace imposible el perdón, sino al contrario. Con esa herida en el corazón y en el alma, puedo ofrecer una primera instancia de perdón.

Ante el recuerdo doloroso, está la opción de perdonar

Muchas veces no nos vamos a olvidar del mal que nos causaron o que causamos, pero podemos perdonar, que es la capacidad de recrear un vínculo y renunciar a pagar el mal con el mal.

Desde la mirada creyente, esas situaciones en que me han ofendido o lastimado son ocasión y posibilidad de nueva vida. Yo le puedo dar gracias a Dios por las heridas de mi vida, por esta posibilidad de nueva vida, de ver desde una nueva perspectiva.

Si uno lee el Evangelio, ve que Jesús sufre las opresiones y las carga en su propia cruz. Si uno lo ve fríamente, perdonar no sirve. Pero si lo ves desde una perspectiva de fe, perdonar es el acto en el que más nos asemejamos a Dios.

Nos hacemos más seres humanos y cristianos en la medida en que más perdonamos. A veces tenemos que perdonarnos a nosotros mismos, porque Dios perdona todo.

¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado?

El padre Ignacio Larrañaga nos dejó una meditación sobre el perdón que vale la pena dejar como aporte en este espacio:

Pocas veces somos ofendidos; muchas veces nos sentimos ofendidos. Perdonar es abandonar o eliminar un sentimiento adverso contra el hermano.

¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado? 

El que es odiado vive feliz, generalmente, en su mundo. El que cultiva el rencor se parece a aquel que agarra una brasa ardiente o al que atiza una llama. Pareciera que la llama quemara al enemigo; pero no, se quema uno mismo.

El resentimiento solo destruye al resentido.

El amor propio es ciego y suicida: prefiere la satisfacción de la venganza al alivio del perdón. Pero es locura odiar: es como almacenar veneno en las entrañas.

El rencoroso vive en una eterna agonía.

No hay en el mundo fruta más sabrosa que la sensación de descanso y alivio que se siente al perdonar, así como no hay fatiga más desagradable que la que produce el rencor. Vale la pena perdonar, así como no hay fatiga más desagradable que la que produce el rencor. Vale la pena perdonar, aunque sea solo por interés, porque no hay terapia más liberadora que el perdón.

No es necesario pedir perdón o perdonar con palabras. Muchas veces basta un saludo, una mirada benevolente, una aproximación, una conversación. Son los mejores signos de perdón.

A veces sucede esto: la gente perdona y siente el perdón; pero después de un tiempo, renace la aversión. No asustarse. Una herida profunda necesita muchas curaciones.

Vuelve a perdonar una y otra vez hasta que la herida quede curada por completo. (Padre Ignacio Larrañaga)

Oración para perdonar

Nuestro Señor Jesucristo vino a liberarnos  de la esclavitud del pecado, otorgándonos a todos la gracia del perdón a través de su sacrificio de amor. ¿Estás listo para perdonar?

Padre, perdóname porque no he sabido perdonar. He almacenado recuerdos dolorosos en mi corazón con los cuales he cosechado la ira, el rencor, el deseo de vengarme y todo lo relacionado con el odio. Sé que nada de eso proviene de Ti y te pido perdón. Sana mi corazón de esos malos sentimientos que me carcomen por dentro. Ayúdame a saber perdonar, a desterrar todo rencor anidado en lo profundo de mi interior. Solo con tu gracia podré hacerlo. Me confío a ti, a tu Sagrado Corazón. Amén.

En el camino del perdón descubrimos que recordar sin sufrir no es debilidad, sino la mayor fuerza del alma cristiana. Cada vez que elegimos soltar el rencor, nos acercamos más al Corazón de Jesús, que perdonó desde la cruz. Así, la herida se transforma en puente de gracia y el dolor en testimonio vivo de la misericordia divina.

¡Libera tu corazón hoy mismo!

Hermano, hermana, el momento de sanar es ahora. Deja que Jesús toque esa herida que aún late en tu memoria.

Perdonar sin olvidar no borra el pasado, pero lo transforma en un camino de libertad y paz profunda. Entrégale hoy ese rencor que te pesa, y siente cómo el amor de Dios inunda tu vida con una alegría que nadie podrá quitarte.

¡Perdona, y serás libre para siempre! Amén.

El perdón es el aroma que desprende la flor después de haber sido pisoteada. No esperes a "sentir" ganas de perdonar; actúa con la voluntad y la Gracia te seguirá. Al soltar el juicio, permites que Dios tome el control de tu historia, dándote el descanso que tanto habías buscado.

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre ¿Perdonar es igual a olvidar?

No, perdonar no es olvidar. Significa renunciar a la venganza y elegir la paz aunque el recuerdo permanezca. Puedes recordar el hecho sin que el dolor te domine. Esta decisión libera tu corazón y te permite vivir con mayor ligereza y amor.

El perdón comienza con una decisión del corazón, aunque las emociones tarden en sanar. Pide la gracia a Dios y repite la oración hasta que la paz llegue. Cada vez que el recuerdo duele, entrégaselo al Señor. Poco a poco la herida se transforma en testimonio de su misericordia.

El rencor es como un veneno que quemamos en nuestro propio interior. Quien odia vive en una eterna agonía, mientras que quien perdona encuentra descanso y alivio. Como dice el Señor en Mateo 6:14-15: “Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también vuestro Padre celestial”. El perdón nos libera.

Sí, es posible y necesario. Dios ya te ha perdonado en Cristo; ahora solo falta que tú aceptes esa gracia. Reconoce tu error, entrégaselo al Señor y avanza. Perdonarte a ti mismo te permite vivir en la libertad de los hijos de Dios y abrirte a una nueva etapa de paz.

El rencor genera cortisol y adrenalina constantes que enferman el cuerpo. Al perdonar, el sistema endocrino se equilibra, reduciendo la presión arterial y el estrés. La Palabra lo confirma: "El corazón alegre es buena medicina" (Proverbios 17,22). Perdonar es, literalmente, elegir la salud y la longevidad sobre la agonía emocional.

Adaptación y contenido agregado: Qriswell Quero, con información de extraída de: Radio María Argentina

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

Contenido publicado originalmente en Píldoras de fe, bajo el Link: https://www.pildorasdefe.net/amor/familia/Perdonar-no-es-olvidar-recordar-sin-sufrir-amar - Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales - Pildorasdefe.net
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