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Categoría: Caminando en la fe

En la Biblia puedes encontrar planes para cuando enfrentas una enfermedad grave. Son consejos importantes al momento de enfrentar un problema grave de salud

Plan de contingencia que enseña la Biblia en una enfermedad grave.

¿Podrá la Biblia enseñar algunos planes de contingencia para cuando enfrentas una enfermedad grave, o las tormentas, crisis, problemas? Quizás. Esto lo veremos aquí, pero debemos tener presente primero: ¿qué es un plan de contingencia? Esto no es más que un plan de respuesta ante catástrofes posibles e inevitables.

Leer la Biblia es una forma maravillosa de centrarse en las promesas y en la seguridad que solo Dios puede brindarnos. Puedes encontrar allí un plan de contingencia para cuando se presenten las graves enfermedades, que es un plan de amor.

Hay catástrofes que, con preverlas, uno las puede evitar. Hay otras que, aun previéndolas, no logramos sortear. Contra las primeras uno crea un plan para neutralizar los riesgos. Contra las segundas, si bien no se pueden evitar, sigue siendo útil crear un plan.

Los planes de la Biblia para las enfermedades graves, no tendrán como fin evitar la catástrofe sino aminorar los daños de la misma y favorecer la recuperación posterior.

Un ejemplo lo podemos ver en los E.U.A. durante la guerra fría. Por un lado, el gobierno ponía todos los medios posibles para evitar una guerra nuclear.

Por el otro, sin embargo, una guerra de tal naturaleza seguía siendo una posibilidad real. Así, el gobierno decidió también informar y preparar a la nación para que supieran cómo reaccionar en caso de un ataque nuclear. Idearon todo un plan de reacción que ciertamente no impediría la catástrofe, pero que sí ayudaría a hacerle frente de mejor manera.

De modo similar, en nuestra vida, hay una posible catástrofe que podría estar robándonos la paz. Me refiero a la posibilidad de perder la propia salud. Es una de esas desgracias que siempre llegan de modo inesperado.

Así tengamos seguro de gastos médicos, así existan numerosos hospitales de alta calidad a nuestro alrededor, a nadie se le ocurre decir que ya está listo para afrontar una grave enfermedad. Es siempre una amenaza y no siempre se puede prever.

Planes de la Biblia contra las enfermedades.

Sin quererlo me topé en la Biblia con esto que se me ocurre proponer como "plan de contingencia" para la pérdida de la salud. Consta de cuatro fases que no necesariamente siguen un orden cronológico pero que sí se deben conservar en su orden de importancia.

Todo esto, está contenido en un brevísimo pasaje del Eclesiástico que me compartió un hermano legionario. Las cuatro fases corresponden a los cuatro versículos que en seguida transcribo:

"Hijo, en tu enfermedad, no seas negligente, si no ruega al Señor, que él te curará. Aparta las faltas, endereza tus manos, y de todo pecado purifica el corazón. Ofrece incienso y memorial de flor de harina, haz abundantes ofrendas según tus medios. Recurre luego al médico, pues el Señor le creó también a él, que no se aparte de tu lado, porque lo necesitas." (Eclesiástico 38,9-12)

1. No seas negligente, ruega al Señor

Lo primero es saber que no hay nada que escape al dominio del Señor. A esto, agregarle que el Señor es un Dios bueno. Es Aquel a quien Cristo nos enseñó a llamarlo Padre.

Si esto es así, tampoco la enfermedad escapa su dominio; es algo que Él permite. Y al igual que sucede con todo mal permitido por Dios, Él estará activamente buscando sacar un bien mayor de esa situación. Sin embargo, y aquí entra nuestra parte, para sacar ese bien, Él quiere contar con nuestra colaboración.

Así, ese "no seas negligente, ruega al Señor" hemos de tomarlo como una prescripción contra el desánimo y la desconfianza; contra la triste resignación. Una dura enfermedad es una dura prueba. Ante tal prueba hemos de cobrar ánimo en el Señor.

Hemos de emprender el esfuerzo de la fe y el amor que implica rogar en serio al Señor y confiar en su poder. Este esfuerzo comienza tomándose la oración muy en serio.

Lo maravilloso es que con esto tenemos ya la batalla ganada. No significa que desaparecerá la enfermedad. Es un misterio la manera en que Dios concede sanaciones milagrosas a algunos y no a otros.

Lo que sí es cierto es que implementando con seriedad y perseverancia esta primera fase de nuestro plan, saldremos de la prueba siendo mejores personas; mejores cristianos; mejores hijos de Dios; y seremos más felices por ello, tanto en el tiempo como en la eternidad.

2. Purifica el corazón de todo pecado.

Orar en serio es entrar en contacto con el Señor. Entre más nos acercamos a la luz, más nos pesa la oscuridad que hay en nosotros. Así, la segunda fase de nuestro plan implica dos cosas:

  • Reconocer sinceramente, descaradamente, nuestros propios pecados.
  • Pedir confiadamente perdón a Dios por ellos.

Aquí me viene a la mente una idea del Papa Francisco: no se trata de pedir perdón por los pecados que haya podido haber cometido, sino reconocer los pecados que de hecho he cometido y pedir perdón por ellos.

Evitar el condicional. Cuando se trata de reconocer los propios pecados, hay que ser descaradamente sinceros con nosotros mismos. Y si no lo tenemos muy claro, entonces hagamos con toda seriedad la siguiente oración:

"Señor, apiádate de mí y concédeme reconocer mis pecados como pecados".

En esta fase no basta la reflexión y la memoria. Hay que buscar la purificación del corazón. Para lo primero basta un poco de esfuerzo intelectual. Para lo segundo necesitamos de la gracia de Dios.

3. Haz ofrendas según tus medios.

Las graves enfermedades traen consigo fuertes sufrimientos y humillaciones. Ofrecidas con amor, podemos hacer de ellas agradables ofrendas al Señor.

Así, además de dar un sentido a nuestros sufrimientos, les damos un valor salvífico. Cuando unimos nuestros dolores a Cristo, participamos de manera especial en su plan de salvación.

Ahora bien: hay de ofrendas a ofrendas. Las más agradables son las que conllevan más amor. En aguantar un dolor puede haber amor. En las Sagradas Escrituras, sin embargo, encontramos que hay otras ofrendas más agradables al Señor que los sacrificios. Menciono tres:

1. En el Evangelio de San Mateo, Jesús mismo cita al profeta Oseas que dice: "Misericordia quiero y no sacrificio". (Mateo 9;13) Dios quiere la ofrenda de nuestro perdón hacia aquellos que nos han ofendido.

2. En el salmo 50 el Señor muestra cierto desprecio por los sacrificios de animales y al final dice: "El que ofrece sacrificios de acción de gracias me da gloria" (Salmo 50,23). ¡Cuánto amor hay en la gratitud cuando es sincera! Quien ama no deja de reconocer todo lo bueno que ha recibido de su amado, así se encuentre en medio de una desgracia.

3. Por último, consideramos el salmo 51 en que dice el penitente: "El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias". (Salmo 51,19).

La humildad es la verdad. Las dos: humildad y verdad, son de sumo agrado al Señor. Reconocer la verdad de mi pobre ser, de mi radical necesidad de Dios, y ofrecer a Dios este humilde reconocimiento, es para Él una ofrenda agradable.

4. Recurre al médico, lo necesitas.

En esta fase encontramos una aplicación más del proverbio extra-bíblico más citado en los ambientes católicos: "a Dios rogando y con el mazo dando". O dicho con palabras de San Agustín:

"Reza como si todo dependiera de Dios y trabajo como si todo dependiera de ti".

En fin, cada quien use el lema que más le guste. Lo importante es servirnos de los medios humanos a nuestro alcance. Si Dios ha dispuesto que estén a nuestro alcance es para que hagamos uso de ellos.

Si a través de estos medios quiere concedernos la salud, bendito sea Dios. Si no se logra el resultado esperado, la misma lucha ya es ganancia.

Los médicos también suplicarán al Señor.

Por último, agregamos los dos versículos que siguen al pasaje del Eclesiástico antes citado:

"Hay momentos en que en su mano [en la del médico] está la solución, pues ellos también al Señor suplicarán que les ponga en buen camino hacia el alivio y hacia la curación para salvar tu vida".

Estos no los incluí como parte del propio plan, pues dependen más del médico que del enfermo.

No está demás, sin embargo, recordar a quien fuera el médico que la solución puede estar en sus manos y que no deje de pedir luz a Dios para que le guíe en su servicio.

Resumiendo:

  • Fase 1: Rogar a Dios
  • Fase 2: Arrepentirse de los propios pecados
  • Fase 3: Ofrecer sacrificios agradables al Señor
  • Fase 4: Acudir al médico, pues el Señor lo creó también a él.

Y por parte del médico: recordar que la solución puede estar en sus manos y que pida luz al Señor.

Oración contra una enfermedad grave.

Padre amado, Tú que viniste a este mundo y dejaste a tu paso, huellas de amor, sanación física, emocional y espiritual, quiero pedirte ahora que me ayudes a mantenerme centrado en ti cuando el dolor, la grave enfermedad y las heridas profundas del corazón, viene a abrumar mi vida. Ayúdame a ser fiel en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad. Aunque sea difícil, ayúdame a ver el bien y las bendiciones que me rodean aún en medio de la enfermedad. Por favor Señor, fortalece mi mente, corazón y cuerpo y dame la sanación. Que el Espíritu Santo me guíe en paz y consuelo hoy. Amén.

Recibiendo el consuelo en la enfermedad.

La Biblia habla con mucha frecuencia sobre sanación, liberación. Dios así quiso manifestarlo a través de la obra de Jesucristo. Teniendo fe y confianza en Nuestro Señor, podremos recibir consuelo, sanación, protección y dirección para cuando vengan las enfermedades graves.

Recuerde ahora, cuando usted sufra de ansiedad, miedo y mucha preocupación por los graves problemas de salud que presenta, por las malas noticias, por esa crisis en su relación que parece que su matrimonio estuviese enfermo, la Biblia puede ser su fuente de ayuda sobrenatural. No se rinda. ¡Dios promete cosas más grandes, maravillas por descubrir, un futuro lleno de promesas y esperanza!

Estos pequeños consejos para tener un plan de contingencia en su vida ante los eventos fortuitos, le proporcionará ánimo, fuerza y consuelo mientras se centra en el poder de Dios. Estos han sido los grandes planes de la Biblia para cuando enfrentas enfermedades graves o en toda situación complicada que sufras en tu vida. Esperamos que pueda serte útil.

Sobre la salud y la enfermedad.

Publicado originalmente en: LC Blog
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