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Categoría: Aprende sobre tu fe

Las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia Católica nos llaman a trabajar por el bien común, a ayudar a construir una sociedad justa

7 enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia que debes conocer.

La Enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia Católica es central para nuestra fe, y está basada en (e igualmente inseparable de) nuestro entendimiento de la vida humana y la dignidad. Estas enseñanzas se derivan de: los Evangelios y la Palabra de Cristo; declaraciones papales y encíclicas; declaraciones de los Obispos católicos y de cartas pastorales.

La Doctrina Social de la Iglesia Católica nos llama a todos a trabajar por el bien común, a ayudar a construir una sociedad justa, a defender la dignidad de la vida humana y a levantar a nuestros hermanos y hermanas pobres y vulnerables.

7 enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia.

Los siguientes párrafos describen los 7 enseñanzas que podemos aprender de la Doctrina Social de la Iglesia Católica, y que todo cristiano debe tener presente en su vida. Son enseñanzas que podemos aplicar todos los ámbitos de nuestra vida.

1. Vida y dignidad de la persona humana.

Cada persona es creada a imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto, la vida de cada persona y su dignidad deben ser respetada y apoyada desde la concepción hasta la muerte natural. Creemos que la medida de cada institución es si amenaza o mejora la vida y la dignidad de la persona humana.

La Iglesia Católica proclama que la vida humana es sagrada y que la dignidad de la persona humana es el fundamento de una visión moral para la sociedad. Esta creencia es la base de todos los principios de nuestra enseñanza social.

"La dignidad de la persona y las exigencias de la justicia exigen, sobre todo hoy en día, que las opciones económicas no hagan que las disparidades de riqueza aumenten de manera excesiva y moralmente inaceptable". (Papa Benedicto XVI, Caritas in Veritate #32)

En nuestra sociedad, la vida humana está bajo el ataque directo del aborto y la eutanasia. El valor de la vida humana está siendo amenazada por la clonación, la investigación con células madre embrionarias y el uso de la pena de muerte. El ataque intencional a civiles en la guerra o en ataques terroristas es siempre erróneo. La enseñanza católica también nos llama a trabajar para evitar la guerra. Las naciones deben proteger el derecho a la vida encontrando formas cada vez más eficaces de prevenir los conflictos y resolverlos por medios pacíficos.

La Iglesia y todos los católicos creemos que cada persona es preciosa, que las personas son más importantes que las cosas, y que la medida de cada institución es si amenaza o mejora la vida y la dignidad de la persona humana. Esta es una de las grandes enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia.

Al respecto de esto, el Papa Francisco nos ha dejado valiosas informaciones contenidas en sus documentos

"Cuando no reconocemos como parte de la realidad el valor de una persona pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidades - para ofrecer sólo algunos ejemplos, se hace difícil escuchar el grito de la propia naturaleza; todo está conectado". (Papa Francisco, Sobre el cuidado de nuestro hogar común - Laudato Si´ #117]

En su exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco también nos habla sobre la dignidad de la vida de la persona contemplada en la Doctrina Social de la Iglesia.

"Así como el mandamiento "No matarás" establece un límite claro para salvaguardar el valor de la vida humana, hoy en día también tenemos que decir "no matarás" a una economía de exclusión y desigualdad. Tal economía mata. ¿Cómo puede ser que no sea una noticia cuando un anciano sin hogar muere por exposición, pero sí lo es cuando el mercado de valores pierde dos puntos? Este es un caso de exclusión. ¿Podemos seguir esperando cuando se tira la comida mientras la gente se muere de hambre? Este es un caso de desigualdad. Hoy en día todo está bajo las leyes de la competencia y la supervivencia del más fuerte, donde los poderosos se alimentan de los impotentes. Como consecuencia, las masas se encuentran excluidas y marginadas: sin trabajo, sin posibilidades, sin ningún medio de escape. Los seres humanos son considerados bienes de consumo para ser usados y luego desechados. Hemos creado una cultura de "desechar" que se está extendiendo ahora. Ya no se trata simplemente de explotación y opresión, sino de algo nuevo. La exclusión tiene que ver en última instancia con lo que significa ser parte de la sociedad en la que vivimos; los excluidos ya no son el lado inferior de la sociedad, ni sus flecos, ni sus excluidos, ya no son ni siquiera parte de ella. Los excluidos no son los "explotados" sino los marginados, los "sobrantes". (Papa Francisco, La alegría del Evangelio (Evangelii Gaudium, #153)

El Concilio Vaticano II ,fue muy enfático en el tema de la dignidad de la persona Humana. No hay otro ente, organización u sistema que defienda tanto el valor de la dignidad de la persona humana como lo hace la Iglesia Católica.

"Cualquier cosa que insulte la dignidad humana, como las condiciones de vida infrahumanas, el encarcelamiento arbitrario, la deportación, la esclavitud, la prostitución, la venta de mujeres y niños; así como las vergonzosas condiciones de trabajo, en las que los hombres son tratados como meros instrumentos para obtener beneficios, en lugar de como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras similares son ciertamente infamias. Envenenan a la sociedad humana, pero hacen más daño a los que las practican que a los que las sufren". (Concilio Vaticano II, "La Iglesia en el Mundo Moderno" [Gaudium et Spes #27)

2. Llamado a la familia, comunidad y participación.

La Doctrina Social de la Iglesia nos enseña que la persona humana no es sólo sagrada, sino social. Cómo organizamos nuestra sociedad, socialmente, económicamente, legalmente y políticamente, afecta directamente la dignidad humana y la habilidad de cada persona para crecer en comunidad.

El matrimonio y la familia, las bases de la vida social, deberían ser fortalecidas y respaldadas. Cada persona tiene el derecho a participar en la sociedad y el deber correspondiente de trabajar por el progreso del bien común y el bienestar de todos, especialmente de los pobres y vulnerables.

"En la medida en que es una "Iglesia de pequeña escala", la familia cristiana está llamada, al igual que la "Iglesia de gran escala", a ser un signo de unidad para el mundo y a ejercer así su papel profético dando testimonio del Reino y la paz de Cristo, hacia el cual el mundo entero está en camino. Las familias cristianas pueden hacerlo a través de su actividad educativa, es decir, presentando a sus hijos un modelo de vida basado en los valores de la verdad, la libertad, la justicia y el amor, tanto mediante una participación activa y responsable en el crecimiento auténticamente humano de la sociedad y sus instituciones, como apoyando de diversas maneras las asociaciones dedicadas específicamente a cuestiones internacionales". (San Juan Pablo II, La familia en el mundo moderno, Familiaris Consortio #48)

Una muy buena formación, para conocer más sobre la Doctrina Social de la Iglesia, sobre el tema de la familia en el mundo, puedes encontrarla en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio que muchos consideran como una carta de amor a las familias escrita por San Juan Pablo II, el Papa de la familia.

"Pero volvamos atrás. Cuando el hombre y su esposa se equivocaron y se alejaron de Dios, Dios no los dejó solos. (Era) tanto el amor, tanto el amor que empezó a caminar con la humanidad, empezó a caminar con su pueblo, hasta que llegó el momento maduro, y le dio la muestra de amor más grande, su Hijo. Y a su hijo ¿donde lo mandó? ¿a un palacio a una ciudad, a formar una empresa? ¡Lo mando a una familia!, Dios entró en el mundo a través de una familia. Y pudo hacerlo porque esa familia era una familia que tenía el corazón abierto al amor, que tenía las puertas abiertas al amor. Pensemos en María jovencita. No lo podía creer, ¿cómo puede suceder esto? Y cuando le explicaron, obedeció. Pensemos en José, lleno de ilusiones de formar un hogar, se encuentra con esta sorpresa que no entiende, acepta. Obedece, y en la obediencia de amor de esta mujer María y de este hombre José se da una familia en la que viene Dios". (Papa Francisco, visita apostólica a los Estados Unidos, encuentro mundial de las familias, 27 de septiembre, 2015)

Resumiendo la enseñanza de esta Doctrina de la Iglesia, podemos afirmar que una familia debe estar abierta al amor, porque la familia ha venido del amor y para el amor fue hecha. Expandir ese amor en la tierra es la principal misión de la Familia de hoy.

"Pero Dios no creó al hombre como un solitario, porque desde el principio "varón y hembra los creó" (Gen. 1:27). Su compañía produce la forma primaria de comunión interpersonal. Porque por su naturaleza más íntima el hombre es un ser social, y a menos que se relacione con otros no puede vivir ni desarrollar su potencial. (Concilio Vaticano II, La Iglesia en el Mundo Moderno, Gaudium et Spes #12)

3. La Solidaridad.

En este mundo, debemos ejercer la solidaridad hacia nuestro prójimo. A esto se refiere este pundo de la Doctrina Social de la Iglesia. Somos una familia global humana, independientemente de nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas. Somos los guardianes de nuestros hermanos y hermanas, dondequiera que se encuentren. Amar a nuestro vecino tiene dimensiones globales.

"Amar a alguien es desear el bien de esa persona y tomar medidas efectivas para asegurarlo. Además del bien del individuo, existe el bien que está vinculado a la vida en sociedad: el bien común. Es el bien de "todos nosotros", formado por individuos, familias y grupos intermedios que juntos constituyen la sociedad. ... Desear el bien común y esforzarse por él es una exigencia de justicia y de caridad". (Papa Benedicto XVI, Caridad en la Verdad. Caritas in Veritate #7)

En el corazón de la virtud de la solidaridad está la búsqueda de la justicia y la paz. Nuestro amor por todos nuestros hermanos y hermanas nos llama a buscar una sociedad pacífica y justa donde los bienes son distribuidos justamente, las oportunidades se presentan equitativamente y la dignidad de todos es respetada. El Papa Pablo VI enseñó que si quieres la paz trabaja por la justicia.

"En la condición actual de la sociedad mundial, en la que abundan las injusticias y un número cada vez mayor de personas se ven privadas de los derechos humanos básicos y se consideran prescindibles, el principio del bien común se convierte inmediatamente, lógica e inevitablemente, en una llamada a la solidaridad y en una opción preferente para los más pobres de nuestros hermanos y hermanas. Esta opción implica reconocer las implicaciones del destino universal de los bienes del mundo, pero, como mencioné en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, exige ante todo una apreciación de la inmensa dignidad de los pobres a la luz de nuestras convicciones más profundas como creyentes. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor para ver que, hoy en día, esta opción es, de hecho, un imperativo ético esencial para alcanzar efectivamente el bien común". (Papa Francisco, Sobre el cuidado de nuestro hogar común, Laudato Si´ #158)

4. Dignidad del trabajo.

Esta parte es muy importante en la Doctrina Social de la Iglesia. Se refiere a que, la economía debe servir a las personas, no al revés. El trabajo es más que una manera de ganarse la vida; es una forma de participación continua en la creación de Dios.

Para defender la dignidad del trabajo, los derechos básicos de los trabajadores deben ser respetados, el derecho al trabajo productivo, a un salario justo y que permita vivir dignamente, y a organizar y unirse a un sindicato o grupo de representantes.

"El crecimiento de la justicia requiere algo más que el crecimiento económico, al tiempo que presupone dicho crecimiento: requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución de los ingresos, la creación de fuentes de empleo y una promoción integral de los pobres que vaya más allá de una simple mentalidad de bienestar. Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como el intento de aumentar los beneficios reduciendo la fuerza de trabajo y sumándose así a las filas de los excluidos". (Papa Francisco, La alegría del Evangelio. Evangelii Gaudium #204)

El Papa Benedicto XVI defendió la dignidad del trabajo en su Carta Encíclica Caritas in Veritate.

"En muchos casos, la pobreza es el resultado de una violación de la dignidad del trabajo humano, ya sea porque las oportunidades de trabajo son limitadas (por el desempleo o el subempleo), o "porque se da poco valor al trabajo y a los derechos que de él se derivan, especialmente el derecho a un salario justo y a la seguridad personal del trabajador y su familia". (Papa Benedicto XVI, Caridad en la Verdad - Caritas in Veritate #63)

Ahora, si deseas profundizar sobre el tema de la dignidad del trabajo y la persona humana, te recomendamos que leas la Carta Encíclica de San Juan Pablo II, sobre el Trabajo humano. Hermosa Carta que rescata los valores del trabajo humano en la sociedad actual.

"El trabajo es algo bueno para el hombre, algo bueno para su humanidad, porque a través del trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza, adaptándola a sus propias necesidades, sino que también alcanza la realización como ser humano y, de hecho, en cierto sentido, se convierte "más en un ser humano". (San Juan Pablo II, Sobre el trabajo humano - Laborem Exercens, #9)

5. Derechos y responsabilidades.

Cada persona tiene el derecho fundamental a la vida, el derecho que hace al resto de los derechos posibles. Cada persona tiene además el derecho a condiciones que le permitan tener una vida digna, comida, asistencia médica, vivienda, educación y empleo.

La Doctrina Social de la Iglesia nos indica que cada uno de nosotros tenemos un deber correspondiente a garantizar y respetar estos derechos para los demás y cumplir nuestras responsabilidades con nuestras familias, con cada uno de nosotros y con nuestra sociedad.

"El principio del bien común se basa en el respeto de la persona humana como tal, dotada de derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral. También tiene que ver con el bienestar general de la sociedad y el desarrollo de una variedad de grupos intermedios, aplicando el principio de subsidiariedad. Entre esos grupos destaca la familia, como célula básica de la sociedad. Por último, el bien común exige la paz social, la estabilidad y la seguridad que proporciona un cierto orden que no puede lograrse sin una especial preocupación por la justicia distributiva; cuando ésta se viola, siempre se produce la violencia. La sociedad en su conjunto, y el Estado en particular, están obligados a defender y promover el bien común". (Papa Francisco, Sobre el cuidado de nuestro hogar común - Laudato Si´ #157)

San Juan XXIII, nos deja una pequeña pero profunda exhortación sobre los derechos del hombre.

"Debemos hablar de los derechos del hombre. El hombre tiene derecho a vivir. Tiene derecho a la integridad corporal y a los medios necesarios para el buen desarrollo de la vida, en particular la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica, el descanso y, por último, los servicios sociales necesarios. En consecuencia, tiene derecho a que se le cuide en caso de mala salud; de incapacidad derivada de su trabajo; de viudez; de vejez; de desempleo forzoso; o cuando, sin culpa suya, se le prive de los medios de subsistencia". (San Juan XXIII, Paz en la Tierra - Pacem in Terris #11)

6. Opción por los pobres y vulnerables.

La Escritura nos enseña que Dios tiene una preocupación especial por los pobres y vulnerables. La Iglesia hace un llamado a todos nosotros a poner las necesidades de los pobres y vulnerables de primero.

Esta opción preferencial por los pobres y vulnerables debería reflejarse tanto en nuestra vida diaria como en las políticas públicas. Una medida fundamental de nuestra sociedad es cómo cuidamos y defendemos a nuestros hermanos y hermanas pobres y vulnerables.

Para comprender un poco mejor esta enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, mostramos un pqueño texto extraído de una Exhortación Apóstolica Evangelii Gaudium del Papa Francisco:

"La palabra de Dios enseña que nuestros hermanos y hermanas son la prolongación de la encarnación para cada uno de nosotros: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40). La forma en que tratamos a los demás tiene una dimensión trascendente: "La medida que des será la medida que obtengas" (Mt 7:2). Corresponde a la misericordia que Dios nos ha mostrado: "Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará. . . Porque la medida que des será la medida que recibas" (Lc 6,36-38). Lo que estos pasajes dejan claro es la prioridad absoluta de "salir de nosotros mismos hacia nuestros hermanos y hermanas" como uno de los dos grandes mandamientos que fundamentan toda norma moral y como el signo más claro para discernir el crecimiento espiritual en respuesta al don completamente gratuito de Dios. (Papa Francisco, La alegría del Evangelio - Evangelii Gaudium #179)

Este punto importante de Doctrina Social de la Iglesia, nos hace caer en la verdad de que la tierra es de todos, y se debe procurar el bien del otro, sobre todo el de los más vulnerables. Dejar a un lado la indiferencia y asumir las responsabilidades comunes.

"El que tiene los bienes de este mundo y ve a su hermano en la necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo permanece el amor de Dios en él?" Todos saben que los Padres de la Iglesia establecieron el deber de los ricos hacia los pobres en términos inequívocos. Como dijo San Ambrosio: "No le regalas al pobre lo que es tuyo, sino que le devuelves lo que es suyo. Te has apropiado de cosas que están destinadas a ser de uso común para todos. La tierra es de todos, no de los ricos". (Beato Pablo VI, Sobre el desarrollo de los pueblos - Populorum Progressio, #23)

7. El cuidado de la creación de Dios.

El mundo que Dios creó nos ha sido confiado a todos nosotros. Administrar la Tierra es una forma de participar en el acto de Dios de crear y mantener el mundo. En nuestro uso de la creación, debemos ser guiados por la preocupación por las generaciones futuras.

Esta parte de la Doctrina Social de la Iglesia, nos enseña que "nosotros mostramos nuestro respeto por el Creador por medio de nuestro cuido y preocupación por la creación".

"La noción de bien común también se extiende a las generaciones futuras. Las crisis económicas mundiales han hecho dolorosamente evidentes los efectos perjudiciales de ignorar nuestro destino común, que no puede excluir a los que vienen después de nosotros. Ya no podemos hablar de desarrollo sostenible aparte de la solidaridad intergeneracional. Una vez que empezamos a pensar en el tipo de mundo que dejamos a las generaciones futuras, vemos las cosas de manera diferente; nos damos cuenta de que el mundo es un regalo que hemos recibido libremente y que debemos compartir con los demás. Puesto que el mundo nos ha sido dado, ya no podemos ver la realidad de una manera puramente utilitaria, en la que la eficiencia y la productividad están totalmente orientadas a nuestro beneficio individual. La solidaridad intergeneracional no es opcional, sino una cuestión básica de justicia, ya que el mundo que hemos recibido pertenece también a los que nos seguirán". (Papa Francisco, Sobre el cuidado de nuestro hogar común - Laudato Si´ #159)

Pidamos a Dios para que estas enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia Católica las podamo conocer a profundiad y ponerlas en práctica cada día en nuestras acciones y llevarla presente en nuestros pensamientos y corazón. Tendremos un mundo mejor para vivir

Redacción: María Mercedes Vanegas, PildorasdeFe.net | Con información de: The Catholic Spirit

pildorasdefe maria mercedes venegasMaría Mercedes Vanegas, Nicaragüense viviendo en Alemania, soltera, ingeniera y - a ejemplo de San Francisco Javier - misionera en esta era tecnológica. Identificación evangelizadora: Ay de mí si no predico el Evangelio, pues muchos cristianos se dejan de hacer, por no haber personas que se ocupen en la evangelización

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