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Evangelio de hoy Jueves y Lecturas del día 17 de septiembre 2026 - San Lucas 7,36-50

Evangelio de hoy jueves 17 de septiembre 2026 🙌 Lecturas del día, Lucas 7,36-50: Una pecadora llora a los pies de Jesús; sus muchos pecados quedan perdonados

"Sus muchos pecados han sido perdonados" es la frase del evangelio de hoy Jueves 17 de septiembre de 2026, con las lecturas del día y la reflexión que inspira en el Jueves de la XXIV semana del Tiempo Ordinario.

¿Quién se atreve a entrar en una casa ajena solo para llorar a los pies de alguien? La Palabra en San Lucas 7,36-50 nos muestra a una mujer pecadora que no espera permiso para acercarse al Señor. Simón la mide por su pasado; Jesús mira el amor con que se ha rendido a sus pies. Esto nos enseña que el perdón no espera a quien se cree que está santo y en regla con todo, sino a quien, con humildad, reconoce sus miserias delante de Él. El Maestro no discute la fama de aquella mujer: tan solo le devuelve la paz. Reflexionemos con las lecturas y la reflexión explicada.

Índice lecturas de hoy

Santo del día

San Roberto Belarmino, Obispo y Doctor de la Iglesia, fue un gran defensor de la fe; hizo dos catecismos y obras apologéticas: Santo Patrono de los Catequistas

Mensaje del Evangelio

Sus muchos pecados han sido perdonados (Cf. Lucas 7,36-50)

Evangelio de hoy jueves, Lucas 7,36-50: Sus muchos pecados han sido perdonados

Lecturas del día Jueves

1 Corintios 15,1-11: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué

Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediqué y que ustedes aceptaron y en el cual están firmes. Este Evangelio los salvará, si lo cumplen tal y como yo lo prediqué. De otro modo, habrán creído en vano.

Les transmití, ante todo, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según estaba escrito; que se le apareció a Pedro y luego a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos reunidos, la mayoría de los cuales vive aún y otros ya murieron. Más tarde se le apareció a Santiago y luego a todos los apóstoles.

Finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. Porque yo perseguí a la Iglesia de Dios y por eso soy el último de los apóstoles e indigno de llamarme apóstol. Sin embargo, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí; al contrario, he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios, que está conmigo. De cualquier manera, sea yo, sean ellos, esto es lo que nosotros predicamos y esto mismo es lo que ustedes han creído. Palabra de Dios.

Salmo del día

Salmo 118: Te damos gracias, Señor, porque eres bueno (R)

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”. /R.

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es nuestro orgullo. No moriré, continuaré viviendo para contar lo que el Señor ha hecho. /R.

Tú eres mi Dios, y te doy gracias. Tú eres mi Dios, y yo te alabo. /R.

Evangelio del día Jueves

Lectura del día: Lucas 7,36-50: Sus muchos pecados han sido perdonados

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa.

Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”.

Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.

Entonces Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos.

Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies.

Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume.

Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es este que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentarios al Evangelio de hoy

Este Evangelio nos confronta hoy sobre la manera en que miramos a las personas que han fallado visiblemente. Jesús nos revela que el verdadero obstáculo para la salvación no es la cantidad de nuestros pecados, sino la dureza de un corazón incapaz de amar y reconocer su propia necesidad de redención. Como cristianos, estamos llamados a derribar nuestras actitudes que son contrarias a las enseñanzas del Evangelio. Debemos acercarnos al Señor con humildad, ofreciendo nuestro arrepentimiento como el mejor de los perfumes.

Sentarse a la mesa con otros, incluidos "los publicanos y los pecadores", es un modo de ser humano, que se nota en Jesús desde el principio de su actividad mesiánica. Efectivamente, una de las primeras ocasiones en que Él manifestó su poder mesiánico fue durante el banquete nupcial de Caná de Galilea, al que asistió acompañado de su Madre y de sus discípulos (cf. Jn 2, 1-12). Pero también más adelante Jesús solía aceptar las invitaciones a la mesa no solo de los "publicanos", sino también de los "fariseos", que eran sus adversarios más encarnizados. Veámoslo, por ejemplo, en Lucas: "Le invitó un fariseo a comer con él, y entrando en su casa, se puso a la mesa" (Lc 7, 36).

Durante esta comida sucede un hecho que arroja todavía nueva luz sobre el comportamiento de Jesús para con la pobre humanidad... He aquí que una mujer conocida en la ciudad como pecadora se encontraba entre los presentes y, llorando, besaba los pies de Jesús y los ungía con aceite perfumado... Este acontecimiento explica en qué sentido era Jesús "amigo de publicanos y de pecadores". Dice a la mujer: "Vete y no peques más" (Jn 8, 11). Él, que era semejante a nosotros en todo excepto en el pecado, se mostró cercano a los pecadores y pecadoras para alejar de ellos el pecado. Pero consideraba este fin mesiánico de una manera completamente nueva respecto del rigor con que trataban a los pecadores los que los juzgaban sobre la base de la Ley antigua. Jesús obraba con el espíritu de un amor grande hacia el hombre, en virtud de la solidaridad que nutría en Sí mismo, con quien había sido creado por Dios a su imagen y semejanza (cf. Gén 1, 27; 5, 1).

- Juan Pablo II, Audiencia general, «Jesús, amigo de los pecadores», 10 de febrero de 1988.

Evangelio del día: video

¿Qué enseñanza tiene Dios en el día de hoy? Esta es la meditación en audio del Evangelio de hoy Jueves, según San Lucas 7,36-50: "Sus muchos pecados han sido perdonados".

Puedes invocar, si deseas, la ayuda del Espíritu Santo, para que te ayude a meditar la reflexión de las lecturas de hoy Jueves.

Oración al Espíritu Santo

Une las enseñanzas del Evangelio con una reflexión y oración del día al Espíritu Santo y permite que sus inspiraciones sean fuerza y paz para tu camino.

Oración al Espíritu Santo: Jueves 17 de septiembre 2026 🙏 ¿La escasez está ahogando la paz interior? El Dador de Vida trae consuelo y sostiene con la providencia

Intenciones del día: peticiones de oración

El evangelio del día Jueves 17 de septiembre de 2026, con las lecturas de hoy, en San Lucas 7,36-50, reflexiona sobre "Sus muchos pecados han sido perdonados".

Hoy te invitamos a dejar a un lado cualquier máscara de autosuficiencia y correr hacia el perdón de Jesús. No importa lo que te haya ocurrido en el pasado; Su misericordia siempre es mayor que tus errores cuando te acercas a Él con un corazón dispuesto a reconocerlos y a cambiar

El arrepentimiento nunca es despreciado por el Señor cuando brota de un corazón dispuesto a reconocer sus errores y emprender un nuevo camino. Debes atreverte a derramar ante Él las lágrimas de tu cansancio, permitiendo que Su amor te ayude a dejar atrás todo lo que te aleja de Su voluntad. Levántate con fe, camina en paz y comienza a amar a los demás sin reservas, sabiendo que tu vida puede renovarse cuando abrazas Su gracia y respondes a ella con acciones concretas.

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❓ Preguntas frecuentes: Preguntas comunes sobre el perdón de los pecados en el Evangelio

Jesús permite este gesto para mostrar que la misericordia de Dios no conoce límites y no está definida por los prejuicios sociales. Él mira el corazón arrepentido y acoge el reconocimiento sincero de quien desea cambiar como una expresión de amor y confianza. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «No hay ofensa, por grave que sea, que la Iglesia no pueda perdonar» (CIC 982), recordándonos que Cristo acoge al pecador que se acerca a Él con arrepentimiento y con la voluntad de comenzar una nueva vida.

Esta frase transmite una enseñanza esencial sobre la relación entre el reconocimiento de nuestras faltas y nuestra capacidad de amar. Quienes se consideran justos y no necesitan conversión, como el fariseo, tienen dificultades para reconocer su necesidad del Salvador y pueden terminar cerrándose a los demás. Por el contrario, quienes reconocen sus errores, aceptan su necesidad de perdón y experimentan la misericordia de Dios pueden responder con mayor gratitud, generosidad y disposición para amar. Reconocer nuestra fragilidad no nos hace menos dignos, sino más conscientes de nuestra necesidad de crecer en el amor.

Este pasaje nos invita a abandonar el papel de jueces y a mirar a nuestro prójimo con respeto, caridad y comprensión. En lugar de condenar a los demás por sus errores evidentes, debemos reconocer nuestras propias deficiencias y recordar que todos necesitamos convertirnos. Como enseña San Agustín: «No te fijes en los pecados de los demás como si tú no tuvieras ninguno». El Evangelio nos llama a practicar el perdón y la caridad fraternal, ofreciendo a nuestro hermano la oportunidad de recuperarse, cambiar y encontrar el camino correcto, así como nosotros también necesitamos oportunidades para corregir nuestros propios errores.

Otros Evangelios del día.

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