Categoría: Matrimonio y noviazgo

¿Cómo casarse para toda la vida y no para un rato?

La respuesta es más sencilla de lo que crees, empieza en el noviazgo y lleva consigo razones psicológicas de mucho peso

La respuesta es sencilla, ¡Con un noviazgo casto!

¿En qué ayuda un noviazgo casto?

Quiero que sepas que el pecado tiene efectos reales sobre las personas y que existe una relación entre desobedecer la ley de Dios y algunos problemas psicológicos. Los mandamientos tienen razones psicológicas de peso. Por ejemplo, dice el Señor “no cometerás actos impuros, no fornicaras” para entenderlo mejor, analicemos dos casos:

1.- Caso de un noviazgo que vive la castidad

Una mujer y un hombre se sienten atraídos y deciden iniciar un noviazgo casto, cumpliendo los mandamientos de Dios, quieren hacer una unión para toda la vida casándose por la Iglesia. Si lo analizamos, esto suena muy bello, pero lamentablemente estos casos en la actualidad son cada vez más escasos, algo así como una moneda de oro o una perla preciosa. Pero la verdad es que un noviazgo casto es lo que Dios nos pide, y esto no es un capricho del Señor.

¿Por qué nos pide Dios eso? Por una sencilla razón, la mujer para tomar la decisión juzga tomando la parte superior de su cerebro que se llama corteza cerebral, ahí tiene el juicio crítico. Es decir, cuando una mujer va a analizar si un hombre le conviene razona con su corteza cerebral y debe hacerse las siguientes preguntas:

  • ¿Tiene buenos valores?
  • ¿Tiene buenos principios?
  • ¿Su familia es una familia sana, creyente?
  • ¿Él cree en Dios?
  • ¿Es un hombre trabajador?
  • ¿Es responsable?
  • Cuando yo esté enferma ¿tendrá el los valores, la fuerza y la voluntad para apoyarme?
  • ¿Estaría dispuesto a acompañarme y cuidarme si por una crisis, pierdo mi belleza, mi salud, mi dinero, mi reputación y todo lo que hoy le parece atractivo?

El proceso de evaluar las respuestas a esas preguntas, se ve afectado con el placer sexual. La finalidad del noviazgo casto es permitir que se realice un análisis racional y se tome la decisión correcta con respecto a la pareja

2.- Caso de un noviazgo que vive en pecado (sin castidad)

Los novios comienzan su relación y la llevan al plano sexual, se comparte el placer corporal, el cual es mucho más intenso en la mujer. Cuando la mujer activa sus centros de placer sexual en una relación la parte de su cerebro que entra en funcionamiento no es la corteza, sino el cerebro límbico, que es la parte primitiva del cerebro humano (que compartimos con otros mamíferos). Cuando hay sucesivas estimulaciones del sistema límbico, del sistema instintivo, entonces lógicamente ella pierde la capacidad de razonar y tener pensamiento crítico con respecto a ese hombre que le ha dado tanto placer.

Luego de este punto, esa mujer va a elegir al hombre equivocado, pues no es capaz de mirarlo y hacer un discernimiento con su corteza cerebral, sino que lo hará desde sus emociones, con el instinto. Puede pasar que tal vez su madre (o algún otro ser querido) le advierta que ese hombre no le conviene porque tiene notorios defectos: tal vez es vago, mujeriego, consume mucho alcohol, etc. Pero ella siempre lo va a defender y lo va a mirar como al hombre perfecto. ¿En qué está pensando ella cuando dice que es perfecto? En el momento de las relaciones sexuales que han compartido, está juzgando sin usar la razón, sólo con sus emociones, y terminará equivocándose en la escogencia. Si hay una situación de pecado como ésta, la mujer está imposibilitada para tomar una decisión adecuada.

¿Por qué pide nuestro Señor la pureza en el noviazgo?

Si miramos psicológicamente el pecado entendemos que Dios tiene una razón para pedirles pureza al hombre y a la mujer, y es que ellos sean capaces de juzgar el noviazgo con toda la inteligencia que se les dio.

En consulta me ha sucedido que le pregunto a una paciente, una mujer casada con un hombre que la maltrata: “si no te hubieras acostado con él antes del matrimonio ¿te hubieras dado cuenta de que no te convenía?” Y ella me responde “Sí, si me hubiera dado cuenta.”

Como psicólogo me doy cuenta que el estado emocional de ella en ese momento, le impidió tomar la decisión correcta, el pecado de fornicación trajo como consecuencia una excitación al momento de tomar la decisión, y se equivocó. El caso contrario ocurre cuando ella es capaz de tomar la decisión con cabeza fría y razonamiento centrado, se casa por la Iglesia con el hombre que ha elegido sopesando diversos aspectos esenciales y desde allí si disfruta de la sexualidad bendecida por Dios, porque ya la decisión está tomada con el hombre correcto y el Señor bendice entonces esa emoción y ese disfrute sexual.

¿Por qué se toman tan malas decisiones hoy en el matrimonio?

Porque las decisiones no se toman con cabeza fría, analizando correctamente; sino que se toman basadas en el placer sexual, esto vicia la decisión y les lleva a cometer un gran error en su vida. Debo decir francamente que tras esa excitación sexual se encuentra Satanás induciéndoles ideas erróneas y llevándoles a pecar, porque mientras estén en pecado, él tiene un gran campo de acción en esa pareja va a usar ese pecado para pervertir el proyecto de vida que Dios tiene para Ti.

¿Cómo explicarle esto a una persona que no cree en Dios ni en la moral?

A una persona no creyente no le puedo explicar este análisis desde el pecado, pero sí le puedo hablar desde la verdad científica: Te vas a equivocar al escoger, pues estás influenciada por tus emociones.

Cuando le explico esta situación a una persona que no cree en la moral, llega a la conclusión que no debe ser pura por moral, sino porque se vuelve más inteligente siendo pura. Quizás si le digo a una joven universitaria que Dios la llama a la castidad, podría contestarme sarcásticamente: “¿Castidad? ¡Para que! ¿Cómo me divierto yo con la castidad? Pero si le explico que a pesar de su inteligencia, su capacidad de decidir está influenciada por sus emociones, y que al tener relaciones sexuales con su novio lo va a ver perfecto aun cuando no lo sea, pero que si está en pureza verá en realidad como él es, ella fácilmente entenderá la diferencia.

¿Puede una relación provisional, clandestina y egoísta prosperar?

Cuando un hombre y una mujer se hacen novios sin castidad (se hacen amantes), la relación que se establece entre ellos es provisional, sostienen relaciones sexuales, tienen buenos momentos, pero no tienen compromiso. Esta relación está cargada de egoísmo en el fondo, porque lo que se quiere es el disfrutar a la persona, no compartir una vida con sus altibajos.

Si como resultado de esta relación (provisional, clandestina y egoísta) surge un embarazo, es posible que los novios se sientan presionados por éste y decidan casarse, pero realmente no lo hacen por amor. La realidad es que el hombre lo hace para proteger a su descendencia que ahora se encuentra en el vientre de la mujer, se casa para darle un apellido a su hijo, pero no es la mujer el centro de su decisión, sino el niño por venir. Este será su pensamiento, en el mejor de los casos.

Aunque esa relación llegue a un matrimonio católico no habrá compromiso, porque el hombre se ha acostumbrado a una relación desordenada. No está preparado para la seriedad que requiere comprometerse para toda la vida y entregarse de forma completa a una mujer. El sacramento del matrimonio no cambiará la forma de pensar del hombre, en su mente, ella sigue siendo esa mujer clandestina y provisional con la cual la pasaba bien (la sigue viendo como su amante). Como toda amante, terminará aburriéndolo, y querrá cambiarla por otra en unos pocos años, pues ella para él un objeto de satisfacción, así como se cambia el carro que se compra para luego venderlo y comprarse otro. De esta manera que la relación que empezó pervirtiéndose en el noviazgo, sigue perversa después del matrimonio y generalmente en pocos años, termina en divorcio.

¿Hay esperanza? Un matrimonio que surgió de una relación que empezó pervertida desde el comienzo ¿se puede arreglar?

Por supuesto que sí hay esperanza. El Señor es experto en hacer nuevas todas las cosas si realmente lo buscamos de corazón, por eso fue que murió Jesús en la cruz, para que tengamos la oportunidad de redención y verdadera felicidad. Tiene que haber una conversión profunda de ambos cónyuges para eso. Si ambos buscan al Señor de corazón, se arrepienten de sus pecados, acuden a los sacramentos y deciden iniciar una nueva vida, todo esto puede ser redimido por Jesucristo. Sin embargo, esto no es lo más recomendable, será siempre mejor iniciar la relación de forma pura, ya que hay un riesgo muy grande si posteriormente no hay una conversión suficientemente profunda y con una fe firme y arraigada, el matrimonio no se salvará y terminará en una separación dolorosa y con profundas heridas para los hijos.

Lamentablemente, muchos de los matrimonios que se dan hoy en día suceden así, por obligación (un embarazo o un noviazgo tan largo que ninguno de los dos encuentra como terminar y que piensan que las cosas cambiarán después de casados), sin convicción, sin compromiso verdadero, donde hay una relación de pecado ante Dios. Estos matrimonios nacen con falta de compromiso, con una noción de temporalidad y provisionalidad que acabarán por destruirlos

Conclusión: El noviazgo casto es la escuela de la fidelidad

El noviazgo casto es la escuela de fidelidad del marido. Si el hombre vive una relación basada en la castidad con su novia, aprende que esa es una mujer pura que él tiene que respetar siempre. Sin embargo, si el hombre aprende antes del matrimonio que esa mujer se puede irrespetar y usar cuando le plazca para su satisfacción, lo seguirá haciendo después del matrimonio, porque ya aprendió que ella es un objeto irrespetable. ¿Quién inició el irrespeto? Lo propuso el hombre y la mujer lo aceptó. La mujer es la encargada de llevar la dirección espiritual de su relación si quiere que realmente ésta funcione y sea agradable a Dios.

¿Es posible el final feliz?
Sólo si Dios está presente en su relación desde el principio.

-
Transcripción y adaptación realizada por Milena Barguil para PildorasdeFe.net del video “¿Cómo casarse para toda la vida y no para un rato?” del Psicólogo Octavio Escobar.

Recursos de Utilidad