Categoría: Matrimonio y noviazgo

Restaurando el Matrimonio: Día 18, enfócate en las virtudes y deja a un lado los defectos

Devocional para matrimonios, Día 18: ¿Las críticas marchitan tu relación? Descubre el poder sanador de mirar las virtudes de tu cónyuge en lugar de sus defectos

¿Alguna vez te has puesto unos lentes empañados y te has quejado de que el paisaje era gris y sombrío, sin darte cuenta de que el problema estaba en tu propia mirada? En la vida conyugal, a menudo nos ponemos los lentes de la crítica, magnificando implacablemente cada pequeño tropiezo de nuestra pareja, mientras permanecemos ciegos ante las vigas de nuestro propio egoísmo. El matrimonio es una alianza sagrada de amor entre un hombre y una mujer, diseñada desde la eternidad para simbolizar la alianza irrompible entre Dios y su pueblo. Para el día 18 del devocional para los matrimonios, explicaremos por qué en el matrimonio los esposos deben desaprender el hábito de la queja y centrarse heroicamente en las virtudes, y no en los defectos, del ser que prometieron amar hasta el final de sus días.

Devocional para matrimonios

El matrimonio es celebrado por dos personas, hombre y mujer, que se convierten en una sola carne en el lecho matrimonial. La nueva alianza es celebrada por el pueblo de Dios, convirtiéndose en "una sola carne" con Cristo en la Eucaristía. Hay una estrecha relación entre el matrimonio y la Eucaristía.

Entonces, el matrimonio tiene que durar para toda la vida, y con la misma persona, porque es un ícono sagrado de la relación entre Dios y su pueblo. Dios no rechazó a su pueblo, ni se divorció de ellos debido a sus infidelidades. Dios siempre es fiel a su pueblo. Y Dios no está casado con varios cuerpos. Está casado con un solo Cuerpo, que es la Iglesia (Ef 5).

Es por esto que los cristianos no nos divorciamos, ni nos casamos con más de una persona (véase Mateo 19,6, Marcos 10,9). Hacer cualquiera de estas cosas destruye el matrimonio como un ícono de la fidelidad de Dios a su pueblo.

"El sacramento del matrimonio tiene esta peculiaridad respecto a los otros: ser el sacramento de una realidad que existe ya en la economía de la creación; ser el mismo pacto conyugal instituido por el Creador «al principio». La decisión, pues, del hombre y de la mujer de casarse según este proyecto divino, esto es, la decisión de comprometer en su respectivo consentimiento conyugal toda su vida en un amor indisoluble y en una fidelidad incondicional, implica realmente, aunque no sea de manera plenamente consciente, una actitud de obediencia profunda a la voluntad de Dios, que no puede darse sin su gracia" (San Juan Pablo II, 14 | Exhortación Apostólica Familiaris Consortio)

Esta fidelidad incondicional de la que habla el santo padre nos exige una mirada purificada. No podemos reflejar el amor de Dios si continuamente lapidamos a nuestra pareja con reproches. San Agustín decía sabiamente: "Trata de adquirir las virtudes que crees que faltan en tus hermanos, y ya no verás sus defectos, porque tú mismo no los tendrás". El verdadero trabajo matrimonial comienza siempre en el silencio del propio corazón.

Día 18 del devocional de matrimonios

Reflexión para el día 18: "Enfocarse en las virtudes, no en los defectos".

Como pareja, debes celebrar las fortalezas y virtudes de tu cónyuge en lugar de señalar sus debilidades.

Cuando nos enfocamos en algo, comienza a parecer más grande. Si eliges enfocarte en las fortalezas de tu cónyuge, parecerán aún más grandes, pero si te enfocas solo en las debilidades y defectos, las verás peores aun cuando no estén realmente allí.

Si vas a centrarte en los defectos, comienza siempre con tus propios defectos. Tú mismo eres la única parte del matrimonio que realmente tiene el poder de cambiar. Debes estar siempre dispuesto a construir junto a tu cónyuge en vez de buscar maneras de llevarlo al despeñadero.

El hogar debe ser un santuario donde las virtudes sean abonadas con palabras de aliento constante. Cuando el cónyuge se siente admirado y valorado en sus fortalezas, halla la seguridad emocional necesaria para trabajar, sin defensas, en sus propias flaquezas. Es la misericordia diaria, y no el castigo verbal, lo que realmente moldea el alma hacia la santidad familiar anhelada.

Cita bíblica del día

"¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no miras la viga que está en el tuyo?". (Mateo 7,3)

Pregunta para la reflexión:

  • ¿Siempre destaco las fortalezas y virtudes de mi cónyuge en lugar de señalar sus debilidades?

Reflexión para los cónyuges: El arte de mirar con los ojos de Cristo

Nuestra vocación al amor matrimonial nos invita a convertirnos en artesanos de la misericordia dentro del propio hogar. Condenar los defectos del ser amado es tarea fácil para el ego humano, pero elegir destacar sus virtudes en medio del caos es un milagro de la gracia sacramental.

Cuando miramos a nuestro cónyuge a través de los lentes de la Cruz, descubrimos que sus imperfecciones son la oportunidad perfecta para amar más y mejor. Como nos insta la Escritura:

"Sopórtense unos a otros, y perdónense si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes". (Colosenses 3,13)

Oración del día de los esposos

Señor, me dirijo a Ti en este momento para darte las gracias infinitas por haber entrado en mi matrimonio y abrirme los ojos al amor verdadero y transformador. Quiero ser inmensamente agradecido, no solo contigo, sino también con mi amado cónyuge, pues en esta bendita unión nos hemos donado nuestros talentos para hacer crecer y fructificar nuestro amor.

Te pido perdón desde lo profundo, Señor, por las faltas que he cometido en este camino conyugal, por caer tantas veces en el error doloroso de señalar implacablemente los defectos de mi cónyuge en vez de admirar sus virtudes.

Ayúdame a decir las cosas siempre con bondad y amor, a mirar dentro de mi propio corazón con humildad y corregir primero mis grandes errores antes de intentar corregir a los demás.

Quiero que mi amor crezca cada día y sea fecundo, que pueda ser motivo constante de esperanza y fuerza para mi cónyuge, para que siempre encuentre un refugio de apoyo y consuelo en mí.

Gracias, Señor, porque Tú elegiste amarnos libremente, sin condiciones. Gracias por tu protección inagotable, por tu perdón sanador y tu amor incondicional. Gracias por la vida y el milagro del amor. Amén.

Devocional para Matrimonios y oración de los esposos, día 18

Devocional del día 18 en video

A continuación, puedes disfrutar también el día 18 del devocional para matrimonios de forma audiovisual: Los cónyuges miran sus virtudes, no se centran en sus defectos.

Devocional para matrimonios organizado en 31 cortas lecturas diarias que se pueden hacer en alrededor de cinco (5) minutos cada una, dedicado a las parejas, por la restauración del amor y la gracia de Dios en su relación. En el día 18 de este devocional para los matrimonios, los cónyuges aprenden a mirar las virtudes del otro, no enfocándose en los defectos. Oramos por tu matrimonio; deja tus intenciones en los comentarios.

Transforma tu hogar elogiando las virtudes de tu pareja

La crítica constante marchita el corazón, pero el reconocimiento amoroso tiene el poder de resucitar la esperanza en el matrimonio.

Te retamos hoy a sorprender a tu cónyuge enumerando tres virtudes hermosas que admiras profundamente en él o ella.

Únete a nuestra comunidad de fe dejando tus peticiones en los comentarios; oraremos con fervor para que el Espíritu Santo purifique su mirada y restaure plenamente su alianza de amor.

Recuerden siempre que el sacramento que los une posee la fuerza divina para curar la miopía espiritual del egoísmo. Confíen en que, al decidir enfocarse en lo bueno, Dios multiplica la paz familiar. ¿Estás dispuesto hoy a silenciar la crítica y pronunciar palabras de profunda admiración hacia tu cónyuge?

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre las virtudes en el matrimonio

Centrarse en los defectos crea una atmósfera de juicio constante que asfixia la ternura y la confianza. Esta actitud crítica magnifica lo negativo, ignorando el mandato bíblico del amor que "todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Corintios 13, 7). Cuando nos convertimos en jueces implacables de nuestro cónyuge, olvidamos nuestra propia fragilidad. El Papa Francisco nos recuerda frecuentemente que la paciencia amorosa es el oxígeno vital que sostiene la paz familiar en medio de nuestras naturales imperfecciones humanas.

Requiere una decisión consciente y un ejercicio espiritual diario de gratitud intencional. Cada vez que sientas el impulso de criticar un defecto, haz una pausa y enumera internamente tres cualidades hermosas de tu cónyuge que te enamoraron al principio. Al principio cuesta, pero la repetición forma el hábito. Además, la gracia del sacramento actúa como un colirio espiritual, permitiéndonos ver al otro con la misma mirada misericordiosa con la que Jesucristo nos contempla desde su corazón amoroso y perdonador.

No, el verdadero amor exige corrección fraterna, pero la diferencia radica en el enfoque y el método. No se trata de cegarse ante los errores, sino de abordarlos desde la bondad y no desde la condena. San Juan Bosco enseñaba que no basta con amar, sino que el otro debe sentirse amado, incluso al ser corregido. Un diálogo honesto sobre las debilidades solo es fructífero si previamente hemos construido un puente sólido de afirmación y reconocimiento constante de sus grandes virtudes.

La Eucaristía es el sacramento de la unidad suprema. Así como Cristo nos recibe en la comunión con todas nuestras miserias para transformarnos, los esposos están llamados a acoger incondicionalmente las limitaciones del otro. El Catecismo (CIC 1644) subraya que el amor conyugal exige indisolubilidad, que se nutre en el altar. Al alimentarse del Pan de Vida, las parejas reciben la fuerza divina para amar más allá de los defectos humanos, haciendo de su hogar un reflejo del amor redentor.

Adaptación y contenido agregado: Qriswell Quero, Con información extraida de: Dave Willis

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

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