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Categoría: Aprende a orar

Con mucha humildad, hay que confiarse a la voluntad de Dios cuando sentimos que Dios no escucha nuestra oración y nos da lo que le pedimos

Estamos viviendo tiempos en donde pareciera que obtenemos respuestas inmediatas. Si tenemos preguntas, enviamos un texto o un correo electrónico, una reclamación y podemos recibir una respuesta en horas, a veces minutos. Si queremos algo que hemos deseado o pedido mucho tiempo, paramos en una tienda o buscamos por internet y ese "algo" puede estar en nuestras manos casi que inmediatamente. Pero resulta que, cuando enviamos oraciones a Dios por algunas peticiones que tenemos, sentimental, emocional, física, saludo, sea cual sea eso que quiero y pido, también esperamos una respuesta rápida y clara, preferiblemente hecha a medida. Pero en muchos casos no es así. Es como si Dios no escucha mi oración o no me quiere conceder lo que le pido insistentemente.

Así que, entonces seguimos rezando, y luego nos sentamos y esperamos. Y esperamos, y esperamos, y a la primera vuelta, sin pasar mucho tiempo, nos cansamos de orar y e pedir y comenzamos a preguntarnos: "¿Por qué Dios no escucha mi oración?" O, si me escucha, ¿por qué no me da lo que le pido?

¿Dios no escucha mi oración?

No es que Dios no nos escuche, sino que nosotros no lo escuchamos, o no sabemos cómo escucharlo, o en muchos otros casos, no sabemos cómo pedir. A veces esperamos muestras maravillosas de su presencia, destellos de luz radiando el Cielo, voces desde arriba, o, al menos, una respuesta tan obvia que no haya forma de decir que no haya sido otra cosa sino DIOS MISMO. Pero, así como Elías aprendió que, mientras buscaba a Dios en el fuerte viento, en el terremoto y en el fuego, como él podemos encointrar respuestas a nuestra oración en los lugares o momentos más inesperados. Solo hay que estar atento.

"Después del fuego hubo un pequeño susurro. Al oírlo, Elías escondió su rostro en su manto y fue y se paró a la entrada de la cueva" (1 Reyes 19:12-13).

Así fue que, en el pequeño susurro, fue que Elías finalmente escuchó a Dios.

Calmar los ruidos externos para escuchar a Dios.

Lo primero que debemos aprender  es a camar nuestros corazones inquietos, aquietar esos pensamientos den nuestras mentes y dardescanso a nuestros cuerposfatigados. Solo llenándonos de paz podríamos escuchar el susurro de Dios, podriamos saber que Dios esccucha nuestras oraciones.

Tal vez Dios está respondiendo a nuestras oraciones, pero en el ajetreo de nuestras vidas y el ruido del mundo que nos rodea, el mensaje pasa desapercibido. 

Poner a Dios en primer lugar.

Una de las cosas que debemos hacer es recordar que ,el primer mandamiento, el que nos orienta en la ruta de la vida, es que pongamos a Dios en primer lugar. Por razonable que nos parezca una petición o deseo, apegarnos a ello, sobre todo cuando no depende únicamente de nuestras estrategias o deseos, es un grave error.

A uno le puede parecer muy lógico, y muy deseable, y muy sano tener tal o cual empleo, ir a tal o cual lugar o tomar tal o cual camino en la vida. No necesariamente es lo mejor y no necesariamente es lo que va a suceder. Lo más saludable es definir la vida a partir del agradecimiento de lo que uno ha recibido y luego, con toda la humildad y amor que uno tenga hacia Dios decirle:

"Confío mi vida en tus manos; dame ojos para descubrir tus designios, y un corazón que se goce en tu voluntad".

Eso no significa que uno no tenga deseos concretos, pero desde el momento mismo en que nacen hay que vigilar no esclavizarse con ese deseo. Si quiero un buen empleo, hago la tarea, o sea, me capacito, envío hojas de vida, trato de buscar contactos, pero finalmente sé que la plenitud de mi vida no está en eso.

Lo mismo para la persona que quiere una buena pareja: cuida particularmente su aspecto, frecuenta sitios donde puede conocer nuevas y buenas personas, pero no se esclaviza de ese único deseo.

Dios no es una máquina dispensadora.

No podemos tratar a Dios como si fuese un cajero automático. No lo inundamos con peticiones y extendemos nuestras manos esperando la respuesta exacta como la queremos.

Cuando esto ocurre, podríamos sentirnos como si Dios no nos escuchara o, si lo hace, no le interesa lo que es mejor para nosotros ni quiere concedernos eso que le pedimos. Debemos acercanos a Dios con un corazón humilde. Dios tiene planeado para nosotros muchas cosas maravillosas pero no puede responder a nuestros caprichos o en el momento que nosotros lo "exigimos".

Cuando nuestras plegarias no son escuchadas o no son respondidas, podemos empezar a sentirnos abandonados por Dios. Ciertamente no estamos solos. Algunos de los más grandes santos en la historia de nuestra fe experimentaron la "noche oscura del alma", un término acuñado por San Juan de la Cruz. Más recientemente, las cartas de Santa Teres de Calcuta revelaron una sequía de décadas donde se sintió separada de Dios.

"En cuanto a mí, Padre, no tengo nada que decir, porque la oscuridad es tan oscura, el dolor es tan doloroso. A veces el agarre del dolor es tan grande, que puedo oír mi propia voz gritar - Dios mío, ayúdame. Es tan doloroso estar tan sola por Dios". (Madre Teresa de Calcuta: Ven a ser mi luz").

Dios siempre nos está escuchando, pero debemos calmar nuestros corazones, alinearnos con su amor a través de esa oración silenciosa y contemplativa donde simplemente nos sentamos y esperamos a Dios actuar a través de gestos sencillos.

Recursos sobre la oración.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con información de: Fraynelson.com

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, esposo fiel y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

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