Exorcista responde al superior jesuita: El demonio es real, no es un símbolo
El demonio es real, no es un símbolo. El demonio y otros espíritus fueron creados por Dios, pero ellos mismos se han vuelto malvados
"La existencia del demonio es una enseñanza definitiva de la Iglesia", así lo dijo el Padre Exorcista Sante Babolin. El famoso exorcista italiano reafirmó lo anteriormente dicho agregando: "El demonio existe y no es una construcción social".
En respuesta a las palabras del Padre Arturo Sosa, Superior General de los Jesuitas - quien hace algún tiempo dio unas polémicas declaraciones, en las que afirmaba que el demonio era un símbolo - el padre Sante Babolin, conocido como el "exorcista de Padua", dijo al respecto:
"Es una enseñanza estándar de la Iglesia el hecho de que Satanás era un ángel caído".
Dios lo creó todo.
Recordando un poco los hechos, el Padre Arturo Sosa dijo en una entrevista con "El Mundo":
"Hemos formado figuras simbólicas como el demonio para expresar el mal. El condicionamiento social también puede representar esta figura, ya que hay personas que actúan de una manera malvada porque están en un ambiente donde es difícil actuar en sentido contrario".
Citando en respuesta y basándose en los documentos del IV Concilio Ecuménico de Letrán en 1215, el Padre Exorcista Babolin, dijo:
"Dios creó todo, incluyendo aquellos espíritus que se convirtieron en malvados.
El diablo y otros demonios fueron creados por Dios en naturaleza, pero ellos mismos a través de sí mismos se han vuelto malvados".
El demonio sí existe.
El Padre Babolin, quien ha llevado una lucha continua contra el demonio en los miles de casos de exorcismo que ha realizado, indicó:
"Los discursos del Papa Pablo VI en 1972 demuestran la existencia del demonio, así como el Catecismo de la Iglesia Católica.
Estas tres fuentes: los documentos del IV Concilio Ecuménico de Letrán, los discursos del Papa Pablo VI y el Catecismo, proporcionan evidencia definitiva de la existencia del demonio".
Sobre el demonio.
Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré. Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro (Salmo 16,8-9)





