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Ateo confiesa: Se necesita de la Iglesia Católica para salvar Europa.

Douglas Murray ve como un continente en decadencia no puede dejar a un lado el cristianismo. Necesitamos de la Iglesia para salvar Europa.

"La extraña muerte en Europa: Inmigración, Identidad y el Islam", de Douglas Murray, plantea preguntas muy serias. Así como por un lado, si mis amigos socialistas me vieran leyéndolo, me desafiarían por tendencias "racistas". Por otro lado, mis amigos conservadores le echarían una ojeada al título, y se adentrarían a la teoría principal de Murray: Europa se suicida.

Según Murray, el continente está en declive terminal por dos razones principales:

La primera es la inmigración masiva, especialmente de países que tienen tradiciones culturales totalmente ajenas a Occidente, y la segunda es la pérdida de confianza de Europa en sus propias creencias, tradiciones y legitimidad.

Choque de cultura y choque migratorio.

Él muestra el enorme abismo entre los países europeos, diferencias entre personas educadas, blancas, izquierdistas y seculares, que abrazan obstinadamente nociones de multiculturalismo y diversidad, y personas que han experimentado los problemas causados ​​por la diversidad y que se resisten a ella.

Murray también reflexiona sobre otro abismo cada vez mayor sobre el tema de la inmigración masiva: Entre Europa Occidental, dominada por la Unión Europea y Alemania en particular, y Europa Oriental, donde Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia han resistido las cuotas de inmigrantes impuestas ante ellos.

Como él sugiere, el sufrimiento por el que pasaron estos ex países comunistas les ha dado un mayor deseo de proteger su propio sentido de nación que lo que es evidente en Occidente.

Murray cita el discurso de Víctor Orban, primer ministro de Hungría, del 15 de marzo de 2016, en el que dijo a sus compatriotas:

"Los principios de vida sobre los que Europa se ha construido están en peligro mortal".

Subrayando en dicho discurso que Europa es la comunidad de naciones cristianas, libres e independientes: Igualdad entre hombres y mujeres, competencia leal y solidaridad. Orgullo y humildad. Justicia y misericordia.

No encontrarás a Theresa May ni a ningún otro líder europeo occidental que defina Europa usando un lenguaje como éste. Me recuerda al insatisfactorio argumento de Juan Pablo II de que la constitución de la Unión Europea podría incluir una referencia a Dios.

La Iglesia debe tener un enfoque especial en los no creyentes.

Esto me lleva a las reflexiones de Murray sobre el papel del cristianismo. Es más tentativo aquí, escribiendo no como un creyente, sino como alguien lo suficientemente sabio como para reconocer que el cristianismo debe tener un papel serio que jugar si Europa, con su civilización y logros únicos, va a sobrevivir. Él escribe:

"Por mi parte, no puedo dejar de sentir que gran parte del futuro de Europa se decidirá en lo que nuestra actitud es hacia los edificios de la Iglesia y otros grandes edificios culturales de nuestro patrimonio en nuestro medio.

Cuando el Papa Benedicto XVI imploró a los europeos que se comportaran como si Dios existiera, reconocía algo que sus predecesores rara vez podían aceptar: Que algunas personas hoy no pueden creer y que la Iglesia debe tener algún enfoque especial hacia ellos".

En otras palabras, estaba apelando a la Iglesia para que abriera un diálogo con personas como él: Un ateo serio, alguien que ha repudiado a los falsos dioses de la época y que está sinceramente buscando significado y propósito más allá del Zeitgeist.

Un continente que vive como si Dios no existiera.

Personalmente, me pregunto si la decadencia moral y social de Europa Occidental puede ser detenida. Hablando sobre este tema con una amiga de ideas afines, una estudiosa de la historia y una conversa, a principios de esta semana, me dijo que le "recordaba los últimos años del Imperio Romano".

Los optimistas dirán: "Al final todo saldrá bien, todos se integrarán en el tiempo y llevaremos nuestras vidas cómodas y pacíficas como siempre".

Los pesimistas apuntarán a todos los ejemplos históricos de colapso de las civilizaciones.

Los cristianos añadirían que una sociedad o un continente que vive como si Dios no existiera, no puede durar.

La Iglesia, al menos en este país, a menudo parece motivada por el deseo de no agitar el barco. Pero su misión divina requiere que ofrezca la única alternativa significativa a una cultura degradada, para señalar donde los llamados valores británicos divergen de la enseñanza cristiana sobre la dignidad humana, y para proclamar la Fe hasta desde las catacumbas si es necesario.

Información vía: Catholic Herald | 01 de agosto de 2017

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