Papa Francisco: Abran las puertas del corazón para recibir el don de consuelo.
Papa Francisco: Piensen en sus corazones, si están abiertos y pueden pedir el don del consuelo para luego darlo a los demás
"Uno debe reconocerse a sí mismo como necesitado del consuelo. Sólo entonces viene el Señor, nos consuela y nos da la misión de consolar a otros", así lo expresó el Papa Francisco durante la homilía de la Santa Misa que celebra por la mañana en la casa de Santa Marta.
El Papa Francisco reflexionó sobre ese hermoso don del Espíritu Santo, el don del consuelo, centrándose específicamente en las aptitudes espirituales más propias para recibir el don del consuelo de Dios y compartir el don con nuestros hermanos.
Ninguno puede dar consuelo a sí mismo
La lectura de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios nos enseña que el consuelo no es "autónomo":
La experiencia del consuelo, la cual es una experiencia espiritual, siempre necesita de alguien más para cumplirse: nadie puede consolarse a sí mismo, nadie, y quien intenta hacerlo, termina mirándose al espejo.
Terminan convirtiéndose en personas cerradas que no crecen ni permiten crecer, y el aire que respiran es un aire narcisista. Este no es un consuelo verdadero, porque está cerrado, carece de alteridad.
Hay tantas personas en el Evangelio, por ejemplo, los doctores de la ley, quienes estaban llenos de su propia suficiencia.
El rico Epulón celebraba banquetes todos los días pensando que tenía el don del consuelo, pero sobre todo para expresar mejor esta actitud, están las palabras del fariseo ante del altar, que dicen:
"Dios, te doy gracias por no ser como los otros hombres".
Ese hombre se miró en el espejo. Miró a su única semejanza embellecida con ideologías, y agradeció al Señor.
Jesús nos muestra a estas personas porque representan la realidad, vivir de esta manera nos llevará a nunca vivir en plenitud, sólo alcanzaríamos un estado de hinchazón con vanagloria.
Consolación: don y servicio.
Para ser verdadero, el consuelo necesita de alguien más. En primer lugar, el consuelo es recibido por Dios, es Dios quien consuela, quien es capaz de dar este don.
Entonces el verdadero consuelo también pasa a otro, cuando uno ya ha sido consolado, ya es capaz de consolar. El consuelo es un estado de transición entre el don recibido y servicio dado.
El verdadero consuelo tiene esta doble alteridad: es don y servicio. Y así es, si permito que el consuelo del Señor entre como regalo, es porque necesito ser consolado.
Estoy necesitado: para ser consolado, uno debe reconocerse a sí mismo como necesitado del consuelo. Sólo entonces viene el Señor, nos consuela y nos da la misión de consolar a otros.
No es fácil tener el corazón abierto para recibir el don y servir.
La enseñanza de las Bienaventuranzas.
Un corazón abierto es necesario, y para tener un corazón abierto, debes ser feliz, y la lectura del Evangelio nos dice:
"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque para ellos es el Reino de los Cielos".
En los pobres el corazón se abre con una actitud de pobreza, de pobreza de espíritu. También en los que saben llorar, los mansos. Los hambrientos de justicia que luchan por justicia. Los que son misericordiosos, que tienen misericordia de los demás. Los puros de corazón. Pacificadores y perseguidos por la justicia.
Todos ellos son los del corazón abierto y para ellos el Señor viene con el don de consuelo y la misión de consolar a otros.
Los corazones cerrados están sucios
Tales personas son catalogadas como aquellos que están cerrados y se sienten ricos en espíritu, suficientes, aquellos que no necesitan llorar porque sienten que tienen razón, los violentos, quienes no saben lo qué es la mansedumbre, los injustos que cometen la injusticia, los que no tienen misericordia, que nunca necesitan perdonar porque no sienten la necesidad de ser perdonados, aquellos cuyos corazones están sucios, los creadores de la guerra y no de la paz, aquellos que nunca son criticados o perseguidos porque la injusticia aplicada a otras personas no les concierne.
Estos tienen un corazón cerrado. No son felices porque el don de consuelo no puede entrar en sus corazones cerrados, por lo que no pueden darlo a cambio a los que lo necesitan.
Abrir las puertas del corazón
Piensen en sus propios corazones, si están abiertos y pueden pedir el don del consuelo para luego darlo a los demás como un regalo del Señor, y agradezcan al Señor, que siempre busca consolarnos, y nos pide abrir las puertas de nuestros corazones, aunque sea sólo un poquito, porque Él encontrará la manera de entrar.
Tengo siempre presente al Señor: Él está a mi lado, nunca vacilaré. Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro (Salmo 16,8-9)







