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Categoría: Celebración del día
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La Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote se celebra el primer jueves siguiente a la Solemnidad de Pentecostés. Cristo es supremo Sacerdote para siempre

Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, Fiesta.

La fiesta de Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, es una fiesta litúrgica movible que se celebra anualmente, el jueves inmediato después de la Solemnidad de Pentecostés. La aprobación de esta fiesta fue concedida por primera vez por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el año 1987. Es observada por la Cofradía de Cristo Sacerdote en Australia y por todas las diócesis católicas de España. Desde 2013, se observa también en Polonia, en los Países Bajos como en algunos otros países, aunque aún no está elevada a festividad universal. La fiesta se introdujo en la liturgia y el Oficio Divino en Inglaterra y Gales en 2018

Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote.

La fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, fue introducida en España en 1973. Posteriormente fue solicitada por numerosos Episcopados de todo el mundo. Aunque en algunos misales de principios del siglo XX ya se encontraba la Misa de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, esta festividad, de origen español, obtuvo la aprobación de la Santa Sede en el año 1971.

Comenzó a ser festividad litúrgica el 22 de agosto de 1973 gracias al esfuerzo de S.E.R. D. José María García Lahiguera, Arzobispo de Valencia, fijando su celebración en el jueves siguiente a la solemnidad de Pentecostés.

La celebración de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, fue incluida en el calendario litúrgico en 1974. En 1996, San Juan Pablo II, agregó los textos de la Liturgia de las Horas, que habían sido enviados desde Madrid

Jesucristo, Sacerdote para siempre.

Nuestro Señor Jesucristo es el sacerdote de la Nueva Alianza que nos ha reconciliado con Dios y nos ha llamado a formar parte de su Iglesia, haciéndonos hijos del Padre. En muchas diócesis se celebra también en este día la Jornada de santificación de los sacerdotes.

En el Nuevo Testamento, no se utiliza el término SACERDOTE para referirse solo a los ministros. Este término se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real, tal cual lo indica Pedro en su segunda carta:

"Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz" (1 Pedro 2,9)

Un famoso pasaje de Hebreos explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de la siguiente manera:

"Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna" (Hebreos 4,14-16)

En relación con Cristo, la carta a los Hebreos interpreta su sacrificio, en oposición a los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza, como el nuevo, único y definitivo sacerdocio:

"Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec" (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos también añade lo siguiente: "Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos" (Hebreos 9,11)

Un solo Sumo y eterno Sacerdote.

Aunque hay decenas de miles de sacerdotes en la Iglesia Católica, hay, en el sentido más propio de la palabra, un solo Sacerdote, y ese Sacerdote es Jesucristo.  Todos los demás sacerdotes, por muchos miles que haya, son partícipes de ese único sacerdocio de Cristo.  Participan verdaderamente en el sacerdocio de Cristo, pero solo Cristo mismo tiene la plenitud del sacerdocio.  Y esto porque solo Cristo es, él mismo, la Víctima y el Sacerdote que ofrece la Víctima.  Como lo expresó San Pablo, "hay un solo mediador entre Dios y los hombres, el Verbo de Dios que es él mismo un hombre, Jesucristo" (1 Timoteo 2,5).  

Jesús tiene la plenitud del sacerdocio como la fuente de la que los demás sacerdotes ordenados, han obtenido la plenitud de su poder sacerdotal, y por la que se sostienen, día a día, en sus funciones sacerdotales. El sacerdote ordenado participa de la plenitud del sacerdocio de Cristo y de la mediación única de Cristo.

Cristo y el Sacerdocio.

Cristo es nuestro sacerdote, nuestro sumo y eterno sacerdote para siempre, llamado sumo sacerdote porque es su propia ofrenda sacerdotal la que se entrega al Padre, su único sacrificio de su vida en la cruz, ofrecido en expiación por los pecados del hombre, y en reparación, para honor y gloria de Dios.

Todos los demás sacerdotes son sacerdotes menores que Cristo, en el sentido de que, si bien están ordenados para ofrecer sacramentalmente el sacrificio de Cristo, lo hacen como si hubieran recibido esta potestad del sacerdocio de Cristo, que él dio a su Iglesia, comenzando por Pedro y los demás apóstoles, que luego transmitieron a sus sucesores.

Este sacerdocio de Cristo es eterno: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec" (Hebreos 5,7). Cristo es sacerdote para siempre porque así como la Iglesia prevalece y no podrá ser destruida, del mismo modo su divinidad es desde siempre y para siempre.

"El Señor ha jurado, y no se arrepentirá: tú eres sacerdote para siempre" (Salmo 110,4; Hebreos 7,21)

Ni lo ancho, ni lo profundo, ni los poderes del abismo, ni el Cielo, ni el infierno, ni principados ni potestades, ni la muerte misma, podrá destruir el sacerdocio eterno de Cristo.

Profetas, Sacerdotes y Reyes.

Mediante el bautismo, todos hemos sido configurados con Cristo, como Profetas, Sacerdotes y Reyes. Nuestra vida es sacerdotal en la medida en que, unida a la suya, se convierte en una completa oblación al Padre.

La celebración de la fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno Sacerdote y Rey, debe ser contemplada, para todos los católicos, como un día intensamente sacerdotal. Un día para amar y adorar el sacerdocio de Jesucristo, que a su vez está aunado al sacerdocio de todos sus ministros.

Hoy es un día para agradecer a Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, por habernos regalado este precioso don a toda la humanidad, en la que cada día, en cada Iglesia del mundo, cada presbítero hace presente, mediante la consagración de las dos especies, a Jesucristo, el Hijo de Dios altísimo.

Todos los cristianos, debemos de tomar este día como una gran jornada de oración por la santidad de todos los Sacerdotes, unirnos con fe y esperanza, en comunión con todos los Santos, sintiéndonos verdaderamente parte del Cuerpo místico de Cristo, para así pedir, al Dueño de la mies, para que envíen y haya muchos y santos Sacerdotes.

Podemos confiar plenamente en toda la gracia que recibimos del sacerdocio real de Cristo en nuestra vida, en la vida de cada uno de los que creen en Cristo. La Carta a los Hebreos nos dice: "Por tanto, siempre puede salvar a los que se acercan a Dios por medio de él, ya que vive para siempre para interceder por ellos" (Hebreos 7,25).

Esta mediación sacerdotal de Cristo por todos los que se acercan a él, es una indicación de que Él sigue obrando en nuestras vidas como nuestro gran sumo sacerdote, para obtener la misericordia de Dios, y el perdón de nuestros pecados, mientras estamos vamos como peregrinos en este mundo.

Oración Jesús, sumo y eterno Sacerdote, por los Sacerdotes del mundo.

Señor Jesús, sumo y eterno sacerdote para siempre, queremos rogarte hoy por todos tus sacerdotes. Que cuando estén clavados en la cruz del confesionario, pongas en ellos tu corona de luz en vez de tu corona de espinas. Que cuando, día a día, te traigan al pan convertido en tu cuerpo, ello no se les vuelva rutina, sino diario milagro. Que su trato con las almas sea siempre para dejar en ellas el amor y el valor que Tú nos entregas. Que cuando jóvenes, tengan la fortaleza de tus últimos tres años y cuando viejos, sigan sintiendo que Dios alegra su juventud. Que espíritu viviente en carne y hueso, sean como Tú, profundamente humanos y perfectamente divinos. Que cuando el desánimo y la debilidad los agobien en el camino de su calvario, estés Tú, como Cirineo, para llevarles la cruz y volvérselas gozo. Y que nunca falte quien de la vida por ellos, así como Tú la diste por nosotros. Oh, Jesús, sumo y eterno sacerdote, ruega por todos ellos y por tu amada Iglesia. Amén.

Sobre los Sacerdotes.

Santos de la semana

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net
Venezolano, esposo y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.
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