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Categoría: Celebración del día

San Charbel Makhlouf: Vida, milagros y devoción del santo patrono de los enfermos

Conoce la vida y los asombrosos milagros de San Charbel Makhlouf, el monje ermitaño y patrono de los que sufren: Descubre su legado de sanación y profunda fe

En medio del bullicio ensordecedor de un mundo que persigue incansablemente el prestigio y las comodidades terrenales, se alza con imponente majestuosidad el silencio sanador de San Charbel Makhlouf. Al celebrar hoy a nuestro amado Santo del Día, nos sumergimos en la deslumbrante biografía de un monje ermitaño que prefirió el áspero suelo de una cueva libanesa antes que los aplausos efímeros de los hombres. Reverenciado como el gran santo patrono de los enfermos y de los que sufren agonías tanto en el cuerpo como en el alma, este gigante de la fe maronita nos demuestra que la renuncia absoluta a sí mismo es la verdadera llave para desatar milagros asombrosos. Su cuerpo incorrupto y su inagotable legado intercesor son un inmenso faro de luz y esperanza para la cristiandad.

Fiesta: 24 de julio

Martirologio romano: San Charbel (José) Makhlouf, sacerdote de la Orden Maronita Libanesa, que, en busca de una vida de soledad austera y para alcanzar una perfección más alta, se retiró del monasterio de Annaya en el Líbano a una ermita, donde sirvió a Dios día y la noche en la sobriedad total de la vida con el ayuno, oración y grandes sacrificios, llegando el 24 de diciembre a descansar en la paz del Señor.

Biografía de San Charbel

San Charbel Makhlouf llegó a este mundo el 8 de mayo de 1828 en la pintoresca y elevada aldea de Biqa-Kafra, enclavada en las frías y majestuosas montañas del norte del Líbano. En las aguas purificadoras de su bautismo se le otorgó el nombre de José, siendo el último de los cinco amados hijos nacidos en el seno de una familia campesina, marcada por una extrema pobreza material, pero inmensamente rica en virtudes y devoción cristiana.

Desde la más tierna infancia, el pequeño José exhibió una atracción sobrenatural e irrefrenable hacia la oración contemplativa y la soledad absoluta. Movido por este fuego abrasador, a la edad de veintitrés años abandonó definitivamente el calor de su hogar para consagrarse como monje en el célebre Monasterio de San Maroun, en la localidad de Annaya. Tras ser recibido gozosamente en el noviciado, renunció a su identidad secular y adoptó el glorioso nombre de Charbel, en honor a un antiguo mártir oriental.

Habiendo culminado brillantemente sus rigurosos estudios teológicos y filosóficos, San Charbel fue ordenado sacerdote de Cristo el 23 de julio de 1859. Fue inmediatamente asignado de regreso al Monasterio de San Maroun, donde transcurrió dieciséis años ininterrumpidos de obediencia perfecta junto a sus hermanos de comunidad, sumergido en una existencia de oración continua, trabajo manual agotador y una devoción inquebrantable a la voluntad de Dios.

Anhelando un desapego total de las consolaciones humanas, en el año 1875, San Charbel suplicó y recibió el ansiado permiso de sus superiores para aislarse en una ermita privada, consagrada a los Santos Pedro y Pablo. Este refugio de piedra, situado a poca distancia del monasterio principal, era utilizado ocasionalmente por los sacerdotes para sus días de retiro espiritual. Era una cabaña extremadamente rústica, robusta pero desprovista de cualquier comodidad, contando apenas con lo estrictamente necesario para sobrevivir y adorar al Creador en el silencio más absoluto.

San Charbel, monje místico

Sacrificios y penitencias de San Charbel

Fue exactamente en las paredes de este rústico santuario donde transcurrieron los últimos veintitrés años de su peregrinaje terrenal, inmerso en la práctica incesante de grandísimos sacrificios y mortificaciones voluntarias de la carne. Sus conmovidos compañeros relataban que llevaba de forma continua un áspero cilicio bajo su desgastado hábito, dormía escasas horas sobre el suelo helado apoyando su cabeza en un madero, y se sustentaba consumiendo una única y frugal comida al día, compuesta de sobras vegetales.

El corazón de San Charbel latía a un ritmo celestial, impulsado por una extraordinaria y abrasadora devoción al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Tenía la inamovible preferencia de oficiar la Santa Misa diaria cerca de las once de la mañana, de modo que podía dedicar prácticamente toda la fría madrugada y mañana a una profundísima preparación espiritual, reservando el resto de la extenuante jornada para una ininterrumpida acción de gracias ante el Sagrario.

Milagros asombrosos de San Charbel

San Charbel era la encarnación misma de la mansedumbre monástica, un alma humilde que se unió místicamente a Jesucristo en cada uno de sus indescriptibles sufrimientos y profundas alegrías evangélicas. Su mera presencia irradiaba una paz y un amor sobrenaturales allí donde caminaba.

A continuación, destacamos tres de los inmensos milagros que este gran Santo pudo realizar durante su existencia terrenal:

  • En el transcurso del año 1885, aconteció uno de los prodigios más recordados de este venerado monje libanés. Una gigantesca y oscura nube de langostas descendió vorazmente sobre los sembradíos de los pobres y desesperados granjeros que habitaban en las cercanías del monasterio, comenzando a arrasar rápidamente con toda la cosecha anual. Esta terrible plaga auguraba una inminente y letal hambruna para todo el pueblo. Alarmado, el Prior del monasterio ordenó al Padre Charbel que acudiera inmediatamente a los campos infestados, con el fin de rezar sobre ellos y bendecirlos utilizando agua bendita. Confiando en Dios, el monje esparció la gracia del agua, y casi de forma instantánea, las feroces langostas desaparecieron por completo de todos los territorios que él había bendecido, salvando milagrosamente el sustento vital de las familias.
  • Transcurría el año 1873 cuando el padre superior decidió enviar a Charbel al imponente palacio del príncipe Rachid Beik Al-Khoury, con la urgente misión de rezar por el joven Nagibem, su hijo amado, quien agonizaba consumido por el tifus. La ciencia médica de la época se había rendido y los doctores no albergaban ni la más mínima esperanza de salvación. El Padre Charbel, revestido de fe absoluta, le administró el Sacramento de la Unción de los Enfermos al moribundo niño y lo bendijo con abundante agua bendita. Apenas un instante después, ante la estupefacción y el asombro gozoso de todos los presentes, el joven paciente se recuperó por completo. Agradecido por este don de vida, aquel niño creció, finalizó sus estudios universitarios de medicina y se consagró como uno de los galenos más famosos y compasivos de todo el Líbano.
  • Soportando una inmensa dificultad y riesgo físico, varios hombres fornidos arrastraron a un violento enfermo mental, originario del remoto pueblito de Ehmej, para presentarlo en el patio del monasterio de Annaya suplicando desesperadamente oraciones de sanación. Al intentar cruzar el umbral de la pequeña capilla, los custodios no pudieron contenerlo más; el afligido exhibía una fuerza demoníaca y sobrehumana con la que se resistía a entrar al santuario. San Charbel, con inalterable serenidad, se aproximó al atormentado hombre y le ordenó con voz mansa pero firme que entrara pacíficamente con él y se arrodillara ante la presencia del tabernáculo. El hombre perdió toda agresividad enseguida y, para el asombro inconmensurable de todos los monjes, obedeció las instrucciones del asceta en santa y total paz. Tras orar profundamente por él, San Charbel le impuso las manos, le leyó pasajes del Santo Evangelio y el milagro de liberación se materializó. El enfermo no solo recuperó íntegramente su cordura mental y espiritual, sino que, años después, contrajo sagrado matrimonio, formó una devota y numerosa familia cristiana, y emigró, prosperando en los Estados Unidos de América.

Muerte de San Charbel

Luego de soportar veintitrés largos y crudos años de un sacrificio ininterrumpido en una existencia de pobreza tan extrema, en las postrimerías de 1898, San Charbel sufrió un severo ataque cerebrovascular mientras oficiaba con reverencia la Santa Misa. El colapso fue tan súbito que el sacerdote que lo asistía en el Santo Sacrificio del altar se vio en la dolorosa obligación de retirarle, con sumo cuidado, la Sagrada Eucaristía de sus manos paralizadas.

Este fiel servidor del Señor agonizó dulcemente durante ocho días tras aquel episodio, entregando su espíritu en la gloriosa y silenciosa víspera del día de Navidad, a la edad de setenta años. Consecuente con su absoluta humildad, fue enterrado de manera sumamente sencilla en la tierra fría del cementerio del monasterio, el mismo lecho polvoriento donde tantos monjes santos habían sido sepultados antes que él. Su delgado cuerpo no fue embalsamado, se le vistió únicamente con el áspero hábito completo de su Orden y fue depositado directamente sobre el lodo, sin la protección de ningún ataúd de madera.

Desafiando todas las leyes de la biología humana, el sagrado cuerpo de San Charbel permaneció milagrosamente incorrupto e intacto hasta el año 1965, fecha memorable que marcó su solemne beatificación. Años más tarde, el esplendoroso 9 de octubre de 1977, la Iglesia universal celebró jubilosa su elevación a los altares cuando fue canonizado en Roma por el Papa San Pablo VI.

Cuerpo incorrupto de San Charbel

Casi de inmediato tras la inhumación, sucesos completamente extraordinarios e incomprensibles comenzaron a perturbar la quietud de la montaña. Desde lo más lejano del valle, los habitantes podían contemplar maravillados cómo brotaba una luz brillante, pura y extraordinaria directamente desde la tierra húmeda de su tumba; un efecto místico que se prolongó deslumbrantemente durante cuarenta y cinco noches consecutivas tras su partida al cielo.

Cientos de atónitos pobladores fueron testigos presenciales de aquella luz milagrosa que convertía la oscuridad nocturna en un faro de santidad. Este evento sin precedentes causó un revuelo monumental en cada rincón del pueblo libanés. Miles de cristianos y musulmanes, movidos por la reverencia, se agolparon masivamente alrededor de la sepultura para admirar este fenómeno sobrenatural. Llevados por un fervor incontrolable, algunos devotos lograron cavar furtivamente la fosa, apropiándose de retazos de la ropa mojada del santo y mechones de su cabello para conservarlos como reliquias sanadoras. Previendo el caos y por obvias razones de seguridad, los prudentes funcionarios del monasterio solicitaron a las autoridades eclesiásticas el permiso formal para exhumar los restos y resguardar el santo cuerpo en las bóvedas del monasterio.

Tumba original de San Charbel de donde provino la luz misteriosa
[Tumba original en la que fue enterrado originalmente San Charbel de donde provino la extraña luz misteriosa]

Al despuntar el tan esperado día de la exhumación oficial, la fosa cubierta de barro fue abierta ante la presencia atenta y escrutadora de los superiores mayores de la Orden, la totalidad de los monjes y muchísimos aldeanos temblorosos de emoción. De la tierra saturada de agua emergió el cuerpo inmaculado de San Charbel, hallado milagrosamente en condiciones absolutamente perfectas para el pasmo indescriptible de los asistentes. Esto resultaba científicamente imposible, dado que las lluvias torrenciales y las incesantes nevadas habían inundado profundamente el cementerio en numerosas ocasiones, y su cadáver fue literalmente encontrado flotando en el cieno líquido de aquella fosa pantanosa.

Cualquier estudioso de la anatomía confirmaría que, al ser enterrado directamente en contacto con la tierra mojada, sin las barreras protectoras de un ataúd, la combinación de fango y agua debería haber acelerado drásticamente la descomposición y putrefacción de su carne, pero la gracia divina dispuso exactamente lo contrario.

Después de ser amorosamente lavado y revestido reverentemente con vestiduras clericales frescas, el cuerpo incorrupto de San Charbel fue depositado con inmenso respeto en un hermoso ataúd de madera tallada y expuesto en un ángulo privilegiado de la capilla para la constante admiración, veneración y contemplación asombrada tanto de los frailes como de los peregrinos.

Asombros de la ciencia con el cuerpo de San Charbel

Fue a partir de entonces cuando se desencadenó un fenómeno orgánico aún más extraordinario que desafió por completo a los patólogos: desde todos los poros de la piel del cuerpo de San Charbel comenzó a manar incesantemente un líquido viscoso de color rojizo, cuyo olor penetrante era idéntico al de la sangre viva mezclada con agua. Sus hábitos religiosos quedaban completamente empapados por este fluido, obligando a los monjes a cambiar su vestimenta hasta dos veces por semana. Pequeños y valiosos fragmentos de estos lienzos tintados en este sudor misterioso se comenzaron a distribuir por el mundo entero como reliquias de primer grado, a las que se les atribuyen millares de portentosos efectos sanadores en pacientes terminales.

Entre los escépticos y reputados hombres de la medicina convocados para examinar rigurosamente el cadáver figuraba el prestigioso Dr. George Choukrallah. Este profesional de la ciencia estudió y examinó meticulosamente el cuerpo un asombroso total de 24 veces a lo largo de 17 años, concluyendo su exhaustiva investigación con una declaración histórica: "Siempre me ha asombrado su estado de conservación y especialmente este líquido rojizo exudado por este... Mi opinión personal, basada en el estudio y la experiencia, es que este cuerpo se conserva por un poder sobrenatural".

El día 24 de julio del año 1927, buscando frenar la transpiración milagrosa, el santo cuerpo de San Charbel Makhlouf fue acomodado herméticamente en un recio ataúd de madera finamente revestida interiormente con gruesas planchas de zinc, y fue entronizado en un sepulcro nuevo. El enorme sarcófago fue asentado cuidadosamente sobre sólidos bloques de piedra para asegurar que jamás tuviera contacto directo con la humedad del subsuelo del monasterio.

Pero los milagros no pueden ser contenidos por muros de plomo. El 25 de febrero del Año Santo de 1950, los fervorosos peregrinos que visitaban el santuario libanés se percataron, atónitos, de que un extraño líquido pegajoso se estaba filtrando desde una rendija en la esquina inferior de la tumba sellada. El angustiado padre superior del monasterio, temiendo que alguna corrosión hubiese causado graves daños al sepulcro de piedra, ordenó la apertura inmediata del mausoleo en presencia de toda la comunidad monástica reunida.

La bóveda sepulcral fue encontrada completamente seca y libre de humedad, y el exterior del ataúd conservaba intacta la misma condición en que se había colocado veintitrés años atrás. Sin embargo, el fenómeno innegable persistía: el misterioso líquido de tonalidad rojiza goteaba incesantemente a través de una ínfima perforación natural localizada justo a la altura de los pies del Santo.

Al levantar la tapa de zinc, el cuerpo bendito de San Charbel fue una vez más expuesto y encontrado en un estado de conservación absolutamente incorrupto, conservando su piel perfecta, así como una flexibilidad articular realista e incomprensible. El líquido milagroso continuaba emanando y exudando copiosamente desde su tez, y todas las sagradas prendas interiores que lo cubrían estaban profusamente manchadas de sangre. Curiosamente, parte de la antigua casulla de tela sintética se había podrido por la humedad, y el tubo metálico de zinc que resguardaba cuidadosamente los documentos eclesiásticos oficiales estaba totalmente cubierto de corrosión, pero la carne humana del asceta permanecía intacta.

Durante la asombrosa cifra de sesenta y siete años, el cuerpo de San Charbel Makhlouf permaneció inmaculado y perfectamente preservado. Este portento fue ampliamente documentado y examinado sin descanso por innumerables comisiones de profesionales de la ciencia médica secular durante ese vasto período; todos ellos firmaron actas describiendo y admitiendo que esta realidad empírica solamente podía ser explicada admitiendo de forma concluyente una intervención sobrenatural y divina.

San Charbel y su inmenso legado de santidad

Con gran júbilo, y con motivo de su solemne beatificación el 5 de diciembre de 1965, durante la clausura majestuosa del Concilio Vaticano II, el humilde ermitaño católico oriental fue descrito por el Papa San Pablo VI con palabras inmortales como "un nuevo y eminente miembro de la santidad monástica", que, por pura gracia del Espíritu, "a través de su ejemplo y su intercesión está enriqueciendo a todo el pueblo cristiano". Precisamente en ese mismo y profético año, tras haber cumplido su misión de revelar la gloria de Dios en la carne, el cuerpo de San Charbel dejó finalmente de exudar su líquido sanador y acató obedientemente las leyes biológicas de la naturaleza. En la actualidad, su féretro custodia sagradamente su osamenta, cuyos huesos han adquirido una sorprendente e inusual pigmentación de color rojo profundo.

Reconociendo la abrumadora cantidad de milagros presentados, San Charbel Makhlouf fue oficialmente canonizado en 1977 por el mismo pontífice, San Pablo VI. En un discurso rebosante de gozo, el Papa aclamó al glorioso santo maronita libanés definiéndolo como una "admirable flor de santidad que florece en el tallo de las antiguas tradiciones monásticas de Oriente". Su canonización marcó un hito histórico, pues es el primer santo maronita de esta envergadura incluido con plenos honores en el calendario litúrgico de la Iglesia latina.

En su inspiradora homilía para la grandiosa misa de la canonización de San Charbel, el Papa San Pablo VI expresó con voz vibrante: "La Iglesia necesita gente que se ofrezca como víctima para la salvación del mundo, en una penitencia libremente aceptada, en una incesante oración de intercesión, como Moisés en la montaña, en una búsqueda apasionada del Absoluto, testimoniando que Dios es digno de ser adorado y amado por sí mismo".

Desde el momento sagrado de su tránsito a los cielos, la tumba de San Charbel en el monasterio de Annaya se ha convertido en uno de los más grandes y visitados santuarios de peregrinación de todo el Medio Oriente. Existe la plena y comprobada certeza de que cientos de miles de milagros físicos y conversiones radicales ocurrieron indudablemente por su ferviente intercesión ante Dios, derramando bendiciones abundantes tanto en las familias del Líbano como en millones de corazones a lo largo y ancho de todo el mundo.

4 datos sobre San Charbel

1. La luz resplandeciente sobre su tumba

Tras su santa muerte, un fenómeno celestial asombró a todo el valle del Líbano. Durante cuarenta y cinco noches consecutivas, una misteriosa e intensísima luz resplandeció sobre su humilde sepultura de tierra. Este destello milagroso, visible para cristianos y musulmanes por igual, fue la señal inequívoca que llevó a las autoridades a exhumar su cuerpo, descubriendo el portentoso milagro de la incorruptibilidad de sus restos mortales frente a la humedad extrema.

2. El misterioso líquido sanador

Durante más de seis décadas, el cuerpo inmaculado del monje libanés exudó un asombroso fluido rojizo que desprendía un intenso olor a sangre. Este líquido inexplicable empapaba constantemente sus vestiduras y el interior del féretro. Los fieles devotos utilizaban pequeños paños humedecidos con este sudor milagroso para bendecir a los desahuciados, logrando incontables curaciones físicas comprobadas que desafiaron toda lógica y silenciaron los argumentos de la ciencia médica moderna.

3. Una vida de silencio absoluto

El silencio no era simplemente una regla monástica para él, sino su verdadero idioma para dialogar ininterrumpidamente con Dios. A lo largo de los veintitrés años que habitó en su rústica ermita, casi nadie escuchó su voz, a menos que fuera estrictamente indispensable para absolver o guiar a un penitente. Su quietud exterior reflejaba magistralmente un alma que silenció por completo los ruidos del mundo y las vanidades terrenales.

4. El único retrato fotográfico real

San Charbel jamás permitió ser fotografiado ni retratado en vida, debido a su inmensa humildad evangélica. Sin embargo, en el año mil novecientos cincuenta, unos peregrinos tomaron una foto grupal frente a su tumba vacía. Al revelarla, apareció milagrosamente en el centro de la placa la figura nítida de un monje anciano orando. Los hermanos mayores que le conocieron confirmaron estupefactos que aquel rostro angelical era exactamente idéntico al de su amado santo.

Reflexión: La renuncia espiritual

La asombrosa vida de este ermitaño nos confronta directamente con nuestro constante apego a los bienes materiales y la vanagloria temporal. San Juan de la Cruz afirmaba: "Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada". San Charbel aplicó esta máxima de pobreza hasta las últimas consecuencias, abrazando la privación total para enriquecer al mundo con milagros.

El admirable testimonio de San Charbel nos invita hoy a vaciarnos de nosotros mismos para que Dios pueda verdaderamente llenarnos con su inmensa gracia.

Oración a San Charbel

Oh Dios del Silencio, de paz y de amor, en la quietud, tu adorable y misteriosa Trinidad vive, ama y actúa. En el silencio del tiempo, tus grandes misterios se han cumplido. Bendito sea el que calma todo dentro de sí mismo y escucha la voz impetuosa que conduce a Ti. Tu siervo San Charbel escuchó esta voz y se encerró en la soledad. Se separó de un mundo egoísta y habló contigo. Le enseñaste a negarse a sí mismo y a morir, como el grano de trigo. Le pediste que se atara a Ti en una vida de pobreza, castidad y obediencia. Liberado de sí mismo, te descubrió, Señor, abrazó el camino de la cruz y llenó su espíritu con el recuerdo de la pasión y la muerte de tu Hijo. Los santos Misterios se convirtieron en su vida, la Eucaristía en su verdadero alimento y la Madre de Dios en su consuelo. Día y noche te busco en las Escrituras y en la vida de los santos. A través de la oración interminable, toda su vida se convirtió en un himno vivo de alabanza a Ti y terminó en un sacrificio de amor que continúa proclamando Tu gloria. Te suplicamos, por su intercesión, que nos inspires a una vida de oración y sacrificio. Ayúdanos a vivir vidas de tranquila dedicación al servicio de Tu Iglesia, para siempre. Amén

Rezar un Padre nuestro, un Ave María y un Gloria.

San Charbel, bendito monje humilde y fiel siervo de Dios, ruega por nosotros. Amén.

Encuentra consuelo divino en medio de tu sufrimiento

Si atraviesas un desierto de enfermedad, profunda angustia o una desesperación que parece no tener fin ni consuelo humano, no permitas que el miedo apague la débil llama de tu fe.

El Señor siempre nos envía intercesores poderosos y compasivos que conocen de primera mano el peso asfixiante de la cruz.

Ríndete hoy al amor infinito de Dios Padre y permite que la gracia restauradora del Espíritu Santo cicatrice suavemente todas tus heridas ocultas. ¿Estás verdaderamente dispuesto a silenciar tus ruidosas preocupaciones mundanas para poder escuchar con nitidez el dulce susurro de la misericordia divina sanando tu quebrantado corazón?

La radical santidad de este valeroso monje libanés nos asegura desde el cielo que la oración constante es, sin lugar a dudas, el arma espiritual más invencible contra cualquier dolor o enfermedad. Ninguna lágrima derramada con verdadera fe cae al vacío del olvido; absolutamente todas son recogidas por las manos del Creador. ¿Te animas a entregarle hoy todas tus pesadas cargas a Jesucristo y comenzar a vivir verdaderos e inexplicables milagros en tu hogar?

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre la vida de San Charbel

San Charbel fue un humilde monje y sacerdote maronita libanés que dedicó su existencia entera al ayuno y la oración incesante. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que "la oración es la vida del corazón nuevo". Él encarnó perfectamente este principio, abandonando las vanidades del mundo para abrazar la soledad extrema, transformándose en un poderoso intercesor celestial para todos los afligidos de la tierra.

Durante su vida terrenal y después de su muerte, Dios obró prodigios asombrosos a través de este santo ermitaño. Desde alejar plagas de langostas con agua bendita hasta sanar enfermos desahuciados por la ciencia médica. Cristo nos aseguró: "Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará" (Juan 15, 16). La inmensa fe de Charbel hizo posibles estas maravillas que siguen atrayendo a miles de peregrinos.

Tras su fallecimiento, el cuerpo de San Charbel permaneció milagrosamente incorrupto durante sesenta y siete años, sudando un líquido rojizo inexplicable para la ciencia humana. Este fluido, considerado una reliquia de altísimo valor espiritual, ha sido instrumento de innumerables curaciones físicas y conversiones. Es un signo visible de la victoria sobre la corrupción de la muerte, evidenciando la gracia santificante que inundaba la carne purificada de este asceta sublime.

Por su profunda empatía espiritual y el caudal inagotable de milagros corporales y espirituales obtenidos mediante su intercesión, San Charbel es el gran patrono de los que sufren terribles enfermedades, de los desahuciados y de quienes padecen angustias del alma. San Pablo de la Cruz decía: "El sufrimiento es la moneda con que se compra el paraíso", y este amado monje nos ayuda a cargar nuestra cruz con amor.

Santos de la semana

Redacción y edición: Qriswell Quero,
Biografía, celebraciones y Fiestas de la Iglesia

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

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