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San Juan de Ávila fue un sacerdote místico y misionero en España predicando a Cristo. Lo enviaron a prisión injustamente y allí escribió su más grande obra

San Juan de Ávila. Sacerdote misionero. Patrono del Clero español.

San Juan de Ávila fue un sacerdote católico misionero, predicador y místico, Doctor de la Iglesia y patrono del clero diocesano español. Tuvo un conocimiento bastante profundo de las Sagradas Escrituras y siempre ardió en su corazón el espíritu misionero. Poseía un hermoso don de elocuencia por lo que se destacó en la predicación y logró innumerables conversiones. Supo cómo penetrar los misterios y adentrarse en la profundidad de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

Juan de Ávila (6 de enero de 1499[1]- 10 de mayo de 1569) fue un sacerdote, predicador, autor escolástico y místico religioso español, declarado santo y doctor de la Iglesia por la Iglesia Católica. Se le llama el "Apóstol de Andalucía", por su extenso ministerio en esa región.

Fiesta: 10 de mayo.

Martirologio romano: En Montilla, en Andalucía, España, Memoria litúrgica de San Juan de Ávila, un sacerdote, que estuvo de misionero por todo el país predicando a Cristo, y habiendo sido acusado injustamente de herejía, fue enviado a prisión, donde escribió la parte más importante de su doctrina espiritual.

Biografía de San Juan de Ávila.

San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el 6 de enero de 1499. Apenas cumplidos los 14 años le envió su padre a estudiar leyes en el centro de estudios y de las Artes de Salamanca.

Después de estar allí durante 4 años, San Juan de Ávila tuvo un "particular llamamiento" (vocación), de modo que dejó sus estudios y volvió a casa de sus padres, pidiéndoles que le dejaran estar en un aposento apartado de la casa, como así hicieron.

En Almodóvar persevera durante 3 años en una vida de gran recogimiento, con frecuencia de sacramentos y muchas horas de oración ante el Sagrario.

Ordenación sacerdotal.

En 1520, sus padres lo enviaron a estudiar Artes y Teología a la Universidad de Alcalá de Henares. Fue ordenado sacerdote en 1526 (por aquel entonces ya habían muerto sus padres).

San Juan de Ávila celebró la primera misa en su pueblo natal, Almodóvar, y para festejar dicho acontecimiento invitó a comer a doce pobres y repartió entre los necesitados su herencia: el valor de una mina de plata estimada en más de cinco mil ducados.

Enseguida se marcha a Sevilla, con el proyecto de zarpar desde allí hacia las Indias para evangelizarlas, proyecto que no se llevó a cabo, pues el arzobispo de Sevilla, D. Alonso Manrique, le mandó por precepto de santa obediencia que abandonara esa idea y que evangelizase Andalucía. Labor a la que desde entonces se consagró de lleno y por la que sería llamado Apóstol de Andalucía

El 22 de julio de 1526, día de la Magdalena, en la Iglesia de San Salvador, asistiendo el arzobispo y otra gente principal, San Juan de Ávila predicó su primer sermón. Pronto salió a predicar por los pueblos del arzobispado (Écija, Alcalá de Guadaira, Lebrija, Jérez, etc...). Tenía fama de hombre de vida recogida y dado al estudio.

Cuando San Juan de Ávila predicaba se llenaban las iglesias. Hacía sermones incluso en las plazas públicas, no aceptaba limosnas y si algo le querían dar les rogaba que se lo entregasen a los pobres.

El falso testimonio contra San Juan de Ávila.

San Juan de Ávila fue denunciado a la Inquisición. Le imputaban una serie de cargos a raíz de ciertas declaraciones que había hecho en diversas ocasiones, según las cuales había de ser considerado como un alumbrado luterano.

El Santo Oficio dictó contra él, una orden de prisión. Juan de Ávila estuvo encarcelado en el Castillo de San Jorge, en Triana. El proceso duró desde el otoño de 1531 hasta el otoño de 1532.

Hacia diciembre de 1532, San Juan de Ávila responde a todos los cargos que le hacen. Fue absuelto en la sentencia que se dictó el 5 de julio de 1533.

Durante los meses de su prisión, San Juan de Ávila tradujo el Kempis y comenzó a escribir la que sería su obra más importante: el Audi, Filia, un célebre comentario al salmo 44, versos 11 y 12, para una señora convertida por él en Écija, Sancha Carrillo.

Aquella experiencia no hizo sino pulir aún más su afán apostólico. A comienzos de 1535, San Juan de Ávila partió para Córdoba, donde continuó su predicación por muchos días con grande concurso de oyentes y satisfacción de todos.

A finales de 1536 se dirige hacia Granada, en cuya ciudad se ofreció, de nuevo, al trabajo de la predicación: Predica, confiesa, dirige, escribe, reúne discípulos, funda colegios, aconseja a obispos...

La predicación de San Juan de Ávila impresiona y provoca grandes conversiones: Sancha Carrillo, Juan de Dios, Francisco de Borja, ... Entre los que le consultan ocasionalmente figura Teresa de Jesús.

Obra fundadora de San Juan de Ávila.

La fundación de colegios fue una de las grandes preocupaciones de Juan de Ávila. Fundó más de quince colegios a lo largo de su vida.

En el colegio de Baeza, San Juan de Ávila colocó a los mejores de sus discípulos y lo convirtió en la Universidad de la Santísima Trinidad para clérigos, la más importante de Andalucía (año 1542 y siguientes).

San Juan de Ávila contribuyó también a la aplicación del Concilio de Trento. Los últimos 16 años de su vida los pasó retirado en Montilla, debido a graves enfermedades que lo debilitaron mucho.

Desde allí atendía a todos y rezaba. Murió en su modesta casa de Montilla (Córdoba) el 10 de mayo de 1569.

San Juan de Ávila, fue beatificado por León XIII el 4 de abril de 1894 y declarado patrono del clero secular por Pío XII el 2 de julio de 1946. Fue canonizado por Pablo VI el 31 de mayo de 1970 y declarado Doctor de la Iglesia por Benedicto XVI el 7 de octubre de 2012.

Una carta de San Juan de Ávila.

"Queridos hermanos y hermanas, ruego a Dios que les abra los ojos y le haga ver los tesoros ocultos que nos otorga en las pruebas de las que el mundo solo piensa en huir. La vergüenza se convierte en honor cuando buscamos la gloria de Dios. La aflicción actual se convierte en la fuente de la gloria celestial. A los que sufren heridas en sus batallas, Dios les abre los brazos en una amistad amorosa y tierna, que es la delicia más grande que cualquier cosa que nuestros esfuerzos terrenales puedan producir. Si tenemos algo de sentido común, anhelaremos estos brazos abiertos de Dios. Si anhelas estas fiestas de alegría celestial, si quieres contemplarlas y participar en ellas, debes estar seguro de que no hay mejor manera de llegar a ellas que el camino del sufrimiento. Este es el camino que Cristo y sus discípulos siempre han recorrido. Él lo llama un camino estrecho, pero que conduce directamente a la vida. Por eso nos dice que si queremos unirnos a Él, recorreremos el camino que Él tomó. No es justo que el Hijo de Dios vaya por el camino de la vergüenza mientras que los hijos de los hombres van por el camino del honor mundano: El discípulo no está por encima de su maestro, ni el siervo por encima de su amo. Que Dios permita que nuestros corazones no encuentren descanso y no busquen otro alimento en este mundo, salvo en las dificultades y el sufrimiento junto a la cruz del Señor". (Fragmento de "La vida de Jesús revelada en nosotros", Carta de San Juan de Ávila)

San Juan de Ávila fue un hombre de Dios, unido a la oración constante y apostólica. Se dedicó fervientemente a la predicación y a cumplir con todos los sacramentos con mucha fidelidad pasión, concentrando sus esfuerzos en mejorar la formación de los futuros sacerdotes, religiosos y laicos, con vistas a una fecunda reforma de la Iglesia. Colaboró con sus grandes santos contemporáneos españoles como Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Pedro de Alcántara y Teresa de Ávila generando en ellos muchos frutos espirituales.

Oración a San Juan de Ávila.

Padre bueno, que por los gracias que le concediste a tu Siervo fiel, San Juan de Ávila, podamos también nosotros alcanzar esa pasión por la predicación de tu Palabra y hacerla viva y presente en nuestras vidas, en cada una de nuestras acciones. Ayúdanos a ser misioneros de tu amor, misioneros de la caridad y del perdón. Que cada palabra que pronunciemos, lleva la insignia de la cruz, de tu humildad y tu servicio. Todo esto, lo pedimos, en el Nombre poderoso de Jesucristo nuestro Señor, quien vive y Reina contigo, en unidad con el Espíritu Santo, un solo Dios por siempre y para siempre. Amén. San Juan de Ávila, ruega por nosotros y consíguenos las gracias de Dios para ser un discípulo misionero fiel y enamorado de la Cruz del Señor y de su Palabra. Amén.

Santos de la semana

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net
Biografía de Santos - Celebraciones y Fiestas de la Iglesia
Venezolano, esposo y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.
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