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Categoría: Familia

Hay momentos duros que hacen tambalear la fe, por eso es importante no desfallecer. Seguir creyendo en Dios cuando he perdido un ser querido

¿Cómo creer en Dios cuando se ha muerto un ser querido?.

Lidiar con la muerte de un ser amado es una de las cosas más difíciles de hacer. Puede ser cualquiera. Tu amigo, tu familia, tu persona especial, siempre será difícil. Aprender a superar esta pérdida puede sentirse imposible en el momento en que se sufre. Podremos saber que las cosas siempre mejorarán, pero es un proceso difícil de aceptar. Antes que nada, sentimos mucho que estés leyendo estas líneas, quiere has encarado (o lo estás haciendo ahora) con la muerte de un ser querido. Todos hemos pasado por la muerte, al menos una vez. Siempre tendrás a alguien a tu lado para ayudarte, pero por ahora, te queremos dedicar esta pequeña reflexión para ayudarte a seguir creyendo en Dios en un momento como este tan doloroso.

La muerte de una persona querida es un escenario que todos enfrentamos. También es una de las experiencias más devastadoras que uno puede soportar. En el período inicial de tiempo después de que ocurre, la mayoría de la gente se pregunta si podrá sobrevivir a esta gran pérdida.

Así que ¿qué puedes esperar y cómo lo afrontas? ¿Seguirías creyendo en Dios cuando se ha muerto un ser amado? Sin duda, esta discusión requeriría páginas enteras por escribir, pero esperamos que, este punto de vista, pueda ayudarte en este proceso de alguna manera.

¿Qué esperar después de la muerte de un ser querido?

El dolor y la tristeza por la pérdida de aquello que amamos pueden turbarnos. En esos momentos podemos alejarnos de Dios, rebelarnos contra su voluntad, huir de sus brazos. Jesús nos muestra su dolor, estaba turbado, con una profunda tristeza en el alma cuando su primo, Juan el Bautista, había sido injustamente decapitado. ¡Qué tristeza tan honda habría en su corazón! Jesús se retira buscando la soledad, buscando a Dios:

"En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado".

Juan ha muerto. Lo quiere y lo admira y ahora ya no está. No ha podido salvarlo como luego haría con Lázaro. Ahora necesita estar solo, mirar hacia dentro de sí mismo. Jesús se retira a orar. Quiere paz. Desea estar tranquilo.

El dolor profundo nos hace buscar el silencio y la tranquilidad. Esos lugares en los que el corazón descansa en la roca firme que es Dios. Jesús busca la soledad. Jesús, hombre y Dios, necesita descansar en Dios Padre. Necesita volverse sobre sí mismo y profundizar en todo lo que está pasando.

¡Qué poca interioridad tiene el hombre de hoy! Vivimos hacia fuera, volcados sobre el mundo, sin tiempo para meditar la vida. Jesús sube a una barca y busca un lugar solitario. Necesita apartarse de la orilla, hablar con su Padre en intimidad, llorar, contarle, descansar en Él, poner la cabeza en su pecho, darse tiempo para perdonar y para sufrir.

Ya no está el amigo más fiel, el que dio su vida por abrirle camino, el que generosamente animó a sus discípulos a abandonarlo y seguirle a Él, el que no pudo ser discípulo suyo. Jesús siente que sin Juan está más solo. Se aleja en la barca, para estar un rato en soledad, quizás fondearía en un sitio apartado o navegaría hacia lo más profundo. En ese lago que para él era familiar.

Seguir creyendo en Dios en la pérdida.

Me gusta ver a Jesús en silencio, solo, meditando, buscando. Me gusta imaginarme sus diálogos profundos con su Padre. ¿Qué sucedería en esa oración? ¿Cómo rezaría Jesús? Le hablaría al Padre de su impotencia, de su dolor, daría gracias por la vida de Juan, lloraría porque lo amaba y duele seguir caminando sin que él esté. Busca a su Padre en cuanto se entera de lo que ha pasado. Se quedaría callado, en silencio, escuchando. Pediría por la paz en un mundo violento.

Esta actitud de Jesús es una invitación para todos nosotros. Jesús se retira a orar, busca la soledad. Ojalá en estos días de verano podamos encontrar momentos de descanso, de paz, de oración. Es necesario mirar el curso terminado y buscar las huellas de Dios en nuestra vida. Dios nos cuida en el camino. Dios sale a nuestro encuentro. Queremos agradecerle su cariño y cercanía. Queremos colocar en sus manos nuestros dolores y frustraciones. Queremos dejar que sea Él el que nos sostenga.

Es bueno alejarnos de la orilla del curso, para tener momentos en que nuestra alma descanse en Dios, en que podamos estar a ratos en silencio, a ratos contándole lo que nos pesa y nos alegra, nuestras pérdidas y nuestros sueños. Ojalá encontremos, como Jesús, un lugar donde estemos en paz de forma especial. Quizás caminando, o ante una imagen, o en el mar, o en la montaña.

En nuestra vida nos faltan lugares solitarios. Las demandas de nuestra familia, del trabajo, de los compromisos. No tenemos espacios para la soledad. Jesús sintió pena. No hay nada que yo pueda sentir que Él no comprenda por qué lo vivió. Una persona escribía en un momento de dolor y turbación:

"En toda esta tristeza y mucha confusión sé con certeza que Dios me acompaña. Jesús sale a correr conmigo, María me abraza cada noche y me ayuda a dormir, el Espíritu Santo me regala claridad para seguir viendo que me quiere, que muchos me quieren y que yo también soy importante para otros. Sigo viendo que soy preciosa ante Él, con todo. Con mi búsqueda, con mi dolor intenso y con mi amor para los demás. Quiero mirar más allá de mi dolor. Mirar a otros sin ningún interés de saciar nada mío. Y a la vez recibir mucho amor inesperado y ver cómo otros ven y tocan mi dolor. Sé que me quieren así y eso es muy bueno. Me siento muy pequeña".

A veces experimentamos la tristeza, la soledad y el dolor. Vemos que nuestra sed es infinita y nada la calma. No encontramos el descanso que el corazón desea. Son momentos de turbación en los que quisiéramos tocar el cielo con las manos y caemos torpemente. Quisiéramos vivir solo en Dios y descansar a su lado.

Dios nos espera, desea que depositemos en sus manos lo que nos inquieta. El Santuario, allí donde renovamos cada día nuestra alianza con María, es nuestro lugar de descanso. Allí volvemos cada vez que estamos turbados. Allí dejamos el dolor del alma, nuestros miedos y dudas.

Seguir confiando en Dios en la pérdida de un ser querido.

Construye recuerdos de tu ser amado y ponlos en las manos de Dios. Seguro que nunca olvidarás, superarás, o dejarás atrás así como así y seguir con la vida. Pero que eso no sea obstáculo para llevar esos recuerdos hasta la presencia de Aquel que nos ha creado desde el amor. Debemos confiar que, si venimos del amor, regresaremos al amor, al más puro amor.

Cuando aprendes a dejar pensando en que, el alma de tu ser amado, se ha ido a ese encuentro maravilloso del amor, el proceso de aceptación puede ser más llevadero por el resto de tu vida.

Elija sanar desde el interior. Elige amar y poner en las manos del amor, esa partida de su ser amado. No puedes volver atrás y es difícil, lo sé. Pero, ¿elegirás vivir en el dolor y la pena o elegirás la paz de pensar que se ha encontrado con la fuente del amor? Toma la decisión, cada día, cada hora, a veces cada minuto. Por muy imposible que pueda parecer al principio, la sanación y la alegría son posibles. Tu futuro puede ser muy diferente del que habías planeado, pero aún puede ser bueno, con promesas, felicidad y esperanza. Recuerda: Siempre llevamos dentro de nosotros una parte de esos seres que amamos y han partido. Se han ido de nuestra vista, pero no de nuestros corazones. Sigue creyendo en Dios, sigue confiando en esa fuente de amor.

Sobre la muerte de un ser querido.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con información de: Padre Carlos Padilla, Aleteia

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, esposo fiel y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

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