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Categoría: Caminando en la fe
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La Doctrina Católica de la Inmaculada Concepción enseña que la Virgen María, Madre de Cristo, fue concebida sin pecado original y su Concepción fue Inmaculada

La Inmaculada Concepción de la Virgen María. Tercer Dogma de Fe.

¿Qué es lo que enseña el Dogma de La Inmaculada Concepción? Pues, la doctrina de la Iglesia sobre la Inmaculada Concepción, enseña que la Santísima Virgen María, la madre de Cristo (segunda persona de la Santísima Trinidad) fue concebida sin pecado original, esto es, concebida sin mancha alguna.

Así entonces, la concepción sin pecado de la Virgen María es la razón por la que los todos católicos nos referimos a ella como la "Llena de Gracia", la Kejaritomene, como la llamó el Ángel Gabriel.

Los católicos celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de cada año. Muchos son los Papas, doctores de la Iglesia y santos que, a lo largo de la historia, han sido cautivados por la gracia del Dogma de la Inmaculada Concepción de María. Uno de ellos es Juan Duns Escoto (Doctor Sutil), quien es llamado como Doctor de la Inmaculada Concepción de María.

¿Qué NO es la Inmaculada Concepción de María?

Muchas personas confunden el dogma de la Inmaculada Concepción. Hay dos errores que actualmente las personas tienden a confundir.

El primero de ellos es que se confunde la Inmaculada Concepción con el "nacimiento virginal"; la creencia de que la Santísima Virgen María dio a luz a nuestro Señor Jesucristo, permaneciendo virgen.

Otro error que se comete, es el pensar que, el Dogma de la Inmaculada Concepción, significa que la Virgen María fue concebida sin que sus padres tuviesen relaciones sexuales. María tuvo padres humanos ordinarios (Santa Ana y San Joaquín) que la concibieron de la manera habitual, aunque revelado místicamente su embarazo debido a que fue concebida en la vejez de sus padres.

El Dogma de la Inmaculada Concepción.

Debido a que Jesús, nuestro Señor y Dios, no podía tener contacto alguno con el pecado, la Santísima Virgen María recibió la gracia de Dios de ser completamente Inmaculada desde el primer momento de su existencia, y fue total y completamente redimida por esta gracia. Por haber sido redimida, María pasó toda su existencia en una relación perfecta con Dios. Y Él hizo esto para que María fuera digna de ser la madre de Dios.

Nuestro querido San Juan Pablo II, cuando comenzó su pontificado en el año 1978, y al celebrar por primera vez, como Papa, la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, dijo al respecto en su homilía:

"Este momento decisivo en la historia de la salvación es precisamente la "Inmaculada Concepción". Dios en su amor eterno eligió desde la eternidad al hombre: lo eligió en su Hijo. Dios eligió al hombre para que pueda alcanzar la plenitud del bien, mediante la participación en su misma vida: Vida divina, a través de la gracia. Lo eligió desde la eternidad, e irreversiblemente. Ni el pecado original, ni toda la historia de culpas personales y de pecados sociales han podido disuadir al Eterno Padre de este plan de amor. No han podido anular la elección de nosotros en el Hijo, Verbo consustancial al Padre. Porque esta elección debía tomar forma en la Encarnación y porque el Hijo de Dios debía hacerse hombre por nuestra salvación; precisamente por eso el Padre Eterno eligió para Él, entre los hom­bres, a su Madre. Cada uno de nosotros es hombre por ser concebido y nacer del seno materno. El Padre Eterno eligió el mismo camino para la humanidad de su Hijo Eterno. Eligió a su Madre del pueblo al que, desde siglos, había confiado particularmente sus misterios y promesas. La eligió de la estirpe de David y al mismo tiempo de toda la humanidad. La eligió de estirpe real y a la vez de entre la gente pobre... La eligió desde el principio, desde el primer momento de su concepción, haciéndola digna de la maternidad divina, a la que sería llamada en el tiempo establecido. La hizo la primera heredera de la santidad de su propio Hijo. La primera entre los redimidos con su Sangre, recibida de Ella, humanamente hablando. La hizo inmaculada en el momento mismo de la concepción.". (Papa San Juan Pablo II, 8 de diciembre de 1978)

Debemos saber que, la Virgen María recibió esta gracia de ser Inmaculada, porque Dios, en su infinito amor y bondad, le regaló libremente el don de su amor a esta humilde doncella que se consideraba a sí misma como la Esclava del Señor.

Otros Pontífices, también dijeron muchas cosas hermosas sobre el misterio de la Inmaculada Concepción de María.

"Habría mucho que decir sobre el misterio, sobre el hecho prodigioso de la Inmaculada Concepción, relacionado con todo el destino de la humanidad y con la historia de nuestra salvación. Nos basta con invitarlos a todos, queridos hijos, a fijar la mirada del alma en esta figura única de la Mujer, en la que la humanidad reaparece en su belleza primitiva, en su inocencia nativa, como Dios había pensado y querido que el hombre fuese, su imagen y semejanza, el espejo más puro de la Divinidad, signo de la Sabiduría infinita, objeto del Amor infinito" (Papa Pablo VI, 8 de diciembre, 1969)

"En este día solemne, los recuerdos de María Inmaculada exaltan todos nuestros sentimientos en este templo del Vaticano. Se dice que cuando el 8 de diciembre de 1854 el Santo Padre Pío IX leyó la Bula de la Definición Dogmática de la Inmaculada Concepción de María, un rayo de sol irrumpió en el templo y envolvió a la persona sagrada del Papa, una luz de nuestra Madre celestial, que se difunde, que transmite alegría, que fortalece la buena voluntad, que une las almas." (San Juan XXIII, 8 de diciembre, 1958)

"Para la inteligencia cristiana es impensable la idea de que la carne de Cristo, santa, inmaculada, inocente, se haya formado en el seno de María de una carne que alguna vez, aunque sea por un breve instante, haya contraído alguna mancha". (Papa Pío X, 1904)

Todos los católicos que celebramos la doctrina de la Inmaculada Concepción consideramos a María como el ejemplo perfecto de discípulo  a seguir. Ella fue escogida desde siempre y sobre ella se derramó de forma perfecta, la acción redentora de la gracia de Dios. Ella, María, nuestra Madre, recibió esta gracia para que Cristo, su Hijo,fue concebido en su seno sin tener contacto con mancha alguna.

Los hermanos separados no aceptan este Dogma.

El Dogma de la Inmaculada concepción sigue siendo controvertida para algunos hermanos separados (protestantes), porque argumentan que esto no se menciona explícitamente en las Sagradas Escrituras. Aunque esto es bien contrario a lo que pensaba Martín Lutero, el padre del protestantismo, quien era un firme creyente en la Inmaculada Concepción. Al respecto, de esto, él dijo:

"La infusión del alma de María se efectuó sin pecado original... Desde el primer momento en que comenzó a vivir estuvo libre de todo pecado". (Martín Lutero, sermón: En el Día de la Concepción de la Madre de Dios)

Infalibilidad del Dogma de la Inmaculada.

La doctrina de la Inmaculada Concepción fue proclamada como infalible por el Papa Pío IX en la bula (proclamación formal) Ineffabilis Deus en 1854, y, por tanto, es una importante proclamación dogmática de fe para los todos los devotos católicos. Parte de la declaración del Dogma de la inmaculada Concepción de la Virgen María, dice lo siguiente:

"Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, por un singular privilegio y gracia del Dios Omnipotente, en virtud de los méritos de Jesucristo, el Salvador de la humanidad, fue preservada inmaculada de toda mancha de pecado original, ha sido revelada por Dios, y, por lo tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles". (Papa Pío IX, Ineffabilis Deus, 1854)

Antes de proclamar la doctrina, el Papa Pío IX tomó medidas para ver si la Iglesia en su conjunto estaba de acuerdo, preguntando a 603 obispos si debía proclamar la Inmaculada Concepción; 546 de ellos que representaban al 90% del total, dijeron que sí.

La visión de la pequeña Santa Bernardita de Lourdes, en 1858, en la que la Santísima Virgen María de Lourdes se reveló  a sí misma como la Inmaculada Concepción, puso el sello de la aprobación de Dios a la doctrina.

San Juan XXIII, pidiendo a la Inmaculada Concepción, pronunció esta oración: "¡Oh, María Inmaculada, estrella de la mañana que disipas las tinieblas de la noche oscura, a Ti acudimos con gran confianza! "Vitam praesta puram, iter para tutum". Aparta de nuestro camino tantas seducciones del gusto mundano de la vida; robustece las fuerzas no solo de la edad juvenil, sino de todas las edades, ya que están también expuestas a las tentaciones del Maligno" (San Juan XXIII)

Sobre la Inmaculada Concepción de María.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net
Venezolano, esposo y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.
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