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4 consejos que debes seguir si te sientes con miedo, desanimado e inseguro

 
 
   
 
 
 

Todos somos susceptibles al miedo, desánimo, la ansiedad y las dudas, pero servimos a un Dios maravilloso y vivo que es fiel a sus promesas

 

Probablemente nos suene familiar "El Camino a Emaús" (Lucas 24,13-35), el pasaje evangélico que trata sobre dos de los discípulos de Cristo, la noche de la Resurrección en el Evangelio de Lucas.

Estos dos hombres, superados por la desesperanza y el desaliento, iban hablando de los increíbles acontecimientos que habían presenciado durante los últimos días, mientras caminaban hacia su pueblo natal Emaús, fuera de Jerusalén.

Al leer este pasaje del Evangelio recientemente en la adoración eucarística, me sorprendió la semejanza con nuestro mundo moderno. Estos dos hombres estaban ansiosos, desanimados e inseguros sobre su futuro e incluso habían comenzado a referirse a Cristo en tiempo pasado.

Considerando los tiempos en los que vivimos, ¿no actuamos y pensamos a veces como estos dos discípulos?

Los atentados contra los cristianos alrededor del mundo, la inquietante tensión política en Estados Unidos, las restricciones en curso a la libertad religiosa y la pérdida de valores y moralidad en la vida pública son sólo algunos de los retos que nos causan mucho desaliento, ansiedad e incluso falta de fe.

Las valiosas lecciones del camino a Emaús son múltiples, pero  para mí, cuatro fueron muy evidentes cuando reflexioné y oré:

1.- Nuestra fe será probada.

Si se pone a prueba nuestra fe, ¿abandonaremos toda esperanza en Cristo y buscaremos nuestros propios esfuerzos o confiaremos en Él? ¿Tendremos el tipo de fe que soporta las pruebas y el sufrimiento?

Las personas de fe estamos en tiempos difíciles y debemos estar preparados para soportar la influencia omnipresente del mundo profano y las fuerzas del mal que se lanzarán contra nosotros.

2.- Dispuesto a recibir ayuda.

Cuando Cristo se aparece a los discípulos en el viaje, Él les interpreta los acontecimientos de los días anteriores a la luz de las Escrituras. Su fe y esperanza son restauradas por la ayuda del Señor.

¿Estamos preparados para aceptar ayuda? Esta ayuda está disponible para nosotros todos los días a través de la Eucaristía en la Misa, en el sacramento de la Reconciliación, en una vida activa de oración, en la dirección espiritual, en la Biblia y el Catecismo y en el franco consejo de amigos de confianza que comparten nuestra fe y nuestros valores.

3.- Dios se manifestará

Cuando los discípulos estaban preparados, Jesús permitió ser reconocido cuando partió el pan y dijo una bendición. Él también se nos manifestará si nuestros corazones y mentes están listos para verlo.

Él puede ser revelado en el sufrimiento de los hambrientos y sin hogar, en el compañero de trabajo luchador que atraviesa por un dolor personal, un bebé recién nacido sonriente, en esos momentos efímeros en la adoración eucarística u otros momentos de oración cuando todas las distracciones han desaparecido y somos bendecidos con claridad y paz.

4.- Una misión que no puede esperar

Después de que Jesús reveló su verdadero ser a los discípulos, desapareció. Se levantaron de inmediato y partieron hacia Jerusalén para compartir lo que habían visto. Tenían una misión, igual que nosotros.

La conclusión es que aunque estamos hechos para el Cielo y no para este mundo, estamos llamados a vivir y hacer el trabajo de Dios mientras estemos aquí. S

er devotos en la práctica de nuestra fe, ayudar a nuestras familias y a todos los demás a llegar al Cielo, vivir valientes y auténticas vidas católicas en la esfera pública, son parte de nuestro llamado. El mundo de hoy necesita desesperadamente que aceptemos esta responsabilidad.

Por favor, reflexionen sobre estas lecciones como yo lo hice y oren por sabiduría, discernimiento y coraje para hacer los cambios necesarios. Todos somos susceptibles al desaliento, la ansiedad y las dudas, pero servimos a un Dios maravilloso y vivo que es fiel a sus promesas.

Piensen en cómo se sintieron los discípulos al hablar de su caminar con Jesús:

"¿No ardían nuestros corazones cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?" (Lucas 24, 32)

Nosotros también podemos experimentar nuestros corazones encendidos si somos fieles y abiertos a la ayuda y al amor que Él siempre está dispuesto a proveernos.

Ten fe, valor y búscalo. Él te está esperando.

Te invitamos a leer:

 
 
Adaptación y traducción por Jesús Carreón, del artículo publicado en: Integrated Catholic Life, autor: Randy Hain

pildorasdefe jesus carreon firmaJesús Carreón, Mexicano, técnico en computación, casado y padre de dos hijos. Poner un granito de arena para evangelizar, mi mayor satisfacción

 
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