Categoría: Celebración del día

San Pedro Claver, Misionero y Protector de las Personas de Raza Negra

San Pedro Claver fue un sacerdote misionero que por más de 40 años: Pedro Claver trabajó con amor por los esclavos, bautizando a más de 300.000 de ellos

Hay historias que no caben en un retrato bonito. San Pedro Claver, Santo del Día que Colombia guarda como santo patrono de los esclavos y de la nación, no predicó desde un púlpito limpio. Bajó a las bodegas de Cartagena cuando el aire olía a miedo. Allí, entre hombres y mujeres arrancados de Guinea, del Congo y de Angola, este jesuita catalán firmó su vida con una frase que todavía incomoda: "esclavo de los negros para siempre". No era un lema para la pared. Era un contrato con Cristo. Durante más de cuarenta años llevó agua, pan, limones y el Bautismo a quienes el puerto trataba como mercancía. Si hoy nos cuesta mirar de frente al que sufre, su memoria no pide aplauso: pide que nos arremanguemos.

Fiesta: 9 de septiembre

Martirologio romano: San Pedro Claver, sacerdote de la Compañía de Jesús, quien, en la ciudad de Nueva Cartagena, en Colombia, trabajó durante más de cuarenta años con admirable dedicación y notable amor por los negros esclavizados, bautizando con su propia mano a unos trescientos mil de ellos.

Biografía de San Pedro Claver

Pedro Claver y Juana Corberó eran campesinos de Verdú, en Cataluña. Tuvieron seis hijos. Solo quedaron Juan, el mayor, y los dos más chicos: Pedro e Isabel. El padre apenas sabía firmar, pero trabajaba de sol a sol y no andaba con la fe de adorno. De la infancia de Pedro casi no queda rastro. Pasó como pasan las de tantos santos y la del mismo Señor: entre el campo, el silencio y oficios que no salen en los libros.

Estudió en la Universidad de Barcelona. A los diecinueve años llamó a la puerta de los jesuitas en Tarragona. El giro de su vida no vino de un aula. Vino de un portero. En Mallorca, mientras cursaba filosofía, se cruzó con San Alonso Rodríguez. Aquel hermano coadjutor no daba discursos. Le hablaba al oído, con la certeza de quien ha oído a Dios, y no paró de empujarlo hacia las Indias.

Pedro se fió. Con el permiso de sus superiores, se embarcó hacia la Nueva Granada en 1610. Le tocó terminar teología en Santa Fe de Bogotá, pasar por Tunja y, al cabo, quedar destinado a Cartagena, en la costa de lo que hoy es Colombia. Allí lo ordenaron sacerdote el 20 de marzo de 1616. No sabía aún hasta qué punto aquel puerto iba a comérselo entero.

El puerto que compraba y vendía gente

Al poner el pie en América, se topó con una injusticia ya instalada como si fuera costumbre. Desde principios del siglo XVI, el tráfico de esclavos africanos había convertido a Cartagena en uno de los grandes mercados del Nuevo Mundo. Se habla de unos catorce millones de seres humanos arrancados de su tierra. Un millón pasó por aquella bahía. Venían sobre todo de Guinea, del Congo y de Angola. Algunos jefes vendían a los suyos o a los prisioneros de guerra. En América los empujaban a minas, siembras y obras.

Cada mes desembarcaban cerca de mil personas. Llegaban amontonadas en la bodega, con hambre, llagas y un miedo que no se explica en un párrafo. Muchos creían que los blancos iban a matarlos. Cartagena, por su lugar en la ruta de las flotas, se había vuelto el mostrador. Pedro no podía desarmar el sistema de un plumazo. Sí podía decidir de qué lado se iba a poner.

San Pedro Claver, esclavo de los esclavos

Aprendió el oficio junto al padre Alfonso de Sandoval, misionero veterano entre los africanos. Y cuando profesó, no se quedó en la fórmula de siempre. Escribió de su puño: «Ego Petrus Claver, aethiopum semper servus». Yo, Pedro Claver, de los negros esclavo para siempre. No era una ocurrencia de joven. Fue la brújula de cuarenta años.

No se pasó la vida quejándose de su siglo. Hizo lo que sí estaba en su mano: entrar donde los demás salían tapándose la nariz. Entre cristianos acomodados al negocio, él se quedó con los que no tenían precio en el Evangelio y sí lo tenían en el muelle. Así se volvió apóstol de los esclavos en Cartagena. No por título. Por costumbre de ir.

La misericordia que llega antes que el comprador

Era tímido. Tuvo que vencerse. Cuando se anunciaba un barco negrero, salía con comida, ropa y remedios. Pagaba a quien le avisara primero. Subía a bordo y bajaba a la sentina. Atendía uno por uno. Les hablaba despacio. Les hacía entender, sin grandilocuencia, que allí había un padre y no otro tasador.

El problema del idioma era enorme. Hablaban dialectos distintos. Pedro armó un grupo de intérpretes de varias naciones, los formó y los convirtió en catequistas. Mientras los cautivos esperaban ser vendidos y repartidos, él los reunía, les enseñaba lo esencial de la fe, los bautizaba y se metía en líos por defenderlos de golpes y abusos. Esa labor le costó enemigos. También le ganó hijos espirituales que no olvidaron su nombre.

El momento de las pruebas

Los tratantes no fueron su único frente. Lo acusaron de indiscreto por tanto celo. Dijeron que profanaba los sacramentos al dárselos a criaturas que, según aquella lógica cruel, apenas tenían alma. Mujeres de sociedad no querían entrar en las iglesias donde él juntaba a sus negros. Algunos superiores se dejaron presionar y le pidieron que «se moderara».

Siguió. Entre humillaciones, penitencias duras y poca comprensión humana. Quienes se molestaban con su caridad, aun así, acababan reconociendo que aquello no salía de un capricho. Era la obra de Dios en un hombre terco de Evangelio. Por toda la Nueva Granada se habló de milagros. Y de una cifra que él mismo confirmó a un hermano de comunidad: más de trescientos mil bautizados con su propia mano.

Muerte de San Pedro Claver

Los últimos años fueron otro calvario. Enfermó de gravedad hacia 1650 y quedó casi inmóvil. En la enfermería, un criado lo trató con desprecio. No se quejó. Decía que sus culpas merecían más. El 8 de septiembre de 1654, fiesta de la Natividad de María, a quien tanto quería, entregó el alma con la misma paz con que había servido. La ciudad, que en vida lo había mirado de reojo, se le echó encima para tocarle las manos.

Fue beatificado el 16 de julio de 1850 por Pío IX y canonizado el 15 de enero de 1888 por León XIII, el mismo día que San Alonso Rodríguez. El 7 de julio de 1896 lo proclamaron patrón especial de las misiones católicas entre los pueblos negros. Colombia lo reconoce como santo patrono El Congreso llegó a declarar el 9 de septiembre como Día Nacional de los Derechos Humanos en su honor.

4 datos sobre San Pedro Claver

1. Firmó su voto con una frase que no era adorno

Cuando profesó sus votos en 1622, no se limitó a la fórmula jesuita. Con su propia mano añadió: «Petrus Claver, aethiopum semper servus». Pedro Claver, esclavo de los negros para siempre. No lo escribió para la posteridad. Lo escribió para no olvidarse de sí mismo cuando el trabajo se pusiera feo. Esa frase quedó pegada a su nombre y explica mejor su santidad que cualquier retrato de altar.

2. Pagaba por enterarse de que llegaba un barco

Pagaba a quien le avisara primero de que un galeón negrero se acercaba a la bahía. Luego salía con naranjas, pan, tabaco y medicinas. Bajaba a las bodegas antes de que los compradores eligieran «pieza». Muchos llegaban convencidos de que los blancos los iban a comer. Él les decía, con intérpretes, que estaba allí para que no los mataran y para hablarles de un Dios que no los vendía.

3. Lo rechazaron en las iglesias «decentes» de Cartagena

Cartagena no lo aplaudió en vida. Damas de sociedad evadían las iglesias donde reunía a sus bautizados. Lo acusaron de profanar los sacramentos al dárselos a quienes, decían, apenas tenían alma. Hasta superiores flaquearon ante las quejas. Él siguió. Y cuando ya no podía caminar, un criado lo maltrataba en la enfermería. No se quejó. Decía que sus culpas merecían más.

4. León XIII lo puso junto al portero que lo empujó a América

León XIII lo canonizó el 15 de enero de 1888, el mismo día que a San Alonso Rodríguez, el portero de Mallorca que lo empujó hacia América. El Papa confesó que ninguna vida, fuera de la de Cristo, lo había conmovido tanto. En 1896 lo declaró patrón de las misiones entre los pueblos negros. Juan Pablo II oró ante sus restos en Cartagena el 6 de julio de 1986.

Cuando la fe se ensucia las manos

Uno puede rezar mucho y seguir pasando de largo. San Pedro Claver no. Se ensució las manos. San Pablo lo dice sin rodeos: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre… porque todos sois uno en Cristo Jesús» (Gál 3,28). Esa unidad no se discute en una tertulia. Se prueba cuando alguien, que podría haber vivido tranquilo, entra al lugar que todos evitan.

Oración a San Pedro Claver

Oh Dios, que, con el fin de llevar el Evangelio a los esclavos negros, has dotado a San Pedro Claver de admirable amor y paciencia, concédenos, por su intercesión y ejemplo, que, superadas todas las discriminaciones raciales, amemos a todos los hombres con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Amén.

Novena a San Pedro Claver en la dificultad

Esta es una pequeña novena a San Pedro Claver para cuando se encuentre en la dificultad. Solo tienes que rezar durante 9 días consecutivos.

Señor, por amor a ti, San Pedro Claver se convirtió en el fiel servidor de los esclavos. Que, a través de su intercesión, nos ayude a ver la verdadera dignidad de la familia humana, todos como hijos de un padre, y así gastarnos la vida para la salvación. Todo esto lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en unidad con el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Querido San Pedro Claver, ejemplo de fidelidad y servicio para nuestros tiempos modernos. Tú estuviste lleno de compasión por los oprimidos, por todos los seres humanos vendidos como esclavos. Te pedimos que, mientras alivias nuestros males y dificultades, también quítanos nuestras enfermedades espirituales. Enséñanos el conocimiento supremo de Cristo. Inspíranos a una vida de amor, entrega y servicio para que, imitando tus acciones, podamos convertirnos en misioneros abnegados como tú y reflejar así, el rostro del amor de Dios para los demás. Amén.

Menciona aquí tu petición

Reza un Padre nuestro, Ave María y un Gloria.

San Pedro Claver, misionero del amor y de la fe, ruega por nosotros y concédenos, por gracia de Dios, esto que te pedimos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Baja al puerto que hoy te toca

Si hoy hay un rincón de tu casa, de tu barrio o de tu iglesia donde nadie quiere entrar, ese es el puerto que te toca. No hace falta un barco del siglo XVII.

Pide a San Pedro Claver un corazón que no calcule color, cuna ni conveniencia. El Evangelio se juega de verdad ahí, no en los discursos.

A veces la fe se nos queda en palabras bonitas y en misas bien cantadas. San Pedro Claver nos deja una pregunta incómoda: ¿a quién estoy dispuesto a servir cuando no hay testigos ni aplauso? El Santo del Día no pide que lo citemos. Pide que bajemos al lugar donde duele.

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre la vida de San Pedro Claver

San Pedro Claver nació en Verdú, Cataluña, el 26 de junio de 1580, en una familia campesina. Entró en la Compañía de Jesús y, animado por San Alonso Rodríguez, partió a América en 1610. Fue ordenado sacerdote en Cartagena en 1616. Allí comprendió que el Evangelio no se queda en la sacristía: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

No pudo abolir el sistema de la trata, pero se metió en él con la caridad de Cristo. Recibía los barcos, curaba heridas, organizaba intérpretes y defendía a los recién llegados frente a dueños y tratantes. El Catecismo recuerda que la dignidad de la persona se impone a toda sociedad (cf. CIC 1930). Su firma, esclavo de los etíopes para siempre, no fue poesía: fue un voto cumplido hasta el final.

La tradición de su ministerio y el testimonio de sus compañeros hablan de unos trescientos mil bautismos en cuatro décadas. El número asombra, y también obliga. No era una carrera de cifras. Cada uno recibía agua, doctrina y un nombre cristiano. San Pedro Claver entendía el Bautismo como puerta a la filiación divina, no como trámite. Por eso tardaba días enteros en las barracas, sin prisa de convento.

La Iglesia lo celebra el 9 de septiembre, al día siguiente de su muerte, ocurrida en Cartagena el 8 de septiembre de 1654. Es santo patrono de Colombia, de los esclavos, de las misiones entre los pueblos africanos, de los marinos y del ministerio con los afroamericanos. León XIII lo canonizó en 1888 y llegó a decir que, después de la de Cristo, ninguna vida le había conmovido tanto.

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Adaptación, contenido agregado y edición: Qriswell Quero, Con información extraida de: Corazones.org
Biografía, celebraciones y Fiestas de la Iglesia

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

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