Categoría: Celebración del día

Santa Rosalía de Palermo, virgen ermitaña y santa patrona contra las enfermedades

Santa Rosalía, santa patrona de Palermo, dejó la corte por vivir oculta en una cueva: su intercesión detuvo la peste y hoy se le invoca contra las enfermedades

Hay vidas que no caben detrás de un escudo nobiliario. Santa Rosalía nació en Palermo hacia el año 1130, entre linajes normandos y promesas de boda, y aun así eligió una cueva oscura y apartada del mundo. El santo del día de este 4 de septiembre no pide que la miremos como una figura de vitrina; nos pide que entendamos lo que hizo una joven cuando se cansó de los cumplidos y se fue a hablar con Dios a solas, primero en Quisquina y después en Monte Pellegrino. En la piedra dejó escrito el motivo: el amor de Jesucristo. Siglos más tarde, con la peste cerrando puertas, esa mujer volvió a Palermo por sus huesos. Quien busca un santo patrono contra las enfermedades no halla un lema. Halla a quien se escondió de verdad y sostuvo a un pueblo con fidelidad a Jesucristo.

Fiesta: 4 de septiembre

Martirologio Romano: En Palermo, Santa Rosalía, virgen, de quien se conoce por tradición que practicó una vida solitaria de ermitaña en el Monte Pellegrino.

Biografía de Santa Rosalía

Santa Rosalía nació en una casa de sangre noble, en una Sicilia que acababa de respirar de otro modo. Los reyes normandos habían expulsado a los árabes que ocuparon la isla desde el 827 hasta el 1072, y con aquella paz llegaron monasterios benedictinos, campanas nuevas y una fe que otra vez se dejaba ver en las calles. Ella creció en ese ambiente. No le faltó nada de lo que una joven de palacio solía desear, y precisamente por eso llama la atención lo que hizo después.

La tradición dice que su padre fue Sinibaldo, señor de Quisquina y del Monte de las Rosas, y su madre María Guiscarda, emparentada con la casa de Roger II. El nombre Rosalía junta rosa y lirio. Los sicilianos, con el cariño de quien habla en casa, la llaman Santuzza: la santita. No por un título grande, sino porque la recuerdan pequeña de estatura y más pequeña todavía en su modo de desaparecer.

Sintiendo el llamado de Dios, dejó la vida de corte y se retiró a orar. Según los libros litúrgicos antiguos, murió el 4 de septiembre, hacia 1160 o no más allá de 1170, con unos treinta y cinco o cuarenta años. El Martirologio Romano la recuerda en Palermo como virgen que practicó vida solitaria de ermitaña en el Monte Pellegrino. Ese dato seco es, en el fondo, todo un programa de vida.

Santa Rosalía, ermitaña penitente

Una noble que eligió la cueva

Desde muy joven atraía miradas. La tradición popular habla de pretendientes de peso, incluso de Balduino, el que más tarde sería rey de Jerusalén. Sea o no exacto cada nombre, el hecho que sí queda es otro: ella ya tenía el corazón ocupado. No discutió en público. Se fue.

Siguiendo el ejemplo de los anacoretas, Santa Rosalía se escondió primero en una cueva del feudo paterno de Quisquina, cerca de las Madonie y de un monasterio benedictino. Allí, en la roca, quedó una inscripción que todavía se cita: «Yo, Rosalía, hija de Sinibaldo, Señor de Rosas y Quisquina, he tomado la decisión de vivir en esta cueva por el amor de mi Señor Jesucristo». No es un verso. Es una firma. Como quien cierra la puerta de casa y avisa a quién se entrega.

Después de un tiempo de penitencia dura, Santa Rosalía se trasladó a otra cueva en el Monte Pellegrino, ese promontorio que mira a Palermo. Junto a una iglesia bizantina había una celda construida sobre un pozo que aún existe. Los benedictinos cercanos alcanzaron a ser testigos de su ritmo: oración, soledad, poco pan, mucho silencio. Gente del llano empezó a subir la montaña, atraída por el rumor de que allí vivía una mujer que no pedía nada y lo había dejado todo.

Según la tradición, Santa Rosalía murió el 4 de septiembre. Su culto se extendió pronto. Le levantaron iglesias en Sicilia y una capilla en el mismo monte; su imagen llegó a las catedrales de Palermo y de Monreale, y también a Rivello, en Potenza. En Monte Pellegrino, los llamados ermitaños de Santa Rosalía vivieron en cuevas vecinas hasta el siglo XVI. Más tarde se alzó un convento junto a la iglesia que guarda la gruta. Ella ya no estaba. El sitio, sí.

Los huesos que detuvieron la peste

En 1624 Palermo se asfixiaba. Un navío llegado de Túnez había dejado la peste en el puerto y, en pocos meses, la ciudad contaba muertos por miles. El 15 de julio de aquel año, guiados por la visión de una mujer enferma llamada Girolama La Gattuta, hallaron huesos cubiertos de concreciones calizas en la cueva del Monte Pellegrino.

En febrero de 1625, el jabonero Vincenzo Bonelli, a quien también llaman Bonello, subió al monte con intención de quitarse la vida. Se le había muerto la esposa joven por la peste. La tradición cuenta que Santa Rosalía se le apareció, lo detuvo y le pidió que dijera al cardenal Giannettino Doria una cosa concreta: llevaran sus reliquias en procesión por Palermo. El hombre volvió, enfermó como ella le había advertido y, antes de morir, lo contó a su confesor.

El 9 de junio de 1625 salió la procesión. En lugar de contagiar más, el mal empezó a aflojar. El 15 de julio, al cumplirse un año del hallazgo, ya no se registraban casos nuevos. A Santa Rosalía se le atribuyó el cese de aquella plaga. El papa Urbano VIII reconoció las reliquias y el culto se afirmó. En Palermo, la fiesta grande, el Festino, dura varios días de julio, con carro, músicos y cañonazos. El 4 de septiembre los devotos hacen la acchianata: suben a pie, muchos descalzos, hasta la cueva de Santa Rosalía. Es santa patrona de Palermo y de poblaciones de Venezuela como El Hatillo, Zuata y Anzoátegui. También se la invoca contra enfermedades y pestes.

4 datos sobre Santa Rosalía

1. La firma que dejó en la roca de Quisquina

En la cueva de Santo Stefano Quisquina quedó grabado su nombre y el de su padre. No es un detalle de guía turística. Aquella frase, «he tomado la decisión de vivir en esta cueva por el amor de mi Señor Jesucristo», es casi lo único que ella misma nos dejó en primera persona. El resto lo contaron otros. Esa inscripción sostiene, con una sencillez rara, lo que de otro modo sería solo leyenda piadosa.

2. Girolama, la enferma que señaló los huesos

Girolama La Gattuta, bordadora enferma en el Hospital Grande de Palermo, soñó en mayo de 1624 a una joven vestida de blanco. Le prometió alivio si subía al Monte Pellegrino. Subió, bebió el agua que goteaba de la roca y señaló el sitio de los huesos. El 15 de julio los encontraron. Sin esa mujer, casi nadie habría vuelto a buscar a Rosalía bajo la caliza.

3. Van Dyck le puso rostro en plena peste

El pintor Anton van Dyck quedó atrapado en Palermo por la peste. Allí le dio rostro a la Santuzza: joven, cabello suelto, mirada arriba, a veces sostenida por ángeles sobre la ciudad enferma. Muchos palermitanos conocieron a su santa patrona primero por esos cuadros. El arte no inventó el milagro, pero le puso un rostro cuando las reliquias eran apenas huesos envueltos en piedra.

4. La urna de plata y la subida de septiembre

El cuerpo se guarda en la Catedral de Palermo, dentro de una urna de plata. El 4 de septiembre, noche de acchianata, la gente sube la strada vecchia con cirio. No es un desfile elegante. Es cansancio, rodillas y una cueva que huele a humedad y cera. Quien llega arriba entiende mejor por qué una ermitaña del siglo XII sigue siendo, para tantos, santa patrona contra las enfermedades.

Cuando el bien se esconde

Hay un modo de servir que no se ve. Rosalía no armó discursos: se metió en la roca y se quedó. El Evangelio lo dice sin adorno: «Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto» (Mateo 6,6). A veces una ciudad se sostiene desde una puerta cerrada.

Oración a Santa Rosalía, virgen ermitaña

Santa Rosalía, confesora y virgen, nos acercamos a Dios por nuestras familias y por nuestros amigos. Por tu intercesión pedimos salud del cuerpo, paz en la casa y salvación eterna. También traemos esta necesidad concreta: den a conocer su intención. Tú dejaste palacio y nombre por una cueva; enséñanos a soltar lo que nos hincha y a quedarnos con Cristo. Oh gloriosa virgen y confesora, Santa Rosalía, prometo de ahora en adelante recordar tu ejemplo de fe escondida y de amor constante. No nos dejes cuando el miedo a la enfermedad apriete el pecho. Reza por mí y por los míos, ahora y en la hora de mayor flaqueza. Amén.

Novena a Santa Rosalía por una petición especial

En esta novena a Santa Rosalía puedes pedir su intercesión por una gracia especial. Se reza la siguiente oración durante nueve días seguidos, con calma, sin prisa de terminar.

Padre amado, te doy gracias porque, a través de la comunión de los santos, puedo acercarme a tu Presencia por medio de las oraciones de Santa Rosalía. A través de su intercesión, te pido que me ayudes a recordar que mi destino es el Cielo y que nada de lo que ahora me asusta tiene la última palabra.

Como Santa Rosalía renunció a todas las cosas de este mundo por el bien de tu Reino, que, a través de sus oraciones, pueda amar más plenamente a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que junto contigo y el Espíritu Santo eres un solo Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Menciona aquí tu petición con palabras sencillas, como se habla en casa.

Oh Dios, Padre nuestro, mírame con ojos de misericordia y concédeme, por la intercesión de Santa Rosalía, que pueda apartarme de los placeres que se apagan pronto para dedicarme a las alegrías de la contemplación. Que sea librado de todo daño aquí en la tierra y que un día sea acogido en el Reino de los Cielos, donde ella ya contempla tu rostro.

Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Santa Rosalía, ayuda poderosa contra las enfermedades y pestes, santa patrona de quien no encuentra alivio, ruega por nosotros. Amén.

Si la enfermedad te tiene acorralado

Sube, aunque sea por dentro, hasta esa cueva. Santa Rosalía no promete un atajo mágico. Promete compañía delante del Padre que ve en lo secreto y no se olvida de los que tiemblan.

Hoy puedes rezar su novena, encomendar a un enfermo o simplemente quedarte un rato en silencio. Ella ya sabe el camino de la piedra al cielo.

Santa Rosalía, nuestra querida santa del día, no vive en un cuadro. Vive en la decisión de entrar, cerrar la puerta y no salir corriendo cuando duele de veras. ¿A quién vas a encomendar hoy, de verdad, ante Santa Rosalía, santa patrona contra las enfermedades?

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre la vida de Santa Rosalía

Santa Rosalía nació en Palermo hacia 1130, en familia noble normanda. Dejó la corte y vivió como ermitaña en Quisquina y en el Monte Pellegrino. Murió el 4 de septiembre, hacia 1160 o 1170. El Martirologio la recuerda como virgen de vida solitaria. Jesús dijo: «Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto» (Mateo 6,6). Ella lo cumplió sin teatro.

En 1624 la peste asoló Palermo. Tras visiones a Girolama La Gattuta y al jabonero Vincenzo Bonelli, hallaron sus huesos en la cueva el 15 de julio. El 9 de junio de 1625 los llevaron en procesión y el contagio cesó hacia el 15 de julio. Por eso es santa patrona de Palermo y se la invoca contra pestes y enfermedades. El pueblo no olvidó quién lo sostuvo cuando ya no quedaban recetas humanas.

La Iglesia universal la celebra el 4 de septiembre, día de su muerte. En Palermo se suma el Festino de julio, que recuerda el fin de la peste, y la acchianata, la subida a pie al Monte Pellegrino. El Catecismo enseña que invocamos a los santos para que intercedan ante el Padre (cf. CIC 2683). Para muchos palermitanos, subir esa cuesta es esa invocación hecha con las piernas y el cirio.

Se le pide salud, fin de contagios y amparo en males que no ceden. También se pide el valor de dejar vanidades, como hizo ella. San Agustín escribió que nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Dios. Rosalía encontró ese descanso en una gruta, no en un salón. Quien reza su novena suele unir la petición concreta con el deseo de no vivir solo de lo que se ve.

Santos de la semana

Redacción y edición: Qriswell Quero,
Biografía, celebraciones y Fiestas de la Iglesia

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

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