Nacimiento de San Juan Bautista, Precursor del Señor: Solemnidad
Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista, precursor del Señor, hijo de Zacarías e Isabel, lleno del Espíritu Santo en el vientre de su madre en Visitación
El Nacimiento de San Juan Bautista, o Natividad de San Juan Bautista, celebra el nacimiento del precursor del Señor, quien fue testigo de la luz y llamado la voz que clama en el desierto. San Juan el Bautista, llamado también el Bautista, es considerado como un profeta por tres religiones: el Cristianismo, el Islam y el Mandaeanismo. Él es el precursor de Cristo. Se le considera el último de los grandes profetas del Antiguo Testamento y el primero de los santos del Nuevo Testamento. San Juan era el profeta que predicó la venida de Cristo como el Mesías. San Juan Bautista también predicó sobre la inminencia del juicio final de Dios, tuvo varios discípulos y bautizó a muchas personas a orillas del río Jordán. Este es el único santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento.
Fiesta: 24 de junio
Celebramos en este día la Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista, Precursor del Señor, hijo de los santos Zacarías e Isabel; el cual fue lleno del Espíritu Santo estando aún en las entrañas de su madre.
Biografía de San Juan Bautista
San Juan Bautista nació en una familia sacerdotal, pero no se convirtió en un sacerdote como se esperaba. Los cuatro Evangelios dicen que San Juan vino como un profeta para preparar y allanar el camino delante de Jesús.
San Juan Bautista fue el hijo de San Zacarías, un sacerdote del Templo en Jerusalén, e Isabel, una parienta de María, que la visitó. Jesucristo y Juan el Bautista estaban relacionados, pues sus madres, María e Isabel, eran primas.
San Juan Bautista nació 6 meses antes de Jesucristo y el anuncio de su nacimiento se encuentra detallado en el Libro de San Lucas (1,5-25) en el que cuenta que su padre, Zacarías, estaba ministrando en el templo, cuando de repente un Ángel del Señor se le aparece y le da la noticia de que Isabel, su esposa, daría a luz a un niño lleno del Espíritu Santo desde el momento de su nacimiento. Se presume que fue el mismo San Gabriel Arcángel que se le apareció, ya que también fue encargado de hacer el anuncio a María sobre la llegada del Mesías, pero esto es algo que no se ha podido verificar.
Zacarías dudó de la palabra del Ángel, por lo que este, castigó a Zacarías dejándolo mudo hasta el nacimiento de Juan.

San Juan y el Bautismo
Treinta años más tarde, en el decimoquinto año del reinado del César, que corresponde a lo que llamaríamos el año 26 d.C., San Juan Bautista comenzó su ministerio del bautismo, cuando tenía treinta años de edad.
San Juan Bautista llevaba un cinturón de cuero y una túnica de pelo de camello, vivía de comer langostas y miel silvestre en el desierto, y predicó a todo el mundo un mensaje de arrepentimiento al pueblo de Jerusalén. Convirtió a muchos, y preparó el camino para la venida de Jesús.
Juan estaba en un área silvestre en el río Jordán. La gente venía de todas partes, especialmente de Judá y de Jerusalén, a oír a Juan predicar y hacer caso a su llamado, a arrepentirse de sus pecados y a ser bautizados.
El bautismo invitaba a las personas a dejar su camino de pecado para que este muriera y fuese enterrado en su pasado y, levantándose luego fuera del agua, siendo una nueva persona, obtuvieran el perdón y la oportunidad de comenzar una nueva vida para vencer el mal y las tentaciones de pecar.
Las personas que fueron bautizadas por San Juan Bautista estaban bastante prestas a escuchar el mensaje de salvación que él predicaba. Ellos sabían que estaba muy cerca la venida del Mesías, que había sido profetizado desde tiempos remotos. Las personas le preguntaban a Juan: "¿Qué vamos a hacer?" San Juan Bautista respondía: "El que tiene dos túnicas, que regale una al que no tiene. El que tiene comida, que le dé un poco a aquellos a los que les falta"
Setecientos años antes de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, el profeta Isaías escribió cómo el Mesías sería "llevado como un cordero al matadero" como un sacrificio para quitar nuestros pecados (Isaías 53,7). Por eso, cuando San Juan Bautista vio a Jesús que venía hacia él, dijo a sus discípulos: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".
San Juan Bautista bautizó a Cristo en el río Jordán, después del cual, le dice a sus discípulos que de ahora en adelante sigan a Jesús.
Al hablar de Jesús, Juan Bautista dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego" (Lucas 3,16)
Martirio de San Juan Bautista
San Juan Bautista había reprendido públicamente al rey Herodes por tomar como suya a la mujer de su hermano, por lo que Herodes lo mandó a encarcelar. Herodías le guardaba mucho rencor a Juan por esto y ansiaba mucho que llegara el momento de matarlo.
Herodes, por su parte, consideraba a Juan como un hombre justo y santo, y la gente de su pueblo lo consideraba un gran profeta, por lo que él tenía cierto miedo de matarlo.
Alrededor de un año después del encarcelamiento de San Juan Bautista, Herodes celebraba su cumpleaños, dio un banquete a sus cortesanos y oficiales. Salomé, la hija de Herodías e hijastra de Herodes, también fue a ese banquete.
Ella bailó para Herodes y su danza fue tan placentera, que Herodes quedó encantado y juró a Herodías, que la recompensaría con lo que ella quisiera pedir, hasta la mitad de su reino si ella lo deseaba. Salomé no sabía qué pedirle a Herodes, así que corrió donde su madre y le preguntó a ella. Herodías, aún llena de rencor, le dijo que pidiera la cabeza de San Juan Bautista en una bandeja.
Salomé entonces se presentó ante Herodes y le exigió la cabeza de Juan el Bautista. Esta solicitud bárbara sobresaltó al propio tirano; pero regido por la promesa que había hecho delante de toda su corte, envió a un soldado a decapitar al santo en prisión.
El soldado cumplió la orden del rey, trajo la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja y se la dio a Salomé, y esta se la dio a su madre Herodías. Después, los discípulos de Juan enterraron su cuerpo, y fueron y dijeron a Jesús lo sucedido (Mateo 4,3-12; Marcos 6,17-29)
Así murió el gran precursor de nuestro Señor y Salvador, unos dos años después de su entrada en su ministerio público, y un año antes de la muerte del Rey de reyes. Cuando sus discípulos oyeron hablar de la muerte de Juan el Bautista, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.
La fecha de la muerte de San Juan Bautista, el 29 de agosto asignado en los calendarios litúrgicos, casi no se puede confiar, porque se basa apenas en documentos confiables. Su lugar de entierro ha sido fijado por una vieja tradición en Sebaste (Samaria). Sus reliquias están en la iglesia de San Silvestre, Roma, Italia, y en Amiens, Francia.
Oración a San Juan Bautista
Señor mío, San Juan el Bautista fue un hombre lleno de celo en su predicación sobre la necesidad de arrepentirse porque él quería que todos se reconciliaran contigo. Tan fuerte era su convicción de que no podía guardar silencio, incluso cuando sabía que su honestidad le hizo pagar un precio muy alto. Ayúdame a hablar con valentía ante las injusticias de este mundo, a testimoniar la fe verdadera, aun en medio de la persecución, y a luchar contra el mal dondequiera que este abunde. San Juan Bautista, ruega por mí. Amén.
❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre el cumplimiento pleno de la ley de Dios
San Juan Bautista se sitúa en el umbral crucial entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Como enseña maravillosamente el Catecismo: «En él, el Espíritu Santo concluye su intervención a través de los profetas» (CIC 719). Es el precursor por excelencia que no solo profetizó desde lejos, sino que señaló físicamente al Cordero de Dios, preparando definitivamente el corazón humano para la llegada del Mesías prometido.
La Iglesia católica suele honrar a los santos el día de su martirio, que representa su glorioso nacimiento en el cielo. Sin embargo, San Juan Bautista es una profunda excepción. La Sagrada Escritura revela que fue santificado milagrosamente en el seno de Isabel cuando la Santísima Virgen María la visitó (Lucas 1, 41). Como nació completamente libre del pecado original, su natividad terrenal es una magnífica fiesta de inmensa alegría.
El lavado ritual realizado por Juan el Bautista era un poderoso signo exterior de una conversión interior radical. Llamaba con urgencia a los pecadores a cambiar radicalmente sus vidas y a apartarse de las tinieblas. San Ambrosio señaló con profundidad: «El bautismo de Juan no lavaba los pecados, pero preparaba el camino para aquel que lo haría». Era el despertar espiritual esencial necesario antes de recibir la gracia sacramental de Cristo.
En una cultura moderna cada vez más ruidosa y llena de distracciones, la austeridad del desierto representa de forma poderosa el desapego espiritual intencionado. Al despojarnos deliberadamente de nuestros cómodos apegos mundanos, creamos un espacio interior silencioso donde, por fin, se puede escuchar la voz de Dios. Debemos encarnar activamente su humildad radical, permitiendo que nuestros propios egos egoístas disminuyan constantemente para que la vida gloriosa de Jesucristo pueda crecer plenamente en nuestro interior.
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Venezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.





