Categoría: Celebración del día

Natividad de la Santísima Virgen María: Madre de Jesucristo, el Salvador

La Natividad de la Virgen María: Dios eligió a María como Madre de su Hijo: Con su nacimiento se acercó la hora gloriosa de la salvación para toda la humanidad

El 8 de septiembre no es un cumpleaños más en el almanaque. Es el día en que la Iglesia se detiene ante una cuna pequeña y dice que ya empezó lo que Israel esperó durante siglos. La Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María no inventa un dato que los Evangelios callaron. Celebra algo más hondo: Dios no improvisó la Encarnación. Preparó a una niña de la casa de David, la preservó de la mancha y la puso en el umbral de la historia. Quien nace hoy no es todavía la Madre con el Niño en brazos. Es la criatura callada en quien ya habita una promesa. Si María nace, la salvación dejó de ser solo un anuncio lejano. Empezó a tener casa, sangre, pueblo y nombre.

Desde el Edén, Dios había hablado de una mujer y de su linaje. Esa palabra no se quedó en el aire. En María empieza a tomar carne. El Catecismo enseña que ella fue preservada de la mancha desde el primer instante, en atención a los méritos de Cristo. Por eso su nacimiento no es un detalle tierno: es ya victoria anunciada y puerta que se abre.

Fiesta: 8 de septiembre

Martirologio romano: Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, quien es descendiente de la estirpe de Abraham, de la tribu de Judá, y del linaje del rey David, de quien nació el Hijo de Dios hecho hombre por el Espíritu Santo, para dar la libertad a los hombres de la antigua la esclavitud del pecado.

La Natividad de la Virgen María

María es la Madre de Jesús. Con ella se cumplió lo que los profetas habían ido dejando caer, a veces con una sola frase, a veces con una espera larga. Dios no buscó un escenario brillante. Eligió a esta mujer para que su Hijo tuviera Madre de verdad, de carne, de pueblo y de oración.

Por el nacimiento de la Santísima Virgen se acercó la hora de la salvación. No de golpe, como quien abre una puerta de un empujón. Se acercó como se acerca el amanecer: primero una claridad pequeña, luego el día. Por eso la Iglesia no pasa de largo. Canta, da gracias y se queda un rato mirando esa cuna.

Esta fiesta es de las más antiguas del ciclo mariano. Su raíz está en Jerusalén. En el siglo IV se dedicó una basílica junto a la piscina de Betesda, en el lugar donde la tradición señala la casa de Joaquín y Ana. Sobre aquellas ruinas se alza hoy la iglesia de Santa Ana. Peregrinos del siglo V ya hablaban de «María donde nació».

Sofronio de Jerusalén recogió esa memoria: allí nació María. Después del Concilio de Éfeso, en el año 431, cuando la Iglesia confesó con toda claridad que María es Madre de Dios, esta devoción creció con fuerza. En el siglo VIII el papa Sergio I la introdujo en Roma. Lo que nació como memoria local de Tierra Santa se volvió fiesta de todo el pueblo cristiano.

El nacimiento de la Virgen María

El nacimiento de María lleva un privilegio que no se parece a ningún otro. Ella fue concebida sin pecado original. La elegida para ser Madre de Dios nació santa, pura, llena de gracia. Quienes la conocieron, según la tradición, se quedaban callados ante su humildad. No era una humildad aprendida para quedar bien. Era el modo natural de un corazón que no se reserva nada.

Los Evangelios no cuentan los primeros años de la Virgen. Esa ausencia no es un olvido. Es un silencio respetuoso. Lo que sabemos de su infancia llega sobre todo por una obra del siglo II, el Libro del Apóstol Santiago, llamado también Protoevangelio. La Iglesia no lo lee como Evangelio canónico, pero sí ha recogido de ahí nombres y memorias que el pueblo cristiano nunca soltó.

Según ese relato, los padres de María, San Joaquín y Santa Ana, pasaron muchos años sin hijos. Ya eran ancianos. Siguieron fieles. Pedían, esperaban y no negociaban con Dios el calendario. Un día Joaquín llevó su ofrenda al templo y el sumo sacerdote la rechazó. Lo señaló por no tener descendencia. Para esconder la vergüenza, Joaquín se retiró al campo, entre pastores y rebaños. Ana se quedó orando en casa.

Mientras Joaquín volvía a pedir un hijo, Ana oraba al mismo tiempo en Jerusalén. Un ángel se les apareció a los dos y les anunció que Ana tendría una niña cuyo nombre sería conocido en todo el mundo. Ana prometió ofrecerla al Señor. No como quien entrega un objeto. Como quien reconoce que el don no le pertenece.

Joaquín regresó para contarle a Ana lo que había visto. La sorpresa fue doble: ella había recibido el mismo anuncio. A su tiempo nació la niña. La llamaron María. Así, en una casa que ya no esperaba cunas, Dios empezó a preparar la casa de su Hijo.

El nacimiento de la Madre de El Salvador

En esta fiesta celebramos que María nació para ser madre del Salvador, madre espiritual de los hombres y la más santa de las criaturas. Por los méritos de su Hijo fue concebida y nació sin mancha, llena de gracia. El privilegio no la aleja de nosotros. La pone más cerca: ella no tiene que tapar ninguna herida propia para interceder por las nuestras.

Por la Virgen, reina del cielo y de la tierra, llegan a los hombres gracias que no sabríamos pedir con nombre. Por ella, según la voluntad de la Trinidad, el que no cree recibe fe; el que está caído encuentra quien lo levante; y los que forman el Cuerpo de Cristo se van pareciendo un poco más a su Cabeza. No porque María sustituya a Jesús. Porque ella nunca señala a otro sitio que no sea Él.

En María se ve lo que puede llegar a ser la naturaleza humana cuando no se cierra a Dios. Por eso la Iglesia se alegra de su nacimiento desde los primeros siglos. No es un adorno del calendario. Es una fecha que explica las demás.

Este es uno de los tres cumpleaños del calendario de la Iglesia: el Nacimiento de Jesús (25 de diciembre), el nacimiento de San Juan Bautista (24 de junio) y el de María, en el que celebramos la natividad de la Bienaventurada Virgen María.

Los tres vinieron al mundo sin la culpa que el resto arrastramos desde el origen. María y Jesús fueron concebidos sin pecado. San Juan fue limpiado del pecado original en el vientre de Isabel, cuando María la visitó. Tres cunas distintas. Un solo plan.

Sobre el Nacimiento de la Santísima Virgen María, el Padre Francisco Xavier Weninger, sacerdote jesuita y doctor en Teología, escribió, en uno de sus sermones, un maravilloso cántico de alabanza en honor a nuestra Madre del Cielo:

"Y tú, Madre de Dios, ¡obtennos la gracia de conocer tu Dignidad y tu Poder, y nuestros corazones se llenarán de alegría festiva! ¡Hablo en el Santo Nombre de Jesús, para la mayor gloria de Dios! La razón principal por la que todo un imperio se regocija a menudo por el nacimiento de una niña es porque esta niña es heredera del trono. Entonces es, que los días de jubileo se proclaman en toda la tierra. Observen, entonces, el carácter de la niña que nace hoy. Esta niña es la futura Reina del cielo y de la tierra, la Gobernante de los poderes de la Naturaleza, la Señora, no solo del mundo visible, sino de esos espaciosos reinos de gloria que se alzan con un brillo deslumbrante más allá de los cielos. Sí, además, es la Reina de los Ángeles, en el orden de sus coros, de los Ángeles, de los Arcángeles, de las Dominaciones, de las Virtudes, de las Potencias, de los Tronos, de los Principados, de los Serafines y de los Querubines. Todos los coros de ángeles se mueven alrededor de la cuna de esta niña, y rinden homenaje a su Reina."

Uno de los grandes Doctores de la Iglesia, San Agustín de Hipona, también escribió un precioso poema sobre la Natividad de la Santísima Virgen María en uno de sus sermones: Queridos hermanos, el día de la bendita y siempre venerable Virgen María, tan deseado, está aquí. Que nuestra tierra se regocije con la mayor alegría. Que brille en la luz del nacimiento de tal virgen. Porque ella es la flor del campo; de ella floreció el precioso lirio del valle. A través de su nacimiento, la naturaleza heredada de nuestros primeros padres ha cambiado. Su pecado ha sido borrado. Esa infeliz maldición de Eva en la que se dijo: "En el dolor darás a luz a los hijos," en el caso de María, se ha terminado, porque ella dio a luz al Señor en la alegría. Eva lloró, María se regocijó. Eva llevaba lágrimas en su vientre, María alegría. Eva dio a luz al pecador, María a la inocencia. La madre de la raza humana trajo el castigo al mundo; la madre del Señor, la salvación. Eva fue la fuente del pecado, María de la gracia. Eva dañada al traer la muerte, María ayudada al dar la vida. La primera hirió, la segunda sanó. La obediencia reemplazó a la desobediencia; la fidelidad expía la infidelidad.

Celebrar el Nacimiento de María en familia

Celebrar la Natividad de la Virgen María es detenerse en un punto de la historia que no se puede saltar. María une a la Santísima Trinidad con nuestra carne. Honrarla en casa no pide grandes recursos. Pide atención. Aquí van algunas ideas sencillas para vivir la fiesta en familia.

  • Prepare un ramo de rosas con un pequeño altar en la que tenga puesta una imagen o estatuilla de la Virgen María, junto con una vela.
  • Haga oración en familia. Busque algunos textos bíblicos que hablen sobre María. En esta fiesta, suelen utilizarse las lecturas del Evangelio de hoy. (Mateo 1,1-16.18-23)
  • Hornee un pequeño pastel o galletas para María y compártanlo con alguien.
  • Comparta una comida especial en familia, sin televisión, sin teléfonos.
    Ir a la iglesia en familia (en caso de que se pueda)
  • Agradecer a Dios por habernos regalado el don de la Santísima Virgen María.

La Virgen María es, en cierto sentido, el elemento esencial de esta historia. A través de su cuerpo, preparado por Dios sin pecado, Jesús entra en el mundo y cumple su misterio de salvación, de amor y de entrega. Dios Todopoderoso le habló al demonio en medio de las ruinas del jardín del Edén y le dijo: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el de ella; y ella te aplastará la cabeza". (Génesis 3,15)

La Natividad de María une al Cielo y a la tierra

Un discurso de San Andrés de Creta, llamado: "Lo viejo ha pasado: todo es nuevo", nos invita a la celebración íntima de la Fiesta de la Natividad de la Virgen María, uniendo a los Santos en el Cielo y todos los hombres en la tierra:

"La presente fiesta, el nacimiento de la Madre de Dios, es el preludio, mientras que el acto final es la unión predestinada del Verbo con la carne. Hoy la Virgen nace, es cuidada y formada y se prepara para su papel de Madre de Dios, que es el Rey universal de los siglos. Por tanto, celebramos con justicia este misterio, que significa para nosotros una doble gracia. Somos conducidos hacia la verdad, y somos alejados de nuestra condición de esclavitud a la letra de la ley. ¿Cómo puede ser esto? Las tinieblas ceden ante la llegada de la luz, y la gracia cambia el legalismo por la libertad. Pero a mitad de camino entre ambos se encuentra el misterio de hoy, en la frontera donde los tipos y los símbolos dan paso a la realidad, y lo viejo es sustituido por lo nuevo. Por eso, que toda la creación cante y baile y se una para contribuir dignamente a la celebración de este día. Que haya una fiesta común para los santos del cielo y los hombres de la tierra. Que todo, las cosas mundanas y las de arriba, se unan en la celebración festiva. Hoy este mundo creado se eleva a la dignidad de lugar sagrado para aquel que hizo todas las cosas. La criatura está nuevamente preparada para ser una morada divina para el Creador". (San Andrés de Creta)

4 datos sobre la Natividad de María

1. La fiesta nació junto a una casa de Jerusalén

La fiesta no nació en un escritorio de teólogos. Creció junto a una iglesia de Jerusalén, cerca de la piscina de Betesda, donde la tradición sitúa la casa de Joaquín y Ana. Sobre esas ruinas se alza hoy la basílica de Santa Ana. Peregrinos del siglo V ya hablaban de «María donde nació». En el siglo VIII el papa Sergio I la introdujo en Roma. Así, una memoria local de Tierra Santa se volvió fiesta de toda la Iglesia.

2. Solo tres nacimientos tienen fiesta en el calendario

Solo tres nacimientos tienen fiesta propia en el calendario romano: el de Jesús el 25 de diciembre, el de Juan Bautista el 24 de junio y el de María el 8 de septiembre. No es un capricho. Los tres llegan al mundo marcados por una misión que no se explica solo por la sangre. María y Jesús fueron concebidos sin pecado; Juan fue librado de él en el seno de Isabel. Tres cunas, un mismo plan.

3. Nueve meses después de la Inmaculada Concepción

Nueve meses separan la Inmaculada Concepción, el 8 de diciembre, de esta Natividad. La liturgia enseña con el cuerpo: lo que Dios preservó en el primer instante, lo entrega luego a la historia como niña de Israel. No es un cálculo sentimental. Es la misma lógica de una maternidad real. Quien celebra diciembre sin septiembre parte el misterio. María no es solo un dogma abstracto: es una criatura que nació, creció y aprendió a rezar en casa.

4. En Milán se venera a María recién nacida

En Milán, el Duomo está dedicado a María Nascente, María que nace. Allí se venera una imagen de la Virgen recién nacida, obra de una monja franciscana del siglo XVIII. El 9 de septiembre de 1884, la postulante Giulia Macario, gravemente enferma, obtuvo una curación que el pueblo atribuyó a esa imagen. La noticia corrió y la devoción se extendió. No es el centro de la fiesta, pero recuerda que esta niña sigue socorriendo a quien la invoca.

Cuando una cuna cambia la historia

María no nació para que la miremos de lejos, como una figura de altar. Nació para que Cristo tuviera Madre y nosotros tuviéramos camino. El Señor no ahorró la espera: preparó una casa, una estirpe y un corazón libre. «El Señor está cerca de los que lo invocan», dice el salmo. Hoy esa cercanía tiene rostro de niña. Quien se acerca a su cuna, termina encontrando a Jesús.

Oración a la Natividad de la Virgen María

Concede, oh Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración por el nacimiento de la Santísima Virgen María

¡Al fin, oh María, nuestra tierra te posee! Tu nacimiento le revela el secreto de su destino, el secreto de ese amor que la llamó de la nada, para que se convirtiera en el palacio del Dios que habitaba sobre los cielos. ¡Pero qué misterio, esa pobre y débil humanidad, inferior a los Ángeles por naturaleza, debería ser elegida para dar a los Ángeles su Rey y su Reina! A su Rey pronto adorarán, a un recién nacido en tus brazos; a su Reina la veneran hoy, admirándote en tu cuna, como solo los Ángeles pueden admirar. Al principio, estas estrellas de la mañana, estos nobles espíritus, contemplaban las manifestaciones del Poder Todopoderoso, y alababan al Altísimo; sin embargo, nunca su mirada ansiosa descubrió tal maravilla como la que deleita sus ojos a esta hora: Dios, más puramente imaginado bajo un velo corpóreo, bajo la frágil forma de un niño de un día, que en toda la fuerza y toda la belleza de sus nueve coros angélicos; Dios, tan cautivado por tal debilidad, unido, por su gracia, a tal amor, que hizo de ello el punto culminante de su obra, determinándose a manifestar en él a su Hijo.

Reina de los Ángeles, tú también eres nuestra Reina; acéptanos como tus vasallos. En este día, en que el primer movimiento de tu santa alma fue hacia Dios, y la primera sonrisa de tus hermosos ojos fue para tus felices padres, que Santa Ana nos permita arrodillarnos y besar tu pequeña mano, ya llena de las divinas bondades de las que eres la dispensadora predestinada. ¡Y ahora, crece, dulce pequeña! ¡Que tus pies se fortalezcan para aplastar la serpiente, y tus brazos para llevar el tesoro del mundo! Ángeles y hombres, toda la naturaleza, Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, todos esperan el momento solemne, en el que Gabriel pueda volar desde el cielo, para saludarte lleno de gracia y traerte el mensaje del Amor Eterno. Amén.

Acércate hoy a la cuna de María

Hoy no basta con saber que María nació. Acércate a ella como se acerca uno a una cuna: en silencio, con fe sencilla, con humildad y con las manos bien abiertas.

Pídele que nazca de nuevo la esperanza en tu casa y que te lleve, sin rodeos ni prisa, hasta el Hijo que ella nos entregó.

Si esta Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María te ha dejado el corazón más quieto, no lo dejes pasar. Enciende una vela, reza un Ave María despacio y pregunta: ¿Qué necesita nacer de nuevo en mi vida para que Cristo encuentre casa en mí?

❓ FAQ: Preguntas Frecuentes sobre la Natividad de la Virgen María

Se celebra el 8 de septiembre, nueve meses después de la Inmaculada Concepción. No es una fecha tomada de los Evangelios, sino de una tradición antigua de Jerusalén, unida a la iglesia donde se veneraba la casa de Joaquín y Ana. El Catecismo enseña que María fue redimida desde su concepción, de modo que su nacimiento ya es fiesta de gracia. La Iglesia honra ese día porque con María se acerca la salvación.

Los Evangelios no narran su infancia. La tradición toma los nombres de Joaquín y Ana del Protoevangelio de Santiago, un escrito del siglo II. Ellos eran estériles y, en la ancianidad, recibieron el anuncio de una hija. La Iglesia no impone ese relato como dogma, pero sí confiesa que María nació para ser Madre del Señor. Como canta Isabel: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre».

Porque con ella empieza a hacerse visible el plan de Dios. Nace la que dará carne al Verbo. El nacimiento de Jesús, el de Juan Bautista y el de María son los únicos cumpleaños del calendario romano. San Andrés de Creta decía que esta fiesta es preludio de la unión del Verbo con la carne. Celebrarla es dar gracias porque la salvación ya no queda lejos: tiene Madre.

Rezando en familia, leyendo el Evangelio de la genealogía de Jesús y poniendo una imagen de María con una vela y unas flores. También se puede compartir un pan o un pastel sencillo y dar gracias por el don de la Madre. Quien pide su intercesión no se queda en un gesto bonito: se pone bajo aquella que llevó a Cristo. «Haced lo que él os diga» sigue siendo su consigna más clara.

Santos de la semana

Redacción y edición: Qriswell Quero,
Biografía, celebraciones y Fiestas de la Iglesia

pildorasdefe qriswell quero firma autorVenezolano, esposo y padre de familia, servidor, ingeniero y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene, nada lo detiene.

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