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Categoría: Papa Francisco

Papa Francisco: Cuando nos preguntamos dónde está Dios en los problemas o la enfermedad, debemos pedir la gracia de ponernos en Sus manos

¿Dónde está Dios en los problemas o la enfermedad? Papa Francisco responde.

El Papa Francisco ha reflexionado sobre una serie de eventos y situaciones que arrojan sombras sobre nuestras vidas y nos llevan a hacer preguntas difíciles, dode muchas veces nos preguntamos ¿Dónde está Dios en los problemas o la enfermedad?

En esta reflexión, que el Papa Francisco realizó en la homilía del 14 de marzo de 2016, el Santo Padrre ha recordado a un hombre sin hogar "que recientemente murió de frío aquí en Roma"; recordó a las hermanas de la Caridad que murieron en un ataque en Yemen; y sus pensamientos volaron hacia las muchas personas que continuan cayendo enfermas por el llamado "triángulo de la muerte" en la región italiana de Campania, donde la quema ilegal de residuos tóxicos provoca cáncer y desesperación.

A continuación, el mensaje que el Papa Francisco ofreció en aquella oportunidad que también nos sirve a todos ho en día.

Encomendarse a Dios.

Ante estos valles oscuros de nuestro tiempo la única respuesta es encomendarse a Dios. Incluso cuando no entendemos, como sucede ante una enfermedad rara de un niño, encomendémonos en las manos del Señor, que jamás deja solo a su pueblo.

Inspirado en la Lectura del Capítulo 13 del Libro de Daniel, el Papa Francisco dijo: "Susana, una mujer justa, es ensuciada por el deseo malo de dos jueces, pero prefiere encomendarse a Dios y morir como inocente antes que hacer lo que querían esos hombres".

¿Dónde está Dios en los problemas o en la enfermedad?

Para responder a esta pregunta, el Papa Francisco indicó que "el Señor siempre camina con nosotros, nos quiere y no nos abandona, después de lo cual dirigió su mirada a los tantos valles oscuros de nuestro tiempo".

Cuando nosotros hoy vemos tantos valles oscuros, tantas desgracias, tanta gente que se muere de hambre, de guerra, tantos niños minusválidos, tantos... tantos que ahora, tú les preguntas a sus padres: "¿Pero qué enfermedad tiene?", "Nadie lo sabe: se llama enfermedad rara".

Es lo que nosotros hacemos con nuestras cosas: pensemos en los tumores de la "Tierra de fuegos"…

Cuando tú ves todo esto, ¿pero dónde está el Señor? ¿Dónde estás? ¿Tú caminas conmigo? Este era el sentimiento de Susana. También el nuestro. Tú ves a estas cuatro hermanas masacradas: pero, servían por amor, y terminaron masacradas por odio.

Cuando tú ves que se cierran las puertas a los prófugos y se los deja afuera, al aire, con el frío… Pero, ¿Señor, dónde estás?.

Cómo encomendarse a Dios.

¿Cómo puedo encomendarme a Ti si veo todas estas cosas? Y cuando las cosas me suceden a mí, cada uno de nosotros puede decir: "¿pero cómo me encomiendo a Ti?". Para esta pregunta existe una respuesta:

"No se puede explicar, no, yo no soy capaz de esto"

¿Por qué sufre un niño? No lo sé: es un misterio para mí. Sólo me da un poco de luz, no a la mente, sino al alma, Jesús diciendo en el Getsemaní:

"Padre, este cáliz, no. Pero que se haga Tu voluntad".

Jesús se encomienda a la voluntad del Padre. Jesús sabe que no termina todo con la muerte o con la angustia, y la última palabra de la Cruz: "¡Padre, en Tus manos me encomiendo!", y muere así.

Encomendarse a Dios, que camina conmigo, que camina con mi pueblo, que camina con la Iglesia: y esto es un acto de fe. Yo me encomiendo. No sé: no sé porqué sucede esto, pero yo me encomiendo. Tú sabrás porqué.

El mal no es definitivo.

Ésta es la enseñanza de Jesús: a quien se encomienda al Señor, que es Pastor, no le falta nada.

Incluso si va por un valle oscuro sabe que el mal es un mal del momento, pero no habrá mal definitivo porque el Señor está, "porque Tú Señor estás conmigo". Ésta es una gracia que debemos pedir:

"Señor, enséñame a encomendarme en tus manos, a encomendarme a tu guía, también en los momentos feos, en los momentos oscuros, en el momento de la muerte".

Nos hará bien, hoy, pensar en nuestra vida, en los problemas que tenemos y pedir la gracia de encomendarnos en las manos de Dios. Pensar en tanta gente que ni siquiera recibe una última caricia en el momento de morir.

"Hace tres días falleció uno, aquí, por la calle, un sin techo: murió de frío. En plena Roma, una ciudad con todas las posibilidades para ayudar. ¿Por qué, Señor? Ni siquiera una caricia... Pero yo me encomiendo, porque Tú no decepcionas", afirmó el Papa Francisco para concluir.

Sobre la enfermedad o retos de la vida.

Redacción: Qriswell Quero, PildorasdeFe.net | Con información de: Vatican News

pildorasdefe qriswell quero firma autorQriswell Quero, venezolano, esposo fiel y padre de familia, ingeniero en electrónica y misionero de la fe. Comprometido con el anuncio del Evangelio. Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. Quien a Dios tiene nada lo detiene.

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